Proclama para la revocación de mandato

Proclama Revocacion de Mandato

Pruebas (fotos y vídeos) de que la PFP inició la provocación

Tomo la información de dos fuentes:

1. La página del SME. Viene:

VÍDEO 1:


VÍDEO 2:


A continuación, las fotos a las que puede accederse en formato PDF (accesible a los que usan PC u otras plataformas) y como presentación Power Point (accesible a los que usan PC):




2. El blog "Frida Guerrera":

Coloco directo el LINK a dicho blog.

"La Gran Venta". Documental alemán sobre las privatizaciones (a propósito de LyFC)

PARTE 1:



PARTE 2:


PARTE 3:


PARTE 4:


PARTE 5:


PARTE 6:


PARTE 7:


PARTE 8:


PARTE 9:



PARTE 10:


PARTE 11:


PARTE 12:



¿Qué tal sería ser culto?

Esta vez escribo para compartir y lo hago con una enorme esperanza. La esperanza de que se tomen el tiempo para leer, pero --sobre todo-- para interiorizar lo que hay en las palabras que en el archivo anexo a este post se han vertido. Archivo que, se anuncia, contiene un texto del filósofo suizo Peter Bieri.


[AQUÍ el archivo]


Lo contaré resumido: este semestre, como el anterior, el Dr. Michael Barot Schlatter nos impartió "Didáctica de la Matemática" y, por alguna razón afortunada --dado que lo nuestro tiene que ver más con números que con textos (aunque sí con palabras)-- un buen día de hace pocos el maestro llegó a clase con este texto de Peter Bieri; yo quedé tan prendada de lo que allí se decía (esta manía mía de enamorarme de las palabras, los objetos del paisaje, los animales y hasta de las piedras) que no pude más que solicitarle permiso al Dr. Barot para reproducir el texto. Pero, ¿a qué el permiso? Bien resulta que el Dr. Barot -–suizo, según entiendo-- hizo la traducción del alemán al español junto con otro doctor del Instituto de Matemáticas, entonces, ni modo que yo muy mona dispusiera de lo que a ellos, seguramente, les tomó bastante tiempo trasladar al idioma y, así, campante y furtiva, lo enviara por correo y/o publicase en mi blog sin más. De tal suerte que, el Dr. Barot, muy gentilmente, no sólo me concedió el permiso, sino que me pasó directamente el archivo -un PDF- con el grueso del texto. Sobra decir, que con ello me ahorré la tecleada.


Por cierto, para aquellos amantes de las letras va un tip: Peter Bieri -filósofo y escritor suizo- escribe también bajo el pseudónimo de Pascal Mercier y hace no mucho publicó una novela intitulada "Tren Nocturno a Lisboa" que tiene por origen esa devoción que el escritor le profesa a ese grande de las letras portuguesas, me refiero a Fernando Pessoa. Yo no sé si pueda esperar a que la novela llegue a México o si me vea en la necesidad de adquirirla por encargo; si alguien sabe algo antes de que una de estas dos cosas ocurra, sírvase a avisarme (tendrán que conjeturar en relación a la ocurrencia del par de eventos citados).


Deseo, asaz, que disfruten de esta brevísima lectura...


Disthia --de la que nos ha hablado, recién, Ulises--, ese es el espíritu de este post.


A las organizaciones sindicales, sociales y políticas,

Al pueblo mexicano,

A los medios de comunicación:


El día 6 de noviembre por la noche, la Juez Guillermina Coutiño Mata, emitió la resolución con la que otorgó la suspensión definitiva contra el acto reclamado por el Sindicato Mexicano de Electricistas contra el decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro. Ello representa un triunfo en esta primera parte del proceso del Juicio de Amparo interpuesto por nuestra Organización Sindical.



Desde el SME, expresamos nuestro más amplio reconocimiento a la valentía de la Juez Coutiño Mata, pero sobre todo, a su integridad por defender y mantener el
equilibrio entre los poderes del Estado y todavía más, porque mantiene la esperanza en nuestros corazones y levanta el ánimo a todos los trabajadores que nos encontramos en esta lucha contra la decisión Inconstitucional e Ilegal del gobierno federal y su decreto de extinción de la empresa pública: Luz y Fuerza del Centro, dejando además, a más de 44 mil trabajadores sin salario y sin empleo.


Hacemos precisión que este avance en el proceso legal,
se suma a las acciones ya previstas por nuestro sindicato, que concurrirán con el Paro Cívico Nacional programado para este 11 de noviembre, conjuntamente con un conjunto bastante numeroso de organizaciones sindicales, campesinas, populares, estudiantiles, sociales y políticas, que se han manifestado en solidaridad con nuestro movimiento.


Queremos dejar claro, que la construcción de la victoria nuestra, pasa por la actividad intensa a nivel general en todo nuestro país, por ello, convocamos a todas aquellas expresiones sociales que están en contra de la crisis económica y política, del “Paquetazo Fiscal” calderonista, de la carencia de empleos, de seguridad social que imperan en nuestra patria, para que se sumen a esta lucha por la dignidad de los trabajadores y el pueblo.


Fraternalmente

“Por el Derecho y la Justicia del Trabajador”

México D.F. a 7 de noviembre de 2009

Fernando Amezcua Castillo

Secretario del Exterior



NOTA: Desde el viernes, casi todas las facultades de Ciudad Universitaria han lanzado una convocatoria para discutir y apoyar el paro; mi Facultad, Ciencias, mañana llevará a cabo la discusión. Un compañero -maestro del CCH- nos ha dicho que el CCH ya aceptó el paro, de lo que se deduce que, casi con toda seguridad, la UNAM lo aceptará (lo más seguro es que también lo hagan el IPN y la UAM). Yo, por mi parte, estoy más que lista para llevar a cabo la medida y, de esa manera, apoyar al SME. Sé que esto implicará que, por allí, algunos maestros nos pidan reponer el día o la clase ya entrados diciembre (es decir, terminadas las clases). Por lo que a mí toca, no tengo inconveniente alguno que me lleve a rechazar tal reposición (por el contrario, lo justo es que se busque restituir las horas perdidas).

"Ofrenda Musical" de J. S. Bach (a propósito de "Gödel, Escher, Bach")

Ahora que estoy leyendo "Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle" (denominado GEB, por su autor, Douglas R. Hofstadter), aprovecho para dejar estos vídeos con -en partes- la excelsísima obra "Oferta Musical" que, J. S. Bach, ese músico que sublima tristezas y sobresaltos, compusiera a partir de un motivo para una fuga que el propio Bach solicitara al rey prusiano "Federico II el Grande".

En el Youtube se encuentran varias versiones, ésta, intercala algo de la obra del artista holandés M. C. Escher de quien también se habla en el susodicho libro; aunque -debo confesar- la parte que más me emociona es aquella destinada al "Teorema de Incompletitud" formulado y demostrado por el matemático y filósofo Kurt Gödel.

La pieza ha resultado ser de una belleza que yo llamo expansiva.




















"Waking Life" y un poco de "La Resistencia" de Ernesto Sabato




Quiero compartir los fragmentos de un libro fundamental en mi vida, un libro del escritor argentino Ernesto Sabato, "La Resistencia".

Hará más de un año que capturé varios fragmentos del mismo en un procesador de textos para MAC OS X; terminada la captura, convertí el texto a PDF. Al poco tiempo, lo envié por correo a mis contactos. Hoy, lo subo al blog con la esperanza de que llegue más personas. Es un libro exquisito, de una profundidad y clarividencia que buena falta nos hace en estos momentos. Espero, en verdad, que las poquísimas personas que llegan a este sitio, puedan acceder al archivo, leerlo, disfrutar de su belleza e interiorizar las palabras que lo conforman.

Descargar AQUÍ el archivo.

Pienso, poco a poco, ir capturando más textos que, creo, pueden enriquecernos. Ya tengo por allí varias cosillas capturadas, es cosa de ordenar las ideas y las carpetas y, entonces -quizá- pronto aparezcan por aquí.

Aprovecho también para dejar mi vídeo de domingo por lo noche... Se trata de un fragmento de "Waking Life" (Despertando a la vida) del director Richard Linklater (quien filmara también dos de mis filmes favoritos: "Before sunset" y "Before sunrise"). Se trata de una película poco convencional con una compleja y propositiva trama filosófica; el segmento elegido despierta en mí cierta identificación, pero la película en su conjunto va más allá de este tipo de "despertar".

Boletín de Prensa del SME

Boletín de Prensa del SME

A las organizaciones sindicales y sociales,
Al pueblo de México,
A los medios de comunicación:
El día de hoy 31 de octubre desde las 8 horas, nuestro Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) se presentó en las instalaciones de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFyCA) como solo nosotros lo sabemos hacer, de manera masiva y combativa, durante más de 12 horas en mitin permanente, exigiendo respeto a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, a la Ley Federal del Trabajo y al Contrato Colectivo de Trabajo.

Después de largas horas de deliberación la JFCyA tuvo que aceptar:
1.- El reconocimiento de la personalidad jurídica del SME, para todos los efectos legales a los que haya lugar, como representante colectivo del mayor interés profesional de los trabajadores electricistas.

2.- Igualmente, reconoce la JFCyA, la suspensión provisional del acto reclamado emitido por la juez Guillermina Coutiño Mata, Titular del Juzgado Primero del Centro Auxiliar de la Primera Región, por lo que la JFCyA no puede emitir ninguna resolución en el sentido de dar por concluidas las Relaciones Colectivas e Individuales de Trabajo de los trabajadores al servicio de Luz y Fuerza del Centro y agremiados al Sindicato Mexicano de Electricistas.

3.- En consecuencia, se mantiene el reconocimiento de la materia de trabajo, y por lo tanto, de la vigencia de nuestro Contrato Colectivo de Trabajo.
4.- Por lo tanto, es totalmente pertinente la procedencia de la demanda por despido injustificado, que impuso el decreto de extinción de LyFC firmado por Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, el autollamado presidente del empleo.

Esta jornada, ha sido en más de un sentido, una jornada histórica para la lucha de nuestra Organización Sindical, en la resistencia a las acciones inconstitucionales e ilegales de quienes detentan el poder en nuestro país. Insistiremos en caminar en las rutas que nos ofrecen nuestras leyes, pero no somos ingenuos, esta lucha se va a resolver con la movilización política de todos los trabajadores y el pueblo, de México, en las calles y plazas públicas, a eso los convocamos, a detener a los que quieren gobernarnos a base de decretos, como los dictadores de los setenta en América del Sur, se los impediremos, sin duda alguna.

Seguiremos desbrozando el camino para que en nuestra patria, se restablezca la Legalidad Constitucional, ese es el compromiso ineludible de nuestro Sindicato, no cejaremos hasta lograr que el verdadero estado de derecho prevalezca en nuestro país.

Volvemos a insistir, O SON ELLOS O SOMOS NOSOTROS, que a nadie le quepa la menor duda, este país debe recobrar su autentica Soberanía e Independencia Política y Económica.

“Por el Derecho y la Justicia del Trabajador”
México D.F. a 31 de octubre de 2009
Fernando Amezcua Castillo
Secretario del Exterior

La Biblioteca de Alejandría

"La Biblioteca de Alejandría" es un texto que hace algún tiempo, un viejo amigo, hizo llegar a mis manos. Se trata de un magnífico escrito de Carl Sagan que -de manera íntegra- aparece en su libro "Cosmos". No podría decir que es uno de sus textos más cautivadores porque varios de sus textos lo son. Para postearlo aquí no he tenido que esforzarme demasiado, lo he buscado directo en la Web y he hallado bastante. Posteo, a continuación, lo que encontré en este sitio.



Reconstrucción de la biblioteca de Alejandría realizada en la serie ‘Cosmos’ de Carl Sagan


Sobre las Bibliotecas


Cuando nuestros genes no pudieron almacenar toda la información necesaria para la supervivencia, inventamos lentamente los cerebros. Pero luego llegó el momento, hace quizás diez mil años, en el que necesitamos saber más de lo que podía contener adecuadamente un cerebro. De este modo aprendimos a acumular enormes cantidades de información fuera de nuestros cuerpos. Según creemos somos la única especie del planeta que ha inventado una memoria comunal que no está almacenada ni en nuestros genes ni en nuestros cerebros. El almacén de esta memoria se llama biblioteca.


Un libro se hace a partir de un árbol. Es un conjunto de partes planas y flexibles (llamadas todavía "hojas") impresas con signos de pigmentación oscura. Basta echarle un vistazo para oír la voz de otra persona que quizás murió hace miles de años. El autor habla a través de los milenios de modo claro y silencioso dentro de nuestra cabeza, directamente a nosotros. La escritura es quizás el mayor de los inventos humanos, un invento que une personas, ciudadanos de épocas distantes, que nunca se conocieron entre sí. Los libros rompen las ataduras del tiempo, y demuestran que el hombre puede hacer cosas mágicas.


Algunos de los primeros autores escribieron sobre barro. La escritura cuneiforme, el antepasado remoto del alfabeto occidental, se inventó en el Oriente próximo hace unos 5.000 años. Su objetivo era registrar datos: la compra de grano, la venta de terrenos, los triunfos del rey, los estatutos de los sacerdotes, las posiciones de las estrellas, las plegarias a los dioses. Durante miles de años, la escritura se grabó con cincel sobre barro y piedra, se rascó sobre cera, corteza o cuero, se pintó sobre bambú o papiro o seda; pero siempre una copia a la vez y, a excepción de las inscripciones en monumentos, siempre para un público muy reducido. Luego, en China, entre los siglos segundo y sexto se inventó el papel, la tinta y la impresión con bloques tallados de madera, lo que permitía hacer muchas copias de una obra y distribuirla. Para que la idea arraigara en una Europa remota y atrasada se necesitaron mil años. Luego, de repente, se imprimieron libros por todo el mundo. Poco antes de la invención del tipo móvil, hacia 1450 no había más de unas cuantas docenas de miles de libros en toda Europa, todos escritos a mano; tantos como en China en el año 100 a. de C., y una décima parte de los existentes en la gran Biblioteca de Alejandría. Cincuenta años después, hacia 1500, había diez millones de libros impresos. La cultura se había hecho accesible a cualquier persona que pudiese leer. La magia estaba por todas partes.


Más recientemente los libros se han impreso en ediciones masivas y económicas, sobre todo los libros en rústica. Por el precio de una cena modesta uno puede meditar sobre la decadencia y la caída del Imperio romano, sobre el origen de las especies, la interpretación de los sueños, la naturaleza de las cosas. Los libros son como semillas. Pueden estar siglos aletargados y luego florecer en el suelo menos prometedor.


Las grandes bibliotecas del mundo contienen millones de volúmenes, el equivalente a unos 1014 bits de información en palabras, y quizás a 1015 en imágenes. Esto equivale a diez mil veces más información que la de nuestros genes, y unas diez veces más que la de nuestro cerebro. Si acabo un libro por semana sólo leeré unos pocos miles de libros en toda mi vida, una décima de un uno por ciento del contenido de las mayores bibliotecas de nuestra época. El truco consiste en saber qué libros hay que leer. La información en los libros no está preprogramada en el nacimiento, sino que cambia constantemente, está enmendada por los acontecimientos, adaptada al mundo. Han pasado ya veintitrés siglos desde la fundación de la Biblioteca alejandrina. Si no hubiese libros, ni documentos escritos, pensemos qué prodigioso intervalo de tiempo serían veintitrés siglos. Con cuatro generaciones por siglo, veintitrés siglos ocupan casi un centenar de generaciones de seres humanos. Si la información se pudiese transmitir únicamente de palabra, de boca en boca, qué poco sabríamos sobre nuestro pasado, qué lento sería nuestro progreso. Todo dependería de los descubrimientos antiguos que hubiesen llegado accidentalmente a nuestros oídos, y de lo exacto que fuese el relato. Podría reverenciarse la información del pasado, pero en sucesivas transmisiones se iría haciendo cada vez más confusa y al final se perdería. Los libros nos permiten viajar a través del tiempo, explotar la sabiduría de nuestros antepasados. La biblioteca nos conecta con las intuiciones y los conocimientos extraídos penosamente de la naturaleza, de las mayores mentes que hubo jamás, con los mejores maestros, escogidos por todo el planeta y por la totalidad de nuestra historia, a fin de que nos instruyan sin cansarse, y de que nos inspiren para que hagamos nuestra propia contribución al conocimiento colectivo de la especie humana. Las bibliotecas públicas dependen de las contribuciones voluntarias. Creo que la salud de nuestra civilización, nuestro reconocimiento real de la base que sostiene nuestra cultura y nuestra preocupación por el futuro, se pueden poner a prueba por el apoyo que prestemos a nuestras bibliotecas. (pp. 279-82)


Sobre la Biblioteca de Alejandría


Fue en Alejandría, durante los seiscientos años que se iniciaron hacia el 300 a. de C., cuando los seres humanos emprendieron, en un sentido básico, la aventura intelectual que nos ha llevado a las orillas del espacio. Pero no queda nada del paisaje y de las sensaciones de aquella gloriosa ciudad de mármol. La opresión y el miedo al saber han arrasado casi todos los recuerdos de la antigua Alejandría. Su población tenía una maravillosa diversidad. Soldados macedonios y más tarde romanos, sacerdotes egipcios, aristócratas griegos, marineros fenicios, mercaderes judíos, visitantes de la India y del áfrica subsahariana —todos ellos, excepto la vasta población de esclavos— vivían juntos en armonía y respeto mutuo durante la mayor parte del período que marca la grandeza de Alejandría.


La ciudad fue fundada por Alejandro Magno y construida por su antigua guardia personal. Alejandro estimuló el respeto por las culturas extrañas y una búsqueda sin prejuicios del conocimiento. Según la tradición —y no nos importa mucho que esto fuera o no cierto— se sumergió debajo del mar Rojo en la primera campana de inmersión del mundo. Animó a sus generales y soldados a que se casaran con mujeres persas e indias. Respetaba los dioses de las demás naciones. Coleccionó formas de vida exóticas, entre ellas un elefante destinado a su maestro Aristóteles. Su ciudad estaba construida a una escala suntuosa, porque tenía que ser el centro mundial del comercio, de la cultura y del saber. Estaba adornada con amplias avenidas de treinta metros de ancho, con una arquitectura y una estatuaria elegante, con la tumba monumental de Alejandro y con un enorme faro, el Faros, una de las siete maravillas del mundo antiguo.


Pero la maravilla mayor de Alejandría era su biblioteca y su correspondiente museo (en sentido literal, una institución dedicada a las especialidades de las Nueve Musas). De esta biblioteca legendaria lo máximo que sobrevive hoy en día es un sótano húmedo y olvidado del Serapeo, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus únicos restos físicos. Sin embargo, este lugar fue en su época el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer auténtico instituto de investigación de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero. Cosmoses una palabra griega que significa el orden del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carácter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiración ante la intrincada y sutil construcción del universo. Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La ciencia y la erudición habían llegado a su edad adulta. El genio florecía en aquellas salas. La Biblioteca de Alejandría es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo.


Además de Eratóstenes, hubo el astrónomo Hiparco, que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría y que en cierta ocasión dijo a su rey, que luchaba con un difícil problema matemático: "no hay un camino real hacia la geometría"; Dionisio de Tracia, el hombre que definió las partes del discurso y que hizo en el estudio del lenguaje lo que Euclides hizo en la geometría; Herófilo, el fisiólogo que estableció, de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Herón de Alejandría, inventor de cajas de engranajes y de aparatos de vapor, y autor de Autómata, la primera obra sobre robots; Apolonio de Pérgamo. el matemático que demostró las formas de las secciones cónicas (1) —elipse, parábola e hipérbola—, las curvas que como sabemos actualmente siguen en sus órbitas los planetas, los cometas y las estrellas; Arquímedes, el mayor genio mecánico hasta Leonardo de Vinci; y el astrónomo y geógrafo Tolomeo, que compiló gran parte de lo que es hoy la seudociencia de la astrología: su universo centrado en la Tierra estuvo en boga durante 1500 años, lo que nos recuerda que la capacidad intelectual no constituye una garantía contra los yerros descomunales. Y entre estos grandes hombres hubo una gran mujer, Hipatia, matemática y astrónoma, la última lumbrera de la biblioteca, cuyo martirio estuvo ligado a la destrucción de la biblioteca siete siglos después de su fundación, historia a la cual volveremos.


Los reyes griegos de Egipto que sucedieron a Alejandro tenían ideas muy serias sobre el saber. Apoyaron durante siglos la investigación y mantuvieron la biblioteca para que ofreciera un ambiente adecuado de trabajo a las mejores mentes de la época. La biblioteca constaba de diez grandes salas de investigación, cada una dedicada a un tema distinto, había fuentes y columnatas jardines botánicos, un zoo, salas de disección, un observatorio, y una gran sala comedor donde se llevaban a cabo con toda libertad las discusiones críticas de las ideas.

El núcleo de la biblioteca era su colección de libros. Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil de estimar el número preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio millón de volúmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano. ¿Qué destino tuvieron todos estos libros? La civilización clásica que los creó acabó desintegrándose y la biblioteca fue destruida deliberadamente. Sólo sobrevivió una pequeña fracción de sus obras junto con unos pocos y patéticos fragmentos dispersos. Y qué tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca había una obra del astrónomo Aristarco de Samos quien sostenía que la Tierra es uno de los planetas, que orbita el Sol como ellos, y que las estrellas están a una enorme distancia de nosotros. Cada una de estas conclusiones es totalmente correcta, pero tuvimos que esperar casi dos mil años para redescubrirlas. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensación de privación por la pérdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilización clásica y la tragedia de su destrucción.


Hemos superado en mucho la ciencia que el mundo antiguo conocía, pero hay lagunas irreparables en nuestros conocimientos históricos. Imaginemos los misterios que podríamos resolver sobre nuestro pasado si dispusiéramos de una tarjeta de lector para la Biblioteca de Alejandría. Sabemos que había una historia del mundo en tres volúmenes, perdida actualmente, de un sacerdote babilonio llamado Beroso. El primer volumen se ocupaba del intervalo desde la Creación hasta el Diluvio un período al cual atribuyó una duración de 432.000 años, es decir cien veces más que la cronología del Antiguo Testamento. Me pregunto cuál era su contenido. (pp. 18-20)


[...]


Sólo en un punto de la historia pasada hubo la promesa de una civilización científica brillante. Era beneficiaria del Despertar jónico, y tenía su ciudadela en la Biblioteca de Alejandría, donde hace 2.000 años las mejores mentes de la antigüedad establecieron las bases del estudio sistemático de la matemática, la física, la biología, la astronomía, la literatura, la geografía y la medicina. Todavía estamos construyendo sobre estas bases. La Biblioteca fue construida y sostenida por los Tolomeos, los reyes griegos que heredaron la porción egipcia del imperio de Alejandro Magno. Desde la época de su creación en el siglo tercero a. de C. hasta su destrucción siete siglos más tarde, fue el cerebro y el corazón del mundo antiguo.


Alejandría era la capital editorial del planeta. Como es lógico no había entonces prensas de imprimir. Los libros eran caros, cada uno se copiaba a mano. La Biblioteca era depositaria de las copias más exactas del mundo. El arte de la edición crítica se inventó allí. El Antiguo Testamento ha llegado hasta nosotros principalmente a través de las traducciones griegas hechas en la Biblioteca de Alejandría. Los Tolomeos dedicaron gran parte de su enorme riqueza a la adquisición de todos los libros griegos, y de obras de áfrica, Persia, la India, Israel y otras partes del mundo. Tolomeo III Evergetes quiso que Atenas le dejara prestados los manuscritos originales o las copias oficiales de Estado de las grandes tragedias antiguas de Sófocles, Esquilo y Eurípides. Estos libros eran para los atenienses una especie de patrimonio cultural; algo parecido a las copias manuscritas originales y a los primeros folios de Shakespeare en Inglaterra. No estaban muy dispuestos a dejar salir de sus manos ni por un momento aquellos manuscritos. Sólo aceptaron dejar en préstamo las obras cuando Tolomeo hubo garantizado su devolución con un enorme depósito de dinero. Pero Tolomeo valoraba estos rollos más que el oro o la plata. Renunció alegremente al depósito y encerró del mejor modo que pudo los originales en la Biblioteca. Los irritados atenienses tuvieron que contentarse con las copias que Tolomeo, un poco avergonzado, no mucho, les regaló. En raras ocasiones un Estado ha apoyado con tanta avidez la búsqueda del conocimiento.


Los Tolomeos no se limitaron a recoger el conocimiento conocido, sino que animaron y financiaron la investigación científica y de este modo generaron nuevos conocimientos. Los resultados fueron asombrosos: Eratóstenes calculó con precisión el tamaño de la Tierra, la cartografió, y afirmó que se podía llegar a la India navegando hacia el oeste desde España. Hiparco anticipó que las estrellas nacen, se desplazan lentamente en el transcurso de los siglos y al final perecen; fue el primero en catalogar las posiciones y magnitudes de las estrellas y en detectar estos cambios. Euclides creó un texto de geometría del cual los hombres aprendieron durante veintitrés siglos, una obra que ayudaría a despertar el interés de la ciencia en Kepler, Newton y Einstein. Galeno escribió obras básicas sobre el arte de curar y la anatomía que dominaron la medicina hasta el Renacimiento. Hubo también, como hemos dicho, muchos más.


Alejandria era la mayor ciudad que el mundo occidental había visto jamás. Gente de todas las naciones llegaban allí para vivir, comerciar, aprender. En un día cualquiera sus puertos estaban atiborrados de mercaderes, estudiosos y turistas. Era una ciudad donde griegos, egipcios, árabes, sirios, hebreos, persas, nubios, fenicios, italianos, galos e íberos intercambiaban mercancías e ideas. Fue probablemente allí donde la palabra cosmopolita consiguió tener un sentido auténtico: ciudadano, no de una sola nación, sino del Cosmos (2). Ser un ciudadano del Cosmos...

Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿Qué impidió que arraigaran y florecieran? ¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas hasta que Colón y Copérnico y sus contemporáneos redescubrieron la obra hecha en Alejandría? No puedo daros una respuesta sencilla. Pero lo que sí sé es que no hay noticia en toda la historia de la Biblioteca de que alguno de los ilustres científicos y estudiosos llegara nunca a desafiar seriamente los supuestos políticos, económicos y religiosos de su sociedad. Se puso en duda la permanencia de las estrellas, no la justicia de la esclavitud. La ciencia y la cultura en general estaban reservadas para unos cuantos privilegiados. La vasta población de la ciudad no tenía la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la Biblioteca. Los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados. La investigación les benefició poco. Los descubrimientos en mecánica y en la tecnología del vapor se aplicaron principalmente a perfeccionar las armas, a estimular la superstición, a divertir a los reyes. Los científicos nunca captaron el potencial de las máquinas para liberar a la gente (3). Los grandes logros intelectuales de la antigüedad tuvieron pocas aplicaciones prácticas inmediatas. La ciencia no fascinó nunca la imaginación de la multitud. No hubo contrapeso al estancamiento, al pesimismo, a la entrega más abyecta al misticismo. Cuando al final de todo, la chusma se presentó para quemar la Biblioteca no había nadie capaz de detenerla. (pp. 333-5)


Sobre Hipatia y la Biblioteca de Alejandría


El último científico que trabajó en la Biblioteca fue una matemática, astrónoma, física y jefe de la escuela neoplatónica de filosofía: un extraordinario conjunto de logros para cualquier individuo de cualquier época. Su nombre era Hipatia. Nació en el año 370 en Alejandría. Hipatia, en una época en la que las mujeres disponían de pocas opciones y eran tratadas como objetos en propiedad, se movió libremente y sin afectación por los dominios tradicionalmente masculinos. Todas las historias dicen que era una gran belleza. Tuvo muchos pretendientes pero rechazó todas las proposiciones matrimoniales. La Alejandría de la época de Hipatia —bajo dominio romano desde hacía ya tiempo— era una ciudad que sufría graves tensiones. La esclavitud había agotado la vitalidad de la civilización clásica. La creciente Iglesia cristiana estaba consolidando su poder e intentando extirpar la influencia y la cultura paganas. Hipatia estaba sobre el epicentro de estas poderosas fuerzas sociales. Cirilo, el arzobispo de Alejandría, la despreciaba por la estrecha amistad que ella mantenía con el gobernador romano y porque era un símbolo de cultura y de ciencia, que la primitiva Iglesia identificaba en gran parte con el paganismo. A pesar del grave riesgo personal que ello suponía, continuó enseñando y publicando, hasta que en el año 415, cuando iba a trabajar, cayó en manos de una turba fanática de feligreses de Cirilo. La arrancaron del carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas, su nombre olvidado. Cirilo fue proclamado santo.


La gloria de la Biblioteca de Alejandría es un recuerdo lejano. Sus últimos restos fueron destruidos poco después de la muerte de Hipatia. Era como si toda la civilización hubiese sufrido una operación cerebral infligida por propia mano, de modo que quedaron extinguidos irrevocablemente la mayoría de sus memorias, descubrimientos, ideas y pasiones. La pérdida fue incalculable. En algunos casos sólo conocemos los atormentadores títulos de las obras que quedaron destruidas. En la mayoría de los casos no conocemos ni los títulos ni los autores. Sabemos que de las 123 obras teatrales de Sófocles existentes en la Biblioteca sólo sobrevivieron siete. Una de las siete es Edipo rey. Cifras similares son válidas para las obras de Esquilo y de Eurípides. Es un poco como si las únicas obras supervivientes de un hombre llamado William Shakespeare fueran Coriolano y Un cuento de invierno, pero supiéramos que había escrito algunas obras más, desconocidas por nosotros pero al parecer apreciadas en su época, obras tituladas Hamlet, Macbeth, Julio César, El rey Lear, Romeo y Julieta. (pp. 335-6)


Notas

1. Llamadas así porque pueden obtenerse cortando un cono en diferentes ángulos. Dieciocho siglos más tarde Johannes Kepler utilizaría los escritos de Apolonio sobre las secciones cónicas para comprender por primera vez el movimiento de los planetas.


2. La palabra cosmopolita fue inventada por Diógenes, el filósofo racionalista y crítico de Platón.


3. Con la única excepción de Arquímedes, quien durante su estancia en la Biblioteca alejandrina inventó el tornillo de agua, que se usa todavía hoy en Egipto para regar los campos de cultivo. Pero también él considero estos aparatos mecánicos como algo muy por debajo de la dignidad de la ciencia.

¿Para Nacional de Labores? Acepto

Como estudiante de posgrado de la Universidad Nacional, como una estudiante comprometida con sus estudios de maestría y amante del conocimiento que liba en su alma mater (la UNAM), me declaro lista a iniciar un paro nacional que incluya la suspensión de labores en mi casa de estudios con el propósito de demandar al gobierno de facto el cese de todas sus embestidas de corte neoliberal. La situación es ya insostenible y frente al último embate que está a punto de dejar a 44 mil electricistas sin el ingreso que reciben como trabajadores de LyFC, la única solución viable (y pacífica) es impulsar un Paro Nacional de Labores cuyo fin sea hacer saber, hacer sentir y hacer recordar al grupo en el poder que el país puede quedar paralizado a no ser que nosotros (la sociedad) decidamos –como lo hemos hecho hasta ahora- que siga su marcha. Las cosas no funcionan si no es con el consenso y la venia de la sociedad, que no olviden los gobernantes que son nuestros representantes y que, más allá de sus propios y muy particulares intereses, están mandatados a acatar la voluntad popular. Si nuestros gobernantes no están de acuerdo con representar la soberanía del pueblo, entonces que vayan pensando en un nuevo constituyente (o la extinción de éste) en donde con sinceridad acepten que ellos pugnan por un gobierno fascista o por una suerte de monarquía despótica.

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