El debate (opinión)


Lo que se vio ayer no fue un debate. Un debate es, al menos, un intercambio de ideas en flujo continuo entre quienes participan. Pero un debate debiera ser principalmente un ping pong de argumentos y sus refutaciones. A pesar de todo, no me amilano. Ya estoy acostumbrada a la actualización de términos aquí en la patria. De modo que, lo que tuvimos nosotros no fue un debate, sino la tropicalización de uno: acusaciones, señalamientos y confrontación. En cuanto a mi particular gusto, yo habría esperado una discusión ideológica expuesta a altas temperaturas: sí con apasionamiento, sí con mucha jerga, sí buscando la confrontación y, primordialmente, buscando confutar las propuestas antagónicas no sólo en el discurso, sino con el recurso a cifras y hechos empíricos focalizados; además, sostener cada candidato la viabilidad de su propuesta. Tampoco creo que en un debate entre candidatos deban todos forzosamente hacer la exposición detallada del proyecto; creo que la exposición de propuestas también puede ser hecha de cara a la sociedad en foros expresos para tal meta, y creo que esto no debiera ser competencia del IFE (ni Dios lo mande), sino de los candidatos, y organizar ellos el acercamiento con la sociedad (justamente hace unas horas, por ejemplo, Andrés Manuel presentó en el teatro Metropolitan su propuesta en los rubros de ciencia y educación acompañado de Juan Ramón de la Fuente y de René Drucker Colín, aquí reportaje).


[Correrlo a partir del minuto 2, antes se escucha un zumbido desagradable.]


Pero vuelvo a lo del debate. A pesar de todo, soy optimista y pienso que no todo en los debates del IFE es desechable. De allí que pueda perfectamente entenderse que, ante el formato infame elegido por el Instituto, algunos candidatos hayan decidido tomar como estrategia la exposición de sus propuestas, el señalamiento a sus contrincantes y otras acciones según los estilos.

De eso que sucedió ayer en el debate –y no de lo que idealmente tuvo que haber ocurrido–, quiero opinar con esta entrada. Me voy por candidato y, luego, cierro con un epílogo.

QUADRI

Ni el discurso de Quadri eficaz, ni dos –o tres– de sus propuestas casi lúcidas ocultan cómo representa él a la clase empresarial y su adscripción a un pensamiento de derecha.

El núcleo de su perorata: privatizaciones (o sea, libre mercado), reformas estructurales (neoliberales), y una política de seguridad tan nefasta como la de FCH.

Se me antojó falsa su obstinación en pretender seducir a la ciudadana aduciendo estar él en un costal distinto al de sus contrincantes: “yo soy un ciudadano, ellos son políticos” regurgitaba cándidamente Quadri –Quadri es como un niño incómodo, sólo que cincuenta años después–. Solamente que 1) Ni todos los que estaban allí son políticos –en el sentido Quadri– y él claramente no representa a la ciudadanía, sino a una clase empresarial que se asume a sí misma progresista a pesar de estar construidos sus proyectos sobre mecanismos más bien retardatarios y 2) Lo que él clama como una virtud no pasa de ser un sofisma: si él es ya un ciudadano, no entiendo cómo pueda no creer que es también un político*.

Me hubiera encantado que Quadri explicara por qué la disminución del precio de gasolinas es improcedente de acuerdo a los estudios que él conoce. También me encantaría saber cómo es factible su proyecto sobre la base de sus propuestas, ¿por qué sí habrá de lograr él lo que 30 años de gobiernos neoliberales no han logrado, o sea, qué hay de atípico o de ejemplar en su liberalismo? Lo triste de sus dos propuestas lúcidas (fomento a energías renovables y a desarrollo científico, lo de la banda ancha) consiste en que el método para alcanzarlas es de corte eminentemente empresarial –su frenesí mercantilizante– lo que, en sí mismo, hace incompatible al discurso con la meta, como ocurre con la casi generalidad de su programa.

Claramente, Quadri también tuvo a su culpable la noche de ayer: la llamada clase política, especialmente aquellos de sus miembros a quienes, en afán difamatorio y con vaguedad, tilda él de populistas (con vaguedad porque el término, en sí, está desprestigiado). Y no me pareció, por cierto, que Quadri haya sido neutral, ni me pareció que su discurso estuviera exento de confrontaciones. Eso, decididamente no es cierto.

Dado que Quadri encarna intereses adversarios a los de AMLO (al menos, no tiene empachos en decirlo), no es de extrañar verlo atacar a Andrés Manuel. Lo que es sospechoso es que lo hiciera exclusivamente. ¿No acaso los métodos de EPN –que no es menos un neoliberal que el propio Quadri– se fincan en argucias francamente populistas para encandilar a la población? Sin embargo, ni Quadri le puso un dedo encima a EPN, ni Andrés Manuel López Obrador es un populista en esa acepción vilipendiada. Por lo tanto, no puedo más que afirmar que todo –o buena parte– en el discurso de Quadri en el debate de ayer, parecía tener como propósito atacar a AMLO por consigna. Triste papel que jugó este hombre (y ya ni hablar del buen favor que le hace a Elba Esther si colabora en esta tarea –siempre alcanzable– consistente en lograr que el PANAL siga conservando su registro).

Si tuviéramos que medir el debate por capacidad discursiva y por optimización en los tiempos para exposición de propuestas, probablemente Quadri ganaría (es más, ganaría); desafortunadamente, a lado de estas dos habilidades del candidato figuran triunfalmente la vacuidad de su discurso, la falsedad de sus promesas y la obsolescencia de un proyecto que pretende pasar por innovador.

AQUÍ, la plataforma presidencial de Quadri.

JVM

No podría agregar más de lo que muchos atestiguamos. Es triste ver a un ser humano tan instruido –como ella– y tan fanatizado; su pensamiento es de un fundamentalismo apenas soportable. Es claro que Josefina realmente cree en sus afirmaciones; es claro que ella está dispuesta a actuar lejos del decoro en aras de un ideal: el de la libertad del mercado del capitalismo neoliberal. Pero una libertad del mercado que, además, viene acompañada de una aparatosa disociación con la realidad; acompañada también de una visión de Estado ultra dogmática –por no decir fascista– porque para esta gente, sin duda, con leyes se arregla la vida, se vive, se respira, se hacen todos buenos, los delincuentes dejan de delinquir, los yonquis dejan de consumir, las marrullerías de los capitalistas se vuelven buenas por legales (la desregulación del mercado, el asentamiento de outsourcings por todo el país, los drones sobrevolando nuestros cielos, regalar recursos naturales, etcétera).

Si se puede crear una ley es que puede hacerse, o del mundo feérico de Josefina y la ultraderecha mexicana.

AQUÍ, plataforma de JVM.

EPN

Ya todos sabemos en qué consiste la propuesta de EPN: más privatizaciones, más mano dura, el verbo de las reformas estructurales (neoliberales), etcétera. Es decir, los exactos ofrecimientos de Quadri y JMV, solamente que dichos con otro argot, bajo la dirección de imagólogos que lo visten, lo peinan, lo acicalan, le dicen cómo hablar, cómo mirar, en fin, este producto televisivo que es Peña Nieto: lo que ya todos sabemos. Y, claro, empieza a cobrar frutos tal empeño, pues hay una diferencia notable entre el EPN del debate y el que entrevistara Jorge Ramos hace un par de años, por ejemplo. La ostensible apuesta de su campaña en el rubro imagen, es ya, en sí misma, una confirmación de lo rentable en la maniobra. A mí me violenta menos la frivolidad de EPN, que la existencia de una sociedad a él rendido a causa de ese hecho.  

Por cierto, tal y como John M. Ackerman avisara en Twitter, claro que Luis Videgaray fue a ofrecer PEMEX a inversionistas privados en EUA; aquí pueden leerse sus palabras en idioma inglés publicadas en The Wall  Street Journal y aquí, con traducción al idioma.

Finalmente añado que ante la pregunta pusilánime de ¿y quién fue el ganador?, yo respondería que esto depende del espectador y su preferencia. Por ejemplo, Peña pierde cuando remite a sus detractores a la PGR aduciendo que allí yacen los papeles de su inocencia; pero no pierde tanto cuando se muestra capaz de sostener un discurso medianamente articulado y responder a los cuestionamientos hechos –y hasta lanzar otros–. De donde se deduce que el formato, como ya se veía venir, fue montado a modo de hacer el menor daño posible a Peña, pero que, con todo, se llevó gran vapuleada porque la gente no es tan tonta como para no advertir que aun cuando la forma de su desempeño fue articulado, en el fondo, se trató de una cadena de argumentos vacíos de sustancia y carentes de sustento.

AQUÍ, página de EPN.

AMLO

Tiró por la borda esa gran oportunidad que representaba demostrar lo que muchos ya sabemos, pero que otros tantos ignoran: que sí tiene propuestas claras, factibles, realistas y de cambio. Como siempre, falla en el pragmatismo. No llevé el conteo de sus varias intervenciones destinadas a señalar a la mafia de potentados que se ha adueñado del país, pero sí comprendo que pueda cansar tanta reiteración sobre el asunto. En mi opinión, creo que AMLO pretendía llegar a esa masa del electorado más bien blanco frecuente de medios televisivos, ese poco más del 70% de hogares sin acceso a Internet en México –aunque sí a TV–, con baja exposición a la información distribuida por la Web vía medios alternativos y que, por tanto, pocas veces tendrá oportunidad de escuchar el enunciado nodal en la propuesta de AMLO (lo que como diez veces repitiera el día de ayer). Por supuesto, surge la pregunta, ¿realmente los minutos que tuvo él para dirigirse al teleauditorio y/o radio escuchas a fin de hacer su denuncia –y la limpieza de tal corrupción como propuesta más el trabajo ciudadano–, podrá hacerla de contrapeso a todas esas horas que el televidente pasivo queda expuesto al discurso mendaz de las televisoras? Quizá surta efecto en algunos. Lo espero.

También pienso que AMLO se olvida de esta parte de electores muy instruidos (con postgrados, doctorados, maestrías y el kit) y que, además, son también del tipo más bien despolitizados/desideologizados (porque claramente también los hay con posturas político-ideológicas definidas). Pues bien, yo creo que AMLO, yo sí pido que AMLO también intente llegar a este tipo de gente (véase figura 1). No importa que representen un porcentaje bajo de la población, son también población y es gente que suele sentirse muy descobijada, poco representada por los políticos. Este tipo de gente piensa –y no sin evidencias– que lo de la política aquí en el país es una porquería y este tipo de gente, por lo regular, quiere oír propuestas. En mi experiencia, no es el tipo de gente activa en la política, realmente no están muy interesadas en el asunto (malo), pero sería importante que se interesaran y, también, importante intentar llegar a ellos con un discurso más propositivo y articulado (claramente Quadri sí se dirigió a este sector). En mi experiencia, el estudiante de postgrado y –el postgraduado– del tipo investigador, está bastante más interesado en sus aportaciones al saber que en el devenir social del país; sus estándares para concebirse a sí mismos como ciudadanos son bajos –sin dañar directa o conscientemente a persona alguna– y precisan de formatos de difusión de ideas más bien cargados de datos duros, análisis ultra objetivos, desapasionados, etcétera. Para mi gusto, AMLO debe darse a la tarea de pensar mucho y muy seriamente cómo llegar a este conjunto de ciudadanos. 




Figura 1: A AMLO le está faltando pensar en el conjunto C de mexicanos insatisfechos con las propuestas.

Un poco sobre este mismo punto, pediría a AMLO que en el próximo debate diga no solamente el qué de sus propuestas, sino el cómo. Por los tiempos tan ridículos que se otorgan para cada intervención, seguramente tendrá que hacer una selección muy escogida de esto. 

Y sí, me encantó que AMLO le dijera sus cosas a EPN, pero creo que se quedó corto. 

Finalmente, espero que en el próximo debate, explique por qué y cómo sí es posible la reducción a precios en gasolinas, más el detalle fino de muchas otras de sus propuestas. Por lo demás, ya he expresado aquí simpatizar con su proyecto.

AQUÍ, el proyecto de AMLO en formato muy atractivo.
AQUÍ, la propuesta completa.
AQUÍ, en su forma resumen.

Epílogo

Como he decidido votar este 1 de julio y subirme al carrusel de la democracia, vivo plenamente la ficción. Sin embargo, esta ficción es internamente consistente y no pierdo de vista cómo se avecina lo que pretende ser la imposición de EPN  –otro fraude–. Frente a esto, pienso que, como ha dicho un chico por ahí, la defensa del voto tendrá que necesariamente ocurrir en las calles, antes y durante la elección.


*Lógicamente, uno tendería a pensar que todo político es un ciudadano, y que no todo ciudadano es un político –o no necesariamente–. Pero ésta es justamente la visión de Quadri que yo combato y es también la misma idea sostenida por la mediocracia. Para mí, ambos términos significan lo mismo.

Mi resumen de la pugna de la semana


1. Al IFE le toca organizar obligatoriamente dos debates entre los candidatos.

2. El IFE solicita a radio y televisión la transmisión de tales debates.

3. Toca a radiodifusoras y televisoras rechazar o aceptar dicha solicitud.

4. Televisora Azteca rechaza la solicitud del primer debate en uno en particular de sus canales porque arguye que ella tiene que transmitir, en horario del debate, un partido de fútbol.

5. Pregunta, la discusión que genera la resolución de Televisora Azteca en el sentido de disuadirla de su determinación, ¿es un tema electoral o un tema de medios?

6. Es claro, no es nada más un tema electoral, es también un tema de medios, un tema de comunicar o informar sobre un debate preelectoral. Luego, aunque al IFE toca ser árbitro de las elecciones y organizar los debates, bien podría la discusión del punto anterior resolverse –como de hecho no lo fue– no en el ámbito de las competencias del IFE y sus obligaciones, sino en el ámbito de las leyes que regulan la actuación de las radiodifusoras y televisoras mexicanas, quienes usufructúan el bien público llamado espectro radioeléctrico.

7. Siguiendo esta lógica, SEGOB pudo perfectamente apelar al Art. 62 de la Ley de Radio y Televisión para obligar a la transmisión del debate en cadena nacional.

8. ¿Por qué SEGOB debía haber hecho uso de esta facultad (si bien no lo hizo) y obligar a las televisoras? Razones hay de sobra y, como se verá, lejos están de ser parte de una maniobra autoritaria (claro, SEGOB podría autoritariamente (o sea, sin razones) obligar a la transmisión en cadena nacional, pero éste no es el caso. Aquí sí hay razones). Vayamos a las razones:

a) El artículo referido señala que su aplicación precisa de un tema de interés nacional. Es decir, el Secretario de Gobernación –materialmente Poiré– podrá a su juicio hacer tal exigencia si hay un asunto de trascendencia nacional. Pues, bueno, la condición necesaria para su aplicación, la hay, es el tema de conocer las propuestas de quienes pretendan gobernar a esta nación los próximos seis años.
b) Habitantes de esta nación y uno de los candidatos contendientes, han solicitado a SEGOB la aplicación de este artículo. Es decir, no es que a Poiré, en un arranque de megalomanía, se le ocurriera la transmisión encadenada, es que a Poiré ciudadanía lo está urgiendo a tal.
c) Ciudadanía urge a Poiré no porque, de hecho, no sepa ella si habrá o no encadenamiento, sino porque, de hecho, sabe ya que por lo menos una de las televisoras ha decidido que no lo haya o, más precisamente, ha decidido que su canal principal o de mayor rating no transmita el debate para, en cambio, transmitir un partido de fútbol. Entonces, ciudadanía ante esto pide encadenamiento no porque en sí mismo quiera el encadenamiento, sino porque es la única vía legal por la que es posible obligar a la televisora en cuestión a cambiar de decisión (claro, la petición viene en respuesta a la decisión muy inusual de la televisora). En el fondo, lo que ciudadanía quiere es que se maximicen todos los recursos disponibles para la transmisión del debate. Un voto razonado exige, mínimamente, información.

9. Entonces, ¿por qué no atendió Poiré a la petición ciudadana si, además, la propia ley electoral concibe que el órgano que ella regula –el IFE– pueda también hacer esta misma petición a SEGOB? Más precisamente, ¿qué razones de peso, qué hechos empíricos obligaban a los Consejeros del IFE, y no a la SEGOB, a dirimir el asunto? Pienso que, ante la posibilidad de ser éste un asunto dirimible en ambos terrenos, toca al derecho –y no a la ley– decidir. Y aquí, lo que originó toda esta discusión, fue un derecho, el derecho de las personas a querer ser informados el máximo posible sobre unas propuestas que ellos necesitan conocer –nosotros– a modo de tener elementos para elegir sobre una cuestión de trascendencia nacional. Yo no sé nada de leyes, pero mi sentido común me dicta que las leyes no hacen al derecho, me dicta que ocurre justamente al revés. Con leyes no se edifican derechos, ni se enseña conducta. Con leyes se formalizan acuerdos, convenios, derechos, pactos de viso social que, por lo general, son resultado de un largo proceso de incubación, en muchos casos doloroso, que involucra a la ciudadanía toda. Las leyes expresan mucho de la historia de nuestros jaloneos sociales. Si ellas se anquilosan, si se exige que la vida se adapte a ellas y no que ellas se vayan adaptando a la vida, entonces es porque, en sí, la vida social está siendo, ya, víctima de alguna atrofia. Sin duda, quienes interpretaron que debía ser el IFE y no la SEGOB el árbitro de este asunto, hacen ostensión de una forma de ver el derecho dogmática y quizá sin querer, contribuyan a la artrosis social que hoy se padece en esta nación. Por otra parte, hay que reconocer que no fueron los Consejeros quienes se arrogaron la atribución de la resolución sobre el asunto. No, fue Alejandro Poiré quien se negó a dar satisfacción a la petición ciudadana; quien no quiso hacer uso de la facultad que la ley le otorga y quien, en suma, decidió todo el asunto. Claro, cabe especular sobre las razones de Poiré (y éstas pueden ser tan estrambóticas como se antoje a nuestra imaginación):

a) Poiré subestimó la petición de los ciudadanos.
b) Sencillamente, Poiré está de acuerdo con que no haya encadenamiento (como lo contempla Azteca) porque no tiene problemas con aceptar que televisoras puedan decidir sobre un asunto de interés nacional (lo que la ley electoral, por cierto, ya acepta), aun cuando dicha decisión esté montada sobre una necedad porque se sabe que los partidos de fútbol dominicales raramente transmiten a las 8:00 de la noche.
c) Poiré es un hombre muy honesto, o sea, no es diletante del cálculo político cuando de elecciones se trata. Aun a sabiendas de que la no transmisión del debate en cadena nacional beneficia al candidato puntero (pues, además, se programó un evento que suele atraer a mayorías) en detrimento del candidato de su partido, él, de todos modos, se conduce con toda honradez y se lava las manos (en esto, Poiré no se parece en nada a Santiago Creel o a Vicente Fox –por ejemplo–, quienes actuaron con todo sesgo en contra del candidato de la oposición las elecciones pasadas, ¡vaya que Poiré es ejemplar!).
d) Poiré no piensa que la actitud de Salinas Pliego –o de Televisa, porque ésta tampoco lo transmitirá por su canal de mayor rating–, sea meritoria de una limitación por parte de la autoridad, es decir, que televisoras concesionarias debieran dar alguna prioridad –en una ocasión tan particular como ésta– a asuntos de interés nacional sobre los intereses particulares.
e) Etc.

Claro, todas éstas son meras disquisiciones; no tendríamos alguna razón en particular para decantarnos por una o por otra, a priori. Pero eso sí, si somos curiosos, y nos gusta la ciencia, quizá nos dé por querer descartarlas a todas lo cual, claro, sería una labor titánica porque precisaríamos de evidencias o de experimentación para tal.     

Algunos escolios.

ESCOLIO I. Se arguye que este es un asunto de libertades; que toca al ciudadano decidir y elegir qué verá él; pero, ¿qué va a elegir el ciudadano si las elecciones ya están hechas de antemano? La verdad es que han sido las televisoras quienes han elegido de siempre los contenidos que de entre un menú, luego elegirá el ciudadano. Y, lo mismo, si corremos con suerte –o tenemos tele de paga– podremos chutarnos un buen programa cultural o una serie interesante (The Terapist, se me ocurre) o bien, hacer zapping por horas en este lance elusivo al que el buen televidente se enfrenta cotidianamente frente a los bodrios que comúnmente las televisoras deciden transmitir (por cierto, la televisora Azteca y la otra, son especialistas en bodrios televisivos).

ESCOLIO II. Comenta José Antonio Crespo en Animal Político:

En el comité técnico del IFE había un experto en cuestiones de televisión. Él aseguró que el mejor tiempo para el rating era el domingo a las ocho, mucho más que cualquier día entre semana. Se habló del riesgo de que hubiera futbol, pero se vio que los partidos de liguilla nunca son a esa hora, sino siempre más temprano (en las mañanas o a las cinco o seis de la tarde). Una vez decidido el horario, se habló con la federación de futbol que aseguró que no programarían un partido a esa hora. Sólo que Salinas Pliego tenía planes distintos, es decir, golpear al IFE y minimizar el debate, por lo cual programó el partido justo a esa hora. De hecho, a cualquier hora que hubiera elegido el IFE hubiera sido programado el partido de futbol. Repito, se trataba de meter una zancadilla al debate y un gol al IFE y, Salinas lo logró.

ESCOLIO III. Especular sobre las motivaciones de Salinas Pliego ya es chisme –aunque no por ser chisme, resulta baladí la especulación: el chisme nunca es superfluo–. En esta reflexión, sin embargo, ni al caso con tal gesto vulgar. Aquí se especula con seriedad y no vamos a prestar oídos a rumores de mal gusto: que si Salinas Pliego se está vengando del IFE porque ya no cobra spots de campaña; que si Salinas Pliego busca congraciarse con el candidato de su oligarquía; que si esto último es más verdad por cuanto una familiar de él es senadora por uno de los partidos que impulsan al llamado candidato puntero. En fin, meros dichos. Pero hay una cosa que no tiene que ver con chismes, sino con hechos –o más bien con tuits–: Ricardo Salinas Pliego ha demostrado ser un hombre autoritario.

ESCOLIO IV. Que Salinas Pliega sea un autoritario, sí implica que tuiteros no lo sean –en el sentido de Salinas Pliego–. Tuiteros –y sociedad– respondimos a la provocación del magnate. Por ejemplo, lo primero que pensé cuando leí en retweet las petulancias del pendenciero, fue en un Salinas Pliego de fines de noventas interpelando a Cuauhtémoc Cárdenas por el caso Stanley; acto seguido, me vino la imagen de este nuevo Salinas Pliego, desdeñador de los eventos políticos de la nación. Ahora entiendo que él no actuó en sendos casos como un ciudadano mexicano, sino como un empresario con derechos extra.

ESCOLIO V. Esta pugna me puso un poco feliz. Demuestra, contra cierta corriente de opinión, que sí hay muchas personas en el país para quienes no todo en política es podredumbre y, también, que hay mucha gente interesada en el tema y con puntos de vista bien antípodas al del pensamiento más reaccionario que en este país se afinca [perdón, acabo de leer una columna de Sergio Sarmiento –me acuso–].

Espero con mucha emoción y con mucha expectativa la transmisión del debate este domingo 6 de mayo. Absolutamente.


John M. Ackerman concluye un artículo muy brillante que le leí esta semana con la siguiente proclama –también en negritas–, sobra decir lo que me provocó, quiero solamente aquí hacerle un poco de coro (por cierto, recomiendo el artículo):

Justicia ya para Regina Martínez, ni una muerte más. En solidaridad con los estudiantes de Michoacán. 

Fuera del tiempo


INTÉRPRETES: Haudebourg / Foulon
COMPOSITOR: Carl Friedrich Abel
MÚSICA: Sonate No. 2 - Andantino



I.             NACIONALISMO Y NACIONALISMOS

A propósito del programa nacionalista de AMLO mencionado en II, quiero comenzar este escrito con una distinción que me parece importante hacer, si bien informalmente ya la he hecho en otras ocasiones. 

Entiendo dos acepciones para el significante nacionalismo; dos acepciones que se utilizan sin distinción en la jerga política y discurso. La primera es proveniente –y heredera– de la concepción colonialista del XIX sobre la que se funda la idea de estado-nación. Sobre esta acepción –y su significante–, vierte toda su ideología el primer capitalismo o capitalismo de la revolución industrial. Es decir, aquel capitalismo que pusiera a las naciones hegemón del período a pelear las guerras mundiales en pro de la repartición de recursos y que culminara con los fascismos alemán, yanqui y soviético (más horrores adláteres: Auschwitz, Hiroshima, el Gulag). Uno puede entender el profundo significado de dolor de este significante (“nacionalismo-fascismo”) para la sociedad europea de la posguerra por razones obvias. Es un saber histórico corriente. Es razonable la aversión que nos causa este nacionalismo.

La otra acepción es más nueva e independiente del nacionalismo europeo o relativamente independiente. Es el nacionalismo de las naciones latinoamericanas fundado en el derecho de las mismas a la preservación soberana de la administración de sus recursos en respuesta a la rapacidad de naciones extranjeras querientes también de esos recursos. De modo que, cuando en II hable del nacionalismo propugnado por el programa obradorista –y aun tibio para mis deseos–, es claro que ubico a este nacionalismo en el de la última acepción; coincidente, por cierto, con el mismo nacionalismo adoptado recientemente por las naciones de la UNASUR o con el nacionalismo que llevó a Kirchner a la nacionalización de petrolera de YPF, etcétera.

Ahora bien, toda esta situación es paradojal si tomamos en cuenta que el segundo capitalismo o capitalismo neoliberal, tiene en el término “globalización” el significante más representativo de la ideología dominante de nuestro tiempo, la idea de una globalización de las costumbres, el comercio, la cultura, etc., cuyo objetivo no declarado es la destrucción de las identidades nacionales. ¡Claro!, invocando, para su destrucción –en los signos–, al primer significante referido; aunque destruyendo –en los hechos– los nacionalismos del segundo significante.

Si bien la experiencia del nacionalismo europeo nos alerta sobre sus consecuencias nefastas (la barbarie en los gobiernos totalitarios), es necesario comprender, como he intentado hacer en el texto y en otras entradas, que el origen de los nacionalismos latinoamericanos es de otra naturaleza y, en muchos casos, de defensa ante los nacionalismos europeos y patrioterismos de naciones norteñas. Por supuesto, esto no excluye el eventual caso en que este nacionalismo pudiera desembocar en un totalitarismo indeseable; siempre está latente dicha posibilidad.

Justo, tener esto presente es parte de lo que nos pueda inocular contra su perversión.


II.           “LOS NIÑOS INCÓMODOS” (EL EMPRESARIADO, QUE ES LA MADRE EN EL POEMA DE MANUEL ACUÑA)

Al margen de que este vídeo haya sido hecho con el apoyo de Alberto Bailleres, la Universidad Anáhuac, el Consejo de la Comunicación o Fundación Televisa, la verdad es que no se necesita de gran perspicacia para detectar sus fines aviesos o, pensando indulgentemente, los estrabismos político y el pensamiento maniqueo de sus patrocinadores. Es más, uno primero lo ve y, luego, infiere su origen; y no que uno sepa su origen y, después, infiera sus fines.


Diré lo que pienso.

Pienso que este vídeo desalienta el activismo político; es el clásico mensaje proveniente de un cierto sector que supone como premisa una contradicción (al menos, para el fin que anuncia perseguir): que este mal hado que pareciera verterse sobre nuestra sociedad dependiera en forma exclusiva de la clase política o, en fin, de los dirigentes de gobierno. Pero esto no es verdad. La verdad es que esas mismas personas que difunden este tipo de mensajes de cariz y pretensión subversivos, son las mismas que a través de los medios electrónicos construyen y convalidan una realidad para el grueso poblacional a la que pomposamente llaman opinión pública (fabricar el consenso, diría Chomsky) y que se encargan de ideologizar las mentes y costumbres de los mexicanos, a fin de que estos mexicanos –nosotros– nos sometamos al tren de vida insalubre en que tales empresarios y tecnócratas tienen sumida a parte importante de la población desde que se adoptara el esquema neoliberal y saciarse ellos, zamparse el pastel solos (darle en ganga Telmex a Slim, la venta de ferrocarriles nacionales, malbaratar LyFC, semiprivatizar PEMEX, y esa lista interminable que pareciera ser mi padrenuestro).

Pero una cosa es señalar a los bandidos y otra cosa es victimizarnos. Sigo pensando que, en todo caso, los mexicanos somos responsables de nuestra tragedia nacional. Es verdad que el país está plagado de dirigentes corruptos, apátridas y entreguistas de nuestros recursos; o de hombres de negocios que disponen del control del dinero, de compadrazgos, prebendas y facilidades, de un acceso irrestricto a los medios electrónicos para la propagación de la ideología dominante que ellos encomian, y que a ellos favorece, etc. Pero esto no sería posible, si no fuera por la indolencia y el desentendimiento que el grueso de la población muestra hacia estos eventos. Para que haya una clase dominante o grupo, se precisa de una clase dominada.

Sin concederlo absolutamente, si acaso es posible aceptar que la clase dominada goce de mayores indultos para su expiación, pero no más. Es más, ha habido durante los últimos veinticinco años cuatro momentos importantes (al menos) de unidad social inaprovechados:

  • El fraude electoral de 1988.
  • El movimiento zapatista o EZLN (con todo y que hoy, para mí, ese movimiento carece de dirección).
  • El fraude electoral de 2006.
  • El Movimiento por la Paz articulado durante este sexenio en respuesta a la hecatombe calderonista.


Ahora bien, aun cuando en todo momento, un pueblo tiene el inalienable derecho –el deber, yo diría– de vindicar sus causas, la verdad es que no me parece que este vídeo tienda hacia ese fin. Claramente, es un intento por hacer desistir del voto y de la participación política a los ciudadanos. El mensaje implícito es: “los políticos son una bazofia, han hecho a esta nación a su imagen y semejanza (como si en verdad la hicieran –yo digo–), por ende y como lo muestran los hechos, el desencanto sobre la vida en la polis no es para menos”, aunque curiosamente –vuelvo a decir– terminan solicitándoles (a los candidatos), por favor, que se encarguen del futuro de nuestro país. Juro que así es. Por supuesto, en todo este show los ciudadanos no revisten el rol que supuestamente representan. No figuran. Son sólo las víctimas, los buenos (porque, además, trabajan dócilmente en su rol de asalariados: 10 horas, aunque digan 8; apostando en la Bolsa sus ahorros vías las AFORES; viviendo obedientemente en estas casitas de 60 x 60 sobre un territorio nacional del orden de los millones de kilómetros; y ya ni decir de la criatura outsider amante de la ciencia o del arte: a largarte fueras a buscar un postgrado en una escuela nice porque aquí no alcanzan los centavos para invertir en esas cosas (los tecnócratas, amantes de la tecnología, pero que no invierten ni un céntimo en ciencia o en su desarrollo)), decía, los buenos esclavizados a la maldad del político. Claro, y en medio de esta relación (me acordé del “Nocturno a Rosario”), la cara del empresario –como un Dios–, avasallando, por un lado, al asalariado con el fuete de los créditos, la ilusión de la comodidad y el prestigio, el acceso a las TIC´S como candil y, por el otro, transando con la clase política para que ésta legisle o gobierne en defensa de sus intereses versus los intereses del primero (esto es, propiamente, la globalización neoliberal).

En fin, me gustaría hacer el análisis concienzudo de escenas focalizadas en el vídeo, pero a falta de un conocimiento semiótico efectivo, desisto del intento. Aunque hay algo que sí diré sobre la escena de apertura. Ver empezar este vídeo con esa oposición entre el hombre de clase media, el oficinista asalariado y trabajador –aunque fume– y el delincuente, ese malhechor que pareciera salir de alguna crónica policíaca, es de vértigo. No comprendo un reduccionismo tal. Como si los elementos que componen a esta sociedad se hallaran en conjuntos ajenos; como si estuviera el buen asalariado, el señor de familia en un grupo y, en otro, lejos, el narco o el delincuente; cuando, decididamente, el surgimiento en extremo de la clase delincuencial en México y de los llamados cárteles de la droga, responde a esa mezcla explosiva que resulta de poner en un mismo cocktail, capitalismo neoliberal, clases dirigentes corruptas, empresariado rapaz y ciudadanía con baja participación política (y habría que añadir que la baja participación política de dicha ciudadanía responde a determinaciones históricas fáciles de rastrear, caracterizar y comprender en sus consecuencias). 

Pero aún no he terminado. Desmitifiquemos ahora, con un caso reciente, las mistificaciones de estos sujetos.

Recién tuvimos a un candidato de izquierdas que puso en peligro el statu quo de estos empresarios oligarcas. Con independencia del grado de nuestro involucramiento en la vida política y de nuestras preferencias, pienso que toda persona honesta admitirá conmigo que las elecciones de 2006 constituyeron un fraude de facto. Muchas personas seguro recuerdan el uso de la maquinaria mediática para desprestigiarlo; toda esa imbecilidad en el eslogan “López Obrador es un peligro para México”, la comparación con Hitler y, en el mejor de los casos, con Chávez (ojalá). Se hizo también campaña para desalentar la acción del voto; la creación de los partidos chicos para hurto de la población y con los sempiternos propósitos de despolitización/desideologización propios de nuestro tiempo (una Patricia Mercado con su dogma de la tolerancia o su fraseología sin propuestas, por ejemplo). Pues bueno, los patrocinadores de este spot, que con rigor patriótico y suficiencia moral hacen un llamado, hoy, a los candidatos presidenciales en las voces de niños inocentes e incómodos, resultan ser exactamente los mismos que, como Emilio Carrillo Gamboa se apresurara a escribir, tuviesen conocimiento del triunfo de Calderón, antes del término del conteo, en las Elecciones de 2006.

Me voy a permitir hacer algo que nunca me había querido permitir hacer en estos seis años de afrenta e inmoralidad (por honradez intelectual, digamos), voy a transcribir dicha carta:

Está dirigida al Consejo Mexicano de Hombres de Negocios y fechada con fecha 5 de julio de 2006.

A TODOS LOS MIEMBROS DEL CONSEJO*

Muy estimado y fino amigo:

Seguramente varios de ustedes han visto en Internet o recibido noticias de que el cómputo electoral se ha iniciado y que el PRD tiene mayor número de votos que el PAN.

A las 17:00, con el 69.01% de las casillas computadas, las cifras son 36.81%  para el Lic. López Obrador y 34.64% para el Lic. Calderón.

La razón de esto consiste –según nos ha informado el Lic. Beltrán que ustedes conocen porque nos ha hecho las encuestas para el Consejo– es que el PRD está siguiendo la estrategia de aprobar rápidamente las actas de las casillas en donde la votación le favorece y retrasar la aprobación de las casillas en las que el PAN resultó triunfador, dado que como ustedes saben, en los Comités Distritales asisten con voz pero sin voto los representantes de los partidos políticos.

Sin embargo, el Dr. Beltrán informa que el resultado final será el ya conocido, en donde el Lic. Calderón resultará con un mayor número de votos que el Lic. López Obrador, en una cifra similar a la que se ha venido difundiendo en días pasados en los medios. Todo está bajo control.

Atentamente
Secretario Ejecutivo

c. c. Gastón Azcárraga Andrade Presidente
c. c. Lic. Don Agustín Santamarina Consejero Especial

Por supuesto, esta vez están actuando en esa misma dirección, pero con más tiento. Ahora le apostarán más a ver los votos repartidos entre la apatía y hacer crecer las filas de pasotas –y menos a sus descaradas campañas propagandísticas cargadas de injurias–, antes que permitir el ascenso al poder a un gobernante con intenciones hacia una renacionalización de la economía (a fin de cuentas, lo que más temen).

Ya pasaron seis años y estamos vísperas a otra elección. Los sucesos y circunstancias, sin embargo, son radicalmente distintos en los hechos. Si bien Fox le allanó el camino a Calderón para vivir lo que estamos viviendo, ha sido en el sexenio de este hombre verdaderamente oligofrénico, cuando se han hecho efectivas todas estas corrientes neoliberales/neoconservadoras y, entonces, se ha legislado no sólo para seguir vendiendo patria a inversionistas privados, sino para hacer de este país un lugar de privilegios y retrocesos (el cambio en la redacción del art. 24 constitucional, por ejemplo). Pero lo más grave, sigue siendo la patraña del combate al narco, las diarias muertes, los más de cien mil muertos que reporta EUA, etc.).

Querría hacer algunas últimas reflexiones sobre este tema a título personal:

1) No basta con la revisión exprés de las propuestas de los candidatos. Tal revisión debe incluir algún conocimiento de la historia que nos precede. Que votar no se vuelva un hecho de coyuntura de cada seis años. Declino ser ciudadana de coyuntura; una ciudadana sexenal –cual la liberal democracia nos dicta–.
2) Yo no sé si como mucha gente supone en las redes –y supone mal, en mi opinión– haya gente que vaya a votar por el menos malo. Si alguna gente está en esta situación, allá ellos, decididamente no es mi caso. Si promuevo el voto razonado es porque mi voto es razonado y, por supuesto, si se diera el caso, podría cambiar de decisión (para sólo decantarme por la anulación porque ni EPN, ni JVM y, mucho menos el señor Quadri se acercan a mi concepción de lo que es gobierno; EPN y Quadri carecen de ideología y, la de JVM me es ajena).
3) No sé por quién vaya a votar la gente. Personalmente, mi invitación es a votar y, particularmente, a ejercer un voto razonado. Entiendo que la opción de ir a la casilla a anular tiene sus ventajas, pero se trata de un grupo tan débil, que esta opción antes de hacer un bien, me parece pueda hacer un mal. No sé. Por otra parte, el anulacionista es, por lo general, del tipo pasota. De acuerdo, anulamos, ¿y luego?, ¿también nos vamos a Huelga General para, verdaderamente, tirar al sistema?, ¿renunciamos a nuestras tarjetas de débito?, ¿o cómo? Me parece pueril pensar –es como una ilusión que nos contamos– que no votando o anulando le hacemos daño al sistema de elecciones.

Finalmente, como en este blog me he permitido manifestar una postura crítica, pero siempre aderezada con algún elemento constructivo (a fin de despistar al enemigo y nada más), dejo este documental a modo de antídoto –o vacuna– contra los archimencionados “niños incómodos”.


*López Obrador, A. M., La mafia nos robó la presidencia, Ed. Grijalbo, México, 2007 (Pág. 224).

De un correo

Comparto un correo que envié hace unos días a mis contactos:

Pues bueno, ya vi que los últimos vídeos que recién envié son propaganda negra hecha, en un caso, por el PAN en contra del PRI; y, en el otro, por el PRI en contra del PAN. Me arrepiento un poco de enterarme apenas de esto, puesto que no me serviría de la propaganda que ellos mismos hacen para solicitar a pensar el voto. Al final, cuando se trata de legislar -muy frecuentemente en contra del bienestar social de los mexicanos-, estos partidos, lo mismo que algún núcleo perredista, se han mancomunado para tal fin. Últimamente, estoy bastante menos embebida en la política de lo que quisiera; y esto me causa gran pesar porque estamos a un par de meses de los comicios. Ojalá pueda más o menos mantenerme informada; es colosal el flujo de información y el tiempo que debe uno destinar para revisar y seleccionar.

Por lo pronto, reenvío este vídeo que, aunque rebosante en faltas de ortografía (qué bueno que éste no sea un criterio de selección y filtro de información para quienes, a pesar de amar los formalismos, sepan distinguir forma de fondo), exhibe también hechos ciertos. Por cierto, las inferencias, sobre la base de estos mismos hechos, al final del vídeo puede ser que no constituyan la mejor forma de su redacción para espíritus muy científicos -concuerdo con ello-; pero, de verdad, esto no les quita ni un ápice de veracidad: es cierto que Josefina Vázquez Mota, por ejemplo, formó parte de las negociaciones que culminaran en 2006 con el fraude de las elecciones (un fraude en regla, en mi opinión).

AQUÍ el vídeo

Fin del correo.

De un soneto

Cuelgo aquí este soneto que conocí gracias a Sandra Lorenzano. En primer lugar, sintonizándola en En busca del cuento perdido; y ahora, otra vez, que lo ha colgado en su blog.

Esto es amor

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño

creer que un cielo en un infierno cabe
dar la vida y el alma a un desengaño,
Esto es Amor; quien lo probó, lo sabe.

Lope de Vega

Sobre la visita

Siempre he sido indolente al tema religioso; desde muy chica di por descontada en mi explicación del mundo la superfluidad de una entidad creadora dotada de cualidades divinas. No por una convicción filosófica, ni nada, sino por una tendencia natural a la sencillez en las explicaciones. Lo divino se relaciona con un ideal humano bastante más que con cualquier otra cosa. Podemos si queremos, llamar divino a manifestaciones cuya existencia a priori hemos postulado, aun si, en realidad, no sepamos nada de ellas. No está nada mal postular la posibilidad de estas instancias, lo que sí me parece obtuso y obsesivo es aferrarse a ellas y la atribución a priori de cualidades a las mismas. Vivimos en una época en que ya no es posible negar realidades para nosotros incomprensibles y, aun, inaccesibles. Sin embargo, hay quienes niegan esta misma imposibilidad a la hora de dar por cierto explicaciones sobre esas mismas realidades, aunque* sobre la base de meras especulaciones (es decir, como si la inaccesibilidad lo fuera y no lo fuera; se transmutara). Como tejer en el vacío. Por supuesto, y como ya he dicho en otras entradas, no veo nada malo con tejer en el vacío; la poesía, por ejemplo, me parece un abismo espectacular –o la matemática– (y ella es sólo un caso de los muchos que he encontrado en mi paso por el mundo). Quiero decir, hay en el mundo, en nuestra realidad física razones suficientes –y numerosas–, para ocupar en ellas nuestras energías, nuestros pensamientos, nuestros denuedos, lo mejor de nosotros y lo no mejor. Pero, y aun cuando personalmente me he dejado poseer por la disposición de la fe en no pocos momentos de mi vida (bastante bajo la influencia de personas queridas), nunca he encontrado en tal disposición la satisfacción de nada. No sé si esté yo hueca o qué, pero francamente, no conozco el éxtasis religioso, ni la certeza, ni nada.  

Así explicado, digo que me resulta bien difícil comprender el fanatismo religioso y considero que es solamente un caso de un tipo de carencias psicológicas de orden más general; cruzándose allí, y brotando, honduras sociológicas y otras complejidades.

En  mi caso, por cierto, además de hacer esta aseveración a título personal, quiero decir que sé que hacerla no me coloca en un nivel intelectual por encima de los que sí creen; no los miro debajo de mi hombro; no hay un aire de superioridad aquí. Quizá el ateísmo no es menos una carencia que su contrario, el teísmo, y, si he vuelto al tema en esta ocasión, no es tanto para confesar nueva cuenta cuán ajeno me es, como para lamentar aquí, rumiar, el coraje que me da ver cómo se trata de un lastre social más para nosotros.

Ya he hecho la distinción. Una cosa es hablar de la visita del Papa desde el tema de la creencia y la fe; otro asunto es centrarse en las connotaciones políticas del evento. Claramente, dichas connotaciones no explican nada que no sepamos ya del utilitarismo en la derecha mexicana. Un utilitarismo nada conservador e –ironía– bastante liberal más bien (un juego de palabras en las palabras).     

Pocas personas comentan este espacio, aunque lo hacen con cierta regularidad y lo agradezco; quizá este post no lo escribo tanto para reflexionar con ellas. Lo escribo para quienes por casualidad dan con este sitio por vez primera. Ojalá se sepa separar esta visita (la cosa de Dios, del temor, de la ascesis autodestructiva, de la fe –etcétera–), de la cosa política. No entiendo fuera del texto cristiano, por ejemplo, la interlocución que Javier Sicilia ha intentado establecer con la Santa sede a propósito de las muertes. Entiendo y respeto –aunque con trabajos– la mansedumbre en Javier Sicilia (esa virtud cristiana), pero, y aun cuando sepamos que, de facto, esta visita tiene resonancias políticas, no deberíamos nosotros ser tan pragmáticos –tan utilitaristas como ellos– y, entonces, tener gestos políticos con estos visitantes; es la forma implícita de al menos reconocer (sin rechazar) que esto deba ser así. Es romper con el laicismo de que tanto se presume en este país. Tampoco comprendo la visita de Andrés Manuel al lugar en tanto maniobra política. ¿Cuándo entenderemos que lo político cobra importancia en otras dimensiones de nuestras vidas? No hay actos inocentes políticos. Lo político trasciende su propio ámbito porque, de hecho, se interseca con otros.

La falacia en todo este asunto radica en hacer marketing con la visita apelando a la fe de las personas cuando realmente es una movida política por parte del Estado Vaticano (y del Estado mexicano). No hay en esta visita una motivación religiosa estrictamente.

Voy a ser porfiada, explícita y puntual. Cuando el Estado Vaticano viene de visita a este país, ¿lo hace en nombre de los intereses de Dios?, ¿cómo y quién se encarga de definir tales intereses? ¿No, acaso, lo que hay en el fondo de todo esto son siempre nuestros intereses? Los de quienes atribuyen cualidades a Dios y un orden moral, un modo de ser –de actuar, de sentir, de hablar incluso–, un deber a que debemos ceñirnos porque éste es revelador de ese Dios y sintomático de él (¿y cómo lo sabemos?) y, por esto mismo, los de quienes persiguen un fin político en nombre de dicho Dios en esta visita.

* Quizás el “aunque” está demás, pero me ayuda a dar más énfasis a lo que deseo decir.

Contra la tristeza

Somos esclavos de la necesidad. No hay nada.

Confieso compartir la idea de nulidad, del sinsentido, de la pura necesidad que a intervalos nos flagela con la ficción del propósito, del por algo pasar todo. Curiosamente, viendo recién este vídeo de Žižek, pareciera él expresar con pasión una postura que comparto. A instancias de esa certeza –la de la nada, la de la falta de propósito– es que es posible acuñar algún propósito y sostenerlo; enarbolarlo con furia, casi con rabia.


Luego, rechazo con esa misma flema el recurso a la disyuntiva. No es esa incomprensión o la soledad; no es ella o la atracción del cese –darte un balazo en la sien, por ejemplo–; no es ella o el desvarío, o la impostura del optimismo, o la de la plenitud. Como si por comprender el sinsentido, estuviera uno condenado a la insensibilidad. Qué estupidez. Estamos que nos caemos de arquetipos.

Mini apunte sobre la razón

Sin infravalorar el móvil de la convicción, la verdad es que hay algo de cierto en suponer que quienes con ahínco condenamos a la mierda de dirigentes, hacemos ostensión de algún despotismo del espíritu. Aunque combatir dicha disposición no nos haría menos cómplice de ella, sino más. [No se combate algo o deja de hacerse nada más por pura complicidad o sentido de pertenencia. Es cierto que con cada acto, es indisociable una reivindicación del yo, pero hay quienes también actúan desde la razón y quizá por eso mismo incomprender la afirmación postmoderna de la supremacía de la afectividad sobre aquélla; paradójicamente, quienes esto aceptan no lo hacen menos con la razón que con el sentimiento. Vuelvo a lo mismo. La razón no es una invención, sino una adaptación biológica humana progresiva. Suponiendo que fuera una invención de la polis griega, sus inventores –primero– tuvieron que contar con dicha adaptación (conocerla) para luego proclamarla (teorizar sobre ella, postular el silogismo, axiomatizar la geometría por el método deductivo, descubrir el método etc.). La razón no es una invención. La razón es un descubrimiento. Tal vez estemos previos al momento de una nueva síntesis y ponderar –con justicia– el valor, tanto de la razón como de los sentimientos, en nuestros desempeños].

Break de palabras con música

INTÉRPRETE: Chavela Vargas / Jimena Giménez Cacho en el chelo
Canción: Un mundo raro
ÁLBUM: ¡Por mi culpa!


 *Parece que la solución a la publicación en Eleutheria, pasa por cambiar de esta vieja interfaz a las nuevas que proporciona Blogspot; no querría, pero quizá sí suceda. He visto que a más de un mes de los problemas técnicos, algunos ya han cedido (quizá por el cambio de navegador y eso).

Contra el poema

El poema como órgano o vehículo, a veces se me antoja una cárcel. La poesía es, en cambio, informe y no condicionada. La poesía no precisa del poema, éste le es prescindible.

Fascinación

“Su fascinación ante el lenguaje es de orden intelectual: es el instrumento más perfecto para producir significados y, asimismo, para destruirlos.”

O.P. sobre M. D. en el ensayo “El C. de la P.”

Espero pronto

Espero pronto poder volver a escribir con la antigua frecuencia aquí en el blog. En verdad, no pienso abandonar nunca la escritura mientras se pueda.

Últimamente he tenido diversos problemas para publicar en Blogspot, cuya lista –tan exhaustiva– obsta a ser mencionada con esta entrada (justamente, como parte de los problemas técnicos).

Más o menos mentalmente he dado forma a varias entradas, pero se han quedado allí, fragmentos sueltos, algunos incluso escritos en libretas formando un todo inconexo. Afortunadamente, suelen girar mis apreciaciones alrededor de temas de carácter tan general, que no es difícil luego hacerlas embonar como parte de otras.

Algunas cosas de que he querido comentar:

* El asunto de la gente en la Tarahumara y el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés Larráinzar, acuerdos, éstos, que dan auténtica solución al problema, pero que también vulneran el orden capitalista de expolio sobre tierras y recursos, cuya efectividad, por ende, parece más bien ser parte de la nostalgia –o el folclore– en el problema indígena y no una maniobra necesaria en la praxis jurídica en aras del reconocimiento constitucional de la autonomía de estos pueblos sobre sus tierras (de veras es una tontería hacer mención sobre lo obvio). Donar cobijas, medicina, alimentos, etcétera, es sin duda un gesto bienintencionado, pero un gesto paliativo al fin y al cabo. Desde mi punto de vista, debe exigirse se haga efectiva la firma de estos acuerdos; debe estar la discusión de los mismos en la agenda de los precandidatos a la presidencia de la república (me parece que Andrés Manuel se ha comprometido públicamente a hacerlos cumplir; desconozco de los otros).

* Suma perplejidad ante el previo del arranque a las campañas. Perplejidad frente a la estupidez (espero con ansia un lance de interés por parte de la izquierda obradorista: lo mío de interesarme por la política es un asunto de frivolidad, de hobbie para mis horas muertas).

* Molesta por la carta de Obrador a Biden debido a un punto y quizá sólo a ése: la referencia al TLCAN como acuerdo de cooperación entre ambas naciones ––¿qué?––. Incluso la política de buena vecindad de Roosevelt durante la segunda guerra, coincidente con el período cardenista, me parece más bien parte de una estrategia en períodos de guerra –en aras de la victoria– (lo cual no niega que Roosevelt no haya sido la escoria que, por ejemplo, Truman sí fue) y no un momento digno de ser recordado como de buenas relaciones entre ambas naciones. Yo sí pienso que para el gobierno del país yanqui, la política es un juego de estrategia con fines focalizados evidentísimos. Con diplomacias y términos nice no creo se puedan arreglar negociaciones si bien, comprendo, es parte de ese formalismo imposible de pasar por alto en las relaciones de gobierno de índole supranacional. Finalmente, la firma del TLCAN es parte de la política económica aplicada en México desde 1983, mencionada en la carta, cuyo resultado es el empobrecimiento de las mayorías en beneficio de una minoría oligárquica.

* De algunas lecturas que he hecho.

* Mi apoteosis de Lars von Trier’s Melancholia y una chanza –en contraste– sobre La Piel que Habito [cuyo título es lo mejor en la cinta (ah, y un Antonio Banderas ya con el estómago saliente, quiero decir, el estómago saliente de Antonio Banderas como curiosidad)].

* Los clips musicales que, por asunto de los problemas técnicos, me ha sido particularmente difícil subir.

* Ir dando seguimiento al clima preelectoral en la República Bolivariana. Ver si se logra el refrendo de Hugo Chávez para el 7 de octubre próximo frente a las insidias de la ultraderecha (que, por lo regular, incluye a la clase media venezolana).

* Algún comentario en relación al problema* en Oriente Medio, epítome de todos los problemas del orden mundial vigente.

* Subir vídeos.

* Otros temas de mi interés.

Desde que inicié a escribir en este blog, fue más por acicate ideológico que por necesidad de exorcizar demonios y estas cosas. A pesar de todo, si alguna vez he plasmado aquí una metáfora –alguna– de un sentir interno, ha sido, más, un acto literario que una tentativa de espíritu histriónico (eso es lo que me faltó ser a mí). Al paso del tiempo una se va haciendo de un determinado conjunto de certezas necesarias para 1) Vivir fuera de uno, o sea, con los demás y 2) Dentro de uno, es decir, con los propios pensamientos. En ese vaivén, yo he podido –humildemente– detectar, y luego reconocer, una realidad propia: si hay algo transgresor dentro mi orden, eso se llama la cotidianidad, la suma armónica de todos los segundos en que no me ha hecho falta el consumible aire. En todo caso, ¿no se sabe ya cuán inútil es proferir lo inefable? 

En cuanto las dificultades técnicas cesen, espero reanudar a escribir.

*Que, como ya dijeran analistas, es más una construcción propagandística de la tríada imperial para su provecho que otra cosa. 

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