Un hallazgo a propósito de Poe

Acabo de comprar una edición, hermosa, en pasta dura, de todos los cuentos de Edgar Allan Poe. La edición la compré por casualidad porque me la sugirió Amazon y la compré porque estamos organizando un club de lectura semanal con mi familia. La idea era iniciar con textos de Poe porque la literatura gótica nos gusta a todos y porque son más o menos ágiles de leer. La edición, supuestamente, data de 2009 —y en realidad lo creo, porque viene acompañada por un prólogo muy hermoso de Carlos Fuentes que solo pudo haber sido escrito en esa época, puesto que Carlos Fuentes murió en 2012—, además, la edición viene comentada, es decir, cada cuento está acompañado del comentario de algún escritor que lo introduce. Hasta el momento, conforme voy avanzando en cada cuento —para releerlo o leerlo por primera vez—, voy leyendo algunos de los textos introductorios, si bien no me enganchan del todo —por fortuna, mi texto favorito tiene una introducción soberbia y, de hecho, sospecho en ese momento que es la única—. Sin embargo, no me contento con solo ir leyendo las introducciones a los cuentos leídos, sino que luego me da por curiosear y me pongo a leer algunas líneas de los otros textos introductorios. Así que, en este lance que es ir leyendo y releyendo un poco por aquí, caigo con un texto introductorio atribuido a una supuesta escritora chilena de hombre Andrea Maturana, en el que está plagiando multitud de textos míos. Multitud de frases, ideas, palabras, lenguaje, etcétera, y todo en la tónica de los plagios y el acoso que he estado denunciando. Me doy cuenta de inmediato que se trata de una artimaña más de la gente que se dedica a plagiar mis letras e invisibilizar mi obra —robarla para decirlo textualmente— y me da profunda tristeza descubrir hasta qué punto el grupo cultural que se dedica a acosarme y plagiar mi trabajo tiene control sobre las editoriales y la producción cultural al nivel de, al menos, las letras que se producen en Hispanoamérica. Me doy cuenta que este grupo es poderoso, como ya lo he denunciado y que no van a cejar en seguir apropiándose de mis letras a como dé lugar. Me pregunto, al ver que se trata, supuestamente, de la segunda edición del texto (la cual, extrañamente, fue publicada dos meses después de la primera, de enero a marzo ¿?) cómo habrán hecho para lograr publicar un tiraje que por supuesto fue impreso muchos años después —y no en 2009—, atribuirle una fecha anterior, y que nadie se dé cuenta.

¿Quién estará involucrado en este tipo de maniobras y movimientos? ¿Quién se presta a que se publique un tiraje posterior en el tiempo, en el cual se incluye el texto de Andrea Maturana en donde se plagian cientos de textos míos, permitiendo que se alteren las fechas de publicación? ¿Hay forma de controlar este tipo de actos? ¿Quién hace inventario a las editoriales? Es obvio que dicho texto no fue escrito en 2009, sino muchos años después y es obvio que lo están introduciendo en esa edición antigua sin aclarar que se trata de un tiraje posterior. El texto, incluso, pudo haber sido escrito en 2009 y rehecho por completo ya con los plagios. La respuesta, por supuesto, no la conozco y no sé quién, o quiénes, se prestarían a este tipo de porquerías, pero lo que sí sé y alcanzo a deducir es que este grupo cultural al que denomino la derecha latinoamericana —o al que identifico con dicho grupo—, se dedica a estas prácticas de manera más o menos consuetudinaria, al menos en relación con mis escritos. No es difícil deducirlo ni se necesita ser un genio para visualizar cómo operan. No es una conspiración tampoco, o no en el sentido en que los seguidores de este tipo de teorías lo pintan. Es algo más simple, es simplemente una red de conocidos, de amigos y colegas y miembros de la industria editorial, que se piden favores y que colaboran mutuamente. Así, tienen a traductores, editores, piezas clave en las universidades para ambas cosas; por un lado, falsificar las ediciones, modificarlas o adulterarlas después de haber sido publicadas —o, en algunos casos, como en los casos de algunas de las personas que ya he mencionado, publicarlas por completo nuevas adjudicándoles fechas de publicación mucho muy anteriores; es decir, escribir y publicar un libro en 2020, por ejemplo, por algunos de los ghostwriters que contratan, pero poniéndole fecha de publicación 2005 por citar un ejemplo, y plagiando la obra de un tercero desconocido que la haya producido antes de 2020 (mucho antes en realidad)—, y, por el otro, dar publicidad a dichas obras y dichos escritores en los circuitos culturales que ellos, de por sí, ya controlan, o ya tienen bajo su control, para rodearles y coronarles de prestigio. Para legitimarlas. Por eso, no solo colaboran editores y traductores, también colaboran periodistas, críticos culturales y maestros de universidad, pues son quienes, finalmente, dan legitimidad a la obra y la ratifican con su juicio personal. En este sentido descubres que la producción editorial de nuestros días es una basura. Te das cuenta que para ser un escritor en nuestra época tienes que ser, en primer lugar, un corrupto o un ser completamente hambriento de fama y notoriedad, como es el caso de varias de las plagiarias que he mencionado. Te das cuenta que esos escritores están dispuestos a todo tipo de servidumbres con tal de publicar, desde admitir malos tratos, vender y prostituir la esencia de su arte —si es que tienen alguno—, plagiar, etcétera, hasta —en los casos más bajos—, admitir que otros ghostwriters escriban por ellos y atribuirse una obra. Sin embargo, este quizá sería el menos grave de los delitos que cometen estos grupos de personas. El más grave en realidad es que utilizan a todo su sistema editorial —escritores, traductores, editoriales, ghostwriters— como una herramienta política, con lo cual se pervierte todo su quehacer. Es decir, llevan a las masas una cultura mediatizada. Y no me refiero a las viejas obras ya producidas, por escritores antiguos, que solo se republican, me refiero a las ediciones más recientes, a lo que se está publicando y se sigue escribiendo ahora mismo y cuyo valor literario, por lo tanto, es nulo, o prácticamente nulo.

Por eso, incluso, tuitstar y demás alfiles de la nueva industria cultural es parte esencial de esta maquinaria. Lo controlan todo y lo controlan electrónicamente y pueden lograr que personas como yo, que escribimos prácticamente en la nada o en el desierto de nuestras bitácoras digitales, quedemos desposeídas para siempre de nuestras invenciones simplemente robándonoslas. Así, mi obra ya no es mi obra, ni mi lenguaje es mi lenguaje, mi obra y la singularidad de mis letras ya no es una creación ni una invención mía que va a pasar a la historia (olvidada) de los bloggers como la obra de una blogger más sin pena ni gloria (como debió de ocurrir); mi obra, más bien, y todo mi lenguaje —modismos y manías escriturales—, van a pasar, a través de la falsificación, a todas estas decenas de “escritoras” que he mencionado (http://la-ciudad-de-eleutheria.blogspot.com/2021/04/adenda-ultimo-post.html) y a decenas de escritorzuelas más a quienes, supongo, seguirán adjudicando mis letras.

Así, mi obra ya no es mi obra ni mi lenguaje ya es mi lenguaje, mi obra es de todas las otras “escritoras” que he mencionado. No soy yo quien la ha creado, la crearon otras personas plagiando mis escritos y cambiando simplemente la fecha de publicación a un momento anterior en el tiempo —al momento en el que las creé— con el fin de autentificarlas.

Sé que lo que estoy contando sonará raro o inverosímil para algunos, sin embargo, tal y como lo estoy contando es como sucede. No solo he descubierto este caso de esta supuesta escritora chilena, he descubierto todos los casos que ya he denunciado en escritos anteriores a lo largo de este blog y de mi blog en Medium (https://medium.com/@Scarbo__) y he descubierto, también, que otro tanto hacen con artículos académicos que se publican en revistas literarias en donde he descubierto un par de artículos al menos, que están fusilándose toda mi propiedad intelectual y todas mis letras y a los cuales asignan fechas de publicación de, hasta años tan antiguos, como fines de los noventas.

Entonces sí, suena raro y es una desgracia para el mundo editorial, pero es un hecho, la literatura que se produce en la actualidad —salvo tal vez por algunas excepciones—, es una literatura de aparador en donde lo último que cuenta es el valor literario de los libros producidos, en donde prima la corrupción y la mayoría de las publicaciones se dan por amiguismo o por compadrazgos.

Es decir, la literatura de nuestros días, salvo que se publique en blogs o se quede guardada en nuestros diarios personales, no vale la pena, está contaminada, y cuando vale la pena es porque el escritor en consideración apenas si tiene renombre, algunos cuantos tirajes en circulación, o porque su obra es muy difícil de encontrar; con estas nuevas tecnologías, en donde se espía a mansalva a bloggers y escritores desconocidos, como ha sido mi caso, y se puede extraer sus escritos de sus computadoras, es imposible saber si lo que nos llega es una escritura genuina o una obra producto del odio y de la más corrosiva envidia, es imposible saber a quién pertenece la imaginación. Al menos, en lo que compete a las grandes editoriales, como es el caso de Mondadori, Alfaguara, Punto de Espuma, y todas las editoriales que, he descubierto, están metidas en este tipo de porquerías.

Sé que es una historia triste e inverosímil, pero tenía que contarla.

2 comentarios:

    muy buen artículo, felicidades por el blog!

     

    Se introdujo una modificación trivial el 9 de mayo de 2021 que no transforma el sentido original del texto.

     

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