Un hallazgo a propósito de Poe

Acabo de comprar una edición, hermosa, en pasta dura, de todos los cuentos de Edgar Allan Poe. La edición la compré por casualidad porque me la sugirió Amazon y la compré porque estamos organizando un club de lectura semanal con mi familia. La idea era iniciar con textos de Poe porque la literatura gótica nos gusta a todos y porque son más o menos ágiles de leer. La edición, supuestamente, data de 2009 —y en realidad lo creo, porque viene acompañada por un prólogo muy hermoso de Carlos Fuentes que solo pudo haber sido escrito en esa época por él, puesto que Carlos Fuentes murió en 2012—, además, la edición viene comentada, es decir, cada cuento está acompañado del comentario de algún escritor que lo introduce. Hasta el momento, conforme voy avanzando en cada cuento —para releerlo o leerlo por primera vez—, voy leyendo algunos de los textos introductorios, si bien no me enganchan del todo —por fortuna, mi texto favorito tiene una introducción soberbia y, de hecho, sospecho que en ese momento será la única—. Sin embargo, no me contento con ir solo leyendo las introducciones a los cuentos leídos, sino que luego me da por curiosear y me pongo a leer algunas líneas de los otros textos introductorios. Así que, en este lance que es ir leyendo y releyendo un poco por aquí, caigo con un texto introductorio atribuido a una supuesta escritora chilena de nombre Andrea Maturana, en el que está plagiando multitud de textos míos. Multitud de frases, ideas, palabras, lenguaje, etcétera, y todo en la tónica de los plagios y el acoso que he estado denunciando. Me doy cuenta de inmediato de que se trata de una artimaña más de la gente que se dedica a plagiar mis letras e invisibilizar mi obra —robarla para decirlo textualmente— y me da profunda tristeza descubrir hasta qué punto el grupo cultural que se dedica a acosarme y plagiar mi trabajo tiene control sobre las editoriales y la producción cultural al nivel, al menos, de las letras que se producen en Hispanoamérica. Me doy cuenta que este grupo es poderoso, como ya lo he denunciado, y que no van a cejar en seguir apropiándose de mis letras a como dé lugar. Me pregunto, al ver que se trata, supuestamente, de la segunda edición del texto (la cual, extrañamente, fue publicada dos meses después de la primera, de enero a marzo ¿?) cómo habrán hecho para lograr publicar un tiraje que por supuesto fue impreso muchos años después —y no en 2009—, atribuirle una fecha anterior, y que nadie se dé cuenta. Incluso la "escritora" en "sus" "textos" alude a eventos de mi vida personal. ¿Cómo logran esto y por qué lo hacen? Logran esto a través del espionaje cibernético que hacen de todos mis dispositivos electrónicos, de manera que las charlas familiares, privadas, que he tenido, han podido rastrearlas y, a partir de ello, han podido incorporar fragmentos de mi vida personal en sus hipócritas mentiras con la intención de acosarme, no ya, nada más, de plagiarme. La intención, por lo tanto, como ya dije, es simplemente joderme. Es, simplemente, acosarme.

¿Quién estará involucrado en este tipo de maniobras y movimientos? ¿Quién se presta a que se publique un tiraje posterior en el tiempo, en el cual se incluye el texto de Andrea Maturana en donde se plagian cientos de textos míos, permitiendo que se alteren las fechas de publicación? ¿Hay forma de controlar este tipo de actos? ¿Quién hace inventario a las editoriales? Es obvio que dicho texto no fue escrito en 2009, sino muchos años después y es obvio que quien lo está introduciendo lo está introduciendo en esa edición antigua sin aclarar que se trata de un tiraje posterior. El texto, incluso, pudo haber sido escrito en 2009 y rehecho por completo ya con los plagios. La respuesta, por supuesto, no la conozco y no sé quién, o quiénes, se estarán prestando a este tipo de porquerías, pero lo que sí sé, y alcanzo a deducir, es que este grupo cultural al que denomino la derecha latinoamericana —o al que identifico con dicho grupo—, se dedica cada vez con más ahínco a este tipo de prácticas de manera que de forma más o menos consuetudinaria, al menos en relación con mis escritos, están prestándose a este tipo de maniobras. No es difícil deducirlo, ni se necesita ser un genio para visualizar cómo operan. No es una conspiración tampoco, o no en el sentido en que los censuradores de este tipo de teorías lo pintan. Es algo más simple. Es simplemente una red de conocidos, de amigos y colegas y miembros de la industria editorial, que se piden favores, que cooperan y que colaboran mutuamente para lograr sus hazañas. Así, tienen a traductores, editores, piezas clave en las universidades para ambas cosas; por un lado, falsificar las ediciones, modificarlas o adulterarlas, después de haber sido publicadas [o, en algunos casos, como en los casos de algunas de las personas que ya he mencionado, publicarlas por completo nuevas, adjudicándoles fechas de publicación mucho muy anteriores, de manera que se 'escriba' y se publique un libro en 2020, por ejemplo por algunos de los ghostwriters que contratan, pero poniéndole fecha de publicación 2005, por citar un ejemplo, y plagiando la obra de un tercero desconocido que la haya producido antes de 2020 (mucho antes en realidad)], y, por el otro, dar publicidad a dichas obras y dichos escritores en los circuitos culturales que ellos, de por sí, ya controlan, o que ya tienen bajo su control, para rodearles y coronarles de prestigio. Para legitimarlas. Por eso, no solo colaboran editores y traductores, también colaboran periodistas, críticos culturales y maestros de universidad, pues son quienes, finalmente, en la práctica, dan legitimidad a la obra y la ratifican con su juicio personal. En este sentido descubres que la producción editorial de nuestros días es una basura. Te das cuenta que para ser un escritor en nuestra época tienes que ser, en primer lugar, un corrupto, o un ser completamente hambriento de fama y notoriedad como es el caso de de las variadas plagiarias que he mencionado que está dispuesto a cualquier tipo de trapacerías con tal de hacerse de un renombre. Te das cuenta que esos escritores están dispuestos a todo tipo de servidumbres con tal de publicar; desde admitir malos tratos, vender y prostituir la esencia de su arte —si es que tienen alguno—, plagiar a un tercero, etcétera, hasta —en los casos más bajos—, admitir que otros ghostwriters escriban por ellos y atribuirse una obra. Sin embargo, este quizá sería el menos grave de los delitos que cometen estos grupos de personas corruptas. El más grave en realidad es que utilizan a todo su sistema editorial —escritores, traductores, editoriales, ghostwriters— como una herramienta política, con lo cual se pervierte todo su quehacer. Es decir, llevan a las masas una cultura mediatizada. Y no me refiero a las viejas obras ya producidas, por escritores antiguos, que solo se republican, me refiero a las ediciones más recientes, a lo que se está publicando y que se sigue escribiendo ahora mismo, y cuyo valor literario, por lo tanto, es nulo, o prácticamente nulo.

Por eso, incluso, tuitstars y demás alfiles de la nueva industria cultural, son parte esencial de esta maquinaria hambrienta. Lo controlan todo y lo controlan electrónicamente y pueden lograr que personas como yo, que escribimos prácticamente en la nada o en el desierto de nuestras bitácoras digitales, quedemos para siempre desposeídas de nuestras invenciones, simplemente robándonoslas. Así, mi obra ya no es mi obra, ni mi lenguaje es mi lenguaje. Mi obra y la singularidad de mis letras ya no es una creación mía ni una invención de mi mente que vaya a pasar a la historia (olvidada) de los bloggers como la obra de una blogger más sin pena ni gloria como debió de ocurrir; mi obra, más bien, y todo mi lenguaje, modismos y manías escriturales, va a pasar, a través de la falsificación, a todas estas decenas de “escritoras” que he mencionado (http://la-ciudad-de-eleutheria.blogspot.com/2021/04/adenda-ultimo-post.html) quienes están adjudicándose insinceramente mis letras y a decenas de escritorzuelas más (véase, https://la-ciudad-de-eleutheria.blogspot.com/2019/07/listado-exhaustivo.html) a quienes, supongo, seguirán adjudicándoles mis letras sin ningún tipo de represalia.

Así, mi obra ya no es mi obra ni mi lenguaje ya es mi lenguaje. Mi obra es de todas las otras “escritoras” que he mencionado, quienes aparecen en los grandes escaparates adjudicándose una obra artística que jamás imaginaron. No soy yo quien la ha creado. La crearon otras personas plagiando mis escritos y cambiando simplemente la fecha de publicación a un momento anterior en el tiempo al momento en el que las creé con el fin de autentificarlas.

Sé que lo que estoy contando sonará extraño o inverosímil para algunos, sin embargo, tal y como lo estoy contando es como sucede. No solo he descubierto este caso de esta supuesta escritora chilena, he descubierto todos los casos que ya he denunciado en escritos anteriores a lo largo de este blog y de mi blog en Medium (https://medium.com/@Scarbo__) y he descubierto, también, que otro tanto buscan hacer con artículos académicos que se publican en revistas literarias en los que he descubierto un par de artículos al menos, en los que están fusilándose toda mi propiedad intelectual y todas mis letras y a los cuales se asignan fechas de publicación de, hasta años tan antiguos, como fines de los noventas.

Entonces sí, suena raro y es una desgracia para el mundo editorial, pero es un hecho. La literatura que se produce en la actualidad —salvo tal vez por algunas excepciones—, es una literatura de aparador en donde lo último que cuenta es el valor literario de los libros producidos, en donde prima la corrupción y la mayoría de las publicaciones se dan por amiguismo o por compadrazgos.

Es decir, la literatura de nuestros días, salvo que se publique en blogs o se quede guardada en nuestros diarios personales, no vale la pena, está contaminada, y cuando vale la pena es porque el escritor en consideración apenas si tiene renombre, algunos cuantos tirajes en circulación, o porque su obra es muy difícil de encontrar; con estas nuevas tecnologías, en donde se espía a mansalva a bloggers y escritores desconocidos, como ha sido mi caso, y se puede extraer sus escritos de sus computadoras, es imposible saber si lo que nos llega es una escritura genuina, o una obra producto del odio y de la más corrosiva envidia. Es imposible saber a quién pertenece la imaginación. Al menos, en lo que compete a las grandes editoriales, como es el caso de Mondadori, Alfaguara, Punto de Espuma, y todas las editoriales que, he descubierto, están metidas en este tipo de porquerías.

Sé que es una historia triste e inverosímil, pero tenía que contarla.

Adenda a último post

En esta modificación agregué a Sayak Valencia, a quien no conocía en ese momento. A Sayak Valencia la conocí entre abril y mayo de 2020, así que si tuviera que ser consistente con la relación de hechos que intento plasmar en ese post, no debí haber agregado su nombre, pero, por otra parte —pienso—, es necesario que esté allí su nombre porque es parte de las sujetas plagiarias que está prestándose a la mutilación de mis textos. Los textos de Sayak Valencia los conocí entre abril y mayor de 2020, aproximadamente, y fue en ese momento que me di cuenta que era otra de las sujetas en el grupo de cerdos que están haciendo una porquería con mis escritos*. Así que, cronológicamente, como ya he dicho, no debería de aparecer allí; sin embargo, como ya he dicho también, es necesario que su nombre aparezca en dicho recuento porque es parte integral de los eventos tan desafortunados que estoy contando. Sayak Valencia, como Sara Uribe, es parte de esta corruptela y es inevitable mencionarla. De hecho, es necesario mencionarla. Es necesario mencionarlos a todos. 

*Perdón por ser tan gráfica y utilizar palabras como “cerdos”, pero, en verdad, no hay palabra más exacta para describir lo que esta gente está haciendo.

Y qué imbéciles, porque podrán concretar todo su plagio, podrán engañar a miles de personas con todos los medios que tienen a su alcance y hacerles creer que mis letras les pertenecen a otras cerdas y sinvergüenzas creadoras, como Avelina Lésper, que recibe un peso para convertirse en depositaria de mis letras a través de los ghostwriters que colaboran con ella y hacer creer que mis letras son su posesión, y, sin embargo, tal y como ya anuncié en este escrito, no podrán hacer nada más.

Podrán tomar mis letras, pero no podrán hacer nada más. Podrán acosarme de mil modos, pero no podrán hacer nada más. Podrán falsificar toda mi propiedad intelectual para detraerle su valor aurático, pero no podrán hacer nada más. Podrán atraer a mujeres atolondradas sin estima propia que necesitan del feminismo, pero no podrán hacer nada más. Podrán falsificar las fechas de edición a sus cerdas ediciones, para atribuir mis escritos a escritos supuestamente anteriores a los míos, pero no podrán hacer nada más. Podrán cooptar a editores y traductores, pero no podrán hacer nada más. Podrán contar con toda la industria editorial de su lado, pero no podrán hacer nada más. Podrán cooptar a pseudointelectuales, a pseudoperiodistas, para dar publicidad a sus escritores plagiarios, pero no podrán hacer nada más. Podrán atraer a booktubers ingenuos, pero no podrán hacer nada más. Podrán recurrir a sus círculos de pseudointelectuales y a sus circuitos pseudoculturales para dar legitimidad a sus porquerías, pero no podrán hacer nada más. Podrán hacer lobby y acordar y manipular y modificar a posteriori, pero no podrán hacer nada más. Podrán modificar debajo del agua miles de ediciones, pero no podrán hacer nada más. Podrán modificar la historia entera de la literatura —como me sospecho que ya es su costumbre—, pero no podrán hacer nada más. Podrán engañar a un ingenuo lector que jamás ha leído mis letras y anonadarlo con algún escrito espurio, pero no podrán hacer nada más. Podrán publicar libros falsos, como los de Sayak Valencia y Sara Uribe, publicados entre 2019 y 2021 o 2017, en realidad, pero a los que falsamente atribuirán fechas de hace diez o hasta quince años, para robar mi poesía —la poesía que extrajeron de mi computadora y que jamás publiqué—. Y podrán un mismo poema plagiarlo y atribuírselo simultáneamente a Tania Tagle y a Sayak Valencia, pero no podrán hacer nada más. Así que, sigan plagiando, roben mis letras, sigan acosándome, porque no podrán hacer nada más.

Podrán seguir manteniendo intervenida mi computadora, para seguir robando mi propiedad intelectual, pero no podrán hacer nada más.


Post informativo sobre los plagios y más temas, actualización

El texto lo publiqué el 06 de octubre de 2019, pero hice una modificación importante en un par de párrafos el 15 de marzo de 2021 para explicitar y hacer más claros algunos hechos que había delineado en el escrito en ese momento. Aquí → http://la-ciudad-de-eleutheria.blogspot.com/2019/10/avelina-lesper-y-los-plagios-son-un.html


¿Era legítimo tener miedo a la vacuna antes de su producción?

Sí, era legítimo, porque se hablaba de una nueva tecnología y nosotros no sabíamos nada, tampoco comprendíamos cómo sería posible, sin perjuicios, que esa tecnología se acelerara en diez años y generara una vacuna tan poderosa. Además, cabe admitir, era doblemente legítimo, porque nos bombardearon con toda suerte de información charlatanes, curanderos, católicos sudamericanos, para hacernos desistir de la posibilidad de vacunarnos. Era legítimo también porque teníamos miedo de ser modificados genéticamente. Porque nos decían que, de vacunarnos, ya no tendríamos hijos. Era legítimo, en principio, porque no sabíamos hasta qué punto todo lo que los agoreros nos decían sería la verdad. No, no te vacunes. No, quedarás estéril. No, modificará radicalmente tu genoma humano, decían. Pero luego ya, las aguas se aclararon, se presentó el Dr. Fauci en la universidad y logró explicarnos que la vacuna era segura biológicamente y que el consenso para elaborarla no había implicado ninguna violación a la ética. Fluyó información, asimismo, que explicaba con más detalle en qué consistía la nueva tecnología y esta información era fidedigna. Además, navegamos Internet, seguimos teniendo acceso a todo tipo de información a pesar de la pandemia y logramos comprender que el quehacer científico nos aseguraba que esta vacuna no sería más ni menos segura que ninguna de las vacunas que se han producido los últimos treinta años, digamos. Por eso, ahora, apoltronarse en el lugar de quien cree que vacunarse es rebeldía o representa la comprensión de un conjunto de hechos que los demás no alcanzamos a comprender, simplemente implica negarse a conocer la verdad de la vacuna, determinar de qué está hecha y cómo funciona. Por lo tanto, aunque en un principio fue legítimo y comprensible dudar de la vacuna y tener miedo de ella, a estas alturas resulta impráctico seguir temiéndola y creo que lo mejor, considero yo, por dicha causa, debe ser entregarse a averiguar sobre la vacuna y asegurarse en verdad si va a modificar nuestro genoma y va a hacernos pedazos como se nos anuncia. Hacer de lado la ideología en esta empresa, el odio al globalismo, el miedo, la tirria a los emporios empresariales y, en resumen, determinar con toda libertad y conocimiento si es inseguro vacunarnos, como nos aconsejan o si, más bien, no hacerlo, es lo que nos puede perjudicar realmente. Pienso que, en último término, el criterio de evaluación para decidirnos al respecto debe de ser el siguiente:

 ¿cuáles son los riesgos que enfrentaríamos al no vacunarnos y cuáles son los riesgos que implicaría vacunarnos? ¿Es más riesgoso vacunarnos o es más riesgoso exponernos al virus sin estar inmunizados?

Es un análisis de riesgos muy sencillo que además implica tomar en cuenta el impacto social que puede significar no haber recibido la vacuna.

Así pues, conmino a quien lee este texto a que se informe por sí mismo y tome la decisión.

Las chicas del #MeToo mexicano que mencionas, no son feministas, son psicópatas. Lo digo yo que sé que hackearon toda mi computadora y mis dos tesis de grado para construir la propaganda mediática que distribuyen por sus perfiles falsos en Twitter con la única intención de detentar poder político. Estas mujeres están liadas a la derecha mexicana y a la derecha latinoamericana, más generalmente. Son mujeres que trabajan para el psicópata cultural Enrique Krauze con la única intención de globalizar esta agenda y sujetarla a nuestro país, ojalá les importaran las mujeres o los oprimidos, pero no les importan, los odian, en realidad. Por otra parte, no dudo que haya mujeres que de manera legítima crean en un movimiento tan desgarbado en sus fines y tan metodológicamente endeble, como es el feminismo, sin embargo, esas mujeres no tienen voz ni son las mujeres que trabajan para Krauze y difunden patrañas en Twitter espiando y plagiando a otra mujer, esas mujeres, más bien, son las mujeres pobres y desclasadas a las que las define mucho más el hambre que lo que las pueda definir un accidente biológico como es el tener útero o no tenerlo. Esas mujeres no tienen ni recursos intelectuales ni tiempo para construir discursos simbólicos vacíos de contenido con la única intención de victimizarse, golpetear a gobiernos de izquierda o causar disrupción política en nuestros países. El feminismo es la gran argamasa político-propagandística que se ha construido el liberalismo occidental los últimos diez años para desideologizar a las masas y a las clases populares. Cualquiera que aspire a una comprensión seria de la historia debería saber que este constructo finisecular llamada feminismo de cuarta o tercera ola –neofeminismo, como a mí me gusta llamarlo– atenta contras los más básicos principios de la libertad del hombre y que, en realidad, este neofeminismo no hace sino agudizar las diferencias de clase que nos atraviesan al exacerbar todas nuestras apetencias individualistas. Pocas cosas pueden ser tan alienantes como ser feminista. Aunque, por supuesto, si somos narcisistas pasivos, igual y la etiqueta nos viene bien y satisface todas nuestras apetencias relativas a nuestras necesidades más hondas de atención, las superficiales y las no tanto, en donde una simple cantidad ingente de retuits nos hace sentir menos solas, o menos insignificantes.


Por último, las feministas que provocaron la muerte de Armando Vega Gil en lo último en lo que pensaron con sus denuncias era en liberar a las mujeres. ¿Cómo puedes liberar a alguien si simultáneamente estás atacando a otra mujer de forma subrepticia porque te lo ordena tu patrón Krauze y tu patrón Calderón? ¿Cómo puedes liberar a alguien si eriges un espacio público sin justicia y en forma arbitraria en un ojo biónico que todo lo juzga? ¿En un tribunal en donde la sola palabra basta, sin que se esclarezcan las intenciones, para calumniar a una persona? Todas esas denuncias falsas que presentaron, desde el más vil anonimato, sin evidencia ni respaldo empírico, con la única intención de desbaratar la honra de alguien por el simple peso que la imbecilidad de las masas ejercen en los espacios públicos, no fueron más que denuncias construidas, falsas, sin sustento, valiéndose de todas mis letras para hacerlo. Yo, que escribí todo eso y que conozco los modelos de escritura que utilizaron para producir su baba nauseabunda, lo sé. Armando Vega Gil es solo la confirmación de esta denuncia que presento. Si hubiese sabido —como lo sé— que en sus denuncias usaban mis letras pero no hubiera muerto Armando Vega Gil, me habría quedado un resquicio de duda y me habría puesto a cuestionar mi percepción sobre lo que ocurrió, sin embargo, la muerte de este hombre solo me comprobó que un movimiento honesto no mata ni acosa gente en las redes como, colateralmente, me han acosado a mí todo este grupo de personas.

Es lindo lo que dices, es romántico incluso, pero así no funciona la realidad, nos gobiernan psicópatas. El día que entiendas la dimensión sociológica y los alcances a nivel social que la psicopatía tiene en nuestro mundo, dejarás de pensar que las personas no poseen fines y deseos individuales o que no trabajan con todos los medios a su alcance para concretarlos
y lograr sus más aviesos objetivos de notoriedad y detención del poder. El feminismo, así considerado, se convierte en un horroroso escaparate de gente narcisista y necesitada de atención que se regodea en la muerte de un hombre inocente como en uno de sus logros más importantes. (…)

Los movimientos populares que se dedican a dar publicidad a individuos concretos solo son fábricas de oportunistas. Y me parece que el feminismo que veo en las redes se inscribe en esa delimitación. Nadie se vale de un movimiento popular ni de la colectividad para golpetear a alguien o ensalzarlo, eso solo lo hacen quienes no tienen ni la más remota idea de cómo funciona la moral y cuáles son los límites de la libertad humana. Nunca conocemos las motivaciones individuales de las personas por más que nos puedan parecer simpáticas algunas de ellas, por lo tanto, dar crédito a denuncias públicas sin sustento en los hechos solo porque simpatizan con nuestra idea de lo que es el bien o la opresión, solo nos convierte en cómplices de actitudes nefastas, como las que llevaron a Armando Vega Gil a la muerte. Tu necrológica en memoria a Armando Vega Gil es honesta, pero creo que no alcanza a reparar en lo que verdaderamente está en juego en este tipo de actos.

Personalmente, aun si no supiera que este movimiento es creado, el solo hecho de saber que orillaron a un hombre a la muerte, me habría hecho alejarme de inmediato y me habría hecho cuestionar por qué un movimiento que clama por la justicia crea esta clase de
desavenencias, conflictos y tragedias. Es una lástima que haya gente tan manipulable que no puede ver cuáles son los verdaderos fines de este movimiento de masas, no para las masas, sino para la acumulación y por la acumulación del poder. Es una desgracia que vivamos en tiempos tan violentos y tan desafortunados. Qué infortunio ser parte de esta generación de imbéciles que se dedican a plagiar mis escritos y publicar libros y textos con fechas de publicación adulteradas para clamar propiedad sobre mi producción intelectual, sobre mi propiedad y mis creaciones. Y sí, seguramente estas palabras que estoy escribiendo hoy 3 de abril de 2021 para modificar brevemente un escrito que publiqué el 13 de  marzo de este mismo año, van a aparecer plagiadas después en algún libro que se hizo perdedizo y que aparece de la nada con fechas de edición de 2009, aun cuando el último tiraje del mismo pertenezca, en realidad, a varios pares de años después —de 2014 o 2015 en adelante hasta llegar a 2019, 2020, 2021, etcétera— y por lo cual sea posible que estén plagiando textos míos de 2009 en adelante aun cuando, aparentemente, sus plagios sean anteriores a mis escritos, como en el caso asqueroso de Sayak Valencia y Sara Uribe. No hay otro curso que explique que estén plagiando textos míos posteriores a la fecha de publicación de sus cerdas ediciones, que el hecho de que esas fechas de edición estén manipuladas, alteradas y adulteradas. Son unos cerdos y están haciendo una porquería con mi producción intelectual y a este grupo de cerdos de mierda pertenecen estas supuestas feministas emancipatorias con cuyos actos de inusitada y honda reflexión intelectual van a traer la liberación a la especia humana. Vergüenza les debería de dar ser tan imbéciles, que tengan que acudir a una mujer tan extremadamente sencilla como lo soy yo. Sin embargo, en eso consiste precisamente el crimen de odio que cometen conmigo, en creer que soy inferior a ellos y necesitar de mí para sus cerdeces. Qué infortunio si soy yo la mejor de ellos y tienen qué plagiarme a mí y qué infortunio ser presa de caza de estas cerdas narcisistas que se autodenominan a sí mismas feministas y se dedican a plagiar todos mis escritos. Qué infortunio de época y qué asco.

Es una lástima que haya gente tan tonta que aboga por estos cretinos sin tener ni la más lívida idea de cuáles son sus verdaderas motivaciones.

El buqué de lo inconcluso

Conservar ese buqué de algo inconcluso, que se renueva constantemente a pesar de la fragilidad de su existencia y de sus precarias condiciones materiales es lo que tal vez precipita el milagro en las personas. La palabra pan, la palabra cosa, el hecho de sentirlas en los labios y comunicarlas. El hecho de frotarlas en el inconsciente y darles un lugar en el espacio no nebuloso de los objetos atesorados, hace de ese paladar con su buqué no deshecho un lugar para lo impensable y para lo imposible.

Apuntes biográficos que se desbaratan en el suelo, hasta cierto punto eso constituye mi cabeza.

junio de 2020, eleutheria

Valor aurático de la obra de arte y los plagios de Patricia Navidad a mis textos

Patricia Navidad es una cantante mexicana y una actriz de televisa, lleva varios años plagiando mis textos y publica tuits en Twitter. Los tuits que publica los publica utilizando mi propiedad intelectual. Le advertí a la red social y no ha hecho nada. Por otra parte estoy segura que ella no escribe los tuits que publica en su perfil y de hecho creo saber quién los escribe. El punto es que esta mujer es una mujer deshonesta que se presta a vulnerar la propiedad intelectual de un tercero y sus derechos de autor para catapultar su imagen. Es una tipa encajosa, gorda y corrupta que debería ser ignorada olímpicamente en las redes. Es una vergüenza que en el país pasen estas cosas y que la misma sociedad convalide a esta clase de corruptos. Lo veo con impotencia pero lo veo con nostalgia porque ahora estoy fuera de México. Lo más sorprendente es que esa misma sociedad que apoya a estos corruptos es la misma que después se queja del estado actual de las cosas. Por lo cual, concluyo que dicha sociedad y tales corruptos viven una especie de relación sádico-masoquista bastante viciada en la que ninguna de las partes quiere soltar a la otra o, por lo menos, que mutuamente se retroalimentan, por la simple y sencilla razón de que se autocompensan y autoconvalidan.

Aun cuando Twitter no tenga importancia y lo que allí se publique carezca de trascendencia, no está bien que esta individua esté haciendo esto y no debería ser hecho. Pero, más importante, no debería ser tolerado. Porque si eres capaz de tolerar a una persona que acude a este tipo de prácticas para publicar un tuit en su perfil, entonces eres capaz de tolerar cualquier cosa.

En primer lugar, Patricia Navidad está utilizando la inteligencia y creatividad de otra persona para publicar tuits en los que pretende perfilarse como la poseedora de dicho talento. Es decir, se está apropiando de la propiedad intelectual de alguien más y la utiliza como si fuera de ella. Es como si alguien se comprara un coche producto de su esfuerzo y todos los días su vecino lo utilizase sin pedirle permiso. Aunque, en realidad, es algo mucho peor. Porque en el caso del coche, lo único que está involucrado allí es el esfuerzo físico y el tiempo invertido en realizar ese esfuerzo, pero en el caso de la propiedad intelectual de un individuo concreto, además de haber esfuerzo físico y tiempo invertidos, hay un valor extra que ningún esfuerzo físico puede reemplazar: es la creatividad de la persona y el talento innato de esa persona y ambos valores son valores irreemplazables.

El esfuerzo físico lo puede realizar cualquiera y un obrero puede ser reemplazado por otro más o menos sin ningún problema para que realice la misma actividad. En este caso, lo que yo produzco va más allá del valor que implica la elaboración de un coche y constituye un valor agregado. La propiedad intelectual, como creación humana, es irrepetible. El producto del esfuerzo mental de una persona es irreproductible y a eso se refería Walter Benjamin cuando hablaba del valor aurático de la obra de arte. Por supuesto, no estoy postulando que el trabajo intelectual sea superior al trabajo manual que realiza un obrero. En cambio, estoy exponiendo por qué ambos son diferentes en naturaleza y por qué plagiar la obra de arte de una persona que resulta del esfuerzo intelectual y creativo es un delito grave. Lo que condeno no es la mímesis, porque la mímesis es inevitable y útil para el arte, lo que condeno es el intento por apropiarse del valor aurático de una persona intentando ocultar que dicho valor pertenece a esa persona.

Patricia Navidad podría plagiarme lo que quisiera si reconociera abiertamente que le gustan mis escritos y que se inspira en ellos para crear, porque entonces no estaría lesionando mi propiedad intelectual sino que la estaría honrando. Sin embargo, al utilizarla sin mencionar que es mía, está lesionándome de hecho además de comportarse como se comporta un ladrón. Por otra parte, ni siquiera es posible afirmar que Patricia Navidad agrega algo nuevo a mis textos porque a lo único a que se reduce es a pegar mis ideas en una sola pieza o mosacio y a partir de distintos bits de informacion que están dispersos a lo largo de mi obra producir un tuit que es espurio.

Por lo tanto, ni siquiera es posible decir que se inspira, solo es posible decir que plagia. Paralelo a esto, Patricia Navidad no solo copia mis textos y plagia mis ideas, sino que utiliza los mismos moldes argumentales y los criterios discursivos que yo utilizo en mis escritos para debatir una tema en los tuits que ella reproduce. Es decir, Patricia Navidad no está produciendo nada nuevo, solo está copiando, y copiando, y a través de esa copia que realiza, está ganando popularidad en redes además de manipular a muchas personas.

Ahora bien, independientemente de las ganancias o beneficios que ella pudiera obtener en las redes a través de mis escritos y de los fines que persigue, el hecho es que persigue un fin y hay una finalidad instrumental en su acción y al utilizar mis escritos para publicar y alcanzar las metas propuestas, las que sean
sin mencionar que se trata de mi creación personal, está actuando con dolo y de manera alevosa. 

Lo que ella gana plagiándome (fama, reconocimientos, followers) es algo que me tiene sin cuidado, lo que no me tiene sin cuidado y me molesta es que de hecho haya un propósito utilitario y se valga de mis escritos para lograrlo. Sobre todo, porque ni siquiera yo utilizo mis escritos para ganar celebridad en redes entre las personas o manipularlas.

Si ella quiere seguir utilizando mis escritos para publicar tuits, entonces tendrá que reconocer mi nombre, esforzarse y decir que utiliza mis escritos para publicar.

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