Avelina Lésper y los plagios son un bodrio

Otro estilo que plagia Avelina Lésper es el de #SusanSontag, todas sus notas sobre lo camp son una transcripción literal, aunque levemente modificada, de las notas de Susan sobre este tema, y esto es así porque para crear a este personaje que se supone se dedica a hablar del arte en forma crítica, se basaron en un texto mío llamado El Arte en donde hablo analíticamente de El arte y en donde cito a Susan Sontag en forma explícita.

No dudo en lo más mínimo que pueden engañar a mucha gente que no ha leído Contra la interpretación, sin embargo no pueden engañar a la directamente afectada ya que para mí es evidente que están siguiendo la ruta crítica que dejé marcada en mi blog desde hace muchos años para crear estos personajes falsos, aunque atribuidas tales lecturas a diferentes pseudoescritoras, para que de ese modo no sea notable que plagian, acosan e imitan a una misma persona.

Una ruta que conocen muy bien porque hackearon mi computadora y yo siempre hacía listas de mis libros favoritos y dejaba recortes en carpetas de los libros que leía online. Ahora por ejemplo, le han atribuido a Fernanda Melchor lecturas muy particulares de textos muy amados míos sobre cuyo encuentro hice mención en mi computadora que hackearon. Al mismo tiempo que están atribuyéndose lecturas de autores que jamás han leído pero de cuyas lecturas hice resúmenes, como en el caso de los ensayos que entregué en la maestría sobre Marco Tulio Cicerón y que ahora atribuyen a causa de ello la lectura de un pensador latino a Silvana Ávila, aunque curiosamente delatándose y parafraseando casi en forma idéntica el comienzo mío de algunos posts para hacerlo como el caso específico de mi post de Cioran. Véase, Silvana Ávila dice, “la primera vez que escuché hablar de Marcus Aurelius fué en la preparatoria, en mi clase de Historia de la Cultura”, en tanto que yo digo en mi post “de Lágrimas y de Santos fue el segundo libro que leí de Cioran; iba en la preparatoria, sobra decir lo joven que era en ese entonces” y en este otro, “cuando estaba a punto de ingresar a la universidad (y esto quiere decir: cuando estaba a punto de ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras que fue mi primera facultad, y no Acatlán, en donde habría de estudiar más tarde matemáticas aplicadas y computación) un muchacho que conocí en la preparatoria y que hoy es doctor en física espacial me dedicó un texto de Emil Mihal Cioran de nombre el que lleva este post” y, sí claro, en su puerca obsesión con mi persona, con lo que amo, leo y escribo, tiene que hacerse esta patológica mención de Marco Aurelio como si en verdad este escritor latino fuera significativo para estas patéticas sujetas. Lo cual por supuesto hicieron ad nauseam con los posts plagiados y desde luego no escritos por ella, de Estefanía Vela Barba, una charlatana que supuestamente pugna por el feminismo al mismo tiempo que permite que le escriban sus posts basándose en los míos. Es decir, quien hackeara mi ordenador iba a saber qué libros estaba leyendo en un momento en específico y cuáles serían mis libros favoritos, además de que por supuesto al haber hablado de algunos de ellos en mi cuenta en facebook o en mi blog tendrían modo de acceder a dicho conocimiento, etcétera, y toda esta información, además de muchísimas más, que me sería imposible mencionar en un solo post, han estado utilizando en la construcción de estos personajes falsos. Idóneos e ideales, eso sí, para embrutecer a las masas.
 

En cuanto al post citado de Silvana Ávila, quien debe ser alguna dibujante que se presta a la tarea fraudulenta de poner su cara y sus dibujos para hacer creer que los textos que “escribe” son también de ella, calculo que este post, a pesar de que en su virulento y fallido blog se indica que data de diciembre de 2018, el mismo debió haber sido escrito después de abril de 2019, ¿por qué? Porque en ese intervalo de tiempo yo envíe por correo al Dr. Zorrilla, quien en mi clase de Ética nos pidió un comentario a De los oficios y los deberes de Marco Tulio Cicerón mientras cursaba la maestría, cuyo resumen puedo subir cualquier otro día aquí al blog, esos mismos resúmenes para una puntualización que necesitaba de su parte. De hecho, más concretamente, los envié entre fines de marzo y mediados de abril de este año, de modo que ese post patético debió haber sido escrito después de esas fechas y no en diciembre de 2018 como se indica. Los resúmenes existen, el correo al Dr. Zorrilla existe, el odio, la maldad y la mentira también existen.

Incluso no dudo que esta sujeta haya llegado por su propia cuenta a mi blog y que lo esté plagiando por sus legítimos méritos, en cuyo caso me da náusea. Tiene un podcast, por ejemplo, en el que habla literalmente sobre la “importancia de aprender a identificar las emociones y los sentimientos que llevamos dentro, pues a partir de las emociones y sentimientos que vivimos día a día construimos nuestra realidad, ya que si cambias la manera en la que te sientes a nivel emocional, cambias la manera en la que te sientes a nivel físico. Prestar atención a los sentimientos es muy importante cuando queremos hacer cambios en nuestra vida emocional porque una vez que hacemos cambios a nivel emocional empiezan los cambios a nivel físico ya que si cambias la manera en la que te sientes por dentro haces nuevas selecciones para crear nuevas realidades, atraer nuevas personas y vincularse a nuevos círculos sociales”, lo cual es una transcripción letra a letra de una conversación que tuve con mi hermana los últimos meses a partir de la crisis que tuvo de pareja y de la cual he estado hablando recientemente a propósito de este tema, si bien supuestamente su podcast data de diciembre de 2018. Para poder construir este discurso y atribuírselo a otra persona han tenido, lógicamente, que intervenir mi teléfono como de hecho lo han hecho. Suena demencial, suena inoperante, pero es asquerosamente real. Y sí, como en otras ocasiones he sostenido, yo no puedo probar por medios empíricos fehacientes que esto sea verdad, lo que en cambio sí puede hacer cualquiera es echarse un clavado o un paseo por mi blog y descubrir que estas son mis letras, mi manera de hablar y mi idiolecto.
 

Si bien cabe la posibilidad de que esta nauseabunda sujeta haya llegado a mí blog por sí misma y plagie por su propia cuenta, lo cierto es que el uso de estas palabras en su podcast y de muchas otras palabras en muchos otros de sus nauseabundos posts, muestran –o al menos muestran para mí– que la primera hipótesis es la más plausible. Y, como repito, no tengo modo alguno de demostrar que esto sea verdad, solo tengo modo de narrarlo.

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