La posibilidad de la política

20 de mayo de 2013

La incompletez de nuestras opiniones son las que hacen posible la política: por eso hay política.

Temer a la crítica, o al error en la opinión es poco más que rechazar la posibilidad de la política.

No importa cómo le llamemos a esta interacción entre los humanos: política, espacio público, ágora, debate; la política es un descubrimiento al que se llegó por la necesidad.

En Je Suis Eleutheria [1]

Democracia y poblaciones chicas

14 de octubre de 2012

La libertad es un fetiche de la liberal-democracia. Es importante entender eso; la libertad se construye, se conquista, pero no es algo que nos esté dado de una vez y para siempre. Invocarla como argumento es incurrir en falacia de autoridad.

La democracia, como tal, no sólo no existe, sino que operativamente es apenas procedente en poblaciones chicas. Además, como bien atinara a señalar Kant, la democracia es un despotismo también. Tanto como la aristocracia, por ejemplo.

¿Qué estoy sugiriendo?

¿Que abandonemos el ideal democrático? No, no estoy sugiriendo eso; como ideal nos sirve porque, ciertamente, tiene sus bondades. Estoy diciendo que revisemos nuestros discursos y el de quienes se quieran servir para todo del ideal democrático a fin de imponer —ellos sí— sus visiones fascistas (hablo de la clase oligárquica).

En esta vieja entrada ya había escrito un poco sobre esta idea.

En Je Suis Eleutheria: aquí.

El Honoris causa a Adela Micha

29 de septiembre de 2012

El “Honoris causa” por parte de la Universidad Veracruzana a Adela Micha es una confirmación (casi fatal) de lo que pienso sobre el conflicto en la UACM: impera y se pretende imponer una visión visceral (subjetiva) por parte de una facción instalada en una de las más nocivas ideologías de nuestro tiempo, la del neoliberalismo. Nociva no por cuanto pretenda asumirse la mejor ideología posible (la de la competitivad, los estándares de calidad y tal), sino por cuanto se trata de una ideología univocista, unilateral, excluyente, elitista, dogmática hasta la médula, que intenta cancelar y descalificar a priori cualquier otra vía.

El conflicto en la UACM es resultado de la incapacidad de un grupo de personas para entender que hay humanos que no quieren (sí, aunque cueste trabajo: no quieren) competencias, competitividad, indicadores, estadísticas, o estándares (no al menos desde los criterios del pseudoliberalismo) para evaluar o emitir un dictamen sobre la calidad de la educación.

¿Por qué es tan difícil comprender esto? Y luego ellos —falaces— acusan de radicales a quienes se resisten a sus prácticas.

El mundo se volvió loco.

Un link, por cierto, interesante sobre lo que pasa en la UACM.

David Páramo

7 de mayo de 2013

Inevitablemente me enteré de la muerte de los hijos de un hombre de medios, llamado David Páramo. No lo ubiqué de inmediato, tiene tiempo que no enciendo el televisor en los canales de las televisoras Azteca y Televisa. Por fin, después del incesante bombardeo de twits y posts en Twitter y Facebook, respectivamente, logré identificar su cara. Un hombre muy joven que conducía hace algún tiempo en Canal 40 un programa dedicado a pregonar las verdades y bondades del libre mercado. Recuerdo que me resultaba demagógico aquel monólogo. Desde entonces, el liberalismo se me apetecía como un dogma.

Por mi tendencia (¿una forma invertida de la psicopatía?) a sentir compasión ante el dolor humano —sea lo que eso signifique—, no pude más que experimentar una profunda empatía por el dolor de este hombre; imaginarlo postrado, insensible, evadido, desvalido, perplejo frente a su tragedia, como cuando sabemos que escapar de la conciencia del mundo es lo único que nos aliviara de nuestro ser lancino. Pasa que la normalización de la muerte en el país a fuerza de su nauseabunda repetición, no puede más que transmutar a insensibilidad en nosotros, los destinatarios de esos mensajes, o a mecanismo de autodefensa plagado de patetismo. De pronto nos enteramos de algún robo, una golpiza a un hombre, y terribles imágenes de su padecer se incrustan en tu pensamiento: quieres no pensar ellas. Ergo, dejas de pensar en ellas. Contra la violencia, no hay mejor protección que la distancia. Pero, ¿cómo combatirla? Hay quienes sostienen que esa lucha equivaldría a una lucha eterna contra nosotros mismos; yo misma por mucho tiempo he estado convencida de ese modo de pensamiento que, cada vez más, sin embargo, se me antoja como un pensamiento parado en una sola de las múltiples caras de un poliedro más bien diverso, un pensamiento ciego a otras posibilidades a fuerza de no querer tomar responsabilidad de nada, de dimitir a eso que no seas tú mismo; o imputar a los demás tus propias taras. Esas certezas ridículas llamadas prejuicios.

El escándalo por la pena que embarga a David Páramo se suscitó porque se lo acusa de haber volcado terribles palabras en los tiempos del asesinato del hijo de Javier Sicilia, precisamente contra el dolor de Javier Sicilia: “¡Si los matan es por algo!”, dijo, según se nos informa en medios.

La reflexión que sigue, no sé cómo iniciarla sin caer en ese lugar grotesco de quien gusta de sentenciar: “¿ya ven?, se los dije”, “¡es el karma!”, “no lo invoques porque se aparece” y esa lista de dicharachos cuya profesión, pareciera le infligen de una ficción de poderío que, en todo caso, apenas si lo liberan de su impotencia frente a la orfandad, de la galería de sus temores y de la inacción. La verdad es que, si vamos aceptando la refutación al relativismo epistémico (que al menos poseemos una certeza: la de la incerteza, la de no saber nada), resulta no solo vacuo, sino profundamente ingenuo pretender que David Páramo esté pagando con la muerte de sus hijos su adhesión al neoliberalismo. Pero en su versión suave (que en el fondo quiere expresar causalidad) esta idea del karma tiene razón en algo: que a Páramo se le señala por haber favorecido el discurso hegemónico del régimen culpable de la muerte de sus hijos y en incriminarle que este régimen, además, nos ha hecho vulnerables a todos, más de lo que —por el mero hecho de vivir— lo somos de por sí. Digo, se le señala, porque eso vi comentado en redes.

Pocos días antes de este suceso, estuve meditando alrededor de la siguiente idea: No, actuar no es delinquir contra el absoluto toda vez que entendamos, contra la imposibilidad teórica y práctica del nihilismo, que unidad es diversidad justamente. Luego, con la idea de Páramo ya en la cabeza, me vino a la mente aquella frase de una chica en una de esas películas de Golden de las que tanto se aprende: “evitar escupir para arriba”. Y debo confesar —tengo que confesar— que sentí una profunda tristeza ante lo que le sucedía a David Páramo que, tan humano como todos, su único crimen en aquellas palabras —aunque absolutamente al margen del crimen de sus hijos— consistió en pensar la otredad a partir, y casi exclusivamente, de sí mismo. Como el sabihondo ineficaz que, en su versión radicalizada de Sócrates, pretende que el autocognoscere baste para conocer a los demás y hacer conjeturas sobre el resto.

Pretender que el clima delincuencial de la guerra contra el narco, iniciada por Calderón y continuada por EPN —aunque con otra retórica—, expresa la posibilidad maniquea de unos hombres malvados expulsados del mundo —anomalías de la especie, excepciones a la regla—, es al mismo tiempo poseer una comprensión pervertida de las formas de organización sociales, de las posibilidades de la especie, de nuestra diversidad, y de los efectos que producen las políticas depredadoras neoliberales en las sociedades, se quieran o no se quieran aceptar dichos efectos. En condiciones de normalidad (¿?), es posible que todos los hombres, arribemos a la honradez de David Páramo (de la cual no dudo), honradez que en él mutó a ceguera, y que le impedía entender, aunque contradictoriamente, que no era vacío de esa misma honradez lo que llevó al hijo de Javier Sicilia a la muerte.

Si vamos a la comparación histórica, que no exceda a la época del estado benefactor con el arribo del cardenismo (una microcomparación), al menos se podrá convenir en aceptar que algo en el camino hacia la idea “progreso democrático”, se ha torcido lo suficiente, como para descreer absolutamente de ella. La verdad es que, la idea es una parodia.


Y por supuesto lamento y lamenté esos decesos. Sucesos en los que nuestra vulnerabilidad se hace aparatosa. ¿Es verdad que vivimos en un necrocapitalismo?

*En el momento en que termino de escribir esto, me entero de esta nota; no por eximir a Páramo, pero quién sabe si por la ineficacia, o si por la insistencia de instaurar la narrativa de las drogas y del narcomenudeo en México —y criminalizar—, los hijos de David Páramo no estén siendo objetos de alguna calumnia. El mercadito del narco y del librecambismo, se acaba cuando la circulación de mercancías y bienes respondan a necesidades básicas humanas y/o de solaz, en vez de esta enfermiza acumulación de plusvalor, de valor de cambio, de vida.

En Je Suis Eleutheria: aquí

Rosario Castellanos y Oscar Wilde

17 de mayo de 2013

«Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca».

Lo dijo Oscar Wilde en sus baladas de la cárcel de Reading —si no me equivoco—, pero lo dijo después categóricamente Castellanos en su Destino.

Me parece menos una confesión de sadomasoquista, que el reconocimiento muy humano de cómo nos duele todo lo que venga del ser amado. O de cómo potencialmente dolerá. Doler como sentir, como palpitar; no como sufrir. La vida ya de por sí es puro sufrimiento para algunos.

En Je Suis Eleutheria: aquí.

Variación

14 de abril de 2013

“La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida.” Simone de Beauvoir.

Difiero un poco con de Beauvoir. No creo que la naturaleza del hombre sea «malvada», allí ya habría un apriorístico. La naturaleza del hombre es «animal», la de un mamífero. Por eso, la metáfora del claroscuro queda perfecta: si los medios nos lo permiten (y los genes), la cultura puede hacer de nosotros excelentes criaturas; si no, dicha excelencia quizá pueda ser más difícil de alcanzar.



En Je Suis Eleutheria [1]

La izquierda y el establishment

29 de enero 2013

Me pregunto sin reacción: ¿Aniquilar al IFE sería, ya, condición suficiente para correr por la vía socialdemócrata? Desde luego que no; la putrefacción del IFE es sintomática de la putridez que trae consigo el liberalismo férreo. La vía socialdemócrata está clausurada desde antes.

De modo que tengo dos conclusiones acerca de este asunto (dos al menos, momentáneamente):

1) Es perder el tiempo querer encontrar causalidad entre la actuación del IFE (actuación desesperanzadora) y la insistencia de MoReNa en querer erigirse como partido. En cualquier caso, su insistencia (esa utopía a la que se refieren) es más digna de un estado de desazón, que de desconfianza.

2) De MoReNa no radicalizar su diagnóstico sobre la situación (y actuar en consecuencia), entonces me temo que terminará por ser engullida por la fuerza inercial de un establishment al que comienza a legitimar.

Es real, la coyuntura sociohistórica nuestra no está dando para una vía socialdemócrata y no se quiere ver esto.

Y sin embargo, que no se viera se vuelve futilidad o anécdota. El meollo del punto radica en que a razón de esta ceguera se contribuye al fortalecimiento de un capitalismo ultra que perjudica a varios. Vaya, cerrazón en su expresión más acabada, más perfecta.

Y habrá los que insistan en ver corrupción en AMLO. Yo veo candidez, cortedad de miras, audacia escasa en la tarea de querer subvertir la historia, el flujo corriente de los acontecimientos.

Y lo primero —la imputación a su honestidad—, es nada el típico contrapensamiento —el odio— que sienten las clases medias por lo popular.

HIPERCONCLUSIÓN. La relación causal entre la actuación del IFE y las pretensiones de Morenas es irrelevante a estas alturas.

El Gran Animal by Simone Weil




En Je Suis Eleutheria, Septiembre 26 de 2013 [1]

Nota emotiva sobre los Grundrisse

9 de mayo de 2013
   
¡Qué chido! Un análisis que hacía el otro día sobre la importancia del marco categorial que confiere Marx (concretamente, el plusvalor) para el estudio del capital coincide con exactamente lo que opina Dussel sobre lo radicalmente original de los Grundrisse.

Me emocioné. [1]
   
El marco categorial para el estudio del proceso de acumulación capitalista —comentaba el otro día—, en el concepto o categoría de «plusvalor». Y eso, por decir, como la antesala o la puerta de entrada al estudio de dicho proceso. Eleutheria Lekona ha actualizado su estado. [2]
   
También opino que es importante distinguir dos fases, casi irreductibles, en el proceso de acumulación capitalista:

1. La fase de producción de la mercancía (a donde emerge el plusvalor).
2. La fase de mercantilización de lo producido, en donde el plusvalor puede mutar a muchísimas otras cosas, por ejemplo, a capital financiero en nuestros días.

Eleutheria Lekona ha actualizado su estado. [3]

"Los Grundrisse o Elementos fundamentales para la crítica de la economía política". —WIKIPEDIA, para situar.

Eleutheria Lekona ha actualizado su estado. [4]
   
Radicalmente original de los Grundrisse y revolucionario. 

Eleutheria Lekona ha actualizado su estado. [5]
   
Marx. [6]

En Je Suis Eleutheria en los enlaces correspondientes.
10 de octubre de 2012


«La ilustración consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración.

La mayoría de los hombres, a pesar de que la Naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter maiorennes), permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y la cobardía. Por eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo.»

—IMMANUEL KANT, Respuesta a la pregunta ¿Qué es la Ilustración? (Fragmento)

FICHA: Kant, I; Filosofía de la Historia, ¿Qué es la Ilustración? Ed. Caronte Filosofía (Trad. Emilio Estiú y Lorenzo Novacassa), Argentina (2004).

*En Je Suis Eleutheria [1]

Naturaleza apolínea. Consumo y producción editorial


Como somos una sociedad muy grande, somos también una sociedad muy opípara y muy vasta. Sin embargo, como además nuestro modelo productivo se asienta sobre el consumo y el hiperconsumo –y esto es parte de lo que lo hace ser inédito y agresivo– entonces siempre hay un excedente de objetos injustamente desechados y nunca consumidos. Digo injustamente porque, por ejemplo, mientras en un supermercado se concentran grandes toneladas de un fruto al punto de desecharlos si sobran, en el otro lado del mundo puede que haya grupos de personas que no tengan qué cenar para esa noche. Una injusticia de la que los tenedores de ese particular mercado no son probablemente culpables y una injusticia que no requeriría tanto de culpables como de ser aniquilada. Ahora bien, en el cruce de estos excedentes y de las distintas clases de objetos que los conforman se entremezclan materias y calidades de todas clases y por esta causa hay posiblemente cómo satisfacer todos los gustos en esta época en una forma en como tal vez no había ocurrido en el pasado. Solo necesitamos al gran consumidor frente a nuestras vitrinas y aparadores para que se consume la transacción. Esta idea, que es obvia y evidente para algunos, aunque probablemente inadvertida para otros, me hace pensar últimamente con mucha fuerza en la producción y confección de libros y en la oferta editorial. Me hace también, por supuesto, pensar en los lectores. No es un pensamiento reciente, por cierto, data cuando menos de cuando comencé a escribir en Eleutheria, porque desde que comencé a escribir en Eleutheria me reconocí, si no escritora, al menos sí escribana, y miembro activo de los que producen y crean material textual e hipertextual. Siempre he tenido ese compromiso conmigo; siempre he sido responsable de mi labor, siempre he tenido muy en cuenta las consecuencias de escribir blogger, acaso quizás, por mi escasa relación con la maldad y la porquería, pocas veces se me habría ocurrido pensar en cosas tan inéditas como el plagio premeditado de mi obra, por decir una idea. El punto es -volvamos al tema- que nunca he sido una persona no consciente de la sobreproducción de material literario y de los conflictos que esto acarrea, de manera que siempre he temido pertenecer al grupo de personas problemáticas que crean escritos superfluos o inicuas superfetaciones. Superfetaciones que pueden ir desde la vana copia, pasar por la afectación, camuflarse y parecer poesía, malos análisis antisistema, narrativas melosas y conflictivas, etcétera. Entonces, siempre he pensado en evitar incidir en esos vicios, pensando en la ridiculez del asunto. No necesitamos excesos ni excrecencias. Nos hacen falta más bien los objetos contrarios, como lo puede ser la depresión al lado de una montaña o los taludes continentales del mar de los océanos: abismos. Cuadros abisales, fondos, mazmorras, búnkers, refugios antibomba, túneles, hoyos y tumbas. Muchas tumbas. Piras y nubes nocturnas. Necesitamos, por paradójico que parezca, explotar la negatividad. Necesitamos pasarnos unos años del lado de lo oscuro, de la sobriedad, de la neotenia del estudiante nerd que insiste con los pares de pares de coordenados de la geometría proyectiva para obsequiarnos un Dürer realista, no un Dürer falso hecho solo de lenguaje.

Inclusive, recordando este viejo texto, me atrevo a sugerir una especie de antagonismo entre el lenguaje y el Logos. Para quienes vamos acompañados del espíritu apolíneo -y no solo de accesos dionisíacos- esta fórmula es inobviable. Queremos los trazos, la explicación, las líneas y la geometría. Queremos la ecuación. A nuestra oscuridad no la sometemos a más oscuridad. La iluminamos y renacemos. Por eso, ahora que escribo esta entrada para el blog me cuido de no hacer de este texto uno de esos suculentos jitomates de mercado que quedan aplastados en el piso de algún local sin haber sido nunca digeridos. Me da horror pensar en el jitomate así asesinado y en el estómago que se privó de comerlo. Es una metáfora dietética muy burda -yo sé- pero creo que logra transmitir el fondo de la idea así expuesta. Lo que quiero decir tal vez, y a eso invito, es que es importante ser tanto consumidores conscientes como productores cuidadosos.

Tres notas sobre Octavio Paz

23 de mayo de 2013

Pienso que Octavio Paz simplemente ignoró —quizá le haya faltado clarividencia o interés, o tiempo— las condiciones de opresión del sistema antagónico al que él criticaba acerbamente durante sus últimos años. Y achaco más a una circunstancia histórica ese supuesto servilismo al gobierno mexicano, que a una forma de ser acomodaticia de este poeta. Además, a diferencia de Krauze, era un crítico del liberalismo; si bien sus críticas fueron un tanto superficiales. Como ensayista está en mi panteón personal. Y, por cierto, me recuerda a Borges y sus diferencias con Sabato. El último, un intelectual bastante comprometido con su entorno social y crítico de la política; el primero, ajeno a las causas populares (fue un antiperonista confeso), aunque arrepentido al final de sus días de este descompromiso, según cuenta Juan Gelman en una entrevista que leía hace escasos días. [1]

31 de marzo de 2014

La ironía es que alguna de la gente que hoy critica a Paz emite cero críticas al régimen cultural de hoy. Incluso en sus redes sociales reproducen relaciones jerárquicas, de autoridad, de compadres, muy a la usanza de este intelectual. [2]

Todos sabemos que Octavio Paz fue un intelectual funcional al sistema y está bien conservar esa memoria. Pero es importante que ese mismo ímpetu con que condenamos la sujeción de Paz lo utilicemos para desenmascarar, hoy, al en general putrefacto y enrarecido sistema cultural mexicano. Es inadmisible que quienes critican a este intelectual (él sí un literato) lean y difundan ese think tank cultural llamado Letras Libres. Es pura incongruencia. Y además, me desazona pensar que la nuestra sea una pura crítica de la historia a posteriori.

(Lo inadmisible no es que se lea Letras Libres, sino la crítica a posteriori sin la otra crítica.)

Son mucho más congruentes quienes expresan su afinidad plena a Octavio Paz y su afecto por la cultura que se difunde en Letras Libres a la vez, que quienes no. Congruentes al menos con su propia lógica y su sistema axiológico. (Y por supuesto también lo son quienes repudian a ambos).

Y a título muy personal, creo que Octavio Paz fue más bien utilizado por el sistema que lo cobijaba y que de veras fue él un entusiasta de las ideas que defendía —en contraste con Enrique Krauze, un auténtico artífice de la ideología neoliberal en América Latina—, amén de que en sus últimos ensayos articuló críticas muy explícitas (y breves) al liberalismo. No sé, me puedo estar equivocando aquí con Paz.

En mi caso, necesito separar la vida del escritor de su obra para valorar su obra. Y esa certeza me deja al menos esta satisfacción: lo mismo que admiro la obra de Paz porque puedo, siento absoluta indiferencia por la obra de otros intelectuales orgánicos también porque puedo; es decir, porque puedo prescindir de mi ideología de izquierdas a ratos para disfrutar y valorar obras que unas personas escribieron o crearon. [3]

En Je Suis Eleutheria en los enlaces visibles.

*Quizá estas notas podrían completarse con este otro escrito.

AMLO y Ayotzinapa

27 de octubre de 2014
 
La tirada no es AMLO sino el país. Exculparlo de Ayotzinapa como inculparlo es darle un peso y un poder de los que nunca ha gozado. Lo homologaría a los otros políticos si fuese deshonesto, pero no lo es. Sin embargo, la honestidad ya no es suficiente para dirigir a un país convulso. Por otro lado, en la fotografía circulando en redes, no sale con Abarca sino con el acompañante de Abarca. Ni siquiera por transitividad (los amigos de mis amigos son mis amigos) me atrevería a deducir de allí que AMLO sostenía también amistad con él. Serían necesarias, en mi opinión, un mayor número de evidencias para arribar a semejante conclusión. Finalmente, en general, mantengo reservas con las fotografías de las redes sociales, pues difícilmente podrían ser pruebas conclusivas de nada. Y reitero, la honestidad de AMLO ya no es suficiente para hacer política en un país convulso.

Y de acuerdo contigo, puede ser que haya complicidades de los tres niveles de gobierno y de los tres partidos, pero sin duda éste es un crimen del que es pleno y absoluto responsable el estado mexicano bajo el gobierno federal de Enrique Peña Nieto.

Más bien, es al que no hay ni cómo exonerar. Los otros, son responsables en la medida en que, con tal de seguir conservando su esperanza en el cambio y, en no pocos casos, privilegios, siguen apostando por la vía liberaldemócrata o socialdemócrata sin reflexión. Al hacerlo, legitiman un sistema absolutamente inoperante.

En eleutheria.lekona [1]

La Violencia Política y la Moral

Les dejo este espléndido documento a cargo de Adolfo Sánchez Vázquez: «La Violencia Política y la Moral».

Gran charla.



10 de septiembre, 2013 [1]

Marxists Internet Archive. Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.


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