Los plagios del blog de Silvana Ávila a mi blog

Por cierto, la primera vez que me eché un clavado en el blog de esta pseudoescritora no aparecía este anuncio, ahora por supuesto aparece y sé con qué intención ha sido puesto. La tipa desde luego ya sabe que he estado visitando su blog para contrastar sus posts fraudulentos con los míos y sabe también que escribí un post (varios, en realidad) en donde menciono explícitamente su nombre y digo que ella me plagia.



Aquí va mi barrunto:

Como es evidente que plagian mis letras y como tienen que autentificar que eso que escriben es mucho muy anterior en el tiempo a mis escritos (lo cual, por cierto, no puede verificarse), entonces ahora tratan de hablar de un blog (que por el momento se muestra oculto) en el que Silvana Ávila habría escrito alguna vez (acerca de hechos imperceptibles, me imagino) mucho antes de que mi blog apareciera, es decir, antes de 2008. Es decir, tal y como lo hicieron, por cierto, con el blog de Estafanía Vela Barba, aunque este situado en 2010, Dirty Little things, quien es una cercana allegada a Krauze. (El nombre, por cierto, Dirty Little Thing creo que revela de modo nada subconsciente el contenido real del mismo.)

Por supuesto en este blog de Silvana Ávila, que convenientemente en estos momentos no aparece, pero el cual ya se menciona, seguramente van a aparecer como por arte de magia muchas letras “de” esta diseñadora, con cuya pretendida existencia tienen por intención dejar establecido que ese estilo, esas ideas y esos temas con los que la vemos escribir son de ella (puesto que pretenden autentificar que son anteriores a los míos) y no, como lo son de hecho, míos, aunque, evidentemente, se trate de un rotundo plagio. Este ha sido por cierto el modus operandis de estas plagiarias psicópatas: crear blogs de la nada adulterando su fecha de aparición como la fecha de aparición de los posts.

Que plagie mi estilo escritural, que plagie mis letras, que repita mis temas y plasme allí una que otra frasecilla de las que graban cuando espían mis charlas telefónicas, será entonces visto como un hecho anecdótico que a una persona rara contaba en su enrarecido blog.

El hecho es: soy yo quien tiene todo este mundo interior, que estas resentidas muestran en sus blogs o en sus tuits como si fuera su mundo, un mundo que ha resultado de mi inventiva y mis inquietudes, pero son ellas quienes labiosamente “escriben” sobre él (plagian e imitan porque leen mi blog y escuchan mis conversaciones) y quedan como las grandes ¿algo? que jamás han sido, poseedoras, al parecer, de una introspección sin límite. Aunque, por supuesto, esa labiosidad sea robada. Y claro, yo quede como la del alma fea que se atreve a hablar de estas denuncias en detrimento del alma espiritual que pudiera poseer. Ya saben, por aquello de que soy fan de autosabotearme porque no supe cuidar las formas y yo provoqué que me ciberacosaran dado que en México no hay corrupción y todo es brillante y transparente, o algo así de kitsch y brillante a la vez.

En su momento hablaré con mayor detalle sobre los plagios de Estefanía Vela Barba a mis textos, los cuales son un monumento a la deshonestidad intelectual.

Otro estilo que plagia Avelina Lésper es el de la filósofa estadounidense, de origen neoyorkino, Susan Sontag, todas sus notas sobre lo camp son una transcripción, casi literal, aunque levemente modificada, de las notas de Sontag sobre lo camp. Podría afirmarse que es una permutación de los textos de Sontag dedicados al arte con ligeros añadidos. Lo camp en Sontag, por ejemplo, son las óperas de Bellini, lo sabrá quien quiera que la lea, en, Lésper, cuyas ghostwriters siguen religiosamente la ruta de Sontag, sería Versace. Avelina no hace más que imitar, descaradamente y con poca inventiva, las ideas y los escritos de esta importante escritora estadounidense.

Respecto a esto y dado que Lésper y todo el club de “escritoras” adscritas a Letras Libres mencionadas plagian mis textos y mi estilo escritural, tengo una teoría, mi teoría es que la copia de Lésper a Sontag está ocurriendo porque para crear a este personaje que se supone se dedica a hablar del arte de formas nunca antes vistas -dado que la idea es seguir mi ruta e invisibilizarla-, se basaron en un texto mío llamado El Arte, en donde expongo en forma crítica mi propia concepción del arte y en el que cito a Susan Sontag textualmente y de forma bastante explícita.

Sontag, además, aparece en mi canon literario y en la ruta intelectual que yo misma he dibujado a lo largo de varios años, la cual ha sido plasmada a través de mi blog y de diferentes espacios. Particularmente, mis perfiles en Facebook. De hecho, el quid de esto, o un corolario que se desprendería secundariamente de esto, a partir de éste y un montón de eventos relacionados, es que están siguiendo, con precisión casi cronométrica, la ruta intelectual y literaria que yo misma he seguido.

Por cierto, los plagios que se producen de mi obra son una permutación, con leves modificaciones, de todos mis textos. En algún sentido, hacen con mi obra lo mismo que están realizando con la obra de Susan Sontag. Es, para quien se dedique al fino arte de leer, un elaborado y fraudulento acto de apropiación de la obra intelectual de un tercero, que es completamente desconocido, autentificándola por diversos medios, las más de las veces viles y serviles -miserables-, como lo es el hecho de que hayan hackeado mi computadora, hayan extraído todas mis letras y continúen espiando mi actividad intelectual a través de la red.

El acto en sí de decodificar el plagio e identificarlo para alguien que no se dedique a los libros y no conozca mis letras (o sea, la mayoría de la gente), es prácticamente imposible, pero resulta fácil de decodificar e identificar para mí misma, obviamente, pues yo misma soy quien ha creado todas esas letras.

Y con arte fino de leer, no me refiero a un acto reservado a gente refinada en un círculo exclusivo, me refiero a leer minuciosamente, con lupa, cualquier libro, texto, enciclopedia, etcétera.

La gente honrada, que no le gustan los timadores, se sentiría molesta ante este hallazgo y se retiraría de inmediato del mundo fraudulento de Avelina, Fernanda Melchor, Sara Uribe, Sayak Valencia, Laura Lecona, Estefanía Vela Barba, Rosario Loperena, Silvana Ávila, Tania Tagle y un inmensurable etcétera -al menos en lo particular, yo elijo no consumir este tipo de porquería-, sin embargo, vivimos en un mundo en donde prima el odio, la envidia y la rivalidad sobre los verdaderos valores, por lo cual no es improbable que la gente elija quedarse con estas escritoras plagiarias, cuyo motor principal son el narcicismo y la psicopatía, en vez de arropar a los escritores originales.

Y lo mismo creo que podría pasar con la obra de Susan Sontag, que la gente rechace su estilo original y en cambio adopte el estilo fraudulento de Avelina, o de cualquier escritora con las mismas cualidades. Este siglo es el siglo de la inoriginalidad y la gente busca distracciones y actividades en consecuencia. Ergo, la gente no disfrutará de los escritores verdaderos, la gente disfrutará de los escritores que presenten sin solidez versiones reducidas de los escritores verdaderos. Sí, la gente gustará de leer la basura que nos presente esta u otra Avelina, sin remordimientos.

No dudo, además, que pueden engañar a mucha gente debido a que no mucha gente ha leído Contra la interpretación ni conoce a Susan Sontag. Desgraciadamente, por ser la directamente afectada y por haber leído de manera abundante a Susan Sontag, no puedo contarme entre esa gente engañada. De hecho, es chistoso que, de no haber sido porque descubrí los plagios que Lésper hacía a mi obra, probablemente jamás habría descubierto que se está dedicando a plagiar a Susan Sontag. Sin embargo, por lo que ya expliqué, más bien, Lésper jamás habría plagiado a Susan Sontag de no haber leído mi obra. Yo soy el vínculo y el puente entre ambas escritoras.

Para mí es evidente que están siguiendo la ruta crítica que dejé marcada en mi página en facebook para crear a estos personajes inoriginales, aunque atribuyéndola a diferentes “escritoras” para que de esa manera no sea notable que plagian, acosan e imitan a una misma persona. Si varias personas me plagian a la vez, será mucho más difícil establecer el plagio. Por otra parte, la ruta que he seguido literariamente e intelectualmente la conocen a la perfección porque no solo se metieron a hurgar mis redes sociales y mi blog, como ya dije, sino porque hackearon mi computadora y yo siempre hacía listas de mis libros favoritos, de mis películas favoritas y dejaba recortes de los libros que leía online en carpetas.

Ahora por ejemplo, le han atribuido a Fernanda Melchor lecturas de textos muy amados de cuyo significado hablé a profundidad en mi computadora en referencias que dejé en los textos que hackearon. Al mismo tiempo que están atribuyéndoles lecturas de autores que jamás han leído pero de cuyos contenidos hice resúmenes pormenorizados que cualquiera que accediera a mi computadora, como ellos accedieron, podrían leer, como es el caso específico de los ensayos que entregué en la maestría al Dr. Zorrilla sobre Marco Tulio Cicerón en mi clase de Ética y que ahora atribuyen, a causa de ello, la lectura de un pensador latino a Silvana Ávila, de nombre muy similar, aunque curiosamente delatándose porque parafrasea de forma casi idéntica el inicio de varios de mis posts para hacerlo, como el caso específico de mi post sobre Cioran.

¿Alguien podrá entender que la psicópata que trabaja de ghostwriter para tales escritoras me toma como modelo a seguir, o imitar, y como algo que debe ser superado y que utiliza mis escritos y mis letras para producir los textos de estas escritoras fraudulentas? Porque para mí es clarísimo que esto está ocurriendo. Es lo que de hecho está ocurriendo.

Véase, Silvana Ávila dice, “la primera vez que escuché hablar de Marcus Aurelius fué en la preparatoria, en mi clase de Historia de la Cultura”, en tanto que yo digo en mi post “De Lágrimas y de Santos fue el segundo libro que leí de Cioran, iba en la preparatoria, sobra decir lo joven que era en ese entonces” y en este otro, “cuando estaba a punto de ingresar a la universidad (y esto quiere decir: cuando estaba a punto de ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras que fue mi primera facultad, y no Acatlán, en donde habría de estudiar más tarde matemáticas aplicadas y computación) un muchacho que conocí en la preparatoria y que hoy es doctor en física espacial me dedicó un texto de Emil Mihal Cioran de nombre el que lleva este post” y, sí claro, en su puerca obsesión con mi persona, con lo que amo, leo y escribo, tiene que hacerse esta patológica mención de Marco Aurelio como si en verdad este escritor latino fuera significativo para estas patéticas sujetas. Lo cual por supuesto hicieron ad nauseam con los posts plagiados (y desde luego no escritos por ella), de Estefanía Vela Barba, una charlatana que supuestamente pugna por el feminismo en las redes y la sororidad entre las mujeres, al mismo tiempo que permite que los posts que le escriben sus ghostwriters sean escritos basados en los míos. De la misma manera que lo permiten Avelina Lésper, Laura Lecuona, Silvana Ávila, Sara Uribe, Luna Miguel, Sayak Valencia, Fernanda Melchor y todas las sujetas ya mencionadas.

Es decir, quien hackeara mi ordenador iba a saber qué libros estaba leyendo en un momento en específico del tiempo y cuáles serían mis libros favoritos, por ejemplo, libros que se han estado utilizando para asignárselos a otras personas.

Toda esta información que cito, además de muchísima más información, datos y detalles, que me sería imposible mencionar en un solo post, han estado utilizando en la construcción de estos personajes fraudulentos, idóneos e ideales, eso sí, para embrutecer a las mayorías.

En cuanto al post citado de Silvana Ávila, quien debe ser alguna dibujante que se presta a la tarea fraudulenta de poner su cara y sus dibujos para hacer creer que los textos que “escribe” son también de ella, calculo que este post, a pesar de que en su virulento y fallido blog se indica que data de diciembre de 2018, el mismo debió haber sido escrito no antes de abril de 2019, ¿por qué? Porque en ese intervalo de tiempo fue cuando yo envíe por correo mi ensayo de De los oficios y los deberes, de Marco Tulio Cicerón, al Dr. Zorrillo, cuyo contenido, por cierto, puedo subir cualquier otro día al blog para cotejar, enviado, por cierto, para una puntualización que necesitaba en ese momento por parte del Dr. Zorrilla y que él cortésmente accedió a proporcionar; de hecho, más concretamente, los envié entre fines de marzo y mediados de abril de este año, de modo que ese post patético debió haber sido escrito después de esas fechas y no en diciembre de 2018 como se indica.

Los resúmenes, cabe mencionar, existen, el correo al Dr. Zorrilla también existe, pero, por desgracia, también existe el odio y la mentira y la necesidad de los seres humanos de ser sometidos a niveles exorbitantes de sojuzgamiento. Existe, en suma, la envidia humana.

Incluso no dudo que la sujeta en cuestión haya llegado por su propia cuenta a mi blog y que esté plagiándome por sus legítimos méritos, en cuyo caso me da náusea. Tiene un podcast, por ejemplo, en el que habla literalmente sobre la “importancia de aprender a identificar las emociones y los sentimientos que llevamos dentro, pues a partir de las emociones y sentimientos que vivimos día a día construimos nuestra realidad, ya que si cambias la manera en la que te sientes a nivel emocional, cambias la manera en la que te sientes a nivel físico. Prestar atención a los sentimientos es muy importante cuando queremos hacer cambios en nuestra vida emocional porque una vez que hacemos cambios a nivel emocional empiezan los cambios a nivel físico ya que si cambias la manera en la que te sientes por dentro haces nuevas selecciones para crear nuevas realidades, atraer nuevas personas y vincularse a nuevos círculos sociales”, lo cual es una transcripción letra a letra de una conversación que yo tuve con mi hermana los últimos meses a partir de la crisis que tuvo de pareja y de la cual he estado hablando recientemente a propósito de este tema, si bien supuestamente su podcast data de diciembre de 2018.

Para poder construir este discurso y atribuírselo a otras personas han tenido, lógicamente, que intervenir mi teléfono como en los hechos lo han hecho. Suena demencial, suena inoperante, pero es asquerosamente real. Y si bien, como en otras ocasiones he sostenido, yo no puedo probar por medios empíricos irrebatibles que esto narrado sea verdad, lo que en cambio sí puedo hacer es mostrar a través de mi blog que estas son mis letras y mi manera de hablar, puesto que esa manera única de hablar que tiene cada persona es algo a lo que científicamente calificamos de idiolecto. Por lo tanto, si bien cabe la posibilidad de que esta nauseabunda sujeta haya llegado a mi blog por sí misma y plagie mi obra por cuenta propia -puesto que es un hecho que plagia mis escritos-, lo cierto es que el uso de estas palabras en su podcast y de muchas otras palabras mías en muchos otros de sus nauseabundos posts, muestra -o al menos mostraría para cualquiera que conociera mis palabras- que la hipótesis de acoso, plagio y espionaje es la más plausible, puesto que está utilizando directamente material que es producto de mi trabajo intelectual, y de mi inventiva, y al que solo podría tener acceso alguien que me escuchara o que hablara conmigo de forma cotidiana, como de hecho sucede con mi hermana a través del teléfono. Y, como ya he dicho, no tengo modo alguno de demostrar que esto sea verdad, sin embargo, sí tengo modo de narrarlo.

Es un hecho, esta gente ha hecho una porquería con mi obra y siguen haciendo una porquería con ella, al mismo tiempo que espían mi actividad intelectual a través de las redes y de algún modo tienen acceso a mis dispositivos electrónicos y a mi computadora.

Fraude y Feminismo

La sociedad necesita de un relato coherente sobre el cual pueda proyectar tanto sus miedos como sus esperanzas, sin embargo, cuando ese relato pierde su legitimidad, ese relato necesita renovarse. El relato que hasta hace poco tiempo gozaba de plena legitimidad y reconocimiento, era el relato de los derechos humanos y de la socialdemocracia, pero este relato se rompió, fue fracturado, y puso en evidencia las fisuras de este actual estado de cosas, ya en desuso, obsoleto y nocivo que necesita de una restitución para ser revitalizado.

Pero ese relato, también, necesita de un orden, el orden de los que crean, dirigen, ordenan versus el orden de los que obedecen, de los que no cuestionan y de los que dan sentido con su existencia a los mandatos inescrupulosos de los poderosos.


Como ese orden fue invertido, como el que hayamos puesto en jaque muchos de sus preceptos en los ambientes virtuales ha puesto en crisis al orden mismo, ha sido necesario crear en su lugar un nuevo orden que aspira a ser más humano —aunque solo, por supuesto, en las apariencias— para nutrir con sus discursos las nuevas esperanzas que sostengan los individuos; este orden busca, también, relevar o sustituir el lugar que tenían las viejas pugnas de izquierda con el propósito de seguir dando asidero a sus adeptos y busca en contraparte crear un nuevo villano y una nueva víctima. Ese villano y ese víctima son, respectivamente, el orden patriarcal y el mundo de las feministas.


En este contexto, creo, es que se han estado fabricando y se han estado performando una serie de discursos, textos y acciones que buscan consolidar el discurso de la víctima, además de poner en circulación —es decir, darles publicidad— , a las diversas feministas plagiarias que he estado denunciando.


La víctima necesita ser, performarse y crearse. La víctima necesita también un mito que asegure su lugar en la nueva narrativa social, y cuanto más empoderada y más autónoma e individualista sea —esto es, más consonante con la ideología postcapitalista— , más atractiva será, pero también más cercana a los nuevos valores que el nuevo régimen (un régimen globalista que busca esfumar las fronteras lingüísticas y territoriales de los países) busca imponer a su ciudadanía.

El auge por lo tanto de las figuras ya mencionadas, a quienes se les atribuyen cualidades inexistentes, es más que necesario y alentado en esta coyuntura. El que tenga que recurrirse al plagio, al acoso o al espionaje para dar credibilidad a estas figuras resulta irrelevante. Menos intrascendente es que se acose a quienes curiosamente no se dejan embaucar por estas patéticas teorías, sobre todo cuando se denuncia su patetismo y su superficialidad, como indudablemente ocurre con los plagios que el grupito mencionado ha hecho de mis escritos.


Este orden necesita también de editoriales, think tanks, de colaboradores, de ghostwriters, de presencia en las plataformas virtuales, de ideas, libros, teorías y, sobre todo, de un discurso convincente que sea simultáneamente coherente. Es decir, necesita de un medio cultural para propagarse.


Entre otros lugares, han encontrado ese afluente de cosas en mi blog y es del mismo de donde han estado extrayendo multitud de información, como ya lo he estado argumentando en posts pasados, para crear estos perfiles de feministas supuestamente instruidas. 


Lo sé porque fui yo quien escribió su tesis de licenciatura, su tesis de maestría, sus ensayos en la licenciatura y en la maestría, sus chats con sus amigos, los correos electrónicos que enviaba a mis contactos en las épocas prefraude y postfraude para reflexionar sobre diversos sucesos políticos, los comentarios que dejaba durante mi actividad blogger a mis contactos en sus diferentes perfiles, un cuadernito que marca una ruta literaria propia y las ideas que en este blog y en mi blog en facebook yacían, y que ahora tales farsantes están imitando, categorías conceptuales y formatos argumentativos que repiten religiosamente como si se tratara de la propia generosidad de su pensamiento y no del mío (amén de que mis charlas telefónicas (por lo menos) están siendo espiadas), un bagaje lingüístico que no se produce dos veces en distintas personas a la vez por la simple y sencilla razón de que todos los individuos no somos iguales.

Y allí están mis ensayos, perfectamente inéditos y perfectamente hackeados y perfectamente míos, pero también perfectamente publicados sus clones en pasquines con fechas de publicación que datan incluso de varios años antes, entre comillas, de que mis ensayos fueran escritos. Sí, claro, prefechados. 


Y, sí, claro, también existe la posibilidad de un perito en letras y de un perito en informática que sin lugar a dudas muestre que todas esas publicaciones son textos apócrifos y escritos en época posterior a los míos. Pero, curiosamente, lo que no hay es una cultura de masas que esté a favor de la agenda de los seres humanos vivos y reales que tienen mucho que decir, escritores o no, pero que no se acicalan en la mentira, ni en la propaganda, ni en el acoso, ni mucho menos en la imbecilidad.

La bitácora sigue estando a favor de individuos serviles y es necesario ponerlo de relieve.
Lamento tener que decirles que una vasta mayoría de lo que se produzca sobre feminismo en los próximos años, más lo que se ha producido en los años más recientes, está extraído de mis escritos, de mis correos, de mis disertacioines, de mis charlas mantenidas en mi cotidiano con mis allegados, de mis chats, de mis tesis de maestría y licenciatura, de mis tuits dejados tanto en @theriako como en @Scarbo, de lo que hable con mi hermana por teléfono en mi cotidiano, de todos los correos electrónicos que me había dedicado a enviar a mis amigos en la era prefraude y postfraude, de los ensayos, textos, esquelas, minucias, borradores que haya escrito y enviado por todos mis canales de comunicación, de los Whats y audios que envío en forma cotidiana a mis familiares y amigos, quienes se hallan en México, de mis sesiones que mantengo en Skype con mi terapeuta y de todo lo que en suma pueda ser extraído de mi cerebro a través de medios informáticos.

Y, ojo, no porque yo lo haya elegido, no porque yo haya sido quien otorgó importancia a mis letras o a mis ideas, ni porque yo dijera “ah, Eleutheria, tus cosas son importantes y deben de ser plagiadas”, sino porque esta gente encontró en las mismas y en lo que escribo algo que les resulta atractivo en la tarea de idiotizar e hipnotizar a las personas.

Sí claro, por supuesto que hay mujeres con un discurso autónomo, como en el caso específico de Laura Rita Segato, que no solo no necesitan plagiar a los demás, sino que instruyen a esos demás con sus escritos, pero no es de dichas mujeres de quienes estoy hablando ahorita. Ni tampoco del corpus teórico de muchas feministas de la vieja escuela, como Simone de Beauvoir, Betty Friedman, Christine Delphy, Hélene Cioux, y un largo etcétera, que prueba o tentativamente probaría que no todo está perdido en cuanto al tema de la apropiación ilegal que se hace de la producción intelectual de otra persona. Puesto que quiero pensar que estas mujeres fueron lo suficientemente competentes como para escribir sus propios textos sin tener que acudir a los servicios de un ghostwritter para hacerlo ni sin tener que invisibilizar la existencia de otra mujer.

Hablo de todo esto, por cierto, porque así como es menester hablar del contorno perfectamente definido de las cosas y sus bordes, como diría la poeta argentina, también creo que es necesario hablar con esa misma vehemencia de su rugosidad y exponer las irregularidades y las propiedades amorfas  que hay en ellas con la misma pasión, solo que en este caso específico no requiere hacerlo más que de la capacidad de recurrir al verbo plano, sin mayores adornos, y al entendimiento para exponerlas.

Y qué extraño, porque yo jamás he tenido problemas con reconocer la belleza en los demás. Más bien, al contrario, son los demás quienes han tenido problemas para reconocer la probable belleza que haya en mí y quienes prefieren acudir a las argucias más sucias que hay en la red para apropiarse de mi lenguaje, nociones y esquemas conceptuales, antes que reconocer que pueda haber belleza en todo lo que he escrito.

De hecho, que ocurra esto que en este momento específico cuento, evidenciaría que esta incapacidad para reconocer la belleza que otros tienen es lo que ha justo puesto en jaque mis escritos y la imitación que se hace de ellos. Lo cual, creo, es una actitud patética e imprime al feminismo pop de redes un comienzo patológico. ¿Por qué les hiere tan profundamente todo lo que haya escrito una persona en sus momentos de más profunda jovialidad?

Tal vez molesta que una simple mujer de escuela pública sea quien pusiera en jaque la corrupción que había en la sociedad y no ellos, que ni con todas las destrezas que otorga el dinero pudieron haber creado este mismo discurso sin plagiar, hackear mi computadora y haberse metido a husmear en los más profundo de mi vida para después intentar neutralizarme.
Tu pensamiento es soberbio, me cuesta seguirte, pero me ofrece una certeza: he de seguir andando el camino del silogismo (tal vez te ofenda esto o te deprima). Los elementos de Euclides, si bien no son verdaderos (entendiendo verdad como correspondencia con la realidad: se sabe que esto es tautológico, ¿quién se encargará de verificar tal correspondencia?, ¿será verdadera su verificación?) me ofrecen un remanso lógico, ¿algún día lograré derivar aquello que me parece absurdo de mi realidad de premisas lógicamente consistentes que prueban tal absurdez? Creo que mejor me quedo con Sofía Kowalevskaya, inmersa en la increíble dulzura de sentir que existe todo un mundo del que el yo se halla totalmente ausente. Mas créeme, el relativismo ético o moral o como se diga, desprecia a la vida misma y, con ello, a la moral; por encima de la vida, coloca a la libertad del hombre; la vida es entonces sólo importante en la medida en la que es un medio -el único quizá- para hacer elecciones. La vida deja de tener valor per se, y adquiere sólo un valor instrumental. Tal vez la opción viable -desde el relativismo- para los que no entendemos el relativismo sea el elegir a la vida por sobre la libertad. Afortunadamente, el relativismo me lo permite.

-octubre de 2009, © Todos los derechos reservados.

Una nota sobre la gente que plagia

Cuando les empiece a contar cómo Avelina Lésper, Silvana Ávila, Fernanda Melchor, Laura Lecuona, Alejandra Eme Vázuqez, Rosario Loperena, Nadia Villafuerte, Daniela Villarreal Rubio, Sandra Barba, que alguna vez me llamó la chavista de tumblr, pero que convenientemente borró su tuit, si bien no, sus flagrantes y asquerosos plagios sobre mi obra, Estafanía Vela Barba y toda esta galería de pseudoescritoras que está catapultando a la fama el círculo de Enrique Krauze, están plagiando mi obra, se van a ir de bruces. Pero no me importa, y no me importa hacer el ridículo y no me importa tampoco revelar cómo llevo años siendo hackeada, espiada y sistemáticamente acosada por este grupo de psicópatas, ni me importa tampoco que piensen que estoy loca o llena de resentimiento. La verdad es que estoy llena de la misma rebeldía con la que empecé a escribir para mi blog hace algunos años, y si en aquel entonces no permití que se llevaran a cabo los atropellos que se estaban llevando a cabo contra el movimiento de transformación que encabezaba Andrés Manuel, de la misma manera no lo voy a permitir ahora, aun cuando para hacerlo tenga que salir a la luz yo misma y salir embarrada en esta serie de porquerías en las que me están embarrando. La cosa es, y en resumen, que tienen una ghostwriter que se dedica a plagiar mi obra a partir de que en 2012 se recomendara mi blog en un magazine de quinta, de escritorzuelos de ultraderecha, llamado Literactivos. Esta psicópata ha creado cientos de perfiles falsos en twitter en donde se dedica a escribir con mis letras, robar mi personalidad, a imitarme, copiarme, acosarme, a intentar apropiarse de mi producción intelectual y un largo etcétera. Tales perfiles se presentan tanto como perfiles de izquierda (aunque obviamente infiltrados) y perfiles de derecha. La finalidad de los mismos es operar en términos prácticos el golpe blando que se necesita mantener activo en los ámbitos mediáticos mientras dure el gobierno de Andrés Manuel con el simple propósito de desestabilzar al país y polarizar a la sociedad, por un lado, y por el otro, en la mente enferma de la psicópata que colabora con esta chusma, apropiarse de mi obra, detraerla de su singularidad o su valor aurático y fingir que ellos son los grandes genios, amantes del saber de espíritu renacentista que nunca han sido. Pero que se sienten plenamente inspirados a serlo por todo lo que he escrito, aunque en realidad solo estén plagiando mi obra.

Bueno, esto es solo una cápsula muy breve de lo que está y ha estado pasando. Puesto que los próximos días ofreceré más detalles sobre toda esta argucia. Saludos a todos y gracias por leer.

El Yo versus lo colectivo

Hay páginas colectivas en las que las personas se sueltan a escribir, una después de otra, sin cese. La obligación es no dejar ningún registro o huella de tu nombre. El mínimo rastro es visto con recelo. La gente se avergüenza de que haya habido una época de la humanidad en la que se había conceptualizado a un ente metafísico llamado yo, en la que se hablaba sobre un sujeto y sobre individuos ailados y no adheridos al colectivo que vivían al margen de toda comunidad. 

El superyó y el ello son comprensibles, porque, de hecho, son el único estado posible en el cual pueden expresarse nuestras interrelaciones más profundas que se dan de manera colectiva. Una categoría retrata la esencia de lo social y su capacidad coercitiva y disciplinante, capacidad que nos permite ser más felices, la otra, denota el estado anterior a nuestra constitución como entes sociales, es decir, nuestro estado de barbarie. Por fortuna, en estos momentos nos hallamos en el estadio intermedio y por esa razón es posible que escribamos las presentes notas sin faltar con ello a la prohibición que nos impide hablar en primera persona, ya sea del singular o del plural.

Se deja como muestra de nuestro estado presente, la siguiente estampa que relata la historia de una edificación en la que se escuchan muchos ruidos a sus alrededores porque se encuentra en el ojo de un carnaval de mercadería -un mercado sobre ruedas- en el que concurren en este paraje nada atractivo los seres humanos a realizar sus compras.

Aguas van que se escuchan por todas partes caer, personan no hay ni en la retaguardia ni en el frente de la edificación que no perciban esto. El edificio sigue intacto a pesar de la algazara que lo rodea.


Biblioteca breve de los sucesos extraordinarios que aquejaron a la humanidad durante la era del petróleo. 2714 – 2950, Tomo ii, fragmento.

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