¡Compren!

Esta señora está plagiando mi blog y además está cobrando por ello. Se los digo por si les interesa. Ahora que si lo que les gusta es lo que se obtiene como producto de la envidia, el acoso y el plagio, de hackearle el ordenador a quien se piensa mejor que nosotros, de chingarle la vida a quien se cree superior, si los motiva a leer más a un psicópata que plagia movido por el rencor, que lo que los pudiera motivar un buen shot de poesía, entonces, cómprenlo, léanlo, degústenlo y pasen una tarde maravillosa acompañados de lo que se puede escribir motivado por la envidia, el rencor y la mezquindad. Es decir, nada.

¿Pero por qué afirmo que nada? Porque cada uno de los frankenstein que allí se presentan son producto de una mala imitación de mis palabras y de mis letras. Es decir, de mi manera de mostrarme en las redes a través de mis escritos.

Por lo cual se pudiera concluir que la persona que hace esto de su propia canasta no agregó nada.

Y entonces, lean, lean y degusten —pruébenlo, saboréenlo, desmenúcenlo, indigéstense incluso— y pasen una tarde muy felices. Paguen, paguen, paguen por lo que le es propio al espíritu de bazofia en las redes y disfruten de ello.

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— Te sigo en tu lucha contra el plagio.

Pero no es en sí contra el plagio, es contra la corrupción, la hipocresía, la deshonestidad y la doble moral que campea en México en los círculos públicos. De hecho, precisamente porque inicié esta lucha en 2008 en mi blog es que me plagian y me ciberacosan.

Mi negativa a adaptarme a una sociedad corrompida está empezando a pasarme factura y, sí, lo asumo, asumo por completo el significado de esta elección vital.

Llámenlo un defecto de carácter, si quieren, me da igual.

Una nota sobre la esperanza

No hay un tiempo único para ser sí mismo porque la gente todo el tiempo está siendo sí misma. Si no se es sí mismo de manera espectacular o pornográfica, al menos se es sí mismo como parte de nuestro propio monólogo interior. Entonces, si hay alguien que cree que hay una fecha de caducidad para llevar a cabo una acción o para ser alguien, esa persona expresa en dicho acto una de las diferentes trabas que para actuar se suelen poner los seres humanos a sí mismos.

O más bien, para justificar que no actúan, para justificar su inacción o su falta de acción.

Tal vez porque, en el fondo, el que lo cotidiano fluya sin contratiempos nos justifica y nos hace sentir mejores.

Ser normal es algo así como la aspiración más habitual que todo ser humano posee aun a costa de la propia integridad mental. De hecho, pensar que hay un tiempo debido para actuar es un pensamiento cristiano, que bordea con la conciencia culpígena y nos impone barreras para desempeñarnos; es asimismo un paradigma que nos endilga absurdas, rimbombantes e innecesarias ataduras y un reloj que en sí mismo no debería de existir y que debiera por ende de ser desechado de nuestro marco de pensamiento sin cortapisas.

Siempre hay tiempo para la redención, porque lo que nos importa al redimirnos no es complacer a tal o cual figura.

La redención no tiene que ver con algo que sea éticamente necesario, sino con algo que es espiritualmente impostergable.

La redención, desde mi punto de vista, es algo muy orgánico, algo que nuestros cuerpos piden. Algo, también, que nuestra propia esperanza redentora moldea.

La redención es una producción de la esperanza. La esperanza finalmente es una fuerza. Una fuerza que quienes estamos vivos y que construimos cada día con nuestras pusilánimes acciones — aun en este boscoso valle de lágrimas al que de una u otra manera nos hallamos o nos sentimos unidos — producimos de forma incesante a lo largo de nuestras vidas para proyectar hacia el exterior como parte de nuestras funciones corporales más vitales.

La producción de esperanza es una función fisiológica como cualquier otra que el organismo cumpla. La autorredención lo es también. Se le puede equiparar a la necesidad de abrir los ojos al amanecer para iniciar nuestras actividades o al acto de expulsar una tos si se siente una flema en la garganta o un reflujo.

De un bucle


Tránsito en Espiral, 1962.
Empezando el camino de regreso, ese que hace mucho sabías que habrías de transitar algún día, ese en el que contextos no extraños ni desconocidos se unen en un mismo punto o en una misma señalización para ceder lugar a la desolación y a la imperturbabilidad, una suerte de aturdimiento.

¿Y quién habría de saber que ibas a estar tú allí para atestiguarlo?

Nadie, salvo la nada misma. Nadie, más que tú, que lo has sabido siempre y lo has intuido.

¿Y quién te dijo que iba a ser fácil, sencillo o simple? ¿Sin zigzagueos, ni desviaciones ni quimeras no aburridas?

El retorno es siempre nuestro más anhelado proyecto, aunque no lo sospechemos nunca.

Nacemos, morimos y respiramos para él, para su consecución, para la ejecución minuciosa de cada una de las notas en su partitura.

No es que sin él no haya algo, es que su posibilidad es la condición inexpugnable para que lo haya todo. El to-do, ¿me explico?

Pequeños pasquines imaginarios en donde ves las condecoraciones burdas de tu anhelo. Interno, intrínseco a ti, mesmerilado — fusión de dos palabras que se enquistan en tu estómago para dar pie al no silencio — .

Y allí está, justo en tu amanecer, en este nuevo amanecer sin bultos muertos. 

Música, poesía, lenguaje, los seres que amas, cientos de atardeceres y, como lo habrán de imaginar ya todos, tus formalismos. Tus formalismos, tus formalismos, tus formalismos…

¿Qué significa ser un escritor hoy?

Normalmente, cuando pensamos en un escritor, pensamos en una persona que no solamente se va a dedicar con amor y pasión a hacer literatura, sino en alguien que además va a poseer una conciencia política por medio de la cual será capaz de ejercer una crítica sin cortapisas ante los sucesos más abominables, más mezquinos o más mediocres que se susciten a su alrededor.
 

Sin embargo, como la propia experiencia nos lo muestra, no necesariamente siempre es el caso. Los escritores no solamente no están siempre capacitados para ejercer esa crítica por más que sepan recitar los mejores poemas de Góngora, o por mucho que posean un bagaje lingüístico sutil, elevado e inclusive preciso, si se llegara a dar el caso, para exponer sus temas, sino que, incluso, muchas de las veces los escritores suelen ser precisamente los más torpes para ejercer esa conciencia y alzarse como voz de una generación necesitada de estandartes.
 

¿Por qué? Porque creo que muchas de las cualidades de las que tiene que estar dotado un escritor para sobrevivir en el mundo de la venta de libros, lo convierten casi necesariamente en un personaje servil, hiperflexible y dispuesto la mayoría de las veces a ceder posiciones ideológicas de radical importancia para su constitución y autonomía como persona, o en un monigote dispuesto a infinidad de cosas con tal de no perder su categoría, sus prebendas y su status de escritor.
 

Hay, por supuesto, algunos contraejemplos que nos demuestran lo contrario, pero esos contraejemplos suelen ser más bien la excepción que confirma la regla.

Excepciones que nos hacen pensar que los escritores suelen ser personas tan comunes, tan llenas de defectos o tan estúpidas como cualquiera de nosotros.

Excepciones que además nos enseñan que los mejores escritores no necesariamente son los más originales, ni los que mejor escriben ni los que mayor conciencia crítica poseen, sino más bien, los que más publican, los que venden más libros o los que más premios ganan, condiciones que desde mi punto de vista son indispensables para sobrevivir como escritor en un mundo inequívocamente corrupto, como suele ser en la actualidad el mundo de las editoriales.

Un ambiente regido, más bien, la mayoría de las veces, por un criterio economicista o de ventas que por un criterio fundamentalmente no mercantilista, no utilitario y mucho menos pragmático a la hora de elegir sus materiales pero muy pocas veces, en cambio, como idealmente las personas desearíamos, un recinto positivamente centrado en la creatividad, en el arte o en la autosublimación de la individualidad de cada ser humano. Un criterio que obliga, y que permite, que pelafustanes como Arturo Pérez Reverte, por citar un ejemplo, sea hoy considerado un escritor de renombre.

Y es que, obviamente, al editor de Reverte le importa un pepino que este señor sea el rey del facsímil si va a vender millones de libros como, de hecho, este señor vende y si, además, como en este caso sucede, el escritor en cuestión habrá de tener el plus de tener opiniones ideológicas cercanas a los centros de poder que controlan a las editoriales.

He aquí, creo, entonces, en donde encuentro casi siempre abominable que los escritores contemporáneos utilicen el sufrimiento, el dolor, la ética, el hambre o la enfermedad como temas de sus escritos, porque casi ninguno de dichos escritores no es en el fondo alguien que no contribuya con sus acciones a la perpetuación de estos males.

En este sentido, me parece que casi todos los escritores mexicanos de mi generación son personas sumamente hipócritas. No solo por su incapacidad para esconder que les interesa la fama, sino particularmente porque es muy difícil encontrar hoy día a un escritor mexicano de mi generación que no utilice el dolor o los conflictos políticos presentes como material para sus escritos (como un arma utilitaria más bien) pero no porque realmente les interese el dolor, la desgracia o el sufrimiento de sus coetáneos, puesto que, como se demostrará más adelante, cuando tienen voz en los medios y hablan del dolor, o bien implica que su voz es la de un escritor sumamente pragmático, o bien implica que todos sus movimientos y sus razonamientos como escritor están conectados a los de algún grupo de poder que en su momento sabrá sacar provecho de las cualidades de su escritor para llevar agua a su molino, o bien implica que, como en la actualidad está sucediendo con las decenas de escritoras que está fabricando Letras Libres en base a la cultura del fraude, se trata de simples personas que se dedican al facsímil y de quienes, como en el caso particular de Avelina Lésper, estaré hablando en el blog en los próximos días.
Bueno, continúo, tal y como lo prometí, con las denuncias relativas al acoso y al plagio de mis obras del grupo de psicópatas ya archinombrados de los que he estado hablando en los posts más recientes de mis respectivos blogs.

Había comentado en particular que iba a escribir la presente crónica en la que me dedico a señalar los plagios que una supuesta crítica de arte que escribe para Letras Libres −a la que se le adjudica el nombre de Avelina Lésper y quien pareciera ser una reciente adquisición en los medios culturales tradicionales mexicanos−, se ha dedicado a hacer de mis textos a través de su blog.

Lo que haré en primer lugar es presentar el texto en cuestión que en específico muestra estos plagios. Hay, por supuesto, otros plagios. Muchísimos más plagios en realidad. Diría de hecho que nada de lo que tiene escrito en su blog no carece de la influencia de algún texto mío, no es algo a lo que no pueda llamársele plagio o algo que no haya sido tomado de mis textos (con variadas paráfrasis y botillería en el medio para disimular el plagio) para luego construir su papelito. 

Pero, bueno, dejémonos de palabrería e introducciones cansinas y vayamos al grano.

Se trata de un texto poético de mi autoría, intitulado “Nuevos inmortales”, el cual escribí hacia principios de 2011 y que fue publicado asimismo en éste, mi lugar, La ciudad de Eleutheria, mi blog, en aquel entonces.

“Nuevos Inmortales”

Navegantes van díscordos por las playas del desierto. No miran al Sol, no ven ya el Sol.
Ven la noche, las estrellas guiarles.

Sus cabezas son estrellas. La luz de las estrellas que en proyección oblonga cae a Tierra. Cada puntito, alguna intersección con el plano terrestre: allí comienzan sus cabezas que, requiriendo de más de dos parámetros para ser descritas, forman un todo tridimensional.

Y van que montan sus barcos. En las dunas ondulantes que son la nueva agua. Desértica como la leche en que nadan pececillos nacarados.

Azul cobalto lleno de luz es el nuevo cielo, con el color azul con el que brillan los pixeles. Sus pelos crespos y engomados, y cuerpos esbeltos cuyas tilicas piernas son, empero, zancos y pies y anclas; como argonautas que ya no buscan a su dios.

Y los suyos ojos con forma de almendra o fusiformes como selacios o glaucos. Es decir, peces esmeralda que hechos carne humana miran con la espesura de sus suyos ojos a la infinidad que se otea desde este mar de polvo.

Absolutamente negros –sus ojos– porque están llenos del todo, es decir, contienen al todo: todo. No vacíos, no vacuos, y por eso no albos. Negros que es el color de todo lo que llena al espacio que debe ser de cuatro dimensiones o más. Entonces el espacio bien podría estar lleno por un hipercubo y sus ojos de almendra requerir de una componente más para contener completo al universo.

Y aun sin saber bien a bien qué miran, uno sabe que miran con ternura, que suspiran con ternura, que cogen el timón con absoluta ternura porque el tacto es la continuación del ser en otros y en otras cosas. Extensión del cuerpo que busca salirse de sí mismo, no para sí mismo, sí para otros, para darse.

No se podría decir que surcan al aire, más bien zigzaguean dentro de él y de la arena que se transmuta en agua cuando lloran, cuando la sangre caliente de sus cuerpos cobra víctimas en su vecindad y hacen del sólido líquido aunque bien que podría ser plasma.

Y en el exterior, en esa intemperie, está también su interior y sus paredes adornadas con pinturas que parecen arte rupestre pero es más bien arte moderno, mezcla de bajos tristes, arpas no entonadas que parecen arpón dentro de la fragata y, de hecho, se tocan como arpón para emitir sonidos musicales, notas, pavanas.

No sé por qué estiran sus brazos; les gusta mantenerlos rectos tal vez para presumir que su languidez sólo tiene parangón con sus piernas. Escuadras forman al doblar sus brazos y al plegarse por la mitad y agacharse: como una curva dragón de algún orden que se elabora con dobleces de papel. Son también de los que piensan que encorvarse sin donaires –prescindiendo de ángulos rectos– les hace ver ridículos, pero no porque lo sean, porque se sienten así.

Y el azul que todo lo cubre y que se mezcla con el color trigo de esa mar bravata de agua cascada que es como una tabla de surf transportando a estos marinos del suelo al cielo, del desierto a las estrellas.

Ya no hablan y no porque sea como el caso de aquél cuya voz se convirtió en sordina, sino porque ahora se comunican mirando, con esa actitud cautivadoramente tierna, suave, la que ya conté líneas arriba.

Me faltan palabras y párrafos para contarla mejor. No tiene caso, no puede decirse, es inefable y sin cifrado. No admite rótulos.

Y sus pelos crespos tienen algo de protagonismo en esto, como si hablaran, como si fueran un dato, algo que dice que ya no es importante la apariencia.

Calor y agua; brisa, bruma ligera, estrellas, el día noctámbulo que se entrega a la noche, que bebe de ella para amar a estos nuevos inmortales.

Muestro ahora a continuación el fragmento en específico de uno de los post de esta cretina que está tomando clara inspiración de mi texto y al cual sin duda alguna no es posible llamar de otra manera que no sea con el nombre de plagio, imitación, copia, pastiche, dúplica, calco, reproducción, facsímil, etcétera.

He aquí el o los fragmentos:

“Ocupados en distintos asuntos, obligados a resolverlos en ese instante, brincan a la mesa, se sientan encima del teclado, dirigen el mouse de la computadora, escribiendo un misterioso aforismo.”
“En las entrevistas siempre tienen algo que decir, maúllan participando en el momento más polémico de la conversación aportando desconcierto…” “Ahuyentan a la soledad, a la tristeza y a las plagas que merodean una casa, limpian de dolor el alma y con su mirada nos dicen que son fieles, vigilantes y protectores. Contemplan por las ventanas añorando el espacio, ven pasar a los pájaros, y mientras beben un poco de leche o se saborean un plato de crema, con el movimiento de la cola nos dicen que aún son salvajes. En el desayuno compartimos un poquito de pan, en la cena adoran la avena o una hoja de espinaca, nos hacen sentir que les gusta lo que hacemos, que viven nuestro presente en completa entrega, que no escatiman su presencia. Ven llegar a la noche con sus ojos brillantes, y se trasforman, recuperan su leyenda, se mitifican en el interminable abismo de los seños, y calientan el regazo, duermen con su pausada respiración, y nos abrazan y nos dicen: somos solitarios en compañía.”

Y un par más:

“En una demostración de la inestabilidad de la materia tienen la capacidad de desaparecer, buscarlos es una misión de psíquicos y magos, capaces de ver fantasmas y espíritus, y una vez agotados los recursos de la investigación, ¡zaz! aparecen con paso silencioso, y mira alrededor preguntándose qué interrumpió su paseo. Impacientes, no les gusta posar para pintores, obligan a que la memoria y la observación trabajen, susceptibles detectan cuando los miran y se mueven de inmediato (…) los retrataron en movimiento o dormidos que es la única forma de que estén quietos.”“con obsesión lo cuidan, se hacen largas toilettes, baños delicados y profundos.”

Estos fragmentos forman parte de un texto que publicó esta diletante de la agrupación Letras Libres en su blog personal, bajo el nombre, Los gatos, el día 11 de julio de 2018 y, al cual, cualquiera que tenga Internet y un navegador, podrá acceder sin mayor problema.

Los fragmentos aquí presentados, además, están escritos bajo la influencia de otros textos míos, como casualmente mi escrito, Adelaida, o bajo otros variados textos, además de ser claro para mí, como escritora y creadora de los mismos, que se está utilizando mi lenguaje al producirlos o planificarlos y durante su confección.

Para cualquier experto en literatura y lengua, bastaría con pasearse por mi blog para comprobar esto que yo afirmo.

Obviamente, y en el contexto del acoso, monitoreo y del espionaje que se ha hecho de mi persona desde hace ya varios años, lo cual incluye el plagio, y del que he escrito ad nauseam en el blog, debe entenderse que estos plagios son parte de una fabricación y, para ser más exactos, del conjunto de fabricaciones que he estado denunciando los últimos meses en @Scarbo__, mi perfil en twitter.

Así pues, y como parte de esta elaboración, es natural que quien entre al blog de esta charlatana descubra que sus primeros escritos datan, supuestamente, de diciembre de 2008, es decir, del mismo año en el que la publicación de los míos hiciera aparición en la blogósfera, y que por consiguiente, ese hipotético navegador descubra, entonces, bajo esa hipótesis, que el estilo de escribir de esta crítica ya habría sido así desde entonces y que, ¿cómo entonces podría plagiarme?, ¿cómo me atrevo a acusarle?

Bien, ese incrédulo navegador que de manera harto razonable podría objetar dicha cosa, lo que no puede negar en cambio es que el texto que estoy mostrando, que es posterior a mi escrito, es un plagio de este último. Tampoco puede objetar mucho en contra de las múltiples acusaciones que recaen y han recaído sobre esta mafia. De las cuales la más célebre quizá sea la de Sabina Berman, pero sobre la cual elijo no hablar y ante la cual siento cierta suspicacia puesto que, como ya había comentado en este escritome parece que forma parte integrante de esta representación, o de este intento de este grupo cultural corrupto por construir una cultura y una manera de hacer crítica, análisis político y literatura, basados en los míos, formas y maneras que no existían en la esfera pública, ni en dichos medios infestados de porquería, hasta antes de 2013 —salvo contadas excepciones— , que es cuando de manera sistemática esta mafia y sus ghostwriters empezaron a plagiarme.

Lo cual, por cierto, ha implicado una construcción cuidadosa y casi una edificación, diría, de un maderamen monumental de feministas y comentaristas que infestan la red, escriben, opinan, analizan, protestan, hablan, sienten y enjuician, bajo el mismo tono, con el mismo lenguaje, los mismos esquemas y formatos con los que yo lo había venido haciendo no solo aquí, en mi blog, desde hace varios años sino, más significativo, en mi perfil privado en facebook, al cual esta gentuza tuvo acceso por la vía de la psicópata que acosa y que plagia, a partir de 2012, por las causas ya narradas, y quien es una de las principales ejecutoras de estos textos, pastiches, reproducciones, mercachifles, cuerpos famélicos producidos en la hambruna o como se les quiera llamar.

Tampoco podrá negar este eventual e hipotético navegante de la web que, si escuchara hablar a Avelina Lésper, no se corresponde en lo absoluto su alocución verbal en televisión con el cuidadoso lenguaje que parece emplear al escribir sus artículos. ¿Por qué? Simple, porque no es ella quien los escribe, sí, se los escriben más bien.  

O es esa mi hipótesis basada en todos los argumentos que presento en esto post y en posts pasados.

Con lo cual, Avelina Lésper junto a otras figurillas que iré denunciando oportunamente en este y en mi otro espacio, se vienen a constituir en algo así como en un Milli Vanilli, versión hispana, del establecimiento mediático y cultural de nuestro país, en el cual Avelina, junto a las otras personas, ponen la cara, sonríen, posan para el público, pero soy yo, o más bien, los contenidos de Eleutheria o el lenguaje en el mismo, quienes ponen el discernimiento, el cerebro, la creatividad, la inventiva o como quiera llamársela, aunque, por supuesto, bajo la mediación del conjunto de psicópatas que se dedican a plagiar mi obra, a utilizarla, manosearla, ensuciarla, maltratarla, demeritarla y a quitarle su valor aurático con sus reproducciones fallidas y, peor aún, que es lo que finalmente me preocupa, a instrumentalizarla y a politizarla con fines completamente aviesos, utilitarios y pragmáticos, por decirlo con muy poca locuacidad, que solo sirven para hundir a la izquierda.

Una muestra de hecho de ello es el siguiente tuit que la psicópata publicó en una de sus múltiples cuentas fake en twitter y del que por fortuna guardé copia cuando descubrí que en el mismo, además de haber un homenaje a las frase “sus tilicas piernas” de Nuevos inmortales, o una paráfrasis, hay una manera de escribir o una frase muy usual de mi lenguaje, que conozco a la perfección y utilizo a menudo, como se aprecia en la siguiente imagen, en donde, además el “por tanto defender a criminales” es también una paráfrasis a mi producción lingüística o a un texto mío, por no hablar de en general todos los plagios que descubrí en este perfil.

Perfil fake en el que descubrí no solo este, sino muchos plagios a mis textos y muy feos, por cierto, y de mal gusto.
Con lo cual, sí, por supuesto, pienso que es la psicópata que plagia y acosa la que hizo de ghostwriter para escribirle el texto a Avelina, en donde para mí es muy claro cómo aparece en cada una de sus reproducciones esta especie de devoción que experimenta, en este específico caso, hacia este texto mío, mezclada con odio, encono, codicia, envidia, miseria, y sordidez, y que también es palpable en este tuit que muestro.

La probabilidad, por otra parte, de que esta situación sea cierta es directamente proporcional al número de palabras que utilizan de mi lenguaje en cada uno de estos dos facsímiles, el post de Avelina y el tuit en cuestión — o más bien, los perfiles en twitter y los posts de Avelina —, palabras que para mí no son solo objetos cuantificables, sino hechos o pruebas evidentes de este modo de conducirse cuando poso mis ojos sobre ellos y descubro el plagio, la influencia y la imitación.

Lo cual no debería de suceder en lo absoluto en nuestra época si se toma en cuenta que una conducta así muestra una completa falta de ética y, como leí por ahí, una completa falta de competencia.

Véase cómo Avelina Lésper no es ni siquiera capaz de articular una idea coherente por sí misma en una simple entrevista.


De este plagio en particular de Avelina me pude dar cuenta desde mediados o a principios de mayo, si no recuerdo mal, gracias a que navegaba este post de la analista Pilar Baselga y desde entonces tuve a bien ponerme a comentar mi hallazgo (o más bien a mal), tanto con mis familiares y allegados, como con la persona importante en mi vida y mi terapeuta, comunicándoles más o menos estas mismas impresiones que he plasmado hasta ahora en el presente escrito.

¿Por qué tener a mal? Porque, como ya he indicado, esta agrupación tiene mucho poder y mucho dinero, mantiene un monitoreo permanente sobre mis actividades, conoce mis comunicaciones de pé a pá, y sabe que yo ya sé que están haciendo esto, y saben, también, que yo ya había dicho y anunciando a mis cercanos que esta vez, a diferencia de las otras, lo denunciaría, lo exhibiría, lo expondría y lo evidenciaría en mi blog como lo estoy haciendo ahora, y como seguiré haciéndolo aun cuando la tarea, de entrada, pueda parecer vacua o titánica.

Y tienen conocimiento asimismo de todo lo que yo piense hacer respecto a las lesivas e insanas intenciones que mantienen en todo momento hacia mis escritos y hacia mi actividad intelectual, lo cual significa entre otras cosas que actúan siempre un paso adelante de mi propia planificación y que no dudaría que para estos momentos ya tengan publicado en ese mismo espacio de Avelina, o en alguno otro, un texto anterior al mío con el mismo tono de Nuevos inmortales a modo de descargar entonces, por medio de esa artimaña, responsabilidad sobre Avelina, al mismo tiempo que desacreditar y descartar por ende que mi denuncia sea verdadera.

Por otra parte, tampoco se puede refutar gran cosa contra otras acusaciones de plagio que en paralelo se han cernido, también, sobre esta mafia, como en particular, una que me tocó presenciar cuando a través de mi cuenta en facebook me percaté gracias a Patricia Damiano, quien era uno de mis contactos, cómo un creador argentino se quejaba amargamente de la revista de esta agrupación y posteaba en el muro algo así como, “oigan, no sé si sea yo el que se lo está imaginando, pero creo que se publicó en una revista mexicana, llamada Letras Libres, un texto que es muy parecido a algo que escribí y que publiqué en mi blog, tal o cual día”; es decir, cómo, en corto, me tocó ver esta bochornosa acusación contra la actividad cultural de dicha asociación, acusación, por cierto, que en México, pareciera, no es la excepción, sino la regla.

Recuerdo que el hombre incluso comentó que protestaría enérgicamente y pediría que se retirara del perfil web de la revista el texto mencionado. No supe lo que pasó, no supe si el hombre continuó con su denuncia ni supe si retiraron el artículo o columna en cuestión, o tal vez no lo recuerdo, pero lo que sí recuerdo es que para esos tiempos yo ya sabía que me plagiaban (incluso Avelina Lésper o que a Avelina se le atribuían textos que estaban basados en los míos, en mis temas, en obsesiones estéticas y en mis lecturas), yo ya era objeto para ese entonces de un intenso proceso de acoso por la psicópata mencionada y ya pululaban varias de estas cuentas fake en donde también aparecían varias de mis alocuciones, ideas, frases, fragmentos, escritos, maneras de escribir, discursos, etc., adjudicados a otras personas, que no son ni serán más que perfiles falsos, razón por la cual, recuerdo, sentí internamente una enorme solidaridad por aquel hombre y por su denuncia.

Es importante recordar  que esto ha sido posible gracias a que hubo una maniobra en la que se hackeó mi computadora, mis correos electrónicos y cada uno de mis perfiles en redes sociales, y recuérdese que esto ha significado tener acceso a cada uno de los mencionados escritos, en este post, producto de mi inventiva y de mi esfuerzo.

Finalmente, quienquiera que haga esta indagación tampoco podrá objetar que estos hechos forman parte de una tentativa por parte del historiador que preside a esta agrupación de crear o mantener, con completa deshonestidad y absoluta flagrancia, un golpe blando permanente y sin duda alguna inescrupuloso, sobre el gobierno de México mientras dure su madanto. Es decir, el actual mandato.

Acontecimiento que, como ya también he comentado ampliamente, forma parte una serie de eventos más o menos recientes, específicos y desafortunados, de la escena sociopolítica de nuestro país, me refiero por supuesto a la Operación Berlín y al multimentado golpe blando; sobre el cual, tanto La Jornada como otros medios han hablado profusamente en sus respectivos tabloides, para denunciarlos, y lo cual ha requerido de la asistencia y la financiación de organismos como el Instituto Cato, ligado a George Soros, o de figuras de la ultraderecha de este país como Felipe Calderón.

Lo que ocurre en consecuencia es que esta gente que está creando todos estos contenidos, como el de Avelina y el del sinfín de perfiles que denuncio, está usufructuando mi creatividad o está haciendo uso de la misma y de mi inventiva para poner de revés a mi país, un país que si ya vivía en la insania y en la inmoralidad como lo he creído desde hace algún tiempo, ahora vive en la más completa inmundicia. La inmundicia en la que la ultraderecha local insiste en meterlo. La inmundicia también que hay que retirarle del cuerpo para mantenerlo en estado de defensión y hacer que despierte.

Por lo tanto, todos los hechos que denuncio en este y en posts aledaños deben inscribirse en ese contexto y deben ser considerados parte constitutiva de las denuncias que en específico he estado haciendo estos días. 

Es esa la lectura que creo se le debe dar a esta denuncia.

Lo que me interesa denunciar es el significado político de estos sucesos y el sociológico y, por lo tanto, aunque el hacerlo incluya o implique tener que hablar de mí misma o de hechos y situaciones que me aluden como persona −lo cual para cualquiera debe de constituir algo así como una catástrofe, imagino−, continuaré realizando las denuncias en la medida en la que mis posibilidades me lo permitan. Pienso que atravesamos una coyuntura muy delicada a nivel político en mi país y a nivel mundial y creo que lo sensato y lo racional es seguir denunciando.

¿Qué fue la Operación Berlín?

La operación Berlín fue un escándalo mediático que sorprendió a la opinión pública mexicana el 18 de marzo de 2019, cuando el editor mexicano, Ricardo Sevilla, dio a conocer en el programa informativo de Carmen Aristegui, Aristegui Noticas, que él, junto a otro grupo de editores mexicanos, habrían sido contratados por el historiador mexicano Enrique Krauze, vísperas las elecciones presidenciales de 2018, con la intención de tumbar la candidatura del entonces candidato de la izquierda por el partido Morena, Andrés Manuel López Obrador.

La entrevista habría estado en realidad basada en el reportaje, de nombre homónimo, realizado por el periodista de Eje Central, Juan Carlos Rodríguez, quien de acuerdo con su línea de investigación, habrían estado involucrados en la maniobra personajes como Francisco Agustín Coppel Luken, dueño de Coppel, Alejandro Ramírez Magaña, dueño de la cadena de multicinemas Cinépolis, además de Ricardo Rojo, dueño de la empresa Expertaria. Por su parte, Ricardo Sevilla confirmó que habrían también participado Grupo México así como Germán Larrea.

De acuerdo a estas declaraciones la Operación Berlín habría consistido en la creación de varios pefiles en redes sociales, de aspecto no homogéneo, dedicados a entremezclar con los contenidos generales del perfil, propaganda contra el candidato de las izquierdas.

 Viñeta que muestra a posibles operadores de la Operación Berlín.


Por medio de WhatsApp, Twitter y Facebook debía llevarse a cabo esta maniobra.

Por ejemplo, habría sido plausible que cualquier usuario de redes se topase en aquellos días con una o más cuentas dedicadas al activismo por los derechos de las feministas en las que al mismo tiempo se vertían, también, de manera desinteresada, mensajes, lemas, objeciones, arengas, críticas, etcétera, destinados a destruir la imagen del candidato de la izquierda.

La intención, si bien las declaraciones del entrevistado no son explícitas en este punto, habría sido llevar a cabo la operación de tal manera que esto fuera apenas perceptible para los cibernautas.



Entrevista a Ricardo Sevilla en Aristegui Noticas a propósito de la Operación Berlín.

Se crearon asimismo contenidos, memes y propaganda que debían viralizarse para convencer a la gente de que el candidato de las izquierdas estaba vinculado a la trama rusa o a personajes como Nicolás Maduro y Fidel Castro.

La operación recibió el nombre de Operación Berlín debido a que el domicilio al que acudían los editores a rendir sus servicios se hallaba en una calle de la delegación Coyoacán, apodada con el mismo nombre. La campaña asimismo habría sido coordinada por Enrique Krauze con el apoyo de Fernando García Ramírez.

Los participantes pudieron haber recibido hasta treinta mil o cincuenta mil pesos mensuales por realizar la labor de edición y creación de contenidos, así como por administrar las páginas desde los cuales eran viralizados.

El entrevistado incluso señaló que en una ocasión se habría reunido con el afamado intelectual en un restaurante de la ciudad de México para hablar sobre los términos en los que la operación debería llevarse a cabo.

Por su parte, el intelectual e historiador Enrique Krauze negó tajantemente haber estado involucrado en dicha maniobra y amenazó con demandar a la senadora por el partido Morena, Tatiana Clouthier, a quien acusó de haber sido la encargada de coordinar estas imputaciones en su contra tras la aparición de su libro, de reciente publicación, Juntos hicimos historia.

Fuentes:

[1] ‘Krauze operó contra AMLO’. Testimonio sobre la insidia, https://aristeguinoticias.com/1703/mexico/krauze-opero-contra-amlo-testimonio-sobre-la-insidia/
[2] Operación Berlín: Conjura AntiAMLO: http://www.ejecentral.com.mx/operacion-berlin-conjura-antiamlo/
[3] Así operaron “intelectuales de alto rendimiento” contra AMLO; Krauze sí me conoce: Ricardo Sevilla, https://aristeguinoticias.com/1803/mexico/asi-operaron-intelectuales-de-alto-rendimiento-contra-amlo-krauze-si-me-conoce-ricardo-sevilla/

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