Otro estilo que plagia Avelina Lésper es el de la filósofa estadounidense, de origen neoyorkino, Susan
Sontag, todas sus notas sobre lo camp son una transcripción, casi
literal, aunque levemente modificada, de las notas de Sontag sobre lo
camp. Podría afirmarse que es una permutación de los textos de Sontag
dedicados al arte con ligeros añadidos. Lo camp en Sontag, por ejemplo,
son las óperas de Bellini, lo sabrá quien quiera que la lea, en, Lésper,
cuyas ghostwriters siguen religiosamente la ruta de Sontag, sería
Versace. Avelina no hace más que imitar, descaradamente y con poca
inventiva, las ideas y los escritos de esta importante escritora
estadounidense.
Respecto
a esto y dado que Lésper y todo el club de “escritoras” adscritas a
Letras Libres mencionadas plagian mis textos y mi estilo escritural,
tengo una teoría, mi teoría es que la copia de Lésper a Sontag está
ocurriendo porque para crear a este personaje que se supone se dedica a
hablar del arte de formas nunca antes vistas -dado que la idea es seguir
mi ruta e invisibilizarla-, se basaron en un texto mío llamado El Arte,
en donde expongo en forma crítica mi propia concepción del arte y en el
que cito a Susan Sontag textualmente y de forma bastante explícita.
Sontag,
además, aparece en mi canon literario y en la ruta intelectual que yo
misma he dibujado a lo largo de varios años, la cual ha sido plasmada a
través de mi blog y de diferentes espacios. Particularmente, mis
perfiles en Facebook. De hecho, el quid de esto, o un corolario que se
desprendería secundariamente de esto, a partir de éste y un montón de
eventos relacionados, es que están siguiendo, con precisión casi
cronométrica, la ruta intelectual y literaria que yo misma he seguido.
Por
cierto, los plagios que se producen de mi obra son una permutación, con
leves modificaciones, de todos mis textos. En algún sentido, hacen con
mi obra lo mismo que están realizando con la obra de Susan Sontag. Es,
para quien se dedique al fino arte de leer, un elaborado y fraudulento
acto de apropiación de la obra intelectual de un tercero, que es
completamente desconocido, autentificándola por diversos medios, las más
de las veces viles y serviles -miserables-, como lo es el hecho de que
hayan hackeado mi computadora, hayan extraído todas mis letras y
continúen espiando mi actividad intelectual a través de la red.
El
acto en sí de decodificar el plagio e identificarlo para alguien que no
se dedique a los libros y no conozca mis letras (o sea, la mayoría de
la gente), es prácticamente imposible, pero resulta fácil de decodificar
e identificar para mí misma, obviamente, pues yo misma soy quien ha
creado todas esas letras.
Y
con arte fino de leer, no me refiero a un acto reservado a gente
refinada en un círculo exclusivo, me refiero a leer minuciosamente, con
lupa, cualquier libro, texto, enciclopedia, etcétera.
La
gente honrada, que no le gustan los timadores, se sentiría molesta ante
este hallazgo y se retiraría de inmediato del mundo fraudulento de
Avelina, Fernanda Melchor, Sara Uribe, Sayak Valencia, Laura Lecona,
Estefanía Vela Barba, Rosario Loperena, Silvana Ávila, Tania Tagle y un
inmensurable etcétera -al menos en lo particular, yo elijo no consumir
este tipo de porquería-, sin embargo, vivimos en un mundo en donde prima
el odio, la envidia y la rivalidad sobre los verdaderos valores, por lo
cual no es improbable que la gente elija quedarse con estas escritoras
plagiarias, cuyo motor principal son el narcicismo y la psicopatía, en
vez de arropar a los escritores originales.
Y
lo mismo creo que podría pasar con la obra de Susan Sontag, que la
gente rechace su estilo original y en cambio adopte el estilo
fraudulento de Avelina, o de cualquier escritora con las mismas
cualidades. Este siglo es el siglo de la inoriginalidad y la gente busca
distracciones y actividades en consecuencia. Ergo, la gente no
disfrutará de los escritores verdaderos, la gente disfrutará de los
escritores que presenten sin solidez versiones reducidas de los
escritores verdaderos. Sí, la gente gustará de leer la basura que nos
presente esta u otra Avelina, sin remordimientos.
No
dudo, además, que pueden engañar a mucha gente debido a que no mucha
gente ha leído Contra la interpretación ni conoce a Susan Sontag.
Desgraciadamente, por ser la directamente afectada y por haber leído de
manera abundante a Susan Sontag, no puedo contarme entre esa gente
engañada. De hecho, es chistoso que, de no haber sido porque descubrí
los plagios que Lésper hacía a mi obra, probablemente jamás habría
descubierto que se está dedicando a plagiar a Susan Sontag. Sin embargo,
por lo que ya expliqué, más bien, Lésper jamás habría plagiado a Susan
Sontag de no haber leído mi obra. Yo soy el vínculo y el puente entre
ambas escritoras.
Para
mí es evidente que están siguiendo la ruta crítica que dejé marcada en
mi página en facebook para crear a estos personajes inoriginales, aunque
atribuyéndola a diferentes “escritoras” para que de esa manera no sea
notable que plagian, acosan e imitan a una misma persona. Si varias
personas me plagian a la vez, será mucho más difícil establecer el
plagio. Por otra parte, la ruta que he seguido literariamente e
intelectualmente la conocen a la perfección porque no solo se metieron a
hurgar mis redes sociales y mi blog, como ya dije, sino porque
hackearon mi computadora y yo siempre hacía listas de mis libros
favoritos, de mis películas favoritas y dejaba recortes de los libros
que leía online en carpetas.
Ahora
por ejemplo, le han atribuido a Fernanda Melchor lecturas de textos muy
amados de cuyo significado hablé a profundidad en mi computadora en
referencias que dejé en los textos que hackearon. Al mismo tiempo que
están atribuyéndoles lecturas de autores que jamás han leído pero de
cuyos contenidos hice resúmenes pormenorizados que cualquiera que
accediera a mi computadora, como ellos accedieron, podrían leer, como es
el caso específico de los ensayos que entregué en la maestría al Dr.
Zorrilla sobre Marco Tulio Cicerón en mi clase de Ética y que ahora
atribuyen, a causa de ello, la lectura de un pensador latino a Silvana
Ávila, de nombre muy similar, aunque curiosamente delatándose porque
parafrasea de forma casi idéntica el inicio de varios de mis posts para
hacerlo, como el caso específico de mi post sobre Cioran.
¿Alguien
podrá entender que la psicópata que trabaja de ghostwriter para tales
escritoras me toma como modelo a seguir, o imitar, y como algo que debe
ser superado y que utiliza mis escritos y mis letras para producir los
textos de estas escritoras fraudulentas? Porque para mí es clarísimo que
esto está ocurriendo. Es lo que de hecho está ocurriendo.
Véase,
Silvana Ávila dice, “la primera vez que escuché hablar de Marcus
Aurelius fué en la preparatoria, en mi clase de Historia de la Cultura”,
en tanto que yo digo en mi post “De Lágrimas y de Santos fue el segundo
libro que leí de Cioran, iba en la preparatoria, sobra decir lo joven
que era en ese entonces” y en este otro, “cuando estaba a punto de
ingresar a la universidad (y esto quiere decir: cuando estaba a punto de
ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras que fue mi primera
facultad, y no Acatlán, en donde habría de estudiar más tarde
matemáticas aplicadas y computación) un muchacho que conocí en la
preparatoria y que hoy es doctor en física espacial me dedicó un texto
de Emil Mihal Cioran de nombre el que lleva este post” y, sí claro, en
su puerca obsesión con mi persona, con lo que amo, leo y escribo, tiene
que hacerse esta patológica mención de Marco Aurelio como si en verdad
este escritor latino fuera significativo para estas patéticas sujetas.
Lo cual por supuesto hicieron ad nauseam con los posts plagiados (y
desde luego no escritos por ella), de Estefanía Vela Barba, una
charlatana que supuestamente pugna por el feminismo en las redes y la
sororidad entre las mujeres, al mismo tiempo que permite que los posts
que le escriben sus ghostwriters sean escritos basados en los míos. De
la misma manera que lo permiten Avelina Lésper, Laura Lecuona, Silvana
Ávila, Sara Uribe, Luna Miguel, Sayak Valencia, Fernanda Melchor y todas
las sujetas ya mencionadas.
Es
decir, quien hackeara mi ordenador iba a saber qué libros estaba
leyendo en un momento en específico del tiempo y cuáles serían mis
libros favoritos, por ejemplo, libros que se han estado utilizando para
asignárselos a otras personas.
Toda
esta información que cito, además de muchísima más información, datos y
detalles, que me sería imposible mencionar en un solo post, han estado
utilizando en la construcción de estos personajes fraudulentos, idóneos e
ideales, eso sí, para embrutecer a las mayorías.
En
cuanto al post citado de Silvana Ávila, quien debe ser alguna dibujante
que se presta a la tarea fraudulenta de poner su cara y sus dibujos
para hacer creer que los textos que “escribe” son también de ella,
calculo que este post, a pesar de que en su virulento y fallido blog se
indica que data de diciembre de 2018, el mismo debió haber sido escrito
no antes de abril de 2019, ¿por qué? Porque en ese intervalo de tiempo
fue cuando yo envíe por correo mi ensayo de De los oficios y los
deberes, de Marco Tulio Cicerón, al Dr. Zorrillo, cuyo contenido, por
cierto, puedo subir cualquier otro día al blog para cotejar, enviado,
por cierto, para una puntualización que necesitaba en ese momento por
parte del Dr. Zorrilla y que él cortésmente accedió a proporcionar; de
hecho, más concretamente, los envié entre fines de marzo y mediados de
abril de este año, de modo que ese post patético debió haber sido
escrito después de esas fechas y no en diciembre de 2018 como se indica.
Los
resúmenes, cabe mencionar, existen, el correo al Dr. Zorrilla también
existe, pero, por desgracia, también existe el odio y la mentira y la
necesidad de los seres humanos de ser sometidos a niveles exorbitantes
de sojuzgamiento. Existe, en suma, la envidia humana.
Incluso
no dudo que la sujeta en cuestión haya llegado por su propia cuenta a
mi blog y que esté plagiándome por sus legítimos méritos, en cuyo caso
me da náusea. Tiene un podcast, por ejemplo, en el que habla
literalmente sobre la “importancia de aprender a identificar las
emociones y los sentimientos que llevamos dentro, pues a partir de las
emociones y sentimientos que vivimos día a día construimos nuestra
realidad, ya que si cambias la manera en la que te sientes a nivel
emocional, cambias la manera en la que te sientes a nivel físico.
Prestar atención a los sentimientos es muy importante cuando queremos
hacer cambios en nuestra vida emocional porque una vez que hacemos
cambios a nivel emocional empiezan los cambios a nivel físico ya que si
cambias la manera en la que te sientes por dentro haces nuevas
selecciones para crear nuevas realidades, atraer nuevas personas y
vincularse a nuevos círculos sociales”, lo cual es una transcripción
letra a letra de una conversación que yo tuve con mi hermana los últimos
meses a partir de la crisis que tuvo de pareja y de la cual he estado
hablando recientemente a propósito de este tema, si bien supuestamente
su podcast data de diciembre de 2018.
Para
poder construir este discurso y atribuírselo a otras personas han
tenido, lógicamente, que intervenir mi teléfono como en los hechos lo
han hecho. Suena demencial, suena inoperante, pero es asquerosamente
real. Y si bien, como en otras ocasiones he sostenido, yo no puedo
probar por medios empíricos irrebatibles que esto narrado sea verdad, lo
que en cambio sí puedo hacer es mostrar a través de mi blog que estas
son mis letras y mi manera de hablar, puesto que esa manera única de
hablar que tiene cada persona es algo a lo que científicamente
calificamos de idiolecto. Por lo tanto, si bien cabe
la posibilidad de que esta nauseabunda sujeta haya llegado a mi blog
por sí misma y plagie mi obra por cuenta propia -puesto que es un hecho
que plagia mis escritos-, lo cierto es que el uso de estas palabras en
su podcast y de muchas otras palabras mías en muchos otros de sus
nauseabundos posts, muestra -o al menos mostraría para cualquiera que
conociera mis palabras- que la hipótesis de acoso, plagio y espionaje es
la más plausible, puesto que está utilizando directamente material que
es producto de mi trabajo intelectual, y de mi inventiva, y al que solo
podría tener acceso alguien que me escuchara o que hablara conmigo de forma
cotidiana, como de hecho sucede con mi hermana a través del teléfono. Y,
como ya he dicho, no tengo modo alguno de demostrar que esto sea
verdad, sin embargo, sí tengo modo de narrarlo.
Es
un hecho, esta gente ha hecho una porquería con mi obra y siguen
haciendo una porquería con ella, al mismo tiempo que espían mi actividad
intelectual a través de las redes y de algún modo tienen acceso a mis
dispositivos electrónicos y a mi computadora.