Ahorita que estoy leyendo “México Bárbaro” de John Kenneth Turner, me pegó fuerte este comentario de Andrés Manuel López.

Pero antes, tres comentarios alusivos a la Revolución Mexicana que yo misma tengo por hacer:

1. 1.  Si bien con la Revolución Mexicana no se alcanzan –aunque con ella empiezan- todas las conquistas sociales que, finalmente, habrían de reivindicar y restituir a los miserables de este país sus más elementales derechos, sí creo que la Revolución Mexicana fue el cauce más natural y decoroso que pudo haber tomado el pueblo mexicano que, acicateado por sus grandes ideólogos (los Flores Magón, Juan Sarabia, Madero, etc.) y por sus caudillos (Zapata, Villa, Felipe Ángeles, etc.), finalmente se entregó a esta lucha. Nada de lo que haya ocurrido después –los separatismos, los cambios de bando, etc.- tendría por qué desvirtuar este hecho. En mi opinión, los más genuinos frutos de la Revolución Mexicana habrían de recogerse varias décadas después, durante el cardenismo, y ello es también una muestra de que las cosas no permanecieron iguales después de ésta; así que yo no soy de la opinión de subestimar los logros que se obtuvieron tras su acontecer (por supuesto, hubo otros logros; pero éste es sólo un pequeño comentario. Leyendo y analizando uno los rastrea).

2. 2. A la luz de una revisión crítica de este acontecimiento, exijo que se estudie a sus figuras insignia en sus tinos y desatinos para con la revolución, que se estudien las causas y consecuencias de las acciones de todos sus protagonistas en relación a cómo impactaron éstas en el devenir de la nación mexicana. El estudio de los personajes en sí mismos –considerados como totalidad humana: sí protagonistas de la revolución, pero también humanos con errores y virtudes- creo que también puede llegar a arrojarnos datos valiosos y la oportunidad de hacer un cuadro más completo de las motivaciones de estos hombres, pero considero que este trabajo hay que dejárselo a quienes hacen biografía novelada o a algún psicoanalista y que, su examen, quede disponible para quien quiera abordarlo. Como miembro de una nación –y eso no excluye que me sienta parte íntegra de mi mundo- sí prefiero la historia crítica y objetiva. Es verdad que muchos aspectos de la vida doméstica de un ser humano te otorgan datos importantísimos sobre quién es ese ser humano, pero un balance honesto sobre el actuar de estos hombres no incluye para mí justificar sus horrores –el caso específico de Porfirio Díaz- parapeteando su infancia o sus glorias pasadas –su desempeño en la Batalla de Puebla, por ejemplo. Díaz fue quien ordenó la deportación de indios yaquis y ópatas a la zona henequera de Yucatán; indios yaquis, ópatas, mayas y algunos chinos vivieron -en la opinión de John Kenneth Turner- en condiciones aún más vejatorias que los de la Siberia rusa -justo cuando leía esta parte del libro, me parecieron casi benignas las historias de Alexander Soljenitsin. Lo ocurrido en Valle Nacional, fue de una magnitud aún más atroz que lo ocurrido en Yucatán; por espacio de varios años, murieron anualmente 15 mil esclavos en esa zona. No sé por qué no se dice con sus cinco letras, pero México tuvo un clarísimo período esclavista que vino a culminar con la Revolución Mexicana.

3. 3. El sistema de opresión en este país aún no cesa del todo (las modernas tiendas de raya son los bancos y, ahora, cientos de mexicanos viven eternamente en deuda pagando sus casas, sus autos, su ropa, comprando todo a crédito). Todavía hay mucho por hacer, mucho por cambiar, mucho por mejorar, mucha injusticia por extinguir. Es cierto que el país está tomado por un puñado de adoradores del ultraliberalismo, que el saqueo de los recursos en México está en su punto álgido, que las condiciones de los trabajadores evidencian un claro retroceso si se comparan sus “prerrogativas” actuales con los logros laborales que –en parte, fruto de la Revolución Mexicana- se habían alcanzado, que la muerte y represión en Copala tiene que ver con el saqueo de nuestros recursos, lo mismo que la extinción del SME y de LyFC, que la oligofrénica lucha contra los cárteles es el subterfugio perfecto sobre el que EUA mantiene control sobre el país –lo cual no sería posible sin el servilismo de Calderón-, que es inverosímil pensar que en lo que va del sexenio espurio han muerto más de treinta mil humanos, que, en fin, el país atraviesa ahora mismo por uno de sus períodos de mayor oscuridad y que, si bien todo esto es cierto, yo sí creo que las cosas pueden cambiar. Unidad, organización y una buena defensiva ideológica que contrarreste el impacto de los media en nuestros hogares, puedan ser un buen inicio; la Revolución Mexicana a mí me sirve de ejemplo y de inspiración y espero la llegada del veinte y la memoria centenaria de los inicios de esta lucha, llena de orgullo.

Y ahora sí, Andrés Manuel:


Tres


I.


Compartir este vídeo que tomé del blog “Crítica Filosófica”; el vídeo trata sobre qué sí es -un análisis hecho por Carlos Fazio- la supuesta lucha anti narco que ahora se libra en México.



II.

Mandar un link a este texto y a este otro, en donde se dan los pormenores de la Nueva Ortografía de la RAE que en breves días será sometida a discusión, es decir, las propuestas aún no son definitivas. Esta Nueva Ortografía se estaría publicando, tentativamente, a finales de 2010. Mi comentario, por lo pronto, es: si bien ya no será necesario tildar el adverbio “sólo” ni los pronombres demostrativos, me parece muy bien que se admita la decisión de quien sí quiera hacerlo (cosa que a mí no me desagrada porque me gustan los acentos).


III.

Espero poder tener pronto una copia del libro de Sandra Lorenzano, “Vestigios”; dejo aquí, como entremés, este maravilloso texto en donde José Gordon habla, justo, sobre este nuevo libro de Sandra. Es tan hermoso lo que dice, me conmovió de veras. Y es cierto: esto que somos, ya no somos. Y yo agregaría, ¿y en dónde está la dimensión en que lo fuimos, en que lo soñamos, en que lo figuramos, en que lo urdimos, lo sentimos, lo bebimos, lo palpamos? -habrá quien quiera responder, habrá quien no quiera preguntar o no pueda. No somos nunca o siempre lo estamos siendo y vamos hacia allá, hacia algún lado, allí donde se alza el punto de fuga de un horizonte que se me antoja inasible, como espejismo. Irónicamente, uno no deja de sentir, allí se me revela la vida (como ayer, que por $ 7.50, pude observar -allí en Madero- la Luna y sus cráteres). Aquí el texto.


Surcos

Mis manos, turgentes de acariciar la nada, dibujan siluetas eólicas que, serpenteantes, cambian de forma una y otra vez; mudando de la flor al rostro, del rostro a la montaña, de la montaña al cielo, del cielo al moscardón, del moscardón al cetáceo. Estoy en mi nadir.

***

Es causa de estupor cómo, temas y asuntos que otrora eran de mi plena dilección, hoy se han convertido en mera fruslería.

***

Yo hay días en que no quiero tener noticias del homo sapiens; días en que me gustaría estar rodeada sólo de árboles, hongos y minerales, es decir, excluida del mundo de los homo sapiens que tanto daño saben hacerse entre sí. Es más, mi progenie es otra; yo provengo de prosapia neanderthal, seguramente.

***

A mí me tiran mis excesivos escrúpulos y sensibilidad, me levantan la inteligencia y el orgullo. La última pareja es superior a la primera. Menos mal.

***

Necesito de un éxodo. Requiero de días y días en donde mis sueños, que se dibujan como dunas en la arena del olvido, se transmuten -al final- en el manto de la noche y un sol nocturno y flamígero, pintado a lo lejos, irrigue un poco de calor sobre mis pensamientos.

***

Traigo en la cabeza un temita al que pienso dedicarle varias horas, el de las verdades analíticas. Verdades que, en un principio, me han parecido muy claras y distintas –y, de facto, lo son. Hay, sin embargo, una pequeña objeción que opongo, pero ésta, de construirla –me parece-, pueda quizá ofrecer un punto de conciliación (es que así lo creo yo) entre las diversas corrientes que teorizan sobre el tema: el logicismo, el intuicionismo, el platonismo, etcétera: todas –tal vez- explican satisfactoriamente una de las parcelas en que queda expresado el quehacer y hacer matemático –su método y su ser mismo-, de tal suerte que la suma de dichas parcelas –y alguna especie de sinergia entre ellas que me atrevo a conjurar- explican su totalidad. Creo tener entonces ya un tema sobre los fundamentos, uno que verdaderamente me está haciendo eyectar ideas. A casi dos meses de vivir prácticamente sola, tenía que venir y contárselo a mi blog.

***

Sus ojos, petrificados, colmados de bondad -dos estrellas grabadas sobre la eternidad- al comenzar la música, dejan de estar muertos y comienzan a enfocar y disparan hacia mí: yo, que les di el hálito en este magín fugaz de que me alimento.

***

Veo mi reflejo en el agua y miro una ondina; hidra no soy. No es en el Leteo donde me baño, sino en el más profundo de los océanos.

***

Casi puedo palpar tu lucha, tocar tu dualidad, la guerra interna que libras. Y lo que hago es observar y ofrecerte una dádiva; pero no esto que soy porque apenas está en consecución aquello que no he sido.  

***

Yo todavía estoy clavada en debates epistemológicos que se dirimieron hace más de cuatrocientos años. Pero esto tiene sus ventajas –y sus desvantajas. Ventaja: el enorme placer producido cuando alguien te dice: “hablas como un Heidegger” o “hablas como un Hobbes” y, entonces, uno se ríe internamente: no saben que no necesitas leer a todos los filósofos para coincidir con ellos. Ésa es la aventura más grande que me atrevo a vivir: la de producir mi propio conocimiento, mis propias ideas; la de tomar una idea o un debate arcaico y comenzar a tejerlo tú mismo, a recrearlo y ver hasta dónde llegas. Mi mente es simple y opera al margen de sofisticaciones; otrora lo hacía más con imágenes y, hoy, en un sano equilibrio entre palabras e imágenes. Y así voy derivando todos mis pensamientos. Otra ventaja: puede luego uno acudir a los textos y cotejarlos contra las propias ideas y, sí, rectificar. Eso sí, mi pensamiento es lento y pausado. Y cavilo mejor en ausencia de gentes que frente a ellas, pero –entonces- cuando me embarga la timidez y me siento proclive a no decir lo que pienso, escucho otra vez a Kovalevskaya decir: “Di lo que sabes, haz lo que debes, pase lo que pase”.

***


Ésta de Emil Mihal Cioran -que la amo y está en uno de mis predilectos, "De lágrimas y de santos"- porque expresa una de mis tantas convicciones sobre Dios (lo escribo con mayúscula en respeto a la gramática y no en señal de deferencia a un ente metafísico que, justo por eso, nomás ni cómo) y las religiones. Además, sobre Bach y sobre mí: "He dicho que Dios le debe todo a Bach. Sin Bach, Dios sería un personaje de tercera clase. La música de Bach es la única razón para pensar que el Universo no es un desastre total. Con Bach todo es profundo, real, nada es fingido. El compositor nos inspira sentimientos que no nos puede dar la literatura, porque Bach no tiene nada que ver con el lenguaje. Sin Bach yo sería un perfecto nihilista."

***

“Eleutheria”, paulatinamente, muda de ser el lugar en el que vierto mis disquisiciones al lugar en el que mi gran tema soy yo. Bloguerita -idólatra de mí- me siento cómoda ante este nuevo cariz que toma “la ciudad”. Pero lanzo una advertencia: aquí también se construye pensamiento y puedo prescindir de mí y de mi contribución a “la literatura del yo” a modo de incidir en el otro, en mi entorno que -a mí parecer- ofrece mucho más de lo que puedo ofrecer yo misma (he sido mi más grande apologista, pero también mi más grande detractora).

***

No deseo ser un alfeñique.

Tuve una oferta de trabajo que decliné. Se trata -para los amantes de la esclavitud- de un trabajo de esos envidiables: prestaciones de ley, vacaciones, trabajando en una dependencia del gobierno y todo el kit completo. Estuve bastante cercana a aceptarla: decir que vivo en precariedad económica es decir poco y la paga era francamente buena. Por poco, poquísimo, mi yo venal estuvo a poco de caer en la tentación. Pero, al final, ganó mi libertad –ésa que para algunos es apenas visible; mientras que, para otros, es mi nave insignia: cada uno tiene su modo de ser libre o de creer que lo es. Y lo mejor fue el correo-e que envié para hacer el anuncio. No, de verdad, me divertí tanto diciendo lo que pienso; declarando sin ambages que prefiero mil veces mi trabajo de maestra con mala paga –y todo el tiempo libre de que dispongo- que envejecer en una oficina. Sí, eso fue lo que dije. Esa fue la razón que aduje. Eso sí, sigo en la precariedad, casi en la caquexia, pero con una gran sonrisa pintada en mis labios. Como siempre.

***

Ahora debo concluir porque iré a escuchar cantar a esta soprano en el CCU. La entrada es libre, ¿cómo no aprovecharlo? Quizá acuda allí un hatajo de gente –incluida moi. A ver cómo reacciono (ya estoy acostumbrada).


Nietzsche sobre Hölderlin y Olga Votsi

El entusiasmo que ha poco manifestó por Hölderlin un lector de “Eleutheria” me ha llevado a desempolvar algunos de los textos que yacen entre mis archivos literarios. Sucedieron dos cosas: 1) Me acordé de mí misma cuando, errante por la biblioteca de Acatlán, fugándome momentáneamente de las lecturas a libros de Cálculo, Autómatas, Lenguaje C, etc., me dejaba llevar –apenas sin advertirlo- a los pasillos que albergan el acervo humanístico; más precisamente, a los pasillos en donde se concentran los textos filosóficos y literarios (en mí, sin duda, siempre han vivido, por lo menos, dos mujeres: una mujer que ama las creaciones humanas, el arte, la lírica, la plástica, la música y otra mujer, más evanescente, lejana e impenetrable que ama del pensamiento abstracto, que se siente inimaginablemente cómoda leyendo teoremas y sus demostraciones; porque, además, la belleza –y el gozo, sí- que el pensamiento y el quehacer matemático me confieren, no tienen rival. De esto anterior se colige, claramente, que soy una esteta). Así que, de cuando en cuando –tras mis inquisiciones- tenía a bien fotocopiar uno que otro texto que versara sobre uno de los temas de mi interés y, así, hacer crecer la pila de fotocopias que anidan  en mis haberes –pilas que algún día se convertirán en papel de reuso o en material para producir fuego. Fue así justamente, en una de dichas expediciones, que pude adquirir este material -poquitas poesías y alusiones a su ser- del poeta alemán. 2) Me encontré con esta serie maravillosa de textos escritos por diversos poetas, filósofos, literatos dedicada toda a la persona de Hölderlin (en mi inventario mental,  que siempre llevo a donde voy recordaba, vagamente, el acervo de estos textos). Escriben sobre él Gottfried Benn, Jorge Luis Borges, Olga Votsi (aunque en mi texto su apellido está escrito con B), Paul Celan, Julio Cortázar, Johannes Bobrowski, Rolf Dieter Brinkmann, Álvaro Cunqueiro, Hermann Hesse, Stefan Zweig, Rainer Maria Rilke y Friedrich Nietzsche.

Voy a poner aquí –tecleados desde mi computadora- dos de dichos textos. Elijo estos dos textos porque encuentro que son ellos los que proyectan con mayor nitidez la esencia del alma de Hölderlin –si se me permite la expresión.

TEXTO 1.

A Hölderlin
(Olga Votsi)

¡Qué hermosamente te adormeciste
en las aguas silenciosas de la locura,
pájaro sagrado, tú, amigo de los dioses,
y desapareciste en la lejana
belleza por ti siempre deseada!

TEXTO 2.

Carta a un amigo, en la que le recomiendo la lectura de mi poeta preferido
(Friedrich Nietzsche)

Pforta, 19 de noviembre de 1861

¡Querido amigo!

Algunas exposiciones de tu última carta acerca de Hölderlin me han sorprendido mucho, y me siento movido a entrar en liza contra ti en defensa de este mi poeta preferido. Voy a recordarte tus duras, más aún, injustas palabras; acaso abrigues ya ahora una opinión distinta: “Me resulta completamente inexplicable que Hölderlin pueda ser tu poeta preferido. A mí, al menos, esos sonidos nebulosos, medio dementes, de un alma desgarrada, rota, me han producido únicamente una impresión triste y a veces repulsiva. Oscura palabrería, a veces pensamiento de locos, violentos arrebatos contra Alemania, endiosamiento del mundo pagano, unas veces naturalismo, otras panteísmo, otras politeísmo, en resuelta confusión; todo esto se halla impreso en sus poesías, aunque, eso sí, en bien logrados metros griegos.” ¡En bien logrados metros griegos! ¡Dios mío! ¿Ése es tu único elogio? Esos versos (para hablar únicamente de la forma externa) han brotado de una alma purísima, delicadísima, esos versos, que con su naturalidad y originariedad oscurecen el arte y la elegancia formal de Platen, esos versos que a veces se ondulan con un sublime aliento de odas, y a veces se pierden en los más delicados sonidos de la melancolía, ¿tú no puedes elogiar esos versos con otra palabra que con la insípida y ordinaria de “bien logrados”? Y, desde luego, no es ésta tu mayor injusticia. ¡Oscura palabrería y a veces pensamientos de loco! Estas desdeñosas palabras me hacen ver, primero, que eres víctima de un insulso prejuicio contra Hölderlin, y en segundo lugar, sobre todo, que para ti los versos de ese poeta son oscuras fantasías nada más que porque tú ni sus poesías ni sus otras creaciones. Pareces estar en la creencia de que Hölderlin ha escrito únicamente poesías. Así, pues, no conoces el Empédocles, ese fragmento dramático tan importante, en cuyos melancólicos sonidos se transparenta el futuro del desgraciado poeta, la tumba de una demencia que duró años, pero no, como tú opinas, con una oscura palabrería, sino con el más puro lenguaje sofocleo y con una riqueza infinita de hondísimos pensamientos. Tampoco conoces el Hiperion, que, con el armonioso movimiento de su prosa, con la sublimidad y la belleza de las figuras que en él aparecen, me produce una impresión semejante al oleaje del mar agitado. De hecho, esa prosa es música, dulces sonidos blandos, interrumpidos por disonancias dolorosas, y que acaban en un suspiro de sombrías, inquietantes canciones sepulcrales. Pero lo dicho concernía principalmente a la forma externa; permíteme que añada ahora algunas palabras sobre la riqueza de pensamientos de Hölderlin, que tú pareces considerar como confusión y oscuridad. Si bien tu reproche puede aplicarse en verdad a algunas poesías de la época de su locura, e incluso en las anteriores la profundidad del sentido se debate a veces con la inminente noche de la demencia, sin embargo, la inmensa mayoría de esos poemas son perlas puras, preciosas, de nuestro arte poético. Te remito únicamente a poesías como “Retorno a la patria”, “El río encadenado”, “Puesta de sol”, “El cantor ciego”; voy a aducir incluso las últimas estrofas de “Fantasía vespertina”, poema en el cual se expresan la más profunda melancolía y más hondo anhelo de sosiego.

En el cielo vespertino florece una primavera;
Innumerables brotan las rosas, y tranquilo parece
El mundo de oro; oh, ¡llevadme hacia allá,
Nubes de púrpura! ¡Y que allí arriba

En luz y aire se desvanezcan el amor y la pena!
Pero, como ahuyentado por una loca súplica, huye
El encanto. Comienza a oscurecer, y solitario
Bajo el cielo, como siempre, me encuentro.

¡Ven tú, sueño suave! ¡Demasiadas cosas
Anhela el corazón, y por fin, tú, juventud, te extingues!
¡Tú inquieta, soñadora!
¡Pacífica y jovial es entonces mi vejez!

En otras poesías, como especialmente en “Conmemoración” y en “Peregrinación”, el poeta nos alza hasta la idealidad más elevada, y nosotros sentimos con él que esa identidad era su elemento patrio. Finalmente, es notable toda una serie de poesías, en las que Hölderlin dice amargas verdades a los alemanes, verdades que, con frecuencia, están más que justificadas. También en el Hiperión lanza agudas y cortantes palabras contra la “barbarie” alemana. Sin embargo, este aborrecimiento de la realidad es conciliable con el máximo amor a la patria, que Hölderlin poseyó también realmente en alto grado. Pero en el alemán, odiaba al mero especialista, al filisteo.

En la inacabada tragedia, Empédocles, el poeta nos despliega su naturaleza propia. La muerte de Empédocles es una muerte nacida de un orgullo divino, de un desprecio hacia los hombres, de un estar harto de la tierra, y de un panteísmo. La obra entera, siempre que la he leído, me ha conmovido de manera muy especial; una majestad divina alienta en ese Empédocles. En el Hiperion, en cambio, aunque parece estar bañado asimismo en una luminosidad transfiguradora, todo es insatisfactorio e imperfecto; las figuras que el poeta evoca con “imágenes de aire que, despertando nostalgias, nos rodean con sus sonidos, nos embelesan, pero también suscitan un anhelo insatisfecho.” Mas en ningún otro lugar se revela con sonidos más puros que aquí la nostalgia de Grecia; en ningún otro tampoco destaca con mayor claridad que aquí la afinidad anímica de Hölderlin con Schiller y con Hegel, su amigo íntimo.

Muy pocos son los puntos que he podido tocar, pero a tu discreción, querido amigo, he de dejar el que, a base de los rasgos aludidos, te formes una imagen del desgraciado poeta. Si no refuto los reproches que le haces por sus contradictorias opiniones religiosas, has de atribuirlo a mi demasiado escaso conocimiento de la filosofía, en cual exige en gran manera un estudio más detenido de ese fenómeno. Acaso tú te tomes alguna vez la molestia de penetrar con más detalle en ese punto, y con la iluminación del mismo, arrojar algo de luz sobre las causas de su perturbación mental, las cuales, de todos modos, es difícil que tengan ahí sus únicas raíces.

Me perdonarás seguramente el que, en mi entusiasmo, haya empleado a veces palabras duras contra ti; lo único que deseo –y ésta es la finalidad que doy a mi carta- es que, mediante ella, te sientas movido a adquirir un conocimiento y a tener una estimación imparcial de ese poeta que la mayoría del pueblo apenas conoce ni de nombre.

                                 Tu amigo,

     F. W. Nietzsche



Mi gato es atípico. Éste no es independiente y se dice mío. Va a dónde voy yo y si a la ducha me meto, allí mismo me sigue y mete su patita por debajo de ese triángulo que le falta a la puerta del baño -allí- en la parte inferior. Y luego, tiene su advocación en el gato de la noche que persigue hasta a mi sombra a cambio de una digna vianda de Whiskas. Y ya no sé yo quién es quién; si el gato negro es la gata negra o la gata negra es el gato negro. Gato negro voyeur. La gata negra se llama Gigi, el gato negro se llama Odín. Gatos clavicémbalos que cantan músicas con su ronroneo; gatos injerencistas que se asoman por mi ventana para participar de mi vida cual espectáculo de vodevil. Y hete que voy de la sala a la cocina y de la cocina al comedor, acarreando ollas, refractarios de comida, baldes con agua, atareada, pensativa y los gatuchos, chismosos, con sus ojos acuciosos me inspeccionan toda y, con ingeniosa mente, se ponen a barruntar asertos que ofrecen solaz a su inicuo, no saciable intelecto. Pero gatos tiernos también –como yo- y por eso los amo y los acepto en mi Big Bang contraíble-expansible. Estos gatos son aerolitos dentro de mi universo; otros, hasta cometas de mi noche sideral sempiterna y -a veces- hasta a la luz del día se presentan en mi cielo.

Inspirado por un post de Marcelo Munch.


Canción de amor nahua




Canción: Huecanías
Intérprete: Zenaida Vargas
Álbum: No morirán mis cantos
Año de grabación: 1965

Huecanías
hueca hueca tlalli
hunamo nicani, xoxoca tinemis
mo-pampa tica
nia nitemolompa nomiquilis
teuis no yol

Xihuala, xihuala
notlasontsin, noalimantzin
yoloxochitl
ompaqui cuica
cerca nomiquilis
teuis noyol.

Me voy lejos,
a lejanas tierras,
donde yo pueda llorar
mi desventura.
Me voy por ti, donde tú no sepas,
sí corazón.

Amorcito ven,
consentido, consentido.
Corazón, flor,
aquí lo llevo
dentro de mi alma,
sí corazón.


Loa al azar y alegría


Ayer fui a Ciencias y pude ver a alguien a quien no veía hace poco más de un par de meses. Entonces, este brevísimo post quiero dedicarlo a congratularme por todas aquellas charlas que he tenido con ese alguien, quien, con su visión del mundo también ha enriquecido al mío (este Big Bang –mi mundo- que se expande y contrae infinito; el de ese alguien, yo creo que sólo se expande). Y si escribo esta breve nota al respecto es porque estoy muy feliz de ver cómo dicha persona –un ser con alas- ha mejorado notablemente y ser testigo de cómo el azar ha favorecido su recuperación y la de su cuerpo que ahora luce menos debilitado (si la nueva Metafísica -como sugirió Paz- advendrá en una crítica a la ciencia; entonces, si somos críticos, tendremos que aceptar que los que creemos en ella –en la ciencia- elevamos nuestras plegarias en forma de loas al “Azar”, al “Caos” y a la “Entropía”. Claro, uno no cree en la ciencia y menos en el azar como si de deidades se tratase: como se ha visto, también la afectación infecta a mis posts -y las cacofonías-; pero esto último es nada relevante frente a la mejoría del ser alado a quien dedico esta entrada).

Ambivalencias


Se le llamó «escándalo de Bruselas» al que protagonizaran Arthur Rimbaud y Paul Verlaine tras sostener una relación amorosa. Ambos son considerados poetas malditos, mientras que su estética queda inserta dentro del llamado movimiento simbolista.



Lo de “poetas malditos” se generalizó a partir del libro homónimo de Paul Verlaine —tengo la fortuna de poseer en copias una versión español-francés de dicho texto— en el que el mismo Verlaine hace un recorrido por la poesía de diversos poetas de la época. Entre ellos, Stéphane Mallarmé, Arthur Rimbaud y él mismo (Pauvre Lelian, su anagrama). Acá hay un poco más de info sobre este asunto.



En lo que a mí toca, he sido una de esas personas seguidoras del movimiento romántico y, claro, asidua lectora de la poesía maldita y en general de la literatura del mal. Por supuesto, no pocos de mis poemas favoritos han sido escritos por algún poeta maldito (¿hay alguno que no lo sea?). Y sí, la poesía tanto de Rimbaud como de Verlaine está en el conjunto de lo que me arranca estremecimientos (afortunadamente, no estoy anclada sólo allí).



El «escándalo de Bruselas» no llama mi atención por su naturaleza homosexual como por los sentimientos amorosos que soliviantó en ambos poetas, lazo indestructible e imposibilidad cuyas últimas consecuencias se expresan en la muerte y melancolía que atravesó separadamente a Paul Verlaine y a Arthur Rimbaud hasta el final de sus días.

Ahora bien lo que quiero expresar aquí —después de ésta y un poco inútil introducción monográfica— es el conjunto de cismas que me produce la ambivalencia de sentimientos expresada en la literatura de Rimbaud.



Rimbaud fue el poeta que una vez declaró:



“Mi superioridad consiste en no tener corazón.”  /*Me gusta



Pero Rimbaud fue también el poeta que una vez escribiera a Verlaine la siguiente punzante carta de amor (cada que la leo mi ritmo cardíaco se subvierte y una cierta inclinación melancólica se apodera de mí):


A Verlaine, julio de 1873 Londres, viernes por la tarde.



Vuelve, vuelve, querido amigo, único amigo, vuelve. Te juro que seré bueno. Si me he mostrado desagradable contigo, fue tan sólo una broma; me cegué, y me arrepiento de ello más de lo que puedes imaginar. Vuelve, todo estará totalmente olvidado. ¡Que desgracia que hayas tomado en serio esta broma! No paro de llorar desde hace dos días. Vuelve. Sé valiente, querido amigo. Nada está perdido todavía. (…) No me olvidarás ¿verdad? No, tú no puedes olvidarme. Yo te tengo aquí siempre. Di, contesta a tu amigo ¿acaso no volveremos a vivir juntos los dos? Sé valiente, contéstame pronto. No puedo quedarme aquí por más tiempo. Oye sólo lo que te dicte tu buen corazón. Dime pronto si tengo que reunirme contigo.

A ti, para toda la vida. Rimbaud.  

Arthur Rimbaud, l'enfant terrible, sus palabras, su poesía —quizá su vida—, son por otra parte evidencia clara de la coexistencia —en nuestra naturaleza emocional— de una ambivalencia: una que nos hace reconocer, sin recato y a veces con cierto cinismo, nuestra imposibilidad para amar y que, al mismo tiempo, nos hace experimentar la muerte en la lejanía del ser amado, la más plena insatisfacción. Yo creo que esa frialdad es, muchas veces, máscara, caparazón, coraza y ariete. En tanto que el ardor, manifestación de nuestra vulnerabilidad, de eso que se da a cuenta gotas a fuerza de temer su mala utilización. Yo, por mi parte, anhelo la audacia, quien sí provoca a la muerte (aunque la ambivalencia, así manifestada, es de un encanto insuperable y también la acojo).

/*Ésta es mi exégesis (plagada de toda suerte de texturas emocionales). Se admiten otras.

"Autumn Leaves"

Inmersa ya en la que es mi estación favorito del año: el otoño, el otoño pleno y sus "autumn leaves".


* Con Nat King Cole (me gusta mucho con Nat):



* Con Edith Piaf (con Piaf es única):


* Con Frank Sinatra (bueno, la voz de Sinatra):



The falling leaves drift by the window
the autumn leaves of red and gold
i see your lips, the summer kisses
the sun-burned hands i used to hold
Since you went away the days grow long
and soon i'll hear old winter's song
but i miss you most of all my darling
when autumn leaves start to fall

C'est une chanson, qui nous ressemble
toi tu m'aimais et je t'aimais
nous vivions tous, les deux ensemble
toi que m'aimais moi qui t'aimais
mais la vie sépare ceux qui s'aiment
tout doucement sans faire de bruit
et la mer efface sur le sable les pas des amants désunis


Multiplicidades


Cuando era niña, amaba apilar en un solo lugar todos los libros que mi madre tenía de la colección “…sepan cuantos”  de “Editorial Porrúa”.  Y lo hacía porque la idea de que fueran todos libros iguales (en diseño, tamaño, grafías, etc.), salvo por la variación del color, era una idea que me parecía, sencillamente, maravillosa: la posibilidad de tener lo mismo,  repetido muchas veces, salvo por una ligera variante. Recuerdo que me la pasaba horas mirándolos: de frente, de detrás, por dentro y, sobre todo, veía por largas horas ese recuadro en la contraportada que exhibe la fachada –esa entrañable fachada- de lo que parece ser algún edificio del Centro Histórico de la Ciudad.


Entonces tomaba todos los libros, los ponía en fila y miraba por horas, extasiada, cada portada y su contraportada en distintos colores: rojo, verde, morado, rosa, azul, amarillo y, de verdad, me encantaba la idea de tener todos esos libros –a los que consideraba míos- en colores distintos y tan parecidos a la vez (yo fui una de esas típicas niñas mimosas y cursis, que se creía Sandy Bell, que adoraba sus vestidos y que éstos le parecían tanto más hermosos cuanto más coloridos y churriguerescos se presentasen. Por eso -me imagino- el colorido de los libros de “Porrúa” los hacía especialmente atractivos a mi vista). Pero no era nada más el color: para cada balcón –de cada color- inventaba una historia distinta y similar a las otras, casi iguales, salvo por alguna minucia; en cada variante, eso sí, añadía algo que hacía a una historia mucho más estimulante que otra. Eran historias absolutamente bobas con las que me entretenía por horas; ni siquiera permitía a Paola participar en éstas, me encerraba en mi burbuja, me escondía en algún rincón de la recámara de mi mamá, me salía a su balcón, me escondía debajo de su máquina de coser o, en fin, quién sabe a dónde diablos me metía con tal de vivir intensamente mis historias, historias que –lo mismo que los libros- eran casi iguales, salvo por variantes. Era como la misma cosa multiplicada varias veces por sí misma, pero transformada en cada aparición. Los fractales, supongo, me gustan por eso. Pero hay cosas en Matemáticas que me gustan más –muchísimo más- que los fractales y que también exhiben esa cualidad a la que llamo multiplicidad (aparecer muchas veces en distintos lados y, en cada aparición, exhibir una variante –y la variante puede “tomar” cualquier forma). Transformaciones del plano como simetrías, reflexiones o, en general, semejanzas son un buen ejemplo de esa “propiedad” –esas transformaciones y su composición. Por eso, el método clásico de construcción de fractales es el de “Sistemas de Funciones Iteradas” (SFI).


Un buen ejemplo de multiplicidad en Matemáticas es el “Axioma de Elección” de la teoría de conjuntos. Este axioma establece que dado un conjunto A de infinitos conjuntos no vacíos y disjuntos dos a dos, es posible extraer un subconjunto –tomando un elemento de cada conjunto del conjunto A-, de A, sin de antemano saber cuál es el criterio de elección (la propiedad que define a dicho subconjunto). Ahora bien, la magia o carácter de múltiple de este Axioma radica en que afirmaciones importantes en Álgebra Vectorial, en Análisis, Topología, etc. no son sino una variante de este mismo axioma. Por ejemplo, el enunciado según el cual todo espacio vectorial tiene una base, no es sino una variación del Axioma de Elección.


Las multiplicidades -a mi juicio- son una constante, son cosa común entre los objetos matemáticos. Y claro que, esto de las multiplicidades es algo que he venido detectando en todos los ámbitos en que se despliega mi vida y he abrazado este gozo por tal “fenómeno” lo mismo si me lo encuentro en Matemáticas, que si en el lenguaje, en la música, en los libros o en la cotidianeidad misma. Tengo mi modo, ni cómo no decirlo, de ver multiplicidades. Hay multiplicidades débiles, hay otras fuertes; a veces –incluso- quiero ver multiplicidades en donde no las hay.


Ejemplos más de este apego a las multiplicidades lo veo en: 1) Mis atisbos coleccionistas por los sinónimos: la idea de un mismo significado signado por diversos significantes y la propensión a hacer listitas de éstos (cuanto más larga es la listita, es decir, la cantidad de diversos términos para un mismo significado, mejor) 2) También requiero de las multiplicidades cuando investigo temas. Así, por ejemplo, si me interesa saber cosas sobre un equis asunto, entonces, me doy a la tarea de comprar, sacar de la biblioteca, descargar de Internet etc., diversos libros sobre el mismo: la multiplicidad se da al abordar el mismo tema accediendo a las variaciones que, según el tratamiento del autor, uno se va encontrando. 3) Gusto de las multiplicidades en la moda. Si voy y compro mis falditas de colores, entonces procuro llevarme varias iguales fijándome en sólo variar el diseño. 4) Multiplicidades en la música. Por ejemplo, soy bien aficionada a conocer –a tener toda vez que los bolsillos lo permiten- todas las versiones posibles de una misma melodía; claro que hay melodías más propensas a ello. Por ejemplo, las suites de Bach uno las encuentra ejecutadas por diversos chelistas, de diversas épocas, bajo diversos sellos discográficos, etc. Me gusta “Saltarello” con Dead Can Dance, pero también disfruto increíblemente escucharla con “Ophelia´s Dream” y hacer mis comparaciones –a pesar de que mi lenguaje en teoría musical es casi nulo- y expresarlas para mí. Porque en música ocurre que, aunque tú no sepas cuándo un conjunto de notas es un acorde o, en qué escala está cierta nota, que aunque tú no sepas eso, tú te das cuenta cuándo ocurre y hasta uno hace notaciones propias para señalarlo. Es como cuando uno compone canciones –a mí me pasa todo el tiempo- y aunque no sabes la notación musical para escribir tu canción y sabes que no tienes modo ni de escribirla porque en lo que inventas tu notación ya se te olvidó cómo va, sabes –algo dentro de ti- que sí es música y que tu melodía tiene acordes y notas y escalas y tonos y todo eso que hace que una música sea música  5) Las multiplicidades del paisaje. Estar en lugares o ver fotos, o escenas cinematográficas de sitios inmersos en paisajes similares. 6) Las multiplicidades en las fisonomías. Fácilmente encontrar parecidos entre las personas (quizá con miopía para con uno mismo). 7) Multiplicidades literarias. Como coleccionar poesías o fragmentos de textos que aluden a una misma cosa; particularmente, me gusta encontrarme las palabras “Matemáticas” y “Geometría” en el cuerpo de un poema –sea éste en prosa, como los de Francisco Umbral, o en verso 8) Allí en donde se aparezcan.


Yo creo que esto de las multiplicidades puede llegar a ser toda una filia  para cualquiera.


Toda vez que he dicho “multiplicidades” y a lo que me refiero con ello, comprendo que ha podido tratarse de una noción un tanto difusa, pero sé que es algo que las personas, en general, podemos llegar a asir o percibir por una sencilla cosa: las multiplicidades allí están, objetivamente yacen en el mundo.  


De mi cuaderno de notas...




El Fénix, esa hoguera que a sí mismo se engendra
Guillaume Apollinaire

Lágrimas que no logran salir se agazapan en lo último vítreo de mis ojos.
Imposibilidad, amor.
La noche devorándonos…
Devorando mis entrañas, lo que queda de mí…
Para alimentar la tierra que te dará de comer…
…cuando yo ya no esté aquí y te tenga sujeto en la atemporalidad.
Y el narcótico de mi recuerdo te impida siquiera andar, zombie.


No sabes, no sabes de qué espantosa manera, fatídica, escabrosa, funesta,
Mi cuerpo está impregnado de ti.
De lo que eres tú en mi tiempo, mi tiempo interno, íntimo, reservado para mí y sólo para ti tras mi muerte: tu pensamiento, tu poesía, lo que ves, lo que escuchas, la forma en que concibes el mundo, cómo me tocas en mi ausencia, quimera.


Y te devoro muerte, y vengo y te estrangulo y bebo ahora yo de ti:
Tu líquido rojo
Y en un frenesí delirante, bacanal de los sentidos, te incrusto a mis costillas y regresas al polvo del que saliste: porque de mis costillas, un dios malhechor, demiurgo, te esculpió a ti.


Eres yo, tú.
Soy tú, yo.
Unidad indisoluble que se atrevió a visitar, separada, esta tierra.


Y llegará mi muerte y retornaré a ti y tú a mí volverás…
Y lanzaré fuego de mi boca, entonces, por si es necesaria la agresión.


Y no habrá más sentido y todas las preguntas serán innecesarias formulaciones de un no entender por qué cargaba con un hueco dentro de mí: eras tú.


Blogger Templates by Blog Forum