Sobre la visita

Siempre he sido indolente al tema religioso; desde muy chica di por descontada en mi explicación del mundo la superfluidad de una entidad creadora dotada de cualidades divinas. No por una convicción filosófica, ni nada, sino por una tendencia natural a la sencillez en las explicaciones. Lo divino se relaciona con un ideal humano bastante más que con cualquier otra cosa. Podemos si queremos, llamar divino a manifestaciones cuya existencia a priori hemos postulado, aun si, en realidad, no sepamos nada de ellas. No está nada mal postular la posibilidad de estas instancias, lo que sí me parece obtuso y obsesivo es aferrarse a ellas y la atribución a priori de cualidades a las mismas. Vivimos en una época en que ya no es posible negar realidades para nosotros incomprensibles y, aun, inaccesibles. Sin embargo, hay quienes niegan esta misma imposibilidad a la hora de dar por cierto explicaciones sobre esas mismas realidades, aunque* sobre la base de meras especulaciones (es decir, como si la inaccesibilidad lo fuera y no lo fuera; se transmutara). Como tejer en el vacío. Por supuesto, y como ya he dicho en otras entradas, no veo nada malo con tejer en el vacío; la poesía, por ejemplo, me parece un abismo espectacular –o la matemática– (y ella es sólo un caso de los muchos que he encontrado en mi paso por el mundo). Quiero decir, hay en el mundo, en nuestra realidad física razones suficientes –y numerosas–, para ocupar en ellas nuestras energías, nuestros pensamientos, nuestros denuedos, lo mejor de nosotros y lo no mejor. Pero, y aun cuando personalmente me he dejado poseer por la disposición de la fe en no pocos momentos de mi vida (bastante bajo la influencia de personas queridas), nunca he encontrado en tal disposición la satisfacción de nada. No sé si esté yo hueca o qué, pero francamente, no conozco el éxtasis religioso, ni la certeza, ni nada.  

Así explicado, digo que me resulta bien difícil comprender el fanatismo religioso y considero que es solamente un caso de un tipo de carencias psicológicas de orden más general; cruzándose allí, y brotando, honduras sociológicas y otras complejidades.

En  mi caso, por cierto, además de hacer esta aseveración a título personal, quiero decir que sé que hacerla no me coloca en un nivel intelectual por encima de los que sí creen; no los miro debajo de mi hombro; no hay un aire de superioridad aquí. Quizá el ateísmo no es menos una carencia que su contrario, el teísmo, y, si he vuelto al tema en esta ocasión, no es tanto para confesar nueva cuenta cuán ajeno me es, como para lamentar aquí, rumiar, el coraje que me da ver cómo se trata de un lastre social más para nosotros.

Ya he hecho la distinción. Una cosa es hablar de la visita del Papa desde el tema de la creencia y la fe; otro asunto es centrarse en las connotaciones políticas del evento. Claramente, dichas connotaciones no explican nada que no sepamos ya del utilitarismo en la derecha mexicana. Un utilitarismo nada conservador e –ironía– bastante liberal más bien (un juego de palabras en las palabras).     

Pocas personas comentan este espacio, aunque lo hacen con cierta regularidad y lo agradezco; quizá este post no lo escribo tanto para reflexionar con ellas. Lo escribo para quienes por casualidad dan con este sitio por vez primera. Ojalá se sepa separar esta visita (la cosa de Dios, del temor, de la ascesis autodestructiva, de la fe –etcétera–), de la cosa política. No entiendo fuera del texto cristiano, por ejemplo, la interlocución que Javier Sicilia ha intentado establecer con la Santa sede a propósito de las muertes. Entiendo y respeto –aunque con trabajos– la mansedumbre en Javier Sicilia (esa virtud cristiana), pero, y aun cuando sepamos que, de facto, esta visita tiene resonancias políticas, no deberíamos nosotros ser tan pragmáticos –tan utilitaristas como ellos– y, entonces, tener gestos políticos con estos visitantes; es la forma implícita de al menos reconocer (sin rechazar) que esto deba ser así. Es romper con el laicismo de que tanto se presume en este país. Tampoco comprendo la visita de Andrés Manuel al lugar en tanto maniobra política. ¿Cuándo entenderemos que lo político cobra importancia en otras dimensiones de nuestras vidas? No hay actos inocentes políticos. Lo político trasciende su propio ámbito porque, de hecho, se interseca con otros.

La falacia en todo este asunto radica en hacer marketing con la visita apelando a la fe de las personas cuando realmente es una movida política por parte del Estado Vaticano (y del Estado mexicano). No hay en esta visita una motivación religiosa estrictamente.

Voy a ser porfiada, explícita y puntual. Cuando el Estado Vaticano viene de visita a este país, ¿lo hace en nombre de los intereses de Dios?, ¿cómo y quién se encarga de definir tales intereses? ¿No, acaso, lo que hay en el fondo de todo esto son siempre nuestros intereses? Los de quienes atribuyen cualidades a Dios y un orden moral, un modo de ser –de actuar, de sentir, de hablar incluso–, un deber a que debemos ceñirnos porque éste es revelador de ese Dios y sintomático de él (¿y cómo lo sabemos?) y, por esto mismo, los de quienes persiguen un fin político en nombre de dicho Dios en esta visita.

* Quizás el “aunque” está demás, pero me ayuda a dar más énfasis a lo que deseo decir.

Contra la tristeza

Somos esclavos de la necesidad. No hay nada.

Confieso compartir la idea de nulidad, del sinsentido, de la pura necesidad que a intervalos nos flagela con la ficción del propósito, del por algo pasar todo. Curiosamente, viendo recién este vídeo de Žižek, pareciera él expresar con pasión una postura que comparto. A instancias de esa certeza –la de la nada, la de la falta de propósito– es que es posible acuñar algún propósito y sostenerlo; enarbolarlo con furia, casi con rabia.


Luego, rechazo con esa misma flema el recurso a la disyuntiva. No es esa incomprensión o la soledad; no es ella o la atracción del cese –darte un balazo en la sien, por ejemplo–; no es ella o el desvarío, o la impostura del optimismo, o la de la plenitud. Como si por comprender el sinsentido, estuviera uno condenado a la insensibilidad. Qué estupidez. Estamos que nos caemos de arquetipos.

Mini apunte sobre la razón

Sin infravalorar el móvil de la convicción, la verdad es que hay algo de cierto en suponer que quienes con ahínco condenamos a la mierda de dirigentes, hacemos ostensión de algún despotismo del espíritu. Aunque combatir dicha disposición no nos haría menos cómplice de ella, sino más. [No se combate algo o deja de hacerse nada más por pura complicidad o sentido de pertenencia. Es cierto que con cada acto, es indisociable una reivindicación del yo, pero hay quienes también actúan desde la razón y quizá por eso mismo incomprender la afirmación postmoderna de la supremacía de la afectividad sobre aquélla; paradójicamente, quienes esto aceptan no lo hacen menos con la razón que con el sentimiento. Vuelvo a lo mismo. La razón no es una invención, sino una adaptación biológica humana progresiva. Suponiendo que fuera una invención de la polis griega, sus inventores –primero– tuvieron que contar con dicha adaptación (conocerla) para luego proclamarla (teorizar sobre ella, postular el silogismo, axiomatizar la geometría por el método deductivo, descubrir el método etc.). La razón no es una invención. La razón es un descubrimiento. Tal vez estemos previos al momento de una nueva síntesis y ponderar –con justicia– el valor, tanto de la razón como de los sentimientos, en nuestros desempeños].

Break de palabras con música

INTÉRPRETE: Chavela Vargas / Jimena Giménez Cacho en el chelo
Canción: Un mundo raro
ÁLBUM: ¡Por mi culpa!


 *Parece que la solución a la publicación en Eleutheria, pasa por cambiar de esta vieja interfaz a las nuevas que proporciona Blogspot; no querría, pero quizá sí suceda. He visto que a más de un mes de los problemas técnicos, algunos ya han cedido (quizá por el cambio de navegador y eso).

Contra el poema

El poema como órgano o vehículo, a veces se me antoja una cárcel. La poesía es, en cambio, informe y no condicionada. La poesía no precisa del poema, éste le es prescindible.

Fascinación

“Su fascinación ante el lenguaje es de orden intelectual: es el instrumento más perfecto para producir significados y, asimismo, para destruirlos.”

O.P. sobre M. D. en el ensayo “El C. de la P.”

Espero pronto

Espero pronto poder volver a escribir con la antigua frecuencia aquí en el blog. En verdad, no pienso abandonar nunca la escritura mientras se pueda.

Últimamente he tenido diversos problemas para publicar en Blogspot, cuya lista –tan exhaustiva– obsta a ser mencionada con esta entrada (justamente, como parte de los problemas técnicos).

Más o menos mentalmente he dado forma a varias entradas, pero se han quedado allí, fragmentos sueltos, algunos incluso escritos en libretas formando un todo inconexo. Afortunadamente, suelen girar mis apreciaciones alrededor de temas de carácter tan general, que no es difícil luego hacerlas embonar como parte de otras.

Algunas cosas de que he querido comentar:

* El asunto de la gente en la Tarahumara y el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés Larráinzar, acuerdos, éstos, que dan auténtica solución al problema, pero que también vulneran el orden capitalista de expolio sobre tierras y recursos, cuya efectividad, por ende, parece más bien ser parte de la nostalgia –o el folclore– en el problema indígena y no una maniobra necesaria en la praxis jurídica en aras del reconocimiento constitucional de la autonomía de estos pueblos sobre sus tierras (de veras es una tontería hacer mención sobre lo obvio). Donar cobijas, medicina, alimentos, etcétera, es sin duda un gesto bienintencionado, pero un gesto paliativo al fin y al cabo. Desde mi punto de vista, debe exigirse se haga efectiva la firma de estos acuerdos; debe estar la discusión de los mismos en la agenda de los precandidatos a la presidencia de la república (me parece que Andrés Manuel se ha comprometido públicamente a hacerlos cumplir; desconozco de los otros).

* Suma perplejidad ante el previo del arranque a las campañas. Perplejidad frente a la estupidez (espero con ansia un lance de interés por parte de la izquierda obradorista: lo mío de interesarme por la política es un asunto de frivolidad, de hobbie para mis horas muertas).

* Molesta por la carta de Obrador a Biden debido a un punto y quizá sólo a ése: la referencia al TLCAN como acuerdo de cooperación entre ambas naciones ––¿qué?––. Incluso la política de buena vecindad de Roosevelt durante la segunda guerra, coincidente con el período cardenista, me parece más bien parte de una estrategia en períodos de guerra –en aras de la victoria– (lo cual no niega que Roosevelt no haya sido la escoria que, por ejemplo, Truman sí fue) y no un momento digno de ser recordado como de buenas relaciones entre ambas naciones. Yo sí pienso que para el gobierno del país yanqui, la política es un juego de estrategia con fines focalizados evidentísimos. Con diplomacias y términos nice no creo se puedan arreglar negociaciones si bien, comprendo, es parte de ese formalismo imposible de pasar por alto en las relaciones de gobierno de índole supranacional. Finalmente, la firma del TLCAN es parte de la política económica aplicada en México desde 1983, mencionada en la carta, cuyo resultado es el empobrecimiento de las mayorías en beneficio de una minoría oligárquica.

* De algunas lecturas que he hecho.

* Mi apoteosis de Lars von Trier’s Melancholia y una chanza –en contraste– sobre La Piel que Habito [cuyo título es lo mejor en la cinta (ah, y un Antonio Banderas ya con el estómago saliente, quiero decir, el estómago saliente de Antonio Banderas como curiosidad)].

* Los clips musicales que, por asunto de los problemas técnicos, me ha sido particularmente difícil subir.

* Ir dando seguimiento al clima preelectoral en la República Bolivariana. Ver si se logra el refrendo de Hugo Chávez para el 7 de octubre próximo frente a las insidias de la ultraderecha (que, por lo regular, incluye a la clase media venezolana).

* Algún comentario en relación al problema* en Oriente Medio, epítome de todos los problemas del orden mundial vigente.

* Subir vídeos.

* Otros temas de mi interés.

Desde que inicié a escribir en este blog, fue más por acicate ideológico que por necesidad de exorcizar demonios y estas cosas. A pesar de todo, si alguna vez he plasmado aquí una metáfora –alguna– de un sentir interno, ha sido, más, un acto literario que una tentativa de espíritu histriónico (eso es lo que me faltó ser a mí). Al paso del tiempo una se va haciendo de un determinado conjunto de certezas necesarias para 1) Vivir fuera de uno, o sea, con los demás y 2) Dentro de uno, es decir, con los propios pensamientos. En ese vaivén, yo he podido –humildemente– detectar, y luego reconocer, una realidad propia: si hay algo transgresor dentro mi orden, eso se llama la cotidianidad, la suma armónica de todos los segundos en que no me ha hecho falta el consumible aire. En todo caso, ¿no se sabe ya cuán inútil es proferir lo inefable? 

En cuanto las dificultades técnicas cesen, espero reanudar a escribir.

*Que, como ya dijeran analistas, es más una construcción propagandística de la tríada imperial para su provecho que otra cosa. 

Les Baricades Mistérieuses

Sixième Ordre - Les Baricades Mistérieuses (François Couperin), Angela Hewitt al piano:

Luis Javier Garrido

Sí me ha pegado enterarme que ha muerto el maestro Luis Javier Garrido.Quería tuitear sobre el asunto, pero la chiva no alcanza para estos menesteres.

Yo creo que como ya dijeron varios, a Garrido lo distinguía su posición crítica, sus aportaciones académicas, su adhesión obradorista, su compromiso con asuntos sociales. Entrañable para varios de quienes nos hemos dedicado los últimos tiempos, entre varias otras cosas, al asunto de ir dando seguimiento a lo que pasa en este país, cómo se ha ido descomponiendo y pauperizando su población desde que tecnócratas decidieron sesgarse a lo que ya se sabe y gran parte de la clase política vuelta especie de personero de voluntades de magnates. En fin, la eterna letanía.

En un exordio que hace Garrido a un libro de Noam Chomsky y Heinz Dieterich, La Sociedad Global, escribe:

“El problema del Estado se halla en el centro del debate de las políticas neoliberales, pues éstas han tendido a reconvertir a los viejos Estados nacionales, sustentados en la tutela de los derechos sociales y de las políticas de bienestar, en Estados subordinados a los centros de poder financiero internacional y funcionales a las nuevas políticas que tienden a la reducción del ser humano en función de los intereses económicos de las grandes corporaciones.”

Más adelante añade:

“El neoliberalismo es un totalitarismo, ya que pretende imponer un modelo único, pero es también un dogmatismo, pues sus principios oscuros y contradictorios, se presentan como verdades incuestionables; de ahí que sea urgente superar las actuales limitaciones del análisis.”

Luego:

“Las elecciones constitucionales de los últimos años en América Latina no han sido más que formalmente, triunfos de la democracia política. Los procesos electorales han mostrado que existe un desfase entre lo que son los regímenes latinoamericanos y la versión que de éstos dan los centros de poder financiero internacional, gobierno de Washington o la OEA. Las elecciones mismas distan mucho de tener los rasgos de procesos democráticos y competitivos, y las vastas operaciones que se han hecho para hacerle publicidad a la supuesta democracia continental, no puede ocultar la realidad de lo acontecido. Entre 1993 y 1995, hubo en varios países, lo mismo en Perú que en República Dominicana, en Brasil que en México, e incluso en la Argentina, vastas operaciones propagandísticas para hacer creer que la vida política del continente tiene rasgos de los cuales carece. Y así se divulgó a) que las elecciones fueron legales y legítimas, con sólo algunas irregularidades; b) que los candidatos triunfantes obtuvieron su victoria de manera contundente y sin lugar a dudas (Cardoso, Fujimori y Menem en la primera vuelta, y Zedillo con más del 50 por ciento de los votos); c) que esos candidatos triunfantes (Cardoso, Zedillo, Fujimori) no son gente de extrema derecha ni los personeros del capital financiero internacional, sino profesores universitarios o personajes apartidistas, alejados lo mismo de la politiquería tradicional que de los partidos tradicionales; d) que los partidos políticos son prescindibles, pues no representan a la ciudadanía y a todas las corrientes, por lo que se hace aparecer a los tecnócratas como hombres providenciales y, en suma, e) que las instituciones constitucionales funcionan democráticamente, pues ya han doblegado al militarismo, de tal manera que f) al haber llegado la democracia política de manera casi plena a América Latina existe por lo mismo una ciudadanía consciente, que se informa bien, y que respalda la aplicación de las políticas neoliberales. El análisis de las elecciones muestra, sin embargo, caso por caso, que las cosas son muy diferentes de cómo se presentan, y que América Latina está aún muy lejos de alcanzar la “modernidad democrática” que las clases dominantes y los gobiernos en turno pretenden que existe. Los procesos electorales de esta última década han evidenciado que en los Estados latinoamericanos hay una muy incipiente legalidad y que, por lo mismo, las condiciones de vida democrática son insuficientes para permitir una participación libre y consciente de las mayorías.”

Este texto fue escrito para un libro editado por segunda ocasión en 1996; me parece que describe con precisión radiográfica la realidad de AL en aquella década y, un poco, lo que es aún la realidad política mexicana y la democracia aquí. Afortunadamente, las cosas han venido cambiando por estos lares y, muy específicamente, en el cono Sur han surgido gobiernos con sesgo y/o propuestas alternativas al modelo aún pujante.

Una entrevista vieja para Telesur -2010-.


*Tal vez difiera con algún punto de su declaración, pero no me importa detallar ahora eso.

Pues bien, con esta breve entrada, he tenido mi modo de hacer un pequeño homenaje a Luis Javier Garrido.

Diálogo entre Cristina Kirchner y Hugo Chávez previo a la cumbre de la CELAC

¿Por qué decido postear estos videos de una conversación entre Cristina Kirchner y Hugo Chávez, previa a la cumbre de la CELAC?

Decido poner estos videos porque me ha emocionado mucho ser escucha de este diálogo. Allí se aprecia con toda nitidez cuál es el impulso de la conformación de esta cumbre y de la comunidad que allí en definitiva se conforma (la CELAC), de la propia ALBA y del sueño bolivariano.

La cristalización del sueño bolivariano no es tanto un movimiento ofensivo como defensivo. No está acicateado por una intención imperialista, como regionalista. Dar forma política al sueño de Simón Bolívar y de Simón Rodríguez, una Latinoamérica original y sin sujeciones a intereses colonialistas. Esas son la intención y el ánimo que en este momento persiste en varias de las naciones adherentes a esta integración; eso es lo que son ahora el ALBA y parte de la CELAC y esperaría que al correr del tiempo prevaleciera en ellas el espíritu con que han sido fundadas.

A propósito, una cosa que no deja de admirarme sobre las opiniones en torno a Hugo Chávez es aquella muy constante que lo tilda de dictador o de antidemócrata. Por ejemplo, de Castro se podría aceptar ese corrillo de adjetivos, en esta acepción propagandística constitutiva de la agenda estadounidense. Me parece que en Chávez, esto mismo, es mera desinformación, o bien, un asentimiento tácito de la noción de democracia entendida de forma unívoca como liberaldemocracia. O sea, limitada en términos prácticos a democracia representativa, aunque asumiendo de manera implícita un gobierno de libre mercado rindiendo pleitesía al país omnímodo, más la ilusión de ella como la panacea a todos nuestros problemas sociales y con incluidos los sueños de libertad, igualdad, justicia y equidad que típicamente los seres humanos nos refinamos en utopías y no lo que en realidad -y con más frecuencia- ha sido la democracia en nuestros regiones desde la adopción del paradigma neoliberal hace treinta años: plutocracias en activo, putrefactas, fieles a intereses de mercado, seguidoras oligofrénicas de un guión consensuado en Washington, y toda la lista.

Por otra parte, no es difícil explicar a qué se deba la existencia de esta matriz de opinión. Sí –bastante a la propaganda sucia de medios de información de la ultraderecha venezolana bajo el patrocinio de organismos que pasan por el National Endowment for Democracy hasta llegar a los propios organismos financiados por él mismo y USAID (Súmate, Primero Justicia et. al.), pero también al modo previo con que se constituyó el gobierno bolivariano; a saber, el fallido intento de golpe de estado al gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez en el año de 1992 por parte del MBR.

El MBR (Movimiento Bolivariano Revolucionario) es un movimiento surgido en la década del ochenta con la intención de derrocar por medios revolucionarios a los gobiernos muy corruptos que hasta entonces no habían hecho poco más que enriquecer a una minoría oligárquica a coste de la pobreza del pueblo. Un movimiento articulado por un conjunto de militares en activo conscientes de la precariedad y necesidades de su gente; algunos de ellos sobrevivientes a la lucha de guerrillas durante los sesentas; otros, coroneles con oportunidad de ingreso a estudios universitarios –caso de Chávez- que se hacen en aquel momento de una conciencia histórica muy clara y comienzan a pergeñar una visión socialista -aunque no precisamente entendida en un sentido marxista- de lo que es prioritario para sus regiones.

Antes del intento de golpe de estado al gobierno de Carlos Andrés Pérez por parte de este grupo de militares rebeldes con Chávez a la cabeza, ya Venezuela había dado señales límpidas de su deterioro, como nos lo muestra “El Caracazo”, aquella irrupción violenta de los habitantes de las chabolas a la Caracas de la meseta -donde habitan las élites y clases medias- a razón de una subida abrupta del precio del boleto de autobús que claramente perjudicaba a los habitantes de los cerros. En ese momento, los militares del MBR se vieron incapaces de figurar como la contraparte armada a la insurrección civil debido en parte a hechos de coyuntura. Habrían de esperar hasta 1992, para terminar en el conocido golpe frustráneo con saldo de algunos generales muertos y Chávez en la cárcel, después de públicamente haberse declarado único responsable de la intentona y esa promesa televisiva que el pueblo venezolano tendría muy presente seis años después.

Cuando Chávez sale de la cárcel está determinado a poner fin a décadas de gobiernos corruptos, pero no ya –o no de preferencia- por la vía de las armas sino por el método democrático protocolario, el de las urnas y las elecciones. Cuando en 1994 Chávez es invitado por Fidel Castro, quien ya había puesto sus ojos en el joven oficial, a dar una conferencia en la Universidad de La Habana, Chávez confiesa a Castro estar dispuesto a llegar a la lucha revolucionaria pero no sin antes intentar la opción socialdemócrata. Chávez, en efecto, arriba al poder cargado de sueños y promesas, y mucho gracias al fracaso del gobierno de su predecesor Rafael Caldera, quien también le indultaría de su estadía en la cárcel. Pero cuando en 1999 convoca a una Asamblea Constituyente con el fin de dar redacción a una constitución nueva y quedar allí plasmados los ejes de su gobierno socialista entre los que sobresalen una reforma a PdVSA y un proyecto agrario adverso a los intereses de los viejos terratenientes venezolanos -entre los que figuran la confiscación de tierras estériles-, entonces, la derecha venezolana pone el grito en el cielo y comienza la propaganda sucia contra su gobierno, de entre la que destacan tres momentos clave.

Cito dichos momentos.

1) El golpe de estado de abril de 2002, revertido por militares fieles a Chávez, por la solidaridad del pueblo venezolano y por la coordinación entre dichos militares y población civil como primeros frutos del Plan Bolívar.

2) El intento de golpeteo económico con las protestas y cierre de PdVSA por parte de trabajadores administrativos y directivos, que culmina con el triunfo chavista y el cierre de las instalaciones de la empresa petrolera en Caracas (instalaciones utilizadas después para la creación de una de las universidades bolivarianas), más la purga de funcionarios corruptos de la paraestatal.

Es importante señalar que este episodio ocurre muy en la usanza del golpeteo económico que la derecha chilena le propinara a Salvador Allende cuando éste intenta nacionalizar los servicios de transporte chilenos no poco después de haber nacionalizado el cobre y meses antes de su caída en el palacio de La Moneda, pero que si Chávez sale librado del episodio es debido a la coyuntura del precio del barril del petróleo y a que, en general, ha contado con el apoyo de una alta fracción de oficiales y militares de las fuerzas armadas venezolanas y con el apoyo del pueblo, en el medio de una lamentable confrontación entre éste versus las élites y clases medias, y cuya confrontación ha llevado al pueblo a otorgar mayoritariamente su apoyo a Chávez en connubio contra las élites.

3) El llamamiento a una consulta pública para la organización de un referéndum para refrendar el gobierno chavista en 2004, convocada, financiada y publicitada por la derecha y amparada en la propia Constitución creada a inicios del mandato de Chávez. Por supuesto, estas élites opositoras han hecho valer su derecho a dicho ejercicio más de una vez desde entonces.

De este último momento clave, algo que fue primordial para ganar Chávez el referéndum fue la creación de las llamadas “misiones” que se venían implementando en su gobierno de tiempo atrás, entre la que destaca la misión Barrio Adentro posible de llevar a cabo gracias a la colaboración del gobierno de Cuba que, como parte del programa, había enviado al lugar a cientos de sus prestigiados médicos, equipos y medicinas, en lo que se puede apreciar como un intercambio, en el cual competía al gobierno de Venezuela abastecer de petróleo al gobierno cubano a la mitad del precio en el mercado internacional. Tan populares han sido dichas misiones, que los partidos opositores que intentan llegar al poder, han prometido a la población la permanencia de ellas.

De entre todos esos momentos de crisis, es proverbial la actitud conciliadora de Chávez después del golpe militar y el gesto demócrata de haber aceptado el referéndum. Actitud inútil en el intento de hacer desistir a la oposición, pero útil –desde mi punto de ver al no haber dado elementos a sus impugnadores para que evidenciaran lo que con tanto ahínco han deseado evidenciar desde entonces sin haberlo logrado aún: que Chávez es un dictador.

Y si acaso en algo han minado la popularidad del gobierno chavista –lo cual no descarta que Chávez pueda equivocarse o que no se haya equivocado ya ha sido con la asistencia de la maquinaria propagandista estadounidense o a través de la creación de conflictos en la zona por parte de USA, como la crisis suscitada entre Colombia y Venezuela cuando el gobierno de Álvaro Uribe bombardea a un campamento de las FARC en las fronteras con Ecuador, en aquel episodio dramático en donde murieran jóvenes estudiantes mexicanos de la Facultad de Filosofía y Letras y del que Lucía Morett es una de sus sobrevivientes y, en fin, por los medios desestabilizadores típicos del injerencismo yanqui.

Una cosa que me entusiasma mucho de la revolución bolivariana y de todos los movimientos de manumisión que se están librando al sur del continente es que se trata de movimientos con una visión muy latinoamericana.

Sí -por supuesto- en el caso particular del gobierno de Hugo Chávez no puede negarse la coincidencia con el socialismo europeo (el marxismo-leninismo), pero hay en este gobierno y en este movimiento un ideario enteramente latinoamericano, en la tradición de los libertadores e ideólogos del continente: Simón Bolívar y Simón Rodríguez, Antonio José de Sucre, José de San Martín, José Martí, etc. Hay también, la influencia de los generales del siglo XIX entre los que destacan Ezequiel Zamora (una de las figuras fundamentales en la comprensión del pensar chavista) y, por supuesto, la inspiración de los militares que ya en el siglo XX enarbolaran un ideal nacionalista, como es el caso del peruano Juan Velasco Alvarado, del general Torrijos en Panamá y de alguien que si bien no figura en el panteón de los héroes bolivarianos se inscribe -en mi opinión- en ese mismo orden de hombres, el general Lázaro Cárdenas. 

Pues bien, en este diálogo que he querido incrustar aquí se aprecia mucho de ese fervor, de ese querer instrumentar modos de gobierno ad hoc a las necesidades de los pueblos latinoamericanos, al margen de quimeras colonialistas, con apego a una visión humanista como humanitarista, en respeto a la autodeterminación de las diferentes soberanías de la región, buscando vindicar a los pueblos aborígenes de nuestro continente, desde la conciencia de líderes conocedores de la propia historia y del porqué del contradictorio estancamiento de naciones riquísimas en recursos naturales pero pobrísimas en desarrollo humano y, en fin, en la búsqueda de un orden multipolar en oposición al unipolar que hoy se vive.

Es verdad que los antiguos colonizadores de estas tierras llegaron aquí con ventajas técnicas sobre los antiguos pobladores y que sobre dicha ventaja se les conquistó. En el caso específico de la América Latina, gracias al mestizaje, pervivió algo de la llamada visión de los vencidos –algo de esa visión creo que explica en mí mucho de mi amor por estas tierras, pero también es verdad que parte importante de la estirpe nacida a la vera de los ríos y montañas de estas geografías, fue muerta a razón de matanzas y masacres –bastante más moderadas que las matanzas hechas por sajones al norte de América o de pestes que, en fin, dieron muerte a gran parte de aquellas viejas culturas. Hoy somos pueblos nuevos con una cauda importante de pueblos viejos y no veo porqué tengan o deban persistir las disparidades. Más precisamente, no veo porqué, quienes habitamos aquí, debamos estar dispuestos a consentir que así deba ser.



“Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
En Madrid, en la boca del Quinto Regimiento.
Padre, le dije, ¿eres o no eres quién eres?
Y mirando al cuartel de la Montaña dijo:
˂˂Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo˃˃.”

Un canto para Bolívar (fragmento), Pablo Neruda.

* No sé si a alguien interese el libro que se menciona en la charla, pero puede descargarse desde este link (por el índice y lecturita rápida, se ve que está bueno).

Solicitud

Razonaba el otro día no sentirme lista para la celebración de comicios en 2012 en medio del clima de violencia que se padece. Luego, razonaba en tal modo que extrapolé este sentimiento subjetivo a uno objetivo y ahora creo que este país no está listo para dichas elecciones en el marco de este ambiente siniestro y, entonces, que por ello es bien importante que la sociedad civil que aquí habitamos exijamos el fin de tal circunstancia y aprovechar la coyuntura preelectoral en lo que se podría calificar como de un actitud utilitarista. Como yo quiero que las elecciones no sean motivo para más masacre, entonces, yo quiero que pensemos cómo hacer para que, de hecho, no lo sean. 

Nada más para puntualizar sobre la gravedad de la situación, cito algunos datos.

Primer dato.

En el transcurrir de las dos últimas semanas, se tiene ya registro de los siguientes crímenes cometidos contra activistas:

Julia Marichal, activista y actriz. Distrito Federal (asesinada).
Nepomuceno Moreno, activista social en Hermosillo, Sonora (asesinado).
Norma Esther Andrade, activista social. Cd. Juárez, Chihuahua (baleada).
Trinidad de la Cruz Crisóforo. Ostula, Michoacán (asesinado; su cuerpo hallado hace pocas horas).
Marcial Bautista Valle y Eva Alarcón Ortíz, activistas sociales.  Petatlán Guerrero (secuestrados).

En tiraje reciente, la revista Contralínea dedica un reportaje sobre los más de cien periodistas muertos -o desaparecidos- a lo largo de los últimos once años. Por supuesto, con mucha sensibilidad hacen mención del asesinato de las periodistas Marcela Yarce y Rocío González Trápaga; la primera, reportera y fundadora de dicha revista y, la última, periodista independiente. Se recordará que sus muertes constituyeron un fuerte sacudón para la sociedad, sobre todo cuando se informó que habría sido un ratero de Iztapala quien las habría asesinado tras retirar, ellas, efectivo del cajero.

Nadie supuso que sus muertes podrían estar relacionadas con el hecho manifiesto de ser periodistas contrainformativas. Nadie en el mundo.

Otro dato.

El día miércoles, nada más como ejemplo, se da a conocer en “El Universal” el hallazgo por parte del ejército de siete osamentas en Nuevo León. Dato duro al azar.

Un dato más.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas en México ha conminado al gobierno mexicano a inspeccionar prácticas y procedimientos durante los operativos del ejército mexicano y ha puesto de relieve la falta de transparencia y la mucha obstrucción (impunidad) al momento de los denunciantes buscar protección por parte de la autoridad judicial (aquí, reporte de la comisión). Ni la impartición de la justicia, ni la protección a activistas ocurren en forma expedita. De allí que algunos de ellos –Marisela Escobedo, por citar- hayan sido asesinados a escasos metros de alguno de los centros de distribución de justicia del país.

Un dato final.

El propio Netzaí Sandoval documenta en la denuncia ante la CPI, casos diversos de tortura o muerte a civiles a las que, para mi gusto, no resultaría aventurado catalogar como de vil criminalización de las luchas sociales de varios de los activistas de derechos humanos de este país cuyas luchas parecieran ser contrarias al mantenimiento del llamado statu quo. Por cierto, Javier Sicilia, el rector de la UNAM José Narro Robles y otra persona se han sumado ya a la denuncia ante la CPI (aquí).

Algunos comentarios.

Bajo ningún argumento logro concebir dar prioridad a la jornada electoral que se avecina frente a estos hechos. ¿Por qué enfrentar y confrontar estos dos eventos? Porque ambos suceden en esta misma soberanía y porque esta soberanía está enferma. Parte de sus miembros se encuentran en constante estado de vulnerabilidad (por no decir, cualquiera que se interne al interior del país). Sus activistas de derechos humanos están siendo asesinados; por el modus operandi con que se han venido ejecutando estos sucesos, resulta inevitable hablar de criminalización de luchas sociales o de reprimendas. Han muerto, además, civiles en medio del fragor de la guerra entre ejército y cárteles; los periodistas también son acallados. Esta república y sus miembros se hallan en constante amenaza. Cada mañana los periódicos nos avisarán una y otra vez sobre nuevos crímenes. Esta república, cuya soberanía reside en sus habitantes, no podrá tener razón de ser –no habrá cosa- si los habitantes que la fundan y le dan permanencia son candidato a osamenta cualquier buena mañana o noche de sus vidas. No podemos convocar a elecciones si no hay república qué sostener. Es decir, tenemos que acudir a elecciones –y acudiremos- si se garantiza la seguridad de los habitantes de esta república. No pretendo en mi escrito llamar a sabotear las elecciones; tampoco voy con el anulacionismo porque considero no estar listos para esa práctica a razón de la sociedad polarizada que somos desde 2006 y ya antes. No llamo a abstencionismo. Llamo, en cambio, a hacer uso de nuestros derechos cívicos. En razón de ellos, exigir a aspirantes y partidos la cancelación de la lucha anti drogas; esclarecer los negocios de la CIA, DEA, bancos londinenses manejando activos provenientes de cárteles. Determinar cómo pudo ser posible “Rápido y Furioso”. Descartar –y ojalá nos callaran la boca- lo que con tanto cuidado han venido documentando diversos analistas: que esta guerra, en el marco del Plan Mérida no es sino un émulo de la guerra de cárteles echada a andar como parte del Plan Colombia en aquel país y que ambos hechos se circunscriben en el conjunto de acciones de la nación del Norte para control del hemisferio y aprovisionamiento de recursos (con gobernantes y funcionarios mexicanos -y colombianos- en colaboración, y con sociedad apática o temerosa).

Luego, presionar a los aspirantes a la presidencia a solicitar los siguientes mínimos de seguridad y juicio:

1) El cese o suspensión provisional de los enfrentamientos cártel-ejército.
2) La devolución del ejército a los cuarteles.
3) La inmediata despenalización al consumo de estupefacientes y articulación de una política pública de sanidad para lidiar con dicha despenalización. Si no se hace este punto, el 2) es inviable y sólo el 1) en su primera versión.

(Aunque la lista podría extenderse.)     

Finalmente, temo mucho que este clima de represión impere durante la celebración de los comicios; me mortifica pensar se reprima a personas o se las fustigue a causa de su preferencia electoral.

Esta elección pinta a ser fraudulenta y/o manipulada, servirse la mafia priísta de los servicios oligárquicos –como lo ha hecho- en beneficio de su candidato. No sólo poner a disposición del personaje la barra de programas de opinión y noticieros televisivos; no sólo promocionar y parangonar la vida del sujeto con la de un popstar o cosa similar, sino sofocar cualquier intento de levantamiento ante lo que se avecina como una clara imposición.

Tal vez me equivoque; pero pienso que no es inteligente ir a 2012 en medio de este clima de incertidumbre (ojalá me equivoque). Pienso que ciudadanía debemos exigir se lleve a cabo la vuelta electoral libre de ejércitos y cárteles; sin DEA’s lavándole el dinero al narco.

Por supuesto, ir a votar significa soñar con una elección democrática de nuestros funcionarios de gobierno, y no esta plutocracia en que vivimos; significa otorgarnos un voto de confianza a nosotros mismos.

Por cierto, la otra mañana que leía “Fundamentos para una república amorosa” de Andrés López Obrador, muchas cosas en el escrito me parecieron dignas de relieve y reflexión; cito algunas relacionadas con el tema de esta entrada:

Sostiene él la convicción en el pueblo honesto que somos y en que parte del mal se debe a le existencia de grupos de corrupción que se han enquistado en el gobierno y por los cuales, razonablemente dice, el país se ha dejado mangonear por intereses ajenos o intereses meramente de mercado, por ejemplo. (Importante tomar en cuenta que esta experiencia de la honestidad del pueblo le ha venido, en parte, a través de sus viajes por el país, como la visita a todos los municipios de habla indígena en Oaxaca; esto se entresaca leyendo dicho escrito).

Sostiene que habrá de combatirse al narco en base a la reducción de las disparidades económicas de los miembros de esta sociedad; a la instauración de una justicia social y a la elevación de la honestidad a rango supremo (aunque esto último sí me parece inviable y digno de una retórica por la que –otra vez- le van a despedazar. Noble en su intención, torpe en su forma).

Finalmente, AMLO utiliza en su texto el “debemos” una y otra vez. Él ya debería saber –y sus analistas- que esto molesta mucho a personas que, en mi opinión, lo leen muy literal. Y, en realidad, nosotros ni debemos, ni podemos, hacer muchas cosas o mandatarlas. Lo que sí podemos –y ésta es la parte que me parece atractiva del programa obradorista- es crear las condiciones para reducir la incidencia de la negación de los debemos, de aquello que produce malestar.

Yo le diría a AMLO frente a sus dichos -que ya son pasados- que tiene razón y que voy de acuerdo con estos postulados; pero también le digo a AMLO y a sus simpatizantes -entre quienes me sumo- que es de mucho pragmatismo no hacer un pronunciamiento muy nítido sobre la asunción de dicha espera y de ese pragmatismo. Es decir, debe reconocerse que ésa es la esperanza y él de alguna forma asumir a los muertos caídos mientras ella dura: seguramente AMLO espera que llegando él, pondrá orden, pero 1) Nada garantiza que llegará y 2)Quizá resulte más fácil la espera si, a priori, suponemos que no será a alguno de nosotros a quien toque estar entre balas en los próximos meses (se ha normalizado en tal forma la situación que no solamente nos hemos vuelto insensibles a ella sino que damos por hecho que le tocará a otro (para suicidas, nihilistas o almas emo, léase “otro” como un “no-miembro-de-mi-familia”)).

Por supuesto, los candidatos a la presidencia -algunos de ellos- son ajenos a la debacle que se vive, pues no han sido ellos quienes declararan la guerra al narco; no son culpables de la situación. Teniendo bien claro esto, yo creo que la propuesta es razonable. La propuesta es positiva, no negativa. No es pedir anular las elecciones –a lo más, postergarlas. No es llamar a anular o a abstenerse. Solamente es aprovechar la coyuntura electoral.

Sin concreción (de una apreciación intempestiva)

(I)

“La belleza será convulsiva o será nada”, André Breton.

Por alguna razón los estetas revolucionarios son asiduos a citar con cierta periodicidad la frase de Breton con que inicia este escrito (creo que sé la razón y creo que todos aquellos que aniden en sus corazones algo de afanes revolucionarios -y convulsivos- lo sabrán también). Si se le rastrea por Internet a esta frase –la llamaré AB-, podrá verse que está incluida en un libro muy sonado de este autor surrealista francés; se llama “L’amour fou”. He querido conseguir este libro a partir de una mención que hace de él Octavio Paz en ese texto de fábula de él llamado, “La llama doble. Amor y erotismo”; principalmente porque siendo ese texto de Paz uno tan bello y decir, él, en qué medida Breton le inspirase en su erótica (la que nos cuenta allí) pues -ya sabrán- yo quise tener acceso al libro y -nada- al menos por aquí por Internet no he podido encontrarlo; a ver si un día tengo suerte y obtengo un ejemplar. Sí me gustaría.

Tal vez estas palabras me hayan conferido de una ilusión de suficiencia, suficiencia para escribir a partir de ellas. Pero no, yo creo que no es eso. Yo creo que estas palabras le retumban fuerte a cualquiera capaz de sentirse compelido al mayor arrojo -todo-, excepto dimitir a la belleza. Hablaré de mi caso. Cuando decidí estudiar matemáticas hubo varias razones para dicha elección, pero fue -ante todo- una elección estética y un acto hedonista también. Si criaturas que estudiamos carreras relacionadas con el arte, como la matemática o la pintura o la música o la filología, un día vemos satisfecho dicho deseo o un día nos parece huero dicho quehacer, ¿qué vendrá en sucedáneo, qué cosa dará satisfacción, ahora, a nuestra necesidad de goce y a nuestra afección por la belleza?. Viene la pugna axiológica. ¿La que yo soy capaz de percibir o la que existe en sí misma, allí donde esté, con independencia de mi percepción? ¿Una belleza plástica, apolínea, ideal? ¿Una belleza por lo vital, dionisíaca, voluptuosa? ¿O alguna conjunción de ambas? ¿Qué sentido utilitarista, qué falsa apreciación de la importancia de mi quehacer profesional me hará renunciar a ella, fuera de tal quehacer? (en esta última pregunta, ya se aprecia una mutilación de la realidad en la tradición más platónica posible). Obviamente, se llega por una especie de reducción al absurdo a lo que, de principio, pareciera ser un enunciado inaceptable, que la cuestión ética -y luego moral- no se circunscribe a una cuestión estética; que no es la primera subconjunto de la segunda y que esta valoración implicada en el enunciado AB es, como el otro día explicaba en otro post, una idea dicha ya por filósofos anteriores a Breton. Y todo esto, a despecho del embrollo que entraña saber que aun frente a toda valoración hay –después- una decisión y así quedar también la cuestión resuelta (lo que es decidible no se somete necesariamente a algún criterio), pero que, sin embargo, frente a toda esta aparente libertad que nos da el poder decidir, hay también límites o, más bien, necesidades. La necesidad que le hinca al hombre la naturaleza y la necesidad que el azar también nos introduce. La otra que propongo, dado que puede ser que esto sea una manifestación naturalista de nuestro inagotable idealismo, es retirarnos educadamente del mundo ante la manifiesta ausencia de razones para habitarlo (o bien, declarar que ésa es razón suficiente para persistir en él, en nombre de la obstinación).

El argumento principal se me ocurre plantearlo así.

¿Es posible necesitar de la belleza u optar por ella en, por ejemplo, el ámbito profesional y prescindir de ella fuera de este ámbito? Si necesito de la belleza de la poesía, o de la belleza con que flagela a mi intelecto el enunciado de un teorema, o de la belleza de la música, ¿cómo puedo no necesitar de esa misma belleza fuera de esos ámbitos? ¿Cómo puede ser que la belleza del arte -que es creación- satisfaga todas mis apetencias por ella, todas mis pulsiones? La respuesta es: el que es esteta no prescindirá de la belleza doquiera se encuentre y esto es así porque la belleza se halla en todas partes ya que es inmanente a la vida de dentro del cosmos y no posee existencia fuera de ella, es decir, de la percepción que nosotros tengamos de ella. De modo que hay belleza en todo acto cotidiano; en la ida a las compras, en las compras, en no ir, en todo. Y también, por ejemplo, en la muerte, que es parte de la vida. En la vista de un cadáver o en alguna fotografía de él que, en alguna forma, diera inmortalidad al momento último en que dentro de ese cuerpo hubiese habido aún –según se intuía- algún afluente de linfa y sangre.

Así, la muerte no tendría por qué repugnarnos al ser ella misma parte de la vida; si no hay belleza en la muerte, tampoco su imagen atentaría contra ella. ¿Y qué hay de la muerte sistematizada?, ¿de los crímenes de humanidad lesa? A lo mejor sea posible conjurar aquí una estética de lo escatológico en sentido latísimo.

Los últimos dos párrafos exigirían de una asunción doble. Primera parte. Hay una componente de la belleza que yace en el sujeto. Esto es cierto; tan cierto como que un mismo objeto puede ser bello para uno y feo para el otro. Pero –parte segunda- también es cierto que hay una componente objetiva y esto es tan cierto como que hay objetos bellos para todos y objetos que no lo son en absoluto; por ejemplo, cuando se nos habla de proporciones áureas para aludir a rostros que, verificándolas, son considerados bellos.

Con esto, echamos por tierra al argumento platónico (que sólo lo bueno puede ser bello), aunque no necesariamente a su recíproco (que lo bello es bueno) y esa mutilación de parte de la realidad que prescribe dicho argumento, como decía líneas más arriba. Así, la muerte, no por necesidad proscribiría a la belleza y ver en el llamado reino del mal más que la funesta valoración idealista que liquida a parte de nuestras pulsiones. Pregunto, ¿en verdad es así? Yo digo que es al revés. Pero, antes, una consideración. Tal vez haya quien diga que, si se logra soportar la gravidez de la existencia lejos de la música o de los teoremas o de un baile –etc.-, no sea más que a razón del recuerdo que llevamos de ellos durante la realización del resto de nuestras actividades y que, debido a esa memoria, a ese no olvidar, logremos tolerar eventos que sí que son abominables (un genocidio por ejemplo), como parece hacérnoslo verificar la repulsa infligida a la vista de la imagen de una pila de cadáveres (no sé). Algo igual de idealista.

¿Cuál será?

¿Será posible que la causa por la que nos decidimos por el asesinato -o lo rechacemos-, sea una causa que deba estudiarse en terrenos irreductibles de la estética y la ética?, ¿en uno o en otro pero no en ambos, como esas maquinitas xor-exclusivas?

La verdad es que tanta fraseología ya me cansó. Todo esto no es más que nominalismo puro. A las cosas se les nombra porque se aperciben y requerimos hablar de ellas para vivir. Luego, nos metemos en el vericueto de “las cosas en sí” y los noúmenos como dando ya por hecho que, en efecto, hay una metafísica de los objetos, un reino ontológico a nosotros inaccesible.

Lo que quiero yo decir, ya sin tapujos, es que Breton introducía en su enunciado -en su pensamiento- una idea algo contraria a la naciente desesperanza de su época. La idea de la belleza como algo más que elección, es decir, la belleza como  pulsión de vida y de su necesidad. No sólo los objetos del arte como imágenes de dicha pulsión, sino dicha pulsión en sí misma vital. La belleza como necesidad y sólo, después, como elección. Atribuir a toda concepción estética -vital- el significar también una concepción ética (con todo y la infaltable cosmética que probablemente nos pierda, después, de su origen).

Podemos verlo desde el punto de vista del sujeto.

Si la belleza queda asociada al goce estético, entonces la belleza está también anclada al cuerpo en que se produce dicho goce. Si el cuerpo que percibe la belleza es ultrajado, entonces, su capacidad de goce estético queda interrumpida o su intensidad cambia. Cambia la intensidad porque la conciencia del goce -o su sensación- debe ahora destinar parte de sí a la conciencia del ultraje. [Pensar en prácticas sadomasoquistas no me parece constituya un contraejemplo a esto; la conciencia del dolor por amor o de la pena sexual infligida es más una anestésica que una estética (la anestesia del amor y del goce sexual). El sádico, en cambio, apasionado con el sufrimiento del otro, se promueve en la estética del dolor, y de la repulsa, cuando deviene la muerte.]. Como se ve, es pueril situarse en el sujeto estético porque ocurre en menoscabo de la apreciación del arte como proyección estética del conjunto de mores de que se hace el hombre en determinada época, frente a ciertas circunstancias. Problema según el cual, en ausencia de sujetos no hay belleza que percibir -no hay objetos- y ya, por ese simple hecho, condenar la muerte de los sujetos. Cuando, en realidad, pocas cosas hay que exalten más a la vida –o que sean un canto a ella misma- que la creación estética y la aprehensión de la belleza así creada. 

Ahora diré mi rollo autosublimador: está muy cañón que un revolucionario no sea también un esteta. Aunque lo que sí no está nada cañón es encontrarse estetas -de tiempo parcial, a mi gusto- incapaces de exhibir el más leve matiz revolucionario. Yo digo que a esa gente le pasa eso por una razón simple: son amantes de lo bello, pero no conocen, aún, el estremecimiento de lo sublime. Y sucede que a estos estetas pareciera bastarles con el ejercicio de su propagación y el consumo personal de ésta para sentirse muy satisfechos, como si la belleza fuera nada más una cosa de objetos y no de sujetos -excepto ellos mismos-, de instancias pero no de audiencias (pereza). Por fortuna, creo que esto le pasa solamente a algunos cuantos de los llamados intelectuales orgánicos, personas más bien abocadas a promover intereses de grupo a intereses colectivos. Por otra parte, estoy convencida de que a las personas que han hecho las revoluciones las mueve, entre otros varios, el siguiente motivo: no contentarse con poseer nada más ellos la percepción de la belleza o con expresar nada más ellos la vida a través del arte. Por eso no es raro que los ideólogos de las revoluciones salgan más bien de las llamadas clases medias o burguesas que de las clases bajas, estas últimas, difícilmente en condiciones de ser o estar compuestas por grupos de personas que cuenten con los medios económicos necesarios para hacerse de objetos artísticos. Por una parte, me alegra por esta razón la masificación de la cultura a través de los medios electrónicos, esto da más posibilidad a personas de acercarnos al aprecio por la vida a través del arte. También creo que por esta misma razón es también más común ver salir de ambientes rurales a espíritus revolucionarios que de ambientes urbanos. El contacto con la naturaleza, la imagen de las mesetas, el rayo y la tormenta, la mar, el cielo, etcétera, todos ellos espectáculo espléndido de la belleza que se origina en la vida, como cuadros de artistas han plasmado.

Cual sea el modo de referirse a una obra de arte y las muchas obras de arte proverbiales de la clase de objetos a los que nos referimos como bellos –el sueño apacible de la muerte o la muerte misma- son todos ellos prototipo de la vida, la razón sin la cual no nos sería posible dar una opinión y, luego, hasta agarrarnos del chongo con alguien con tal de defenderla.

Termino diciendo que escribí este conjunto de párrafos sí para desarrollar la interpretación de la frase AB –algo que a cualquiera más intrépido le habría tomado dos renglones-, pero, también, que he escrito este conjunto de párrafos como para dar un argumento, quizá típico, de por qué es importante decir ¡Ya basta!, ¡No más sangre!

(II)

Y cuando tome las cenizas de tu cuerpo inerme, y cuando junte tus manos en el color de las trombas, en el color de la lluvia sobre las estepas, en el color de los mares que yo pienso, en el color en que funden todas las aleaciones de los minerales dentro de mi cuerpo, entonces, de nuevo miraré tus manos; pues por esta potencia de la imaginación reconstruiré todo mi sentir: tu ser, tu presencia, la perenne huella de tu paso por mis senderos.

Dedicado a los muertos del sexenio.

(FIN)

El mundo como es

Por azar, llegué ayer a esta grabación en donde se oye un debate entre Netzaí Sandoval y Gerardo Laveaga.

Netzaí no parece contundente en sus argumentos, pero esto creo que se deba más –y espero- a una cuestión de temperamento y de experiencia con los medios, que a una cuestión de convicción. Laveaga no lo parece más; eso sí, su lenguaje es poderoso.

Pero su lenguaje exige acotar -en la realidad- las formas en que puede ocurrir el crimen sistematizado. Como si se precisara de una “guerra” o de la proclamación formal de algún estado de excepción -o sea, de una palabra- para la prosecución de dichos crímenes. (Piénsese en la dictadura Argentina y sus desaparecidos a modo de contraejemplo). Bien sabe Laveaga que la formalidad que él exige -o bueno, la que exige la CPI- para considerar como crímenes de lesa humanidad a los documentados en la demanda no sólo son realidad material sino parte de un formalismo, de un código y un discurso que Calderón ha venido machacándonos desde el inicio de su mandato; no por ponerle jiribilla al enunciado, pero fue a Calderón a quien hace algunos años se le antojó declararle la “guerra” al narco.

Por cierto, igual que Calderón, Hugo Chávez tiene ahora una denuncia ante la CPI. Pero Chávez no es Calderón. Calderón es un demócrata, Chávez no lo es (son déspotas del lenguaje como déspotas en general).

Por otra parte, deja Laveaga insatisfecha una duda mía, ¿puede o no Netzaí -y los 23 mil- acusar de lo que se acusa ante la CPI? Y, si no, ¿ante qué corte? Si Laveaga se siente tan naturalmente solidario ante el gesto de Netzaí, ¿por qué no nos hace el favor completo y nos dice, aquí en México, cómo le hacemos para que corra la demanda? ¿Qué código -cuál artículo- nos permitiría demandar penalmente a Felipe Calderón y a ciertas fracciones del ejército mexicano por crímenes de lesa humanidad? ¿Ante qué corte?, ¿ante la que se negó a dar transparencia al proceso electoral de 2006 y por cuya negativa ahora muchos -y con mucha certeza- decimos que esa elección se ganó a la sombra de un fraude?, ¿o ante la que deja indemne al liberal Krauze frente a los dicterios que difunde vía sus Letras Libres?, ¿o ante alguno de los tribunales a los que se dirigieran alguna vez Marisela Escobedo o Nepomuceno Moreno -y esto es todo lo que sabemos- en búsqueda de justicia para sus hijos asesinados para, después, ser ellos mismos asesinados durante tales búsquedas? 

Podrá invocar Laveaga toda la retahíla de artículos de la sacrosantísima ley que alumbra al mundo, pero el mundo seguirá siendo como es; y este mundo –como es- incluye a un México gobernado por un régimen reaccionario que ha vulnerado la integridad física de varios de sus miembros en el marco de su actuar colaboracionista al régimen del país del Norte.

No sé cuáles vayan a ser las lagunas jurídicas en el documento de Netzaí –si las hay. Sí sé que él intenta caracterizar, allí, crímenes que no aparecen tipificados en la ley mexicana y, entonces -ante ese hueco legal- recurrir a La Haya. No me va a extrañar que no procediera su demanda, pero en el simple gesto, en todas las energías que él ha estado movilizando en este asunto, el hecho de movernos a muchos a su firma, el apelar a un canal todavía legal buscando evitar el otro canal, ya nada más por eso, me parece un gesto heroico. Ojalá personas continúen firmando; ante dicha posible convocatoria, las probables lagunas jurídicas en el escrito se reducirían a ser cuestión  de formalidad, ese transcurrir del mundo que, por ene razones, no podría desdeñar aquí ni en ninguna parte.

Charla con Anabel Hernández (hincapié)

Creo que en esta charla Anabel Hernández describe en cuadro muy completo el asunto del narcotráfico en México.


Esta semana La Haya recibe la demanda que ha impulsado Netzaí Sandoval para promover juicio penal contra Felipe Calderón por crímenes de lesa humanidad a razón de los cincuenta mil muertos generados por su gobierno nefando (aquí, el blog con el parte de hechos).

Cuando Anabel señala que Calderón no podrá argüir inocencia ante estos sucesos, mi corazón se subleva, pero también se tranquiliza. Yo todavía tengo horas en que paso devanándome los sesos tratando de imaginar cómo puede ser alguien -o de qué clase sus pensamientos y sensibilidad-, cómo pueden ser estos “alguien” -quiénes son, cómo son- bajo cuya responsabilidad recaen cincuenta mil muertes. Siempre mi explicación mediata es: seguro no saben, de veras son pitiyanquis, el problema de ellos es su educación tecnocrática, etcétera (la historia del mundo versus la historia de las propias anomalías). Pero no, a juzgar por las revelaciones de Anabel Hernández, la realidad es que no es un problema de candidez; no es la estupidez operando en toda su capacidad. Es la voluntad jodidísima de gente que ha perdido el piso o algo más fundamental.

Contra todas las facultades de mi imaginación; contra toda la gama de emociones que al momento me hayan poseído, hay una ineludible realidad: Felipe Calderón ha hecho de esta nación un campo de muerte, y de la institucionalidad -por él tan cacareada-, capo del crimen. Felipe Calderón debe ser sometido a juicio, pero -principalmente- Felipe Calderón debe ser destituido del cargo que usurpa. No en décadas ni en arresto domiciliario en las postrimerías de su vida. No cuando rescatemos las boletas de manos de un tribunal corrupto. Ahora mismo.

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