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Leía hace una par de días en “La Jornada” que el cineasta Lars von Trier fue considerado en Cannes persona non grata a causa de haber expresado una idea -algo que él piensa- en torno a la persona de Adolf Hitler. La penalización es leve comparada a los castigos que han tenido que purgar diversos historiadores revisionistas del Holocausto y otros personajes.

Por supuesto, el tema del revisionismo histórico y los llamados negacionistas del Holocausto es un tema complejo. Mientras que en Wikipedia uno puede leer que cierta ala revisionista apela a métodos pseudocientíficos para respaldar sus aseveraciones, los revisionistas, por su parte, escriben libros aduciendo eso mismo de los narradores de la versión oficial. Dichos libros, por cierto, se consiguen con relativa facilidad en América Latina publicados por editoriales argentinas: ya se sabe que Argentina fue uno de los centros geográficos al que arribarían no solamente oleadas de judíos antes y durante la SGM –se me ocurren, nada más por pura asociación, los pianistas Daniel Baremboin y Martha Argerich, por ejemplo-, sino oleadas de simpatizantes del Nacionalsocialismo que dieran después lugar a películas tan inclasificables como “Los niños del Brasil”.

Las palabras del realizador danés fueron:

Entiendo a Hitler, aunque hizo cosas equivocadas, por supuesto. Sólo estoy diciendo que entiendo al hombre. No es lo que llamaríamos un buen tipo, pero simpatizo un poco con él.


Lo único que puedo decir es que durante mucho tiempo pensé que era judío y me sentía contento. Luego comprendí que no lo era. Quería ser judío, pero en realidad me di cuenta de que era un nazi, porque mi familia era alemana, lo cual también me agradó.
 No estoy a favor de la Segunda Guerra Mundial ni estoy en contra de los judíos.

Luego, hubo de echarse para atrás y añadió:

Si he herido a alguien esta mañana por las palabras que dije en la conferencia de prensa, sinceramente le pido disculpas.

Incurriré en acto de fe y supondré que esto es todo cuanto dijo el cineasta y que no apareció aquí ese afecto de la prensa a descontextualizar a menudo -y a conveniencia- las declaraciones del personaje público bajo inspección.

Ahora bien, si admitimos con la historia oficial que fue en la reunión de Wannsee de 1942 -presidida por Reinhard Heydrich bajo el Tercer Reich- donde se decidió la Solución Final al Problema Judío, entonces, queda claro por qué cualquier alabo a Hitler podría herir la susceptibilidad judía respecto a la Shóa o, incluso, molestar a cualquier no judío naturalmente inclinado a solidarizarse con el dolor humano. Hasta aquí, se entiende que pueda molestar a algunos el comentario del realizador danés. Tildarlo, además, de persona non grata a mí se me antoja mezcla de contradicción con moralina. Ambas cosas a la vez. [Por cierto, existe una película malísima (Conspiracy) con Kenneth Branagh como Reinhard Heydrich y Stanley Tucci como Adolf Eichmann que trata el tema de la conferencia de Wannsee; la recomiendo a modo de ilustrar la clase de maniqueísmos por los cuales uno termina hastiado de ver cómo se hace del Holocausto tema de encono, en lugar de tema para reflexión honesta y concienzuda].

De las contradicción y moralina

En relación al tema del Holocausto, parece que las implicaciones éticas de tal episodio se viven desde dos ámbitos cuya intersección es no vacía. El ámbito de la vida pública y el ámbito de lo doméstico, subsumido el último por el primero. 

Además, creo que se puede situar el suceso aludido, en el marco de tales implicaciones.

El ámbito de la vida pública

Se entiende que como resultado de una guerra cruentísima cuya razón, dicho muy simplistamente, atendió a cuestiones de poderío con arrojando un vencedor, se hayan celebrado los Juicios de Nüremberg o el propio juicio a Adolf Eichmann. También podemos maliciar cosas muy obvias. Por ejemplo, preguntarnos hasta qué punto las resoluciones tomadas en estos juicios fueron tomadas a legitimidad y si sería drástico colegir que –como dice la máxima- no solamente la historia es escrita por el vencedor, sino también los procedimientos, conformación de jurados, crímenes imputados en juicios de guerra, etcétera.

También es lícito sentir aversión ante estos juicios por la sencilla razón de que crímenes de lesa humanidad de magnitud del Holocausto o magnitud mayor cometidos durante la SGM, no fueron meritorios de sanciones tan draconianas y gozan, hogaño, de apenas mención.

Las indemnizaciones que Alemania a la fecha debe pagar al Estado israelí por motivo del Holocausto es algo que también puede dejarse de lado.

Hay algo más. La industria hollywoodense con sus visiones sensibleras y sesgadas del asunto, podemos tolerarlas porque, además, nos prodigan horas de evasivo entretenimiento y un “conocimiento histórico” exprés de los eventos.

Todo esto anterior es paja porque ya pasó y, acaso, sirva de mina argumental para quiénes rechazamos al Sionismo.

Pero hay dos cosas que sí no pueden ser echadas al olvido por su vigencia, es decir, por los efectos que hoy todavía surten en la vida de muchos. En lo que a mí respecta y desde mi condición de ciudadana del mundo, desearía que se abrieran espacios para el debate de estos dos hechos, hechos que –desde mi punto de vista- tendrían que obligarnos a un replanteamiento de las consecuencias del llamado Holocausto.

1) En Europa, está prohibido en algunos países negar el Holocausto. En algunos, incluso, se pena con cárcel tal osadía (Suiza, Francia, Alemania, Austria, por ejemplo) y parece que la tentativa de la UE sería unificar el criterio y homogeneizarlo. Creo que solamente España es excepcional en este punto, pues privilegió en medio de controversias la libertad de expresión contra el posible daño que supone negar el Holocausto.

Personalmente, rechazo que la condena al Holocausto por parte del bando aliado tras la SGM y, en específico, por parte de la comunidad judía se elevara a estatuto de norma. Es decir, ¿en qué momento y bajo qué criterios, una elección moral como puede ser repudiar el Holocausto, se convierte en norma jurídica? No me parece admisible que una cosa tan personal como elegir racionalmente si uno acepta o no el Holocausto haya de generalizarse e imponerse a grupos diversos de personas. Si es norma, su infracción merece un castigo. Castiguemos, entonces, a la horda de texanos que repudian por motivos raciales a los inmigrantes mexicanos y centroamericanos que cruzan la frontera, por ejemplo. Si se castiga por el mero y abstracto concepto de justicia, ¿en qué forma son ejemplares los  castigos impuestos a causa del Holocausto?, es más, ¿así deben ser vistos? Parece que en algunos casos el castigo que se imputa a aquél que se atreve a decir cosas contra el Holocausto no tiene tanto por finalidad educar a otros en no decir las mismas injurias, como joderse a quien ya las dijo. Se necesita aquí, la inteligencia de varios.

Supuesto que esta prohibición se reduzca a impedir expresar lo que se piensa sobre el asunto y no imponga, en realidad, o prohíba un pensamiento, digo que A) No sería ésta una prohibición menor y B) De hace tiempo, tengo problemas con aceptar el término “libertad de expresión”. Lo explico líneas abajo.

2) Con tantos males en el mundo y tantos problemas en todas partes, pueda parecer baladí exigir se discuta esto ampliamente. Pero no lo es. A pretexto del Holocausto, además de a pretexto de otros desvaríos del frenesí sionista, palestinos en Gaza protagonizan un sufrimiento tan atroz como el que vivieran los judíos del Holocausto. [No es mi intención ser molona, PERO recuérdese que a los judíos sobrevivientes se les indemnizó, además de con otras cosas, con la fundación el Estado de Israel tras reunión de la Asamblea General de la ONU reunida en San Francisco en 1947. Una historia larga de contar que inicia en el XIX y por cuya razón me atrevo a sugerir que a muchos judíos muy decentes nada más se les usa como carne de cañón en medio de este drama].

El ámbito de la vida doméstica

Las repercusiones morales del Holocausto en el ámbito público impactan en el ámbito doméstico por lo ya dicho. Hechos aislados aunque con denominador común sucedidos tras la SGM lo ejemplifican. 1) Un literato de nombre Robert Faurisson blanco de persecución desde el momento en que llamó a una revisión exhaustiva del Holocausto; entre otras cosas, fue cesado de la cátedra de Literatura que impartía en la Universidad de Lyon. 2) Hace dos años, un presbítero argentino de nombre Richard Williamson es expulsado de dicho país por negar el Holocausto.

Parece que el mensaje es: si profieres cosas contra el Holocausto, o bien serás candidato a hostilizaciones –allí está Trier que ni siquiera las dijo-, o bien se te destituirá de tu cátedra en la Universidad –Robert Faurisson-, o te deportará uno de los Kirschner de la pampa –Richard Williamson. Si contra toda esta persecución, de todas maneras, tiro por viaje nos enteramos de personas negándolo o haciendo cuestionamientos al respecto, no nos queda más que inferir –como hubiese sido lógico desde un primer momento- que las prohibiciones y castigos fueron elaborados ex profeso para detener el regadero de esta pólvora -xenofobia- ya que el pueblo judío es, en efecto, un pueblo que vive a la intemperie, descobijado y golpeado por el resto de pueblos del mundo -por vete tú a saber qué alineación de coincidencias que de ningún modo justificarían ninguna clase de xenofobia-, de tal manera que no queda más que protegerle a través de inflexibles leyes jurídicas y que esto es singularísimo pues ni siquiera el pueblo palestino –que bajo ningún concepto es menos querido que el israelí- es digno de tal protección. Un antisemitismo de élite (los judíos sí; los palestinos, no; o, al revés, depende de si plantearon el enunciado en forma afirmativa o en la negativa). Inferir que los negacionistas quizá tengan algo importante que decir a este respecto es algo que parece no tener posibilidad. 

Hay personas, pues, en el mundo, que a causa del problema del Holocausto se arrogan el cargo de objetores de conciencia. Si el sufrimiento del pueblo judío es digno de toda nuestra solidaridad y no debe admitir ni mofas ni agresiones, ¿por qué su condena sí tendría que admitir o mofas o agresiones o cualquiera otra actitud persecutoria de lo que humanos piensan? O, vamos a ser parejos, y protejamos también a otros pueblos que históricamente hayan sufrido vejaciones semejantes a la de los judíos por el Holocausto o por los llamados pogromos, etc.

Razones no me faltarían para hacer de este post una pequeña apología a un cineasta que con sus delirios estéticos ha satisfecho varios de los míos, pero no es el caso.

El caso es que esta inaudita actitud del jurado en Cannes –no menos que aquellas que les hace negar la palma a películas portentosas-, en consonancia con las actitudes ya citadas y la prohibición expresa que impide negar el Holocausto en diversas partes de Europa, parece restringir la libertad de los sujetos a la expresión de determinadas ideas y, muy en el fondo, a su posesión también.

Concretamente, habría que determinar por qué humanos que todavía no nacían cuando el Tercer Reich, tendrían que pagar ahora con su amordazamiento por crímenes cometidos por el Estado Nacionalsocialista, es decir, determinar si procede la colectivización de dicho crimen en aras de su erradicación y en personas que no lo cometieron y que, en todo caso, su único pecado consistiría en mantener una opinión sobre el asunto contraria al dictamen histórico oficial.

Particularmente, el concepto “libertad de expresión” es un concepto que no me gusta no sólo por cuanto me parece manido (so pretexto de la menor paparruchada se le invoca), sino porque considero que es un infortunado paralogismo –y pleonasmo- y porque la hace de eufemismo de una prohibición más violenta, la de pensar. Además de ello, en el caso de este conflicto, sí veo que reducir la prohibición a un problema de libertad de expresión, disminuye falazmente las posibilidades de reconocer que es algo más que una prohibición a expresarse y una posible discusión de esto mismo.

Me resulta terrible pensar que Europa está compuesta de hordas xenófobas y etnocentristas obsesionadas con arruinar al pueblo judío; igual de terrible es pensar que los llamados revisionistas históricos –muchos de ellos académicos- constituyan solamente un conciliábulo que obra contra lo judío. Nada más porque hoy no me imbuye un ánimo sarcástico, no me atrevo a decir que admitir todo esto sería casi conspiranoico.

El asunto precisa pruebas y evidencias ponderadas con imparcialidad. No es cosa del gusto o de la moral de una bloguera diletante de la pirueta mental y la escritura, o de cualesquiera otros sujetos que opinan. Quizá sólo me atrevería a dar una pista: sí creo recomendable leer literatura revisionista –en la Web pulula- para, al menos, conocer las dos versiones del asunto.  

En cuanto a la libertad de expresión concebida como pleonasmo, diré por qué. Porque si se es libre, se es libre en su totalidad. Ser libre ya tendría que implicar pensar con libertad y expresarse con libertad. O, más sinceramente, cuando se habla de la libertad de expresión como un derecho, siento que se nos está intentando lavar el coco.

Pero voy a sustituir este recelo con dos concesiones. La primera es que como la historia de la supresión de esta forma de libertad ha sido -en efecto- tan brutal, entonces, se puede admitir se le haya otorgado esta distinción nominal digamos que a modo de llamada de atención, como para que no se nos olvide y como para restituirle de su importancia. La segunda es conceder que estas comitivas a que comanda la ONU a escribir reportes, directrices, discusiones sobre temas de envergadura como el de la libertad de expresión, están conformadas por gente que actúa de buena voluntad como –de hecho- creo que actúan (se les llama paneles de expertos, ya recordé).

La primera concesión es rarísima porque equivaldría a una suerte de atomización de la noción de libertad que es, precisamente, por lo que califico al concepto “libertad de expresión” como de paralogismo. Como quiera, se hace la concesión. Aunque sí pienso que los casos referidos más el del cineasta, prueban que la buena voluntad no es suficiente para el caso particular del Holocausto.

A lo mejor los mecanismos de las comisiones encargadas de velar la memoria del Holocausto para determinar cuándo alguien sí está negando el Holocausto -por ambigüedad que haya-, son en suficiencia nítidos como para, unánimemente, llamar a reconvención jurídica. Pero el salto que hay entre esto que podría admitirse como norma y la actitud que se adjudicaron los realizadores del festival para tachar a Trier de non grato me parece tan abismal que no puede más que parecerme insólita la actitud de los realizadores del festival. No sé cómo le hizo la gente de Cannes para determinar que Lars von Trier es persona non grata a partir de las cosas que farfulló y, tampoco, quién podrá decir, luego, que Cannes es un festival non grato por esto mismo. Además: a) Lo específicamente dicho por el cineasta ni alude, ni niega al Holocausto, ni –ni siquiera- lo aprueba tácitamente. Él solamente expresó una idea propia sobre Adolf Hitler y sobre el nazismo –ésta última parece incoherente, b) Podría haberle bastado al festival con expresar, en atención a la comunidad judía, no estar de acuerdo con lo dicho por el cineasta en lugar de calificarle de persona non grata.

A pesar de todo, como decir que un B es un k no necesariamente hace de ese B un k, el caso narrado no mueve a escándalo, pero sí lleva a la comprobación –al menos para mí- de las muchas contradicciones que se suscitan en nuestras sociedades y cómo sigue imperando una norma de falsa moral -moralina- por la que si B es un k por una cierta razón puede que, por esa misma razón, C sin embargo no lo sea. Una obviedad.

Me quedo pensando que estas cosas son tan comunes que por eso se les someta a legislación y que esto pueda ser solamente una forma represiva de actuar, que no esté resolviendo de raíz el problema y que, entonces, habría que replantearse cuáles son las ganancias de “nuestros” sistemas jurídicos frente a las pérdidas que infligen. Las pérdidas son enormes e insoslayables, ¿vale la pena seguir manteniendo estos sistemas? No sé si me mueva un radicalismo ultra, pero mi respuesta es no. Creo posible vislumbrar otras formas de actuar y de vivir que podrían ser mucho más efectivas que la norma jurídica punitiva y la costumbre autómata.  

Hasta aquí con el post.

Y ya ansío ir a ver el filme de Lars von Trier presentado en Cannes:  M e l a n c h o l i a. . .

"Chico Grande"





Ahorita está en la Cineteca. Me pareció una gran película, me gustó bastante; la banda sonora es excelente. La recomiendo. Es la última cinta filmada de Felipe Cazals.


Sitio web oficial de la película.


Der Baader Meinhof Komplex

Recomiendo esta excelente, en verdad excelente película alemana que narra los hechos acaecidos hacia finales de la década de los 60's y durante la década de los 70's alrededor del surgimiento de una guerrilla urbana en Alemania conocida como la Banda Baader Meinhof (llamada también Fracción del Ejército Rojo, FER) que no era sino un grupo de izquierda radical que se opuso tenazmente a la opresión ejercida por Estados Unidos sobre los países débiles durante aquellos años (la guerra de Vietnan, la muerte del Ché, etc.), que se opuso también a la ocupación de Palestina por el surgente estado israelí y a -en general- el sistema de dominación y alienación al que ha sometido EUA a buena parte de la población mundial tras su victoria durante la Segunda Guerra Mundial. A modo de acotación, señalo que a este tipo de guerrillas se les tilda hoy en día de “terroristas”. Yo digo, que cada quien vea la película y saque sus propias conclusiones.


El Trailer:





Más allá de la temática, diría -en mi apreciación- que se trata de una auténtica obra de arte cinematográfico, no sólo por su valor histórico, sino por cómo la cinta se va desarrollando, la forma en que ésta es llevada (dirigida) y por las actuaciones de quienes la protagonizaron.



Tenía mucho tiempo, honestamente, que no miraba una película que me dejara tan buen sabor de boca. El 90% del cine hollywoodense es, para mí, absolutamente predecible: lleno de lugares comunes, clichés, estereotipos y hasta de bandas sonoras que suenan casi igual. Tiene años que no miro una película hollywoodense sin que a la cuarta parte de avanzada la misma –aprox.- no sepa ya qué sigue y cuál es su final. Quizá parezca que estoy exagerando, pero juro que así me sucede (supongo que para los que nos llamamos cinéfilos, llega un punto en que ésto es inevitable). Por supuesto, el cine hollywoodense -salmodias- no es el único cine que se hace en el mundo.




Mientras se estrena "Ágora"



Hipatia de Alejandría. Detalle de “La Escuela de Atenas” de Rafael Sanzio. En primer plano, Pitágoras escribiendo. En segundo plano, de pie, mirando al espectador, Hipatia de Alejandría (pintada como Margherita o el joven Francesco Maria della Rovere).

Ha tiempo que no espero con tanto empeño el estreno de una película como ahora. Se trata de “Ágora” de Alejandro Amenábar (de quien me volví fan con su cinta “Tesis”).

Lo que no puedo creer es que sí se haya estrenado ya esa cinta comercial llamada “Avatar” y que “Ágora”, en cambio, no sea aún exhibida. Ha sido estrenada en España (el estreno mundial se celebró allí el 9 de Octubre pasado), en varios países del cono Sur, en EUA y en otros puntos del orbe. Mas a pesar de esta eclosión del filme en salas cinematográficas alrededor del mundo, resulta que acá en México sigue sin estrenarse oficialmente. Avatar, por cierto, ha sido una de mis palabras favoritas en los últimos meses y me prende que al señor Cameron se le ocurra ensuciarla para titular su film (pensamientos clase “gente quisquillosa”); por otro lado, la asociación de estos filmes –emergente de mi psique- quizá tenga que ver con que inician con la misma vocal.

Yo no sé si “Ágora” sea un buen filme, pero la espero fervorosamente por una sencilla razón, la historia gira en torno a la vida de la gran matemática, filósofa y astrónoma de la historia antigua, Hipatia de Alejandría y eso es ya suficiente para querer mirar la película. Por lo pronto, me formulo preguntas: ¿qué versión darán allí de la vida de Hipatia?, ¿recogerán la verdad histórica o erigirán la figura de Hipatia a afiche mitológico?

Últimamente me he obsesionado con la verdad histórica y en las diversas formas en que Hollywood y el cine comercial han contribuido para tergiversarla. Y yo sé que es una tontería que me preocupe por esto en relación a “Agora”. ¿Por qué no, sencillamente, me preocupo por ir a verla con un buen bote de palomas, líquido tóxico oscuro -y adictivo- de sabor agradable y mi querido sempiterno? Imposible, estaré obsesionada con la verdad histórica y, mientras la mire –si es que ello llega a ocurrir- plantearé todo tipo de barruntos; de modo que no habré de disfrutarla en la pureza, sino en medio de cavilaciones de cinéfila altermundista que –ingenuamente- cree y pugna por el criticismo cuando –como bien lo dijera Marcelo Munch- lo único que nos libera es la belleza.

Haré una confesión: estuve a punto de comprarla en un puesto de películas piratas vísperas la navidad, pero ¿qué ocurrió? que al pedirle a la señorita que me probara el clón –cosa que normalmente no hago, pero que, como dirían mis hermanos, los “coños” son molestos en nuestras películas favoritas y hay que erradicarlos a como dé lugar- pues resulta que estaba no en su versión en inglés, sino doblada al español más insoportablemente castizo –y en verdad que me gusta el español ibérico, pero mirar una película en su idioma original no tiene correlato.

Dejo aquí algo de lo que hay sobre Hipatia en algunos de los libros de mi biblioteca personal; no sé si sea menester hacerlo, pues en la Web se halla bastante, pero como yo sigo siendo uno de esos espíritus románticos que ama los libros y los salvaguarda, entonces dejaré también aquí algo de esos rastros. Todo esto, mientras espero su estreno. 

…Pero “la verdad histórica” es algo que se pierde en los senderos del tiempo ¿debemos por ello renunciar a buscarla, a revisar –de nuevo- los textos, a conformarnos con la versión oficial y dimitir a los documentos oficiales? Yo digo que no.

Nota final: no tengo la certeza de que los textos referidos señalen la verdad histórica –de hecho, estoy segura de que no son las fuentes más fidedignas-, pero la lectura comparada es un modo de comenzar la búsqueda.

Hipatia
-Va con cualquiera –decían, queriendo ensuciar su libertad.
-No parece mujer –decían, queriendo elogiar su inteligencia.
Pero numerosos profesores, magistrados, filósofos y políticos acudían desde lejos a la Escuela de Alejandría, para escuchar su palabra.
Hipatia estudiaba los enigmas que habían desafiado a Euclides y a Arquímedes, y hablaba contra la fe ciega, indigna del amor divino y del amor humano. Ella enseñaba a dudar y a preguntar. Y aconsejaba:
-Defiende tu derecho a pensar. Pensar equivocándote es mejor que no pensar.
¿Qué hacía esa mujer hereje dictando cátedra en una ciudad de machos cristianos?
La llamaban bruja y hechicera, la amenazaban de muerte.
Y un mediodía de marzo del año 415, el gentío se le echó encima. Y fue arrancada de su carruaje y desnudada y arrastrada por las calles y golpeada y acuchillada. Y en la plaza pública la hoguera se llevó lo que quedaba de ella.
-Se investigará –dijo el prefecto de Alejandría.
Eduardo Galeano, Espejos.

A lo largo de los siglos se ha disuadido a las mujeres de que estudien matemáticas, pero a pesar de la discriminación ha habido varias mujeres matemáticas que lucharon contra lo establecido y acuñaron indeleblemente sus nombres en los anales de las matemáticas. La primera mujer con peso en la materia que conocemos fue Teano, en el siglo VI a. C. Empezó como alumna de Pitágoras antes de convertirse en destacada discípula y casarse con él al cabo del tiempo. A Pitágoras se lo conoce como el “filósofo feminista” porque alentó con entusiasmo la erudición femenina. Teano era, de hecho, una de las veintiocho hermanas de la secta pitagórica.
En los siglos posteriores hombres como Sócrates y Platón continuaron invitando a las mujeres a formar parte de sus escuelas, pero no hubo una escuela matemática de prestigio fundada por una mujer hasta el siglo VI de nuestra era. Hipatia, hija de un profesor de Matemáticas de la Universidad de Alejandría, fue popular por dar los discursos más famosos del mundo conocido y por ser la mejor entre quienes se dedicaban a la resolución de problemas. Matemáticos que habían permanecido durante meses agobiados con un problema concreto le escribían pidiendo una solución, e Hipatia rara vez desencantaba a sus admiradores. Estaba obsesionada con las matemáticas y con el método de la demostración lógica y cuando se le preguntaba por qué no se había casado respondía que lo estaba con la verdad. Al final, su devoción por la causa del racionalismo provocó su caída cuando Cirilo, el patriarca de Alejandría, comenzó a oprimir a los filósofos, científicos y matemáticos, a los que tenía por herejes. El historiador Edward Gibbon da un vivo testimonio de lo que ocurrió después de que Cirilo conspirara contra Hipatia y de que volviera a las gentes contra ella:
En un fatídico día del tiempo sagrado de cuaresma derribaron a Hipatia del carro, la desnudaron por completo, la arrastraron hasta la iglesia y allí murió de forma inhumana a manos de Pedro el Lector y una banda de fanáticos salvajes y despiadados; la carne fue raspada de sus huesos con conchas afiladas de ostras y sus palpitantes miembros fueron entregados a las llamas.
Poco después de la muerte de Hipatia, las matemáticas iniciaron un período de estancamiento, y hasta el Renacimiento ninguna mujer volvió a hacerse un nombre como matemática.
Simon Singh, El Enigma de Fermat.
Desde luego, debemos admitir que a la Edad Media le tocó presenciar una notable decadencia del conocimiento científico respecto de los niveles alcanzados en el mundo griego, y éste sería un caso en que, a primera vista, se tendría la impresión de que el advenimiento del cristianismo, con su característica tendencia a apartar la atención de los hombres de las cosas del mundo presente para dirigirlas a las del mundo futuro, y de los hechos de la naturaleza para dirigirla a las verdades de la fe, sería la causa de tal decadencia. ¿Acaso san Agustín, el patriarca del pensamiento cristiano occidental, no dice que la ciencia es una vana curiosidad que distrae a la mente humana de su verdadero fin, el cual no consiste en contar las estrellas e investigar las cosas secretas de la naturaleza, sino en conocer y amar a Dios? ¿Acaso no fueron los monjes quienes asesinaron a Hypatia? ¿No fue acaso Justiniano quien cerró las escuelas de Atenas que conservaban vivas las luces de la ciencia y la filosofía griegas?
Todo esto es cierto, pero es necesario recordar que la cuestión no es tan simple como parece a primera vista. La ciencia de la que habla san Agustín era la astrología, la cual a los ojos del hombre moderno simplemente no es ciencia, aunque para los hombres de entonces parecía inseparable de lo que hoy se llama astronomía; y de manera semejante, la escuela de Atenas, no obstante su genuina devoción a la ciencia helénica, se inspiraba en el ocultismo y la magia, lo cual es más fatal para el ideal científico que la teología y la filosofía de san Agustín; y en cuanto al asesinato de Hypatia, eso nada tuvo que ver con sus realizaciones científicas, así como el exilio de Einstein de Alemania nada tuvo que ver con la relatividad.
Christopher Dawson, Historia de la Cultura Cristiana.

De referencia obligada es Hypatia (370-415), la docta hija de Teón de Alejandría, profesora de matemáticas y de filosofía, seguidora de la corriente filosófica del neoplatonismo. Comentó la Aritmética y el Canon Astronómico de Diofanto de Alejandría (ca. 250 d. C.) y las Cónicas de Apolonio (ca. 262-190 a. C.). Se dice que ayudó a su padre en la elaboración de los comentarios al Almagesto, obra que constituía el canon astronómico de Tolomeo (ca. 85-165). Asimismo, Teón e Hypatia habrían preparado la edición de los Elementos de Euclides (ca. 300 a. C.) que serviría de base a las múltiples ediciones posteriores. Se interesó asimismo por la creación de aparatos científicos; al parecer construyó un astrolabio plano –usado para medir la posición de los astros y para calcular el tiempo–, y un areómetro –usado para medir la densidad de los fluidos, hecho éste que se menciona en una carta de su alumno Sinesio de Cirene.
Pilar Bayer Isant, Mujeres y Matemáticas.
Excelente artículo sobre Hipatia escrito por la Dra. en Matemáticas Nieves Martínez de la Escalera Castells, UNAM.

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