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La actriz de Televisa, Patricia Navidad nunca tuvo Covid ni mucho menos ha estado en ventilación. Se ha dedicado a plagiar, letra a letra, cada uno de los contenidos de mi blog y es a raíz de esta razón que albergo esta sospecha. Ella, junto al grupo de psicópatas que están ciberacosándome, junto a los empresarios a cuyos intereses sirve y, un largo etcétera, están montando este teatrito para manipular y espantar a la población. Y, aclaro, por supuesto, que creo que existe el coronavirus y, por supuesto, que creo en la vacuna. Sin embargo, si hay alguien que trabaja para el nuevo orden mundial y si hay alguien de cuyos móviles debemos desconfirar es esta individua inmunda e iletrada, llamada Patricia Navidad, a quien gente muy sucia, de su misma categoría, le escribe los tuits, valiéndose de mi propiedad intelectual. ¡Tontos!, despierten. Patricia Navidad trabaja para las mismas personas que se dedican a plagiar mi blog para escribir basura feminista. Si hay un programa de exterminio para la población en general, particularmente, para los débiles y los vulnerables, se necesita de la desinformación y las noticias contradictorias para llevarlo a cabo, en este sentido, gentuza como esta señora [gordinflona y desagraciada], que cuentan con la suficiente carencia de escrúpulos y falta de neuronas para servir a un fin tan avieso —en caso de que esta hipótesis resulte verdadera como creo que resultará—, son vitales para llevar a cabo este tipo de propaganda y para esparcir su doctrina del schock a diestra y siniestra. Así que, por favor, despierten, Patricia Navidad en ningún momento ha estado enferma, ni contagiada ni, mucho menos, bajo ventilación mecánica, les aseguro que Patricia Navidad está inmunizada contra este virus más de lo que cualquiera pudiera estarlo y que fue una de las primeras en recibir la vacuna, si es que este es el caso. Sé por qué lo digo. Lo digo no solamente porque ha actuado con completa deshonestidad plagiando mis textos, sino por el apoyo a mansalva que le ha brindado a Donald Trump y a la extrema derecha mundial, quienes en su ancestral odio contra el pensamiento político socialista son capaces de las peores bajezas. El comportamiento de esta individua parasitaria en contraste con toda la gente, influencers, pseudoperiodistas y demás basca latinoamericana que se ha dedicado a plagiarme —una fracción de ella, en realidad— está en perfecta armonía y hace match con una campaña propagandística que, entre otras cosas, pareciera tener como finalidad que el mayor número de personas se contagie y, colateralmente, sucumba. Hacer desistir a la gente de la vacuna es un medio para hacerlo. No es gratuito que portales como Infobae y El Universal, que sirven borreguilmente a los intereses de los grandes corporativos, incluidos las grandes farmacéuticas, den tanta propaganda a esta individua nauseabunda como mediocre. Para finalizar, no es una hipótesis conspiranoica que esta pandemia se originó en un laboratorio de bioseguridad nivel 4 en Wuhan [bsl-4] tras haber sido manipuladas genéticamente cepas de coronavirus de murciélago, que, según una hipótesis personal, datan de las muestras que la Dra. Shi Zhengli recolectó en 2013. En Estados Unidos, el país en el que actualmente radico, cada vez hay más voces críticas que están alzándose contra la absurda como insostenible hipótesis según la cual el virus se habría originado en un mercado, no solo porque es físicamente poco probable —dado que el clúster más cercano habría estado a 1000 kilómetros de Wuhan en un momento en que los murciélagos hibernaban—, sino porque contradice todas las leyes de la evolución y la forma en que naturalmente evoluciona un virus dentro de la naturaleza. Es, pues, altamente improbable —si no es que imposible— que este virus haya saltado de un murciélago a un pangolín y, luego, a un humano con todas las prestaciones que el virus mostró desde un principio, es decir, con una alta capacidad para infectar y causar enfermedad, selectivamente, en algunas personas. Ningún virus nace tan virulento en un solo salto zoonótico sin haber pasado por diferentes etapas evolutivas y este es el caso del sars-cov-2; y, de hecho, a esto se le llama ganancia de función. Cabe preguntarse por qué ocurrió esto, indefectiblemente. Si esto fue un accidente de laboratorio, si esto ocurrió en el marco de la guerra bacteriológica —soterrada— que llevan a cabo diferentes naciones desde hace años, o si esto tiene o tuvo una finalidad más específica que nosotros desconocemos. En cualquiera de los casos, resulta obvio que desde un principio las autoridades cometieron un cúmulo de errores tan vasto —los cuales facilitaban la propagación del virus— que resulta difícil creer que dichos errores no hayan sido cometidos de manera deliberada; la otra, sería pensar que son estúpidos o que su incompetencia fue resultado de la suma de varias incompetencias de menor tamaño—que cometieron varias personas— que llevaron ineluctablemente a la incompetencia mayor que provocó la proliferación del virus o de la pandemia; pero, personalmente, y conociendo como conozco la manera de actuar de los países occidentales —específicamente ahora que vivo en Estados Unidos—, me niego a creer que sean tan incompetentes. Se pueden equivocar dos o tres personas a la vez —o una docena si quieren—, pero que se equivoquen cientos de personas al mismo tiempo ya no es un error, sino un plan deliberado. Por solo poner un ejemplo, piénsese en el error casi contranatura que cometió la OMS y los CDC al mandatar el uso de mascarillas para los doctores y el personal de la salud únicamente y desalentarlo entre la población en general al principio de la pandemia. Prácticamente su instrucción inicial fue: no usen mascarillas, no son necesarias, no bloquean al virus, no los protegen, cuando hoy día sabemos —e históricamente sabemos— que las mascarillas son herramientas de primera mano para combatir una infección y detener una propagación. Y, así, como con el caso de las mascarillas, podríamos citar decenas de otros ejemplos para demostrar que la consigna parecería haber sido: que se propague el virus. ¿O de verdad ustedes creen que nuestras autoridades son tan estúpidas? No dejo de pensar que, si yo hubiese estado al frente de la OMS, o de los CDC o de algún organismo del sector salud de mi país, habría acabado en unos cuantos meses con la pandemia, los lockdowns habrían sido draconianos en este caso y no habría escatimado en tiempo y recursos para extinguir la epidemia, aun a costas de haber sido tildada como de autócrata. Porque es mil veces mejor —o era mil veces mejor— un lockdown duradero, más largo, en el que se apoyara financieramente a los más desprotegidos, que el simulacro de lockdown que nuestras autoridades implementaron, que solo dañó la economía, que no extinguió la pandemia y que ha condenado al planeta entero no solo a periódicos lockdowns cada tres o cuatro meses, sino a recibir una vacuna insegura y mal hecha cuyos efectos a largo plazo todos desconocemos. Y, ojo, que no estoy en contra de las vacunas en lo absoluto y hasta he manifestado en mis redes —a principios de año, específicamente— que vacunarse, en estos momentos, se convertía en una especie de obligación moral o en la maniobra más obvia que teníamos que llevar a cabo desde un sentido pragmático si lo que queríamos era acabar con la pandemia; pero resulta cada vez más evidente, a la luz de los meses, que los problemas de seguridad que presentan las vacunas exceden por mucho la cantidad de problemas admisibles, aun si esos problemas representan solo una fracción menor del número de personas vacunadas —suponiendo que así sea en realidad—, puesto que en este caso no estaríamos solo evaluando la pusilánime relación riesgo/beneficio de la nueva tecnología ARN mensajero con todas las consecuencias que ello implicaría, sino la seguridad misma de las vacunas, por sí sola, como una variable independiente y no dependiente del beneficio.

En conclusión, cabe preguntarse por qué personas inescrupulosas que se dedican a propagar información tendenciosa y a desinformar a la población en momentos tan cruciales, tienen tanta notoriedad en los grandes rotativos —especialmente, porque lo que se publica en los grandes rotativos no depende de la voluntad popular—. 

¿Es gratuito que esta información esté allí? ¿Están estos medios obligados a publicar basura? En Google Estados Unidos, Youtube, Facebook y Twitter, quienes publiquen información que lleve a creer a la población que se trata de una plandemia —el término creado por Judy Mikovits—, en la que se desestima la peligrosidad del virus, son sancionados inmediatamente. —algo que podemos o no aprobar—. Patricia Navidad estuvo publicando información —robándose la propiedad intelectual de mi blog, por cierto— que ponía en riesgo la vida de muchos seres humanos, al presumir, en plena pandemia, que esto estaba siendo inflado y no había gente muriendo en los hospitales; sabiendo que hay gente tan bruta en México que puede poner su confianza en una actriz de telenovelas —por ejemplo—, ¿por qué medios como Infobae y El Universal —medios que sí representan al nuevo orden mundial y el poder de las élites—, estuvieron haciendo eco de la bazofia que publica esta individua quien, además, plagia mi propiedad intelectual? Hay alguien, o pareciera que hay alguien, que quiere que la idea según la cual esta pandemia y este virus no son peligrosos, tenga penetración entre las masas, y hay alfiles del sistema, peones e individuos mercenarios que no tienen empachos en desempeñar dicho papel a cambio de retribuciones económicas, de un papel en la televisión o de publicidad en una revista. Pero, ojo, la pandemia existe y el virus es un patógeno cuya infecciosidad no podemos desestimar, como ya lo sabemos —sin vinculación sobre lo que podamos pensar personalmente sobre su origen—. Si ya pensaba y ya dudaba del incompetente papel de la OMS y las autoridades sanitarias en el manejo de esta pandemia y si ya tenía una hipótesis para explicar esta incompetencia, relacionada con la hipótesis de reducción poblacional como la formulé en mi twitter (https://twitter.com/Scarbo__/status/1343791422516817920?s=20), con este y otros acontecimientos, no hago sino corroborar mi hipótesis. Desde el minuto 1 supe que esta actriz de Televisa, ni estaba en el hospital por razones serias —en caso de verdaderamente estarlo—, ni peligraba su vida.

Yo aquí, lanzo una hipótesis auxiliar, que se entreteje a la hipótesis principal, sobre la existencia de esta pandemia, la cual explicaría por qué la supuesta hospitalización de esta actriz es un montaje, ustedes pueden rechazar mi hipótesis o intentar falsearla, pero en cualquier caso, aun si la hipótesis auxiliar no tuviera relación con la hipótesis principal y es un hecho completamente fortuito que la supuesta hospitalización de la actriz es un montaje, lo que sí creo que casi es un hecho, es que la hipótesis auxiliar es cierta y que, por alguna razón que quizá tiene más que ver con la inherente falta de escrúpulos que hay en este tipo de individuas, en México, a cierta clase de personas se les hace fácil montar este tipo de espectáculos, en la tónica Florens/Cassez-Miranda/de/Wallace. En este caso, la individua probablemente dio positivo al virus, pero, al estar inmunizada, todo lo demás fue un montaje.

Como corolario quiero decir que es comprensible que este tipo de contenidos tengan en las redes notoriedad si consideramos que allí se congrega el pópulo a partir y departir —¿quién, que no me conozca, podría imaginar que Patricia Navidad plagia mis textos, por ejemplo?—, pero que lo tenga en los grandes medios, cuando no se escatima en censurar cualquier comentario que no coincida con la narrativa oficial, no tiene sentido, ni parecería ocurrir gratuita ni impunemente. Insisto, si Infobae y El Universal no tienen nada qué ver con la hipótesis de exterminio poblacional, al menos sí parecen estar dando cabida a los peones de las élites mundiales en nuestros países, que se dedican a imponer sus agendas y quienes crean una ficticia oposición a nuestros gobiernos —sean estos buenos o malos—, respaldada en figuras públicas para desestabilizar a los países latinoamericanos. No son más que mercenarios de las élites y sirven al nuevo orden mundial como esta individua lo hace.

Por último, les dejo este enlace a uno de los muchos papers científicos que están cuestionando el origen del virus y en donde se plantea como probable hipótesis, la hipótesis de laboratorio.

Might SARS‐CoV‐2 Have Arisen via Serial Passage through an Animal Host or Cell Culture: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7435492/

¿Era legítimo tener miedo a la vacuna antes de su producción?

Sí, era legítimo, porque se hablaba de una nueva tecnología y nosotros no sabíamos nada, tampoco comprendíamos cómo sería posible, sin perjuicios, que esa tecnología se acelerara en diez años y generara una vacuna tan poderosa. Además, cabe admitir, era doblemente legítimo, porque nos bombardearon con toda suerte de información charlatanes, curanderos, católicos sudamericanos, para hacernos desistir de la posibilidad de vacunarnos. Era legítimo también porque teníamos miedo de ser modificados genéticamente. Porque nos decían que, de vacunarnos, ya no tendríamos hijos. Era legítimo, en principio, porque no sabíamos hasta qué punto todo lo que los agoreros nos decían sería la verdad. No, no te vacunes. No, quedarás estéril. No, modificará radicalmente tu genoma humano, decían. Pero luego ya, las aguas se aclararon, se presentó el Dr. Fauci en la universidad y logró explicarnos que la vacuna era segura biológicamente y que el consenso para elaborarla no había implicado ninguna violación a la ética. Fluyó información, asimismo, que explicaba con más detalle en qué consistía la nueva tecnología y esta información era fidedigna. Además, navegamos Internet, seguimos teniendo acceso a todo tipo de información a pesar de la pandemia y logramos comprender que el quehacer científico nos aseguraba que esta vacuna no sería más ni menos segura que ninguna de las vacunas que se han producido los últimos treinta años, digamos. Por eso, ahora, apoltronarse en el lugar de quien cree que vacunarse es rebeldía o representa la comprensión de un conjunto de hechos que los demás no alcanzamos a comprender, simplemente implica negarse a conocer la verdad de la vacuna, determinar de qué está hecha y cómo funciona. Por lo tanto, aunque en un principio fue legítimo y comprensible dudar de la vacuna y tener miedo de ella, a estas alturas resulta impráctico seguir temiéndola y creo que lo mejor, considero yo, por dicha causa, debe ser entregarse a averiguar sobre la vacuna y asegurarse en verdad si va a modificar nuestro genoma y va a hacernos pedazos como se nos anuncia. Hacer de lado la ideología en esta empresa, el odio al globalismo, el miedo, la tirria a los emporios empresariales y, en resumen, determinar con toda libertad y conocimiento si es inseguro vacunarnos, como nos aconsejan o si, más bien, no hacerlo, es lo que nos puede perjudicar realmente. Pienso que, en último término, el criterio de evaluación para decidirnos al respecto debe de ser el siguiente:

 ¿cuáles son los riesgos que enfrentaríamos al no vacunarnos y cuáles son los riesgos que implicaría vacunarnos? ¿Es más riesgoso vacunarnos o es más riesgoso exponernos al virus sin estar inmunizados?

Es un análisis de riesgos muy sencillo que además implica tomar en cuenta el impacto social que puede significar no haber recibido la vacuna.

Así pues, conmino a quien lee este texto a que se informe por sí mismo y tome la decisión.

Virus, funciones, vacunas

 -Ayer vi el vídeo de Spencer, J., por cierto. Mucho qué comentar. Pero básicamente muy de acuerdo con lo que tú y C. comentaron ese día. Acaso agregaría algunos comentarios extra para debatir. Lo impresionante desde luego es que la persona haya hablado de eventos que se están cumpliendo en este momento. Por otra parte, no sería tan improbable realizar una predicción así ya que desde inicios de 2000 las diferentes compañías y científicos empezaron a trabajar con estas ganancias de función para optimalizar las propiedades de los distintos virus y hacerlos más peligrosos. A través de trabajar con su perniciosidad han posibilitado la idea de una pandemia y, de hecho, desde ese entonces nos empezamos a enfrentar con pandemias severas, como la del SARS 1, la pandemia de MERS de 2011 y la de AH1N1 de 2009. Realmente llama la atención que a lo largo de casi todo el siglo después de la gripe española, no hayamos tenido prácticamente ninguna pandemia sino hasta comenzar este siglo. Salvo la pandemia de Tokio de 1969 y las epidemias de sarampión y poliomielitis que se extendían por el globo. Más la malaria, que nunca se ha acabado. Llama la atención porque, se supone, la tecnología ha avanzado muchísimo y hemos encontrado cada vez herramientas más poderosas para combatir y erradicar los virus. Bacterias que nos abatieron en el pasado, están ahora prácticamente erradicadas y no suena lógico que con nuestra súpertecnología, no podamos tratar y detectar a tiempo un virus que se supone peligroso y que, en teoría, debería de ser rápidamente combatido. En este caso no me refiero a la vacuna, sino al simple hecho de la detección. Se supone que en este siglo aprendimos procedimientos poderosos y pautas de higiene para parar una pandemia. Pero lo más ilógico es que estos patógenos sean cada vez peores y que nadie cuestione el papel que los laboratorios de bioseguridad --quienes se dedican a trabajar con el material genético de virus y bacterias--, juegan en la hechura y confección de estos virus. Porque es un hecho, ellos fabrican virus y otro tipo de arsenal bacteriológico en sus laboratorios. Ponle que no lo hicieran para matarnos, si nos vemos ingenuos, pero al menos cabe pensar que han tenido accidentes importantes donde material peligroso se les ha escapado. En fin, no sé si todo lo demás que dijo el señor sea verdad o si se lo está inventando, pero al menos suena coherente en predecir algo que ya se sabía que estaba pasando desde hace algún tiempo y que poquísima gente se había atrevido a denunciar abiertamente. Yo tal vez no otorgue credibilidad a sus palabras pero tampoco me quiero arrogar en estos momentos la prerrogativa a juzgar las conductas humanas que expresan miedo.

Es muy terrible y muy extraño la realidad que estamos viviendo ahora, pareciera que todo fuera sacado de un sueño o viviéramos un sueño irreal. Si no se acaba esta pandemia pronto y seguimos encerrados, no quedará más que pensar que detrás de su surgimiento hubo mano negra o algo por el estilo.

No me gusta arropar teorías conspirativas y estoy convencida que el virus existe y de la necesidad de quedarse en casa, de hecho he sido de la gente que más ha pugnado por extremar las medidas de mitigación y me molestan los canales en Youtube que se dedican a subestimar la perniciosidad del virus por mencionar un ejemplo, sin embargo, tampoco puedo ser ciega a que pasaron cosas muy ilógicas con el manejo de la pandemia a nivel gubernamental y realmente me cuesta aceptar que seamos tan estúpidos y que a causa de esa suma de errores estemos experimentando lo que estamos viviendo ahora. Soy consciente que por estupidez pueden pasar muchas cosas, pero en este caso estoy convencida que no se necesitaba ser un genio para controlar la pandemia y que hasta alguien muy estúpido podría haberla evitado. En el caso de Donald Trump, por ejemplo, su gestión fue desastrosa porque prefirió privilegiar el aspecto económico que el aspecto humanitario. Fue un estúpido al haber hecho eso y se puso la soga al cuello para perder la elección. De hecho, eso fue lo que lo llevó a perderla. Sin embargo, eso no exime al resto de las autoridades, como los CDC, por ejemplo, que enviaron información contradictoria todo el tiempo mientras empezaba la pandemia —lo cual sumó al caos y al estado de cosas que se desencadenó después—, de su responsabilidad. Ni al Dr. Fauci, por ejemplo, quien en un inicio indicó que las mascarillas no eran necesarias, a pesar de que hoy en día ya sabemos que su uso ha resultado vital y a pesar de que su recomendación iba contra todas las intuiciones y contra el sentido común. Hoy se sabe, por ejemplo, que la utilización de la mascarilla si bien podría no evitar el contagio, al menos sí disminuye la carga viral y eso es fundamental en la detención y en el tratamiento del virus. No me quiero erigir aquí en el juez de personas que se sospecha son en extremo inteligentes, pero sí cabe recordar que sus errores causaron sumo daño y esto quizá valga tenerlo en cuenta para revalorar la arrogancia humana, por una parte, y para comprender qué clase de hechos son los que dan cabida a las teorías conspirativas. Sí, hay teorías conspirativas pero también hay gente que con su actuación no ayuda a que no las haya.

Por otra parte, lo entiendo, las pandemias son posibles y nosotros somos falibles, pero no es esa falibilidad ni esa posibilidad lo que estoy cuestionando, estoy cuestionando algo más sencillo: me refiero a la torpeza de las autoridades y a la mala información que fluyó que, creo yo, ayudó a solidificar la pandemia.

C. sabe de estos temas de la bioguerra porque es internacionalista, ahí pregúntale por si quieres ahondar más en el asunto.

Perdón, la pandemia de 1969 es La gripe de Hong Kong.

Pues sí, como dice J., el problema es económico y por eso precisamente urge acabar la pandemia. Y la mejor manera que tenemos para hacerlo es utilizar las mascarillas y hacer la distancia social. ¿Se acuerdan cómo al principio la OMS dijo que no usáramos mascarilla? ¿Lo creen posible? ¿Creen que el organismo que se encarga a nivel mundial de administrar nuestra salud no haya sabido que una simple tela de gaza en la nariz puede filtrar la carga viral que entra a nuestros pulmones y protegernos del virus? ¿Y que luego ese mismo error haya sido replicado por el CDC y todos los CDC europeos? ¿Por qué creen que lo hicieron? Porque cuando fue el brote de la AH1N1, por ejemplo, recuerdo perfectamente que lo primero que nos dijeron los gobiernos era que acudiéramos al uso de la mascarilla. Esos días en México las calles estaban llenas de gente con mascarillas en la boca. Recuerdo que cuando a inicios de marzo nos dijeron en esta pandemia que la mascarilla no era vital a mí me pareció muy ilógico. Entre muchas de las cosas que tendremos que hacer cuando acabe esta pandemia es llamar a las autoridades a dar explicaciones por todas estas inconsistencias.


Una breve observación sobre lo que ocurre en México

Es increíble que de una semana a la siguiente los contagios se redujeran drásticamente y dejara de crecer de manera exponencial el virus, justo en el pico más alto de la infección, por lo menos comparativamente en relación a otros países. Lo único que espero es que los contagios se hayan contado bien y que en general se estén contabilizando bien todos los casos y todas las defunciones. Aunque también pienso que no es improbable que los mexicanos, por nuestra experiencia con la pandemia de la H1N1, hayamos acudido a esa experiencia para protegernos mejor y contribuir de esta manera a que se redujeran los casos. Bueno, lo digo metafóricamente contándome como mexicana y sabiendo que nuestros seres queridos están allí, dado que realmente y un poco no alegremente yo no viví lo peor de la pandemia en México, sino en este país en el que ahora radico. Pero sí, hago el hincapié en esto porque justo hace unos días revisaba las estadísticas en John Hopkins y es increíble cómo en un par de semanas México fue rebasado por un par de países a los que claramente les llevaba la delantera. Habrá que ver si nuestro sistema de vacunación, que es el mejor en el mundo hasta donde yo entiendo, algo ha tenido que ver en desarrollar nuestra inmunidad. Lo más probable es que haya alguna variable biológica que explica esta aparente fortaleza que muestran los mexicanos ante el virus. Lo digo porque lo he analizado detenidamente, aunque solo a nivel empírico y no bajo ninguna metodología científica. Podría ser, por ejemplo, se me ocurre, que las mujeres en México han parido más que muchas mujeres en Latinoamérica y en todo el mundo entero y esto haya de alguna manera debilitado al virus, ya que se ha visto que las mujeres tienden a tener una protección extra ante una gran cantidad de virus a razón de sus potencialidades maternas. Pero solo es una hipótesis que se me ocurre repentinamente y no algo que tenga un mayor sustento. Me da mucha curiosidad qué arrojarán los análisis científicos a la luz del tiempo sobre este tema. (Enlace.)

Vuelta a la normalidad, un escenario trabajoso

A partir del viernes 5 de junio, en mi estado, pasaremos del Shelter in place a una reestructuración de nuestro modo de andar en la calle, con medidas menos coercitivas. Básicamente las discotecas permanecerán cerradas, los cines, los estadios, las iglesias y, en general, los lugares en donde se congrega mucha gente. Será obligatorio seguir utilizando la mascarilla y aplicar el distanciamiento social de al menos seis pies de distancia, lo cual en nuestro sistema métrico equivale a aproximadamente dos metros. La buena noticia es que podremos salir a la calle con cierta seguridad al caminar, pues al menos ya tienes la certeza de que el afluente de infectados y la propagación ya no son tan altos. Esto me ofrece mucha esperanza porque considero que si la gente es lo suficientemente prudente –y he aquí el elemento aleatorio que no podemos controlar–, podremos estar bastante seguros en las calles sin que se vuelva a incrementar el contagio, sin embargo, debo ser sincera, yo tengo mis dudas y las baso sobre todo en el pésimo comportamiento que la gente de este país, Estados Unidos, ha tenido frente a la pandemia, no solo a nivel de las medidas gubernamentales y los servicios sanitarios tardíos y selectivos sino, sobre todo, a nivel de los vastos cúmulos de la población, que, bastante ignorantes, no solo han descreído del virus, sino de las medidas sanitarias básicas que deben implementarse para contrarrestarlo. Por eso en plena pandemia vimos a multitud de gente en los estados del Midwest saliendo a protestar a exigir la vuelta a la normalidad y la devolución de sus trabajos. En parte se entiende que estas personas exigieran la devolución de sus trabajos, pues es evidente que la permanente crisis económica en la que vivimos no permite a demasiada gente prescindir de sus trabajos para entregarse el narcótico confort que podría significar el disfrutar de una pandemia en casa, sin embargo, no contentos con ello –es decir, con albergar su muy personal creencia sobre el tema– salieron a las calles a animar a los demás a lo mismo y lo hicieron sin importarles que durante las protestas se pudiera contagiar a otras personas, además de que algunos incluso lo hicieron sin usar mascarillas. Por otra parte, algo que es cierto es que entre el conjunto de gente que descreyó de la pandemia y del virus en Estados Unidos se aglutina la gente más ignorante de este país pero, también, mucha de la gente que es bastante amante de la idea de tener negocios y de la visión de self-made man que lleva a los estadounidense a vivir en general de una economía basada en la libre empresa. Es decir, no es precisamente gente que esté sufriendo de veras por falta de insumos económicos, la mayoría de estas personas son los mismos que al inicio de la epidemia armaban fiestas en playas y albercas para celebrar la llegada del verano y son, por ende, los que más propagaron el virus. Y si no los que más, al menos constituyeron un foco importante de infección. Por ejemplo, entre este grupo de gente puede contarse a los springbrakers que llevaron la infección a Los Cabos y que en buena medida son responsables de que se desatara la infección en Baja California. Aunque, por supuesto, tuvo también que ver la llegada a sus costas de embarcaciones como el Grand Princess, que al parecer, fungieron también como un significativo vector de transmisión. Pero no solamente lo digo por este grupo que salió en las noticias y al que todos pudimos observar, lo digo porque personalmente lo he vivido en casa desde que inició la pandemia y lo he experimentado en carne propia: si Estados Unidos es el peor país en el manejo de la pandemia, no es solamente porque el gobierno estadounidense, preocupado más por las ganancias de las empresas y por las actividades económicas, tardó mucho en frenar las actividades a nivel nacional y empezar el Shelter in place, es porque en general la gente aquí, con excepciones, es irresponsable, es arrogante, no cree en la pandemia y mucho menos cree que un virus –creado por el hombre dentro de un laboratorio o nacido incidentalmente en algún otro lugar dentro de China, whatever– pueda y merezca frenar sus actividades de país productor e hiperconsumidor. Yo hasta el momento lo sigo pensando: vivo en el peor país con la peor cultura que se pueda imaginar en el mundo, vivo en el país en donde todos los vicios más acendrados que afectan a la criatura humana aparecen en su máxima expresión –egoísmo, insolidaridad, indiferencia, rivalidad, competencia, deshumanización, degeneración, hipocresía–, vivo en el país que representa lo peor de nuestra especie en estos momentos y no es por ende ilógico que en esta país así de fragmentado, así de dañado, así de perdido en su nube de turbación, con su felicidad postiza que solo es creíble en el cine hollywoodense, pueda perecer frente a una amenaza tan importante. Personalmente, no tengo esperanzas a este respecto, no espero lo mejor en los próximos años ni espero que seamos los primeros en salir de la pandemia. Probablemente seremos los últimos y con un saldo de muertes y desolación inconmensurable. Pero díganme, y sin ánimo de ideologizar, ¿qué se podría esperar de un país capitalista como este? Es Trump, dirán algunos. Son los supremacistas blancos, dirán otros. Fueron los demócratas, dirán los más. Pero no, no fue ninguno de ellos y fueron todos ellos: es la nación entera, su misma configuración cultural de tipo intercultural da para este tipo de respuestas tardías, evasivas, indecisas, insensatas, insanas, insensibles, espeluznantes, frívolas, sin problemas. Si se trata de una agenda globalista, como muchos creen, todo estaba dado para que esta agenda globalista triunfara. Y si no, que alguien explique por qué a los dos o tres días que reabrieron los estados del este –Georgia, Atlanta, Carolina del Norte, etcétera– se comenzaron nuevamente a incrementar los contagios. Y eso que me limito a hablar aquí de cuestiones económicas y no me adentro para nada a hablar de aquello que ocurrió en el mundo hospitalario, cuyo desarrollo debería de dar para tesis y tesis y más tesis sobre la deshumanización en el mundo occidental. Es que es simple: a este país no le importa la salud de las personas y sí le importa mucho mantener en pie su economía, por ello no es raro que las teorías contra la pandemia tuvieran tanta aceptación entre un importante grupo de sus habitantes. A las teorías contra la pandemia, por cierto, las podría llamar teorías conspirativas, pero es generalmente un término despectivo que no me gusta usar por la carga semántica que lleva y por lo desfigurado que está. El término teoría conspirativa es en sí mismo una enorme falacia hombre de paja que nadie debería utilizar y por eso me abstengo de implementarlo en mi escrito. Las teorías conspirativas, por otra parte, a los únicos a los que ha beneficiado es a los propios dueños de los corporativos, a quienes ya les urgía retornar a la normalidad y por lo cual las teorías contra la pandemia les caían tan de perlas. Es por este hecho que de manera muy temprana, después de haber sacado mi primer videopost sobre el virus, decidí abandonar mi análisis de ese aspecto de la cuestión. No es, como ya he dicho en mis últimos vídeos, que abjure de mi teoría, de hecho, mi teoría la sigo creyendo como el primer día y me interesa, en cuento acabe la pandemia, volver a volcarme a ella para analizarla e investigar más al respecto, es, más bien, que de inmediato me di cuenta que este tipo de teorías y análisis serían utilizados contra la población, porque si algo creo que puede en sí mismo dañarnos, es el virus por sí solo, y más allá o más acá de que haya sido creado en un laboratorio, es menester combatirlo lo antes posible para salir avante de la situación e impedir dicho indeseable escenario. Pero el combate significa unión y significa comprensión, además de datos. Y si la gente no cree en la pandemia ni el virus, dicho combate se vuelve imposible. Ese es de hecho el factor que más complica: la incapacidad de le gente para entender que si su teoría contra la pandemia fuera cierta en los términos en que lo plantea Judy Mikovits en Plandemia, entonces, la sola creencia de la teoría es lo que vuelve realizable a la teoría. Porque si hay algo para mí que es muy evidente –evidente hasta el punto que llega a ser de una lógica a la que llamo apabullante–, es que si hay allá afuera un virus para de algún modo lastimarnos, entonces se vuelve apremiante combatir ese virus. Lo extraño es que quienes abrazan la teoría contra la pandemia sugieran justamente lo contrario: salir a la calle, descuidarse, no usar mascarilla, desalentar el uso de apps, tests, etcétera, y, en suma, enfermarse. ¿Por qué hasta el momento muy poca gente ha sido capaz de vislumbrar esto? ¿Por qué no se ha combatido de manera frontal tales teorías ante el posible uso instrumental de las mismas?

Para finalizar, quiero decir que, por supuesto, encuentro más que sospechoso el manejo que la OMS tuvo ante la pandemia y las directrices e instrucciones tan confusas que mandataba de manera poco clara de un día al siguiente para contradecirse días después –es increíble que el uso de las mascarillas, no lo haya mandatado la OMS ni los CDC en USA, por ejemplo, sino la población civil que por cuenta propia se organizó alrededor del mundo y estuvo compartiendo sus distintos conocimientos y sus diferentes hallazgos sobre la pandemia por la vía de las redes–, sin embargo, subrayo, ello no anula el mal manejo que Estados Unidos tuvo, ha tenido y sigue teniendo sobre esta amenaza. Lo que ha ocurrido aquí, en su momento, generará gran estupor.

Lo único que puedo tener es una perspectiva global sobre lo que nos está pasando porque es una amenaza a nivel global la que nos afecta. Esta es justo la razón principal por la que no me vierto enteramente a hablar de una sola arista del problema, porque el problema implica muchas aristas y muchas temáticas a analizar. También creo que todo lo que han dicho y escrito muchas personas alrededor del mundo, cuyas ideas pueden ser contradictorias entre sí, puede en su conjunto darnos una idea más precisa de todo lo que ha estado pasando, sin embargo, también pienso que pasarán por lo menos un par de años antes de que podamos tener el big picture de todo lo que esta pandemia ha significado para nosotros.

¿El virus comenzará a perder infecciosidad por sí mismo en los próximos meses como parte natural de su desarrollo como algunos ya han previsto? Eso es lo que de corazón espero, sin embargo, a juzgar por le que dicen las cifras, todavía no hay elementos de fondo que nos permitan establecer tal esperanza con mayores bases científicas. Empíricamente, todavía no es posible observar que estemos llegando a ese punto.

Este es un primer escritillo sobre el estado actual de las cosas que necesita publicar sobre la pandemia, la idea es que sobre los días pueda ir publicando algunas ideas más sobre el tema que vayan surgiendo. Por supuesto, es importante subrayar que en el texto hablo totalizando algunos vicios de la sociedad estadounidense, si bien mi interés no es generalizar. Sin embargo, como sociedad, grosso modo, así funcionan. Este texto también se asimila al resto de textos que, sobre la pandemia, he publicado en mi actual cuenta de facebook y que espero publicar pronto aquí. (Éste, éste, éste.)

Reflexión sobre la pandemia de coronavirus

No cabe comparar al coronavirus con otras enfermedades más letales y luego les explico por qué. Pero básicamente, grosso modo, es debido a que esta es una enfermedad pandémica cuyo crecimiento es exponencial y cuya propagación es favorecida por la movilidad que hay en nuestras actuales ciudades. Por desgracia, el que la epidemia haya salido de una ciudad bastante cosmopolita ha definido el foco de propagación: más ciudades cosmopolitas. Los lugares que más se han visto afectados son precisamente ciudades de este tipo, como Madrid, Washington, Los Ángeles y todas las ciudades que hemos visto hasta el momento han empezado a mostrar diferentes brotes. Por tal razón es un pandemia y por tal razón la contención requiere en este caso de un tratamiento diferente. ¿Es más importante la epidemia de coronavirus que la pandemia de ébola que se vivió hace algunos años? En mi opinión no lo es, por supuesto que no lo es y de hecho es una crueldad que no se haya atendido dicha pandemia con la misma prontitud con la que se está atendiendo la epidemia actual. Sin embargo, las razones de esta desatención son políticas y creo que es conveniente dejar separados ambos aspectos en estos momentos, el aspecto propagación y el aspecto político, para no descuidar lo que me parece en este momento es más vital. Es decir, controlar la infección. El ébola es más letal, sí, pero en su momento al no haber emergido de ciudades muy grandes, sino de pequeñas provincias o poblaciones con un moderado número de habitantes, hizo posible que a pesar de la tardanza en atenderlo no se comportara como una pandemia. La ironía es que ahorita, la arrogancia humana, con su clásica tendencia a desestimar los peligros en los que podemos vernos volcados, es lo que en los hechos apresuró la propagación de esta enfermedad. 

¿Qúe es lo que creo que en concreto propagó la enfermedad? La falta de prevención y, concretamente, que no se implementaran medidas más agresivas como, por ejemplo, el cierre de las fronteras o la cancelación de aeropuertos. Se pudieron, por supuesto, haber implementado otro tipo de medidas como las que en específico implementó Corea del Sur para contener el brote. A pesar de que Corea del Sur empezó a tener casos mucho antes que Italia o mucho antes que España, en estos momentos su tasa de morbilidad es mucho más baja que la tasa que están mostrando los países de Europa señalados y, concretamente, Italia, y esto se debe a las medidas que implementaron. No es solo una cuestión de sanidad y de recursos públicos para atender la pandemia, es una cuestión de educación y de nuestras creencias. Culturalmente los orientales están mucho más ubicados con respecto a su status ontológico que nosotros, los occidentales. Por eso, para ellos emitir una alerta y extremar medidas sanitarias, que pueden ser muy restrictivas, no es una cuestión de pánico, es llana y sana prevención. Pero para el occidental esto fue motivo para hacer alarde de su infinita arrogancia. Sin generalizar. Vean lo que está pasando en Madrid, por ejemplo. Vean a las autoridades y a los políticos desestimando días antes los perjuicios que podría causar la epidemia. Todavía tuvieron el grandísimo cinismo de celebrar reuniones como la del 8M en pleno brote de la pandemia. Estábamos frente a una eclosión incontenible de la enfermedad y la gente no solo no hizo mutis, conminaron a asistir a la reunión y por eso hoy tenemos a gente como Irene Montero y a otros celebrities portando la enfermedad y, peor aún, propagándola. No se necesitan más que básicos conocimientos de aritmética para comprender que esto tiene la capacidad de propagarse exponencialmente y ni aun así la gente no hizo nada, se mantuvo en el impasse. De hecho, hasta el momento, en España no se ha instruido todavía ningún toque de queda, concretamente en Madrid que es en donde debería de instrumentarse. Allí también deberían reducir la realización de laborales y las horas de trabajo. La suspensión de labores, en general, salvo la de los sectores estratégicos y de servicios. En mi localidad se instauró el día de ayer el #ShelterInplace hasta principios de abril, en contraste. Y puede que se extienda mucho más días. 

Ahora bien, en cuanto a otras enfermedades, como la diabetes, creo que la comparación todavía cabe menos, pues aunque la diabetes es una enfermedad muy perniciosa con una alta tasa de enfermos, los enfermos no están concentrados en un mismo lugar demandando urgentemente que los auxilien. No tienes en estos momentos a mil diabéticos, al mismo tiempo, asistiendo a un mismo hospital para que los atiendan. Los hospitales no han colapsado para atenderlos. Los hospitales y las autoridades sanitarias llevan décadas atendiéndolos y han tenido décadas para hacerlo. Por otra parte, ya existen tratamientos muy efectivos para tratar a un diabético y para hacer de sus vidas, vidas muy plenas. Los diabéticos si se tratan a tiempo y se alimentan bien pueden llevar una vida con una excelente calidad de vida. En cambio, alguien que ha contraído el coronavirus y ha tenido la mala suerte de desarrollar la forma más perniciosa de la enfermedad, puede morir en unos días e, incluso, horas. La comparación no es, por lo tanto, plausible. Es disparatada hasta cierto punto. 

Es válido comparar la enfermedad con otras enfermedades para estudiarla, no es válido compararla con otras enfermedades para intentar desestimarla. La enfermedad es una pandemia y aunque no sea tan letal como otras enfermedades, por su comportamiento tiene que ser abordada con incluso más energía que con la que hemos abordado otras enfermedades. La enfermedad es pandémica y eso es lo que define la naturaleza del camino de acción a seguir. Más allá de que en general los sistemas sanitarios de Occidente sean un fiasco y requieran de una entera modificación. Pero este es un tema muy debatible y que se debe discutir aparte. 

En conclusión, lo que quiero decir es transmitir la idea de la urgencia de acatar todas las medidas para controlar la enfermedad, que hasta el momento se han mandatado. Es una cuestión de responsabilidad no solo con nosotros mismos y con los seres queridos, sino con los más vulnerables. Es una cuestión de responsabilidad social como me parece que lo indiqué en mi vídeo o en alguna otra de mis reflexiones.

Para finalizar, para los que estén interesados en continuar ahondando sobre las inequidades que hay en nuestros sistemas sanitarios, les recomiendo un libro escrito por Teresa Forcades, por si no lo han leído todavía, el cual trata todos estos temas más a fondo, el libro se llama Los grandes crímenes de las grandes compañías farmacéuticas. Es una gran lectura y se las recomiendo mucho. Es todo por el momento.

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