El mundo como es

Por azar, llegué ayer a esta grabación en donde se oye un debate entre Netzaí Sandoval y Gerardo Laveaga.

Netzaí no parece contundente en sus argumentos, pero esto creo que se deba más –y espero- a una cuestión de temperamento y de experiencia con los medios, que a una cuestión de convicción. Laveaga no lo parece más; eso sí, su lenguaje es poderoso.

Pero su lenguaje exige acotar -en la realidad- las formas en que puede ocurrir el crimen sistematizado. Como si se precisara de una “guerra” o de la proclamación formal de algún estado de excepción -o sea, de una palabra- para la prosecución de dichos crímenes. (Piénsese en la dictadura Argentina y sus desaparecidos a modo de contraejemplo). Bien sabe Laveaga que la formalidad que él exige -o bueno, la que exige la CPI- para considerar como crímenes de lesa humanidad a los documentados en la demanda no sólo son realidad material sino parte de un formalismo, de un código y un discurso que Calderón ha venido machacándonos desde el inicio de su mandato; no por ponerle jiribilla al enunciado, pero fue a Calderón a quien hace algunos años se le antojó declararle la “guerra” al narco.

Por cierto, igual que Calderón, Hugo Chávez tiene ahora una denuncia ante la CPI. Pero Chávez no es Calderón. Calderón es un demócrata, Chávez no lo es (son déspotas del lenguaje como déspotas en general).

Por otra parte, deja Laveaga insatisfecha una duda mía, ¿puede o no Netzaí -y los 23 mil- acusar de lo que se acusa ante la CPI? Y, si no, ¿ante qué corte? Si Laveaga se siente tan naturalmente solidario ante el gesto de Netzaí, ¿por qué no nos hace el favor completo y nos dice, aquí en México, cómo le hacemos para que corra la demanda? ¿Qué código -cuál artículo- nos permitiría demandar penalmente a Felipe Calderón y a ciertas fracciones del ejército mexicano por crímenes de lesa humanidad? ¿Ante qué corte?, ¿ante la que se negó a dar transparencia al proceso electoral de 2006 y por cuya negativa ahora muchos -y con mucha certeza- decimos que esa elección se ganó a la sombra de un fraude?, ¿o ante la que deja indemne al liberal Krauze frente a los dicterios que difunde vía sus Letras Libres?, ¿o ante alguno de los tribunales a los que se dirigieran alguna vez Marisela Escobedo o Nepomuceno Moreno -y esto es todo lo que sabemos- en búsqueda de justicia para sus hijos asesinados para, después, ser ellos mismos asesinados durante tales búsquedas? 

Podrá invocar Laveaga toda la retahíla de artículos de la sacrosantísima ley que alumbra al mundo, pero el mundo seguirá siendo como es; y este mundo –como es- incluye a un México gobernado por un régimen reaccionario que ha vulnerado la integridad física de varios de sus miembros en el marco de su actuar colaboracionista al régimen del país del Norte.

No sé cuáles vayan a ser las lagunas jurídicas en el documento de Netzaí –si las hay. Sí sé que él intenta caracterizar, allí, crímenes que no aparecen tipificados en la ley mexicana y, entonces -ante ese hueco legal- recurrir a La Haya. No me va a extrañar que no procediera su demanda, pero en el simple gesto, en todas las energías que él ha estado movilizando en este asunto, el hecho de movernos a muchos a su firma, el apelar a un canal todavía legal buscando evitar el otro canal, ya nada más por eso, me parece un gesto heroico. Ojalá personas continúen firmando; ante dicha posible convocatoria, las probables lagunas jurídicas en el escrito se reducirían a ser cuestión  de formalidad, ese transcurrir del mundo que, por ene razones, no podría desdeñar aquí ni en ninguna parte.

Charla con Anabel Hernández (hincapié)

Creo que en esta charla Anabel Hernández describe en cuadro muy completo el asunto del narcotráfico en México.


Esta semana La Haya recibe la demanda que ha impulsado Netzaí Sandoval para promover juicio penal contra Felipe Calderón por crímenes de lesa humanidad a razón de los cincuenta mil muertos generados por su gobierno nefando (aquí, el blog con el parte de hechos).

Cuando Anabel señala que Calderón no podrá argüir inocencia ante estos sucesos, mi corazón se subleva, pero también se tranquiliza. Yo todavía tengo horas en que paso devanándome los sesos tratando de imaginar cómo puede ser alguien -o de qué clase sus pensamientos y sensibilidad-, cómo pueden ser estos “alguien” -quiénes son, cómo son- bajo cuya responsabilidad recaen cincuenta mil muertes. Siempre mi explicación mediata es: seguro no saben, de veras son pitiyanquis, el problema de ellos es su educación tecnocrática, etcétera (la historia del mundo versus la historia de las propias anomalías). Pero no, a juzgar por las revelaciones de Anabel Hernández, la realidad es que no es un problema de candidez; no es la estupidez operando en toda su capacidad. Es la voluntad jodidísima de gente que ha perdido el piso o algo más fundamental.

Contra todas las facultades de mi imaginación; contra toda la gama de emociones que al momento me hayan poseído, hay una ineludible realidad: Felipe Calderón ha hecho de esta nación un campo de muerte, y de la institucionalidad -por él tan cacareada-, capo del crimen. Felipe Calderón debe ser sometido a juicio, pero -principalmente- Felipe Calderón debe ser destituido del cargo que usurpa. No en décadas ni en arresto domiciliario en las postrimerías de su vida. No cuando rescatemos las boletas de manos de un tribunal corrupto. Ahora mismo.

Sobre reportaje de “Reporte Índigo”

Reporte Índigo saca este reportaje.

Si la historia del cártel que presenta Reporte Índigo fuera cierta, habría que añadir -a mi juicio- que es improbable que dicho cártel haya hecho lo que hizo actuando en forma absolutamente independiente y sea solamente él el autor de este crimen cuando -se sabe por documentos- varios de nuestros funcionarios de gobierno mantienen relaciones con y forman parte de la industria del narcotráfico y esto en contubernio -también- con funcionarios del EUA-gobierno; es ingenuo pensar que es posible establecer las interconexiones y redes de distribución de facto establecidas por el narco a ojos ciegos de los gobiernos del mundo (y no sólo del gobierno mexicano). En todo caso, si estas muertes son resultado de un crimen planificado -y no de un accidente como apenas es posible aceptar sin suspicacias- este crimen ocurre en el marco de esta industria, de los intereses y bienes económicos que allí se generan, etcétera (bueno, sólo es posible  aceptar esto que digo si se tiene en cuenta el contexto que rodea a estos eventos: el de la cruzada anti narco implementada en México a partir del ingreso de Calderón a Los Pinos y como parte del Plan Mérida financiado por EUA).

Por como se ha venido documentando por diversos autores en libros, periódicos, documentales y otros medios -Carlos Fazio, José Reveles, John Saxe, el propio Noam Chomsky, etcétera-, no me parece horrorosa la hipótesis según la cual podría haber injerencia externa detrás. Pienso que solamente un desconocimiento de la historia de las intervenciones estadounidenses en México podría llevar a alguien a tachar de “conspiranoica” tal hipótesis. Baste conocer -o haberla vivido- la historia del intervencionismo yanqui para no motejar de conspiranoica a esta hipótesis y, simplemente, contemplarla como una hipótesis más, tesis posible. Quien de aquí quiera inferir que yo o quienes así pensamos, poseemos una visión maniquea de la Historia incurre -me temo- en un lamentable error de comprensión (la inclusión lógica al revés). Como se me hace muy extenuante y prácticamente improcedente hacer una explicación de esta incomprensión cada vez que se presente, mejor mando un link a este post; allí ya aparece explicado el caso general.

Afortunadamente, en un mundo ávido de datos duros -y qué espíritus científicos somos cuando nos apegamos a ellos- no va a faltar quien saque a la luz datos fidedignos sobre este evento. Nadie quiere a priori pretender que esto no ocurrió por causa de un accidente; lo que sí querríamos, en cambio, es saber por qué el gobierno calderonista se apresura a escasas horas del percance a desestimar cualquier otra hipótesis. Es este gobierno el que, a priori, parece estar seguro de que no será posible establecer otra causa. Ojalá fueran más honestos de cara a la sociedad.

Por cierto, cuando me enteré del suceso, mi primer pensamiento fue que si esto era producto de un accidente y no resultado de un atentado -como ha sido inevitable pensar-, entonces, quedaba por preguntarse si no sería, más bien, que Calderón es un gobernante con mala suerte. Ya saben por qué lo digo, por aquello de que Francisco Blake Mora es el segundo secretario de gobernación que muere en el aire durante el sexenio calderonista y por toda la nebulosa que quedó detrás de la primera muerte y ese silencio que comúnmente suele acompañar a eventos incómodos relacionados con el gobierno en México.

Sobre la indignación*

La indignación de los pueblos no es legítima porque se eleve contra el actual régimen imperialista, e ilegítima porque no se eleve contra él; la indignación de los pueblos es legítima si se levanta contra la opresión de sus gobernantes, sean éstos o no simpatizantes al imperialismo yanqui**. Dicha indignación -todas estas rebeliones- no son resultado de una prescripción, suceden o no suceden; en todo caso, habría que asegurarse que dichas rebeliones sean, en efecto, un despertar genuino de los pueblos (digo que ese certeza es necesaria si se quiere hablar de rebeliones). La experiencia reciente del proceder yanqui señala que, allí en donde ha habido un régimen disidente u opositor a la norma yanqui, entonces, el país imperialista infiltra a través de sus servicios de inteligencia a diversos grupos, equipo y, en fin, toda una maquinaria y un proceder desestabilizadores al régimen en cuestión ¿Quiere esto decir que no existen rebeliones libres del  flujo de la infiltración, con o sin ésta? Sería difícil determinarlo, pero es muy seguro que toda vez que ha habido una de estas rebeliones -en particular, las llamadas rebeliones árabes-, el imperialismo ha buscado una ganancia para sí. La suma de estas ganancias, son sobre lo que se constituye, propiamente, el poder imperial. Los imperios -la historia lo demuestra- se erigen sobre sus victorias militares, sobre la explotación de los pueblos y territorios colonizados, etc. Es irrealista pensar que EUA no ha estado detrás de todas estas revoluciones y más irrealista pretender que no es posible la existencia de motivos -artificiales o no- por los que podríamos echar a pueblos enteros a pelear entre sí. Y que prenda la mecha -sospecho- es bastante más sencillo de lo que se pueda concebir.

A un levantamiento popular, si es genuino, no se le tiene que comprender. No hay algo como un criterio general para determinar cuándo un levantamiento es más legítimo que otro, sencillamente porque los pueblos y las sociedades que conforman a nuestro mundo son diversos en sus reglas y en sus costumbres. Para comprender por qué pueblos se hallan en sedición, hay que comprender -y primero conocer- la cultura de dichas pueblos, su conformación. Pero aun cuando así ocurriera y lográsemos penetrar en lo más profundo de sus motivaciones, ellos no requerirían de nuestra venia para alzarse furiosos contra lo que los oprime. Es aquí, en este punto, donde el llamado Occidente del mundo (empiezo a pensar que hablar de Occidente es una ensoñación), entra y entra fuerte. Entra con su visión totalizadora de las cosas, con su eurocentrismo recalcitrante, el recurso tirano a valores e ideales, con su querer ajustar la realidad a sus arquetipos -y no sus arquetipos a la realidad- y con (fútil pretensión) pretender esto mismo para pueblos enteramente autónomos en su ser; pueblos cuyo ser puede coincidir con el ser de Occidente o no coincidir en lo absoluto (creo que todo mundo que lea sabrá discernir a qué Occidente me refiero y que lejos estoy de pretender introducir aquí generalizaciones o hacerla de juez).

Para las personas que han sido educadas parcialmente o absolutamente desde la perspectiva de Occidente, quizás resulte difícil comprender que puede haber cúmulos enteros de pueblos que viven en base a prioridades y valoraciones distintas. Aunque, personalmente, yo no justifico -y casi no comprendo- que esto pase. Al contrario, absorber cultura tendría que derivar -casi necesariamente- en entender qué es cultura. Y si se entiende qué es cultura y se entiende que en Occidente y en los países que también estilan estas normas se organizan los gobiernos con el ideal democrático en mente, entonces, también se tendría que entender que existen pueblos que organizan sus gobiernos en base a otros ideales y que la optimalidad de dicha organización, quizá tenga menos que ver con el ideal en uso que con la capacidad de sus miembros de irse adaptando y, en fin, acoplando a lo que ellos vayan decidiendo y haciendo (en gran parte de México y de Latinoamérica se tienen usos occidentales normando nuestras vidas y permeando en nuestra cultura -por no decir, abarcándola por completo- a razón de la llamada conquista, la hibridación de lo español con lo mesoamericano).  

El asunto es que sobre esta incapacidad de que hacen ostensión algunas personas en el llamado Occidente que -como ya dije- yo no comprendo, se llega a convencer a sociedades enteras de que está bien entremeterse en los problemas en Medio Oriente -o con cualquier gobierno opositor- y así justificar que la OTAN y aliados lleven a cabo las masacres que típicamente llevan a cabo.  Por otra parte, para los Sarkozy y esa gente, no hay nada como una incomprensión de esto moviéndolos a sus invasiones; si la hay o no la hay, eso es irrelevante. Su móvil es otro y es de carácter imperial, el mismo que precipitó la Primera Guerra Mundial, por ejemplo (y que es el que acicatea a Israel en sus amenazas de hacerle la guerra a Irán).

Autodeterminación

Existe multitud de personas para los que estos eventos no pasan por ellos o apenas les interesan ¿Qué pasa cuándo sí nos interesa lo que ocurre más allá de nuestro ámbito doméstico? Sin duda, no es posible permanecer impasibles. Cuando se da la toma de posición aparecen -yo he podido apreciar- más o menos dos tendencias opuestas. Una que pugna por la libertad de los pueblos que se están levantando, porque -se arguye- habrán de derrocar a sus dictadores. Y otra que pugna por la libertad de esos pueblos de hacer lo que necesiten hacer sin intromisión de agentes externos. La primera posición puedo admitirla si y sólo si esa posición no consiente la “ayuda” de Occidente para la liberación y que, por el contrario, la combate; también la admito si, en efecto, queda comprobado que no es uno de los tanto movimientos de desestabilización de Occidente para entrar allí a llevarse los recursos naturales de esos pueblos. Si no se dan estas dos condiciones, me parece que es un espejismo hablar de libertad de esos pueblos; porque no es admisible pensar que para liberarse de “sus dictadores” -y se les llama así con relación a los ideales de Occidente y no con relación a los ideales de dichos países- deban, primero, esclavizarse al auxilio de Occidente y lo que ello conlleva (caso de Libia y de Siria).

La segunda posición me parece la más adecuada y sensata posible y ni siquiera es novedosa; se le conoce como principio de autodeterminación de los pueblos, principio que -importante recalcar- prima o se hace efectivo entre países y pueblos y no por necesidad entre los individuos de dichos pueblos. Es un principio que intenta garantizar la libertad de los pueblos de instrumentar forma de gobierno, lengua, mecanismos de solución de conflictos, etc. necesarios a ellos. Y cuando digo que este principio no por necesidad aplica entre los individuos de dichos pueblos lo digo porque las personas nos sentimos naturalmente inclinadas a asistir a personas en problemas o personas que tienen dolores o sufren. Así que si, por ejemplo, un día hubiese una guerra en una de nuestras fronteras creo que sería muy difícil no querer asistir a alguien herido o que sufre, sin importar el bando o por qué sufre esa persona.

Por supuesto, el problema con este principio es que en un mundo de colonialismos, este principio difícilmente puede aplicarse (de hecho, este principio es una de las muchas reacciones al colonialismo).

El otro problema, parece que queda sin resolverse. La objeción más obvia es: entonces porque tienen apoyo de la OTAN y compañía, ¿no deben dichos pueblos levantarse y renunciar así a su libertad? A mí me parece que no deben levantarse sino hasta el momento en que salgan de sus fronteras sus invasores (lo que acabo de decir es de una candidez sin rival); y, por tanto, tener que exigir su salida. Por otra parte, a mí me parece que no tienen por qué renunciar a su libertad, pero que -repito- esa conquista atañe sólo a ellos. Claramente, por otra parte, y por una cuestión de elemental sentido común, la conquista de la libertad de todos los pueblos frente al oprobio imperialista, atañe a todos los pueblos presa de esa esclavitud y aquí sí -me parece- se tendría que marchar unidos para alcanzarla.    

En cuanto a la indignación de Ocupa Wall Street, no hay mucho que decir, más que lo obvio. Son resultado de la obcecación del imperio para con el libre mercado, resultado de la mercantilización de la vida, los quiebres que ésta conlleva en las personas, etcétera. El fenómeno Wall Street por alguna razón me parece mediático. No digo que esa gente no tenga razones para protestar, digo que lo van a desinflar como lo han hecho con varios otros (lástima).

Hasta aquí con esto.

No mando links porque me haya vuelto una pichicata de los datos duros. Asumo que quien lee aquí, en general lee y sabrá cómo informarse sobre estos asuntos; asumo también que son personas críticas y capaces de generar pensamiento independiente.

* Lo escribí hace una semana en forma espontánea y continua como sucede cuando se escribe. Tal vez como una necesidad buscaba terminar de dar forma a mi punto de vista sobre esta situación. Punto que ha quedado plasmado por aquí y por allá en forma de post, tuit o comentario. De inicio, por esto mismo me pareció inútil ponerlo aquí. Luego –ahorita-,  cambié de opinión y aquí está.
** Y, por definición, todo imperialismo es opresivo. Eso es claro.


Punto de vista sobre hallazgo en red social

Encontré esto en la cuenta de un contacto en Twitter.

Cansada un poco de soliloquiar en la red social, hago aquí un comentario -adenda, añadido- de parte de dicho hallazgo.

Hay hechos convertidos a mero símbolo o arquetipo como resultado de la acción cultural y de la tendencia del hombre al idealismo. Es verdad eso; aunque esta verdad demandaría -de principio- buscar volver a dichos hechos en su originalidad. Justamente Nietzsche, en El Origen de la Tragedia del Espíritu de la Música describe dicho proceso de conversión. (Nietzsche, de quienes los postmodernistas se han alimentado hasta el delirio y al que se le tiene considerado como uno de su fauna). Pero se olvida que sus ideas -con todo y lo transgresor que hayan sido- acometen primordialmente contra el idealismo famélico* de la moral cristiana y cuando construye su Metafísica en el mentado libro –y ya antes- y hace derivar su concepción estética a partir de concepciones éticas, y no al revés como se cree en ocasiones, proponiendo esta estética revolucionaria reivindicadora de la voluntad humana (pensamiento) y de su vitalidad –la del acto liberatriz de los instintos naturales en el hombre-, el tejido putrefacto que intenta no sólo reconstruir, sino derribar, es justamente el que el pensamiento griego le aportó al cristianismo, el neoplatonismo, el idealismo griego –judaizado- del que se sirvió el cristianismo para su propia profusión, haciendo de él objeto de degeneración en muchos casos.

Sin embargo, aceptar esto mismo para la Ciencia (a más de cien años), me parece simplemente un retroceso. ¡Claro que hay hechos! Los hechos de la ciencia y otros hechos (y sus interpretaciones, etcétera). Y a no ser porque, por ejemplo, para hacer búsquedas en Google se utilicen ciertas verdades de la Matemática**, no afirmaría esto tan campante, pues -además- ejemplos así, lo re sabemos, hay vastos.

La imagen del cristianismo que pervive hoy en día es una a mi parecer demasiado parcial, demasiado satanizada. A pesar de confesarme prescindir de arquetipos divinos -al menos a la usanza cristiana-, creo que el cristianismo no sólo fue motivo de persecuciones y asesinatos (fueron hombres y no el corpus cristiano quienes organizaron estas cacerías), el cristianismo fue también impulsor de arte, motivo de unidad cultural y sentido de identidad para las personas de épocas pasadas. En general, creo que todo ideal –en su origen- tiene por intención ordenar y dar sentido a nuestra realidad. Así visto, los ideales son necesarios para las sociedades y, nosotros, si queremos eludir una anquilosis ideológica tendríamos que comenzar por preguntarnos, de cuando en cuando, a qué llamamos nuestros ideales.

Es dudable que Nietzsche pretendiera hacer de su pensamiento, fugitivo de la interpretación.

* El que es famélico.
** El principio de Perron-Fröebenius que, recuerdo difusamente, tiene aplicación en procesos markovianos con matrices (creo que la matriz del algoritmo de búsquedas de Google se estaciona en un cierto momento).

Mensaje

Desde este espacio, hago causa de la acusación vertida en este blog; no sé mucho de los intelectuales de aquel país, pero me basta con conocer la honestidad de la bloguera, el proceder imperialista y los más recientes acontecimientos para copiar aquí (aunque no sería muy difícil, por analogía, inferir esto mismo).

En realidad, desde este olvidado espacio querría hacer eco de hechos cotidianamente denunciados por blogueros que hacen de sus plataformas algo más que ocasión para la exaltación del yo (este nuevo idealismo postmoderno).

Pienso mucho en esa parte de la blogósfera; cómo ellos mismos me infunden de impulsos para la acción.

Creo que varios de nosotros traemos atorado en la garganta, corazón, y no se sabe en qué otros sitios, la reciente porquería de las naciones democráticas contra Libia. Pero también pienso que esto último ya la hace nada más de detonador de un cúmulo de tensión psíquica y emocional que venimos arrastrando de años y ya no es posible contener por más tiempo. México y toda Latinoamérica son parte del cochinito, del suculento botín que a precio de sangre y mentiras se envasa este séquito de banqueros, magnates, empresarios, jefes de estado, mercaderes.

Que los latinoamericanos pertenezcamos a las naciones expoliadas y no, como funambulescamente se nos llama “del tercer mundo” o de “economías emergentes”, es razón suficiente –justo- para no permanecer en el impasse. Porque en mi país muere gente a causa de la industria del dinero, me cabrea que muera gente en cualquier parte del mundo a instancias de esa misma causa. A ver cuánto más.

Fin del mensaje.

No nada más necesidad

Es irrisorio que en la retórica privatizadora (para el convencimiento de las benevolencias del libre mercado, etc.), no se haya hecho nunca* evidente que esto de las corruptelas e ineficacias de la actividad industrial a manos del Estado, no es cosa consustancial a la figura del Estado, sino en general consustancial a toda organización humana sin que necesariamente -claro- esto vaya a ocurrir siempre. Que la solución no radica en hacerse a la derecha viniendo de la izquierda, en privatizar después de desnacionalizar, sino que esto pervive como simiente en el ser humano y que -quizá- si nos entregásemos con ese mismo fragor a tratar de entender el mecanismo podríamos concebir mejores soluciones. Que en los planteamientos, etiquetados como de izquierda, se aperciben aspiraciones más humanas, menos venales, sí holísticas, etc., puede ser que sea cierto -es cierto, de hecho-, pero eso tampoco es garante de nada, allí, en donde interviene el ser del hombre; así que no debiera de asustarnos que, por ejemplo, al socialismo soviético se le haya llamado después “capitalismo de Estado”. Que, en todo caso, el móvil debiera ser la constatación objetiva de un modelo o un modo social de organizarnos que consienta la menor ocurrencia posible de injusticia.

La pugna Estado benefactor/Estado neoliberal es la forma que toma hoy la pugna más general que se sucede entre opresores y oprimidos; entre almas que conciben libertad y dan la lucha por ella (y por otros) y las que no. Las que no, puede que actúen así azuzados por el miedo, por la inseguridad y por una esencial falta de fe en la bondad del hombre. La ausencia de acción es también una renuncia a la libertad.

Si es verdad que las cosas se hacen “buenas” o “malas” a nuestra percepción, no lo es menos que en multitud de ocasiones se da el caso en que grupos numerosos de personas parecen coincidir en un mismo punto de vista o percepción sobre lo que es necesario (bueno) para el grupo. Pienso que dicho coincidir es tanto más honesto, cuanto ocurra con espontaneidad, al margen de toda organización demasiado elaborada; el caso de la democracia -me temo- no es precisamente ése. Pero hay ocasiones en que se da el caso más espontáneo, más libre, en que multitud de humanos parecen arribar a una misma apreciación sobre lo que es conveniente para ellos. Desdichadamente, cuando así ocurre, puede ocurrir también que ésto, que es fortuna para muchos, sea infortunio para otros y, entonces, el grupo de humanos en cuestión se vea envuelto en el penoso caso según el cual deban luchar por medios violentos para el logro de su objetivo. Terrible, pero recondenadamente cierto. El caso de las poquísimas revoluciones que se sucedieron en el siglo pasado y cuyas aspiraciones y programas de acción aún se mantienen, pienso que ilustran bien esto.

Tal vez sea recalcitrante en este parecer mío o mi visión abarque muy poco, pero estoy convencida -desde la mujer alineada a la izquierda que soy- que no basta con un programa político o económico, ni -menos- con econometrías; hace falta comprensión entre nosotros. Nos está haciendo falta amor en su sentido más lato: el que arde entre dos cualesquiera seres, pero –también- el amor hacia el lugar que habitamos, amor a otras especies, la comprensión más humilde –y al mismo tiempo bien oronda– de nuestra posición en el universo. 


* Decir "nunca" es una retórica mía.

Un poco de música para esta noche

Ésta que llamo -posesiva- “mi mazurca de Ponce”:



TEMA: Mazurca No. 2
COMPONE: Manuel María Ponce
INTERPRETA: Jorge Federico Osorio

Objeciones

Ahora que me abrí una cuenta de Twitter, me encontré por fortuna –mala o buena- la cuenta de una persona que trabaja en la tele y se llama Paula Ordorica. Entonces, ella recomienda que leamos esto que escribió en el ahora diario de derechas, “Excelsior”. Leo y, al inicio, me parece razonable la serie de su exposición. Al final, llega a una conclusión que no sé cómo la infiere. Le escribo, entonces, una serie de objeciones (aún no tengo respuesta de su parte).

La serie de mis objeciones, las pongo:

T1. Tu columna (“Crimes Against Logic”) está plagada de premisas harto razonables -y verdaderas- y por una conclusión que no.

T2. Se llama argumento válido a uno que necesariamente llega a una conclusión verdadera si se parte de premisas idem.

T3. Semánticamente válido –digo.

T4. Reitero, lo tuyo es otra cosa que una deducción (¿qué es la opinión de un columnista sino otra opinión?).

T5. Así visto, la invalidez de tu argumento es irrelevante.

T6. Lo relevante es que le niegue al movimiento de Sicilia el recurso a la protesta y a la marcha. ¿Por qué?

T7 No entiendo en qué medida la expresión de voluntades populares ha de implicar una falta a la democracia.

T8 Digo que no es válida porque, pregunto, ¿no democracia es –también- la inclusión a la sociedad de los deseos de las minorías?

T9 ¿No se hace esta inclusión aun cuando se trate estrictamente –"en su etimología"- de un gobierno de mayorías?

T10 Y que se trate de un gobierno de mayorías es también –me parece- discutible (por eso las comillas).

T11 Precisamente, una democracia habrá de distinguirse de otros sistemas de gob. por el eco que haga de las resonancias populares.

T12 Y no veo por qué se deba apelar –por necesidad- al criterio adicional del quórum.

T13 Y quiero saber por qué una marcha o protesta –en domingo- atenta contra el espíritu democrático.

T14 Y quiero saber por qué las exigencias populares –del pueblo que gobierna, según la democracia-, son antidemocráticas.

T15 Exigir y articular medidas a fin de que dichas exigencias sean escuchadas no es –per se- antidemocrático.

T16 Supuesto que las exigencias y medidas atentasen contra terceros, entonces, tildar a eso de antidemocrático, sería falaz.

T17 Se le podría tildar de bastantes otras cosas –dependiendo el caso-, pero no de antidemocrático.

T18 ¿Por qué, a priori, suponer que la serie de actos que realice el MNP va contra espíritu democrático? No veo la relación.

T19 Y si nuestro hacer viniera dictado por términos y significados ¡en qué sociedad esclerosada nos estaríamos convirtiendo!

T20 Rechazo esa esclerosis.

T21 Rechazo que la sociedad que construyamos deba supeditarse a términos y acepciones a estos asociados.

T22 ¡Nosotros somos quiénes hacemos los términos!

T23 En mi opinión, tu columna pudo haber sido una gran columna, pero se quedó en el intento.

T24 Te comparto algo que, sobre el similar, hace un par de meses escribiera en mi blog. ¡Saludos!

Lamento si el orden de mis objeciones no me quedó exacto, hube de ordenarlas en sentido opuesto a cómo almacena una pila y, quizá, en el proceso me haya equivocado.

Bien, ahora quiero hacer la pequeña narración de por qué elegí abrir Twitter.

Principalmente porque este semestre se ha reducido notablemente el tiempo que tenga para la escritura aquí en Eleutheria*, entonces, con que al vapor escriba algo –como se logra hacer en Twitter- ya me conformo. Además de hablar allá de si se me cayó la uña seguiré con otros de los temas que me apasionan, entre los que destaca el de la política. Yo creo que hablaré menos de mis uñas y de chismes personales; no es que mis uñas y chismes personales no tengan un lugar importante en mi vida, pero ocupan un escaño menor en el orden de mis prioridades y en el orden de prioridades de cualquier ser humano.

Otra cosa. Ayer que me abrí la cuenta, mi intención era quedar anónima. Pero esta intención no ha podido durarme más de veinticuatro horas. Entre consideraciones morales, mi gran afición por la Web y una vergüenza a fingirme bajo otra identidad, decidíme por no quedar anónima y mejor compartir. También porque las últimas horas he podido apreciar la funcionalidad de aquel sitio. Por cierto, decir que allá se pueden escribir cosas al vapor, no implica subestimar el ejercicio. Creo recordar que la capacidad de síntesis es algo que tiende a gozar de cierta reputación en tanto habilidad cognitiva.

*Aunque –juro- escribiré para Eleutheria todo cuanto pueda.

Te escucho -a ti, lluvia



TEMA: Sicilienne et Allegro giocoso
(I) Largamente - Tempo di Siciliana - Poco animato - Tempo I
COMPONE: Gabriel Grovlez
FAGOT: Karen Geoghegan
PIANO: Philip Fisher
ÁLBUM: French Bassoon Works
AÑO: 2009

Escritillo**

El sujeto busca su individualidad como para no perderse en la nueva masa anónima, ésa que a la razón científico-técnica le brotó de un costado hace un par de siglos. El sujeto opone individualidad como si de originalidad se tratara, como para sentirse diferenciado. Frente a la masificación de que somos objeto por los media o de que somos parte como resultado de la estratificación social ad hoc al sistema de producción capitalista, etc., el humano busca recalcitrante mostrarse diferente. El modelo productivo es –a la vez- impedimento para la vuelta a la tribu y búsqueda frenética por ese retorno: queremos sentirnos diferenciados –sí-, pero también creemos que si nos reconstruimos y diversificamos en colectivos, entonces, es porque el modelo ha fracasado, como si a reunirnos le hubiera precedido su caída (pregunto, ¿le precederá?, ¿o le seguirá?)

Si el individualismo, además de producto de la división de clases, es también feedback del modelo, entonces, puede que trocarlo por deseos tribales debilite al leviatán, pero más si es por conductas. Seguro que el individuo, reconcentrado, visto descarnadamente “frente al espejo de su existencia” con las consiguientes angustias y vacuidades que esto pudiera propinarle*, pueda llegar a encontrar más ocasión para la descarga ipso facto de estos enseres en un arrebato de compras compulsivas que en la reunión con los otros individuos y sus respectivas cotas de soledad y vacío. No mirarlas, sino lidiar con ellas; no el individuo pesaroso que nos ahuyenta -no nos ahuyenta-, sino, en realidad, el no poder salvarle, pero querer. El malestar, nueva cuenta, está en querer evadir eso que llamamos mal (ya en el lenguaje y en nuestra comunicación aparece la carga de nuestras preferencias).

* Lo de la angustia y vacío no es algo que a todos ocurra; no al mundo entero le alcanza el ocio para enfrascarse en meditaciones sobre el ser y su finitud. No a una madre preparando atole de masa en sustitución de leche, por ejemplo. Hay niños tan felices, y ancianos y jóvenes capaces de devolver siempre sonrisas. Sus objetos son otros objetos. No se les va la vida si no compran el auto en el color de su elección o si la laptop tiene menos gigas de los previstos. Optan distinto y, a veces -con bastante nostalgia- me veo optar con menos libertad que ellos. No el poseer nos rebaja; poseer –como si fuera ser- resulta de nuestra anemia. No es un modo de producción ni la producción quiénes nos condicionan; ellos son sólo otro recurso para engancharnos en la vida tal y como somos, y desplegarnos.

** Breve reflexión inspirada después de esta lectura –tan valiosa y diáfana.  



CONFERENCIA SOBRE LA


INICIATIVA POR UN ALTO AL FUEGO EN LIBIA, EVITEMOS UNA CATÁSTROFE HUMANITARIA




Este miércoles 3 de agosto a las 17:00 horas en punto se realizará en el Club de Periodistas de México, ubicado en Filomeno Mata No.8, Centro Histórico una conferencia sobre la Guerra en Libia y se lanzará la iniciativa POR UN ALTO AL FUEGO, por lo que les agradeceremos nos acompañen para escuchar a los embajadores de Venezuela, Bolivia, Uruguay y al erudito Alfredo-Rahme.



Atentamente,

Mtro. Alfredo Rojas Díaz Durán
Conferencia Internacional por la Paz y la Justicia

Fazio en uno de sus artículos y la solución clásica al problema del narco

Paso un análisis que hace Carlos Fazio sobre el “factor Sicilia” del que deseo comentar unas cosas.

Ya en alguna ocasión he dicho por aquí que Carlos Fazio es un analista político cuyas opiniones valoro por atinadas; más o menos casi siempre me importa o interesa saber lo que opina sobre temas. Me alegra, entonces, verme coincidir con él en este artículo. Y me agrada mucho la forma en que reivindica a Sicilia. En particular, cuando afirma con sobriedad y lo que me parece mucha solidez:

Frente a la actitud guerrerista de Felipe Calderón, alias El Churchill o El terapista, Sicilia opone la fuerza de su conciencia ética y moral; la fuerza de la verdad. Para Sicilia, la conciencia es un campo de batalla y hacia allí intenta arrastrar a Calderón, a fin de someterlo, de cara a la nación, a un diálogo de iguales con las víctimas de una guerra estúpida. Busca desarmar moralmente al Otro haciendo evidente la verdad. Además, a partir del método de la resistencia civil activa ha dejado esbozado el proyecto constructivo de una nueva sociedad y un nuevo Estado nacional. Se trata, pues, de un movimiento transformador, que con base en la verdad, la firmeza y la resistencia a la opresión, busca romper el miedo impuesto por la violencia criminal en todas sus formas, incluida la que los amos de México imponen a través de los órganos coercitivos del Estado.

Y quizá solamente tendría un diferendo o un agregado para estas líneas:

Asimismo, Sicilia persigue la humanización del adversario (que no enemigo), singularizado en la coyuntura por Calderón, como administrador del poder real. Sicilia no es ingenuo; es táctico. En el marco de una militarización, paramilitarización y mercenarización exacerbada del país, le exige a Calderón una relación de iguales, con base en una moral pública no violenta, y a partir de un franco cuestionamiento a la autoridad legal y legítima del régimen, de quien rechaza activamente el ejercicio perverso del poder. El objetivo implícito de la confrontación es romper la relación viciosa de colaboración establecida entre gobernantes y gobernados en los marcos del sistema; una relación que con base en el acatamiento a la legalidad vigente, reproduce la dialéctica del amo y el esclavo.

Agrego.

Voy a conceder que ha sido de un exceso calificar de ingenuo a Sicilia quiénes así lo hemos hecho. Y no porque deje de ser ingenuo pensar que charlar con Calderón -quien, por lo demás, ejecuta órdenes provenientes de EUA-, traerá como resultado la disolución a la bronca de la militarización del país, sino porque es muy posible que Sicilia sepa esto y, entonces, más apropiado sería decir no que es un hombre ingenuo: decir que es un soñador o un hombre idealista. Si así ocurre y si Sicilia es, además, un hombre táctico o un hombre que intenta ser táctico, entonces Sicilia en algún momento de su diálogo con el régimen calderonista señalará muy puntualmente la supeditación del gobierno actual a los intereses de Washington y exigirá suspensión de esta sumisión lo mismo siniestra que innecesaria –segunda concesión.

El origen de fondo de la política calderonista ante el combate al narco, es la sujeción a dictados estadounidenses. Si Sicilia es táctico, entonces Sicilia también sabe esto, pero también Sicilia sabe que a lo largo de este régimen de horror, legisladores diversos se han parado en el congreso a exigir el fin de esta subordinación y también sabe de sociedad civil –mucha de cepa obradorista- oponiéndose a ella (por ejemplo, las legendarias protestas que los domingos sobre Paseo de la Reforma y frente a la embajada estadounidense realizan grupúsculos civiles –obradoristas- contra la ocupación yanqui en México).

En cuanto a las protestas de distintos legisladores en la cámara, podemos pasarlas por alto porque Sicilia parece apelar a la lógica de la fuerza y la presión proveniente de las masas como transformadoras mucho más que a las fuerzas que buscan ese mismo fin pero que emanan de los poderes políticos instituidos. Entonces Sicilia es también un hombre realista porque sabe que las masas presionan para provocar cambios, pero que –salvo el uso a la violencia- los cambios, finalmente, se producen por las vías institucionales –tercera concesión-, propias de sociedades pseudo democráticas como la nuestra. Parece una contradicción, pero quiero pensar que no lo es. Quiero pensar que el plan general de Javier Sicilia para lograr oponer un fin a esta guerra consiste en apelar a los poderes instituidos con –detrás- la fuerza y el respaldo que la sociedad civil organizada otorga. Por supuesto que esto no puede dejar de producirme un enorme rechazo. Es, más bien, un sentimiento ambivalente. Por una parte, no tolero se apele a los poderes fácticos instituidos cuando estos, de origen, están podridos y son gran parte de la causa del malestar. Por otra, no puedo evitar querer sumarme a la tentativa.

Como sea, no deja de ser muy íntegra la forma de actuar de este hombre y no quiero perder eso de vista. Así como en mis cavilaciones he llegado a proyectar que 2006 será recordado como el año del fraude y que Andrés Manuel López Obrador ha de ser recordado como el político que vino a despabilar millones de conciencias por años aletargadas; así llego a proyectar que este movimiento civil todavía débil, blanco de infundios, idealista en sus bases, algún día tendrá también un lugar muy definido en relación a su época, tan umbría.

Y Sicilia, que es un hombre táctico y no ya -nada más- un idealista, entiende que si el problema de los cárteles de las drogas en México nace de una subordinación histórica al vecino del norte, entiende también que originado este problema por dicha subordinación, el problema es más extenso, va tejiendo redes de problemas en rededor suyo que se interconectan en tal forma realimentándose que, ahora, se trata de un problema que exige el combate desde varios frentes.

Qué lamentable si, como narra Eduardo Correa en este vídeo que posteé hace un par de meses, el origen del consumo de drogas en el mundo y su propagación es resultado de una política estadounidense orquestada por la CIA. Qué lamentable que, pasados los años, la cosecha de estas políticas se traduzca en muerte, enfermedad, alienación, miedo. Lamentable porque todo lo que se pide frente al problema como solución es sabido de antemano por los gobiernos porque el problema es una fabricación.

Personalmente, por ejemplo, estoy absolutamente de acuerdo con la despenalización al consumo de estupefacientes; oponerse a políticas prohibitivas me parece, de entrada, la reacción más racional posible. Pero siento que, a pesar de ser ésa la solución a este problema no va nada más por allí la solución porque ¿por qué pretender que los gobiernos no son los primeros en saber que, muerta la prohibición, muere también el problema? o ¿cuál sería el plan a seguir? Es decir, sí es ésa la solución, pero esto los gobiernos ya lo saben; concretamente, el gobierno mexicano ya lo sabe. Entonces, sí, hay que hacer presión por allí, pero no nada más por allí. 


Me acuerdo, por cierto, que cuando al intelectual Vargas le vi con esa inteligencia suya muy esmeradamente exponer la conveniencia de la despenalización me molestó en parte ver a ese señor hacer eso; es molesto ver a quien lleva una cadena argumental impecable no atreverse –dudo que sea por ineptitud- a hacer la última inferencia: 1) Que todo esto los gobiernos ya lo saben 2) Que se les tiene que exigir enérgicamente y no sólo con genialidades lingüísticas y entimemas que despenalicen y 3) Que si no lo hacen es porque el combate al narco y la venta ilegal de drogas antes de ser pernicioso a los gobiernos, resulta en ganancias para ellos en sus diferentes niveles –como bien documenta algún Fazio-, valiendo un cacahuate cuántos tengan que morir en el negocio de su tráfico y, luego, en el negocio de su combate.

Entonces, sí. Por un lado hay que exigir la despenalización y sumar en esto a todas estas personalidades de la vida pública que gozan de alguna suerte de prestigio –en esto los legisladores y los intelectuales son imprescindibles. Pero también -y no por ser confrontistas- ha de tenerse el valor de encarar al gobierno y hacerle saber que estamos enterados de que son ellos los criminales. Como ciudadana, yo sí pido eso de un intelectual o de un legislador porque si no encuentro esa declaración en sus textos, no nada más me sentiré inclinada a formidar de ellos (eso no es importante), sino que, en la práctica, me parecerá que ellos se prestan a un juego y, sobre todo, se estarán prestando a un juego o bien por sumisión, o bien por corrección o porque –farisaicos- sólo asumen un rol y ejecutar el script de intelectual o político, etcétera.

Me preocupa pensar que se pondrá fin a esta lucha hasta que plutocracia y gobiernos alcancen sus objetivos. Por ejemplo, no mientras no encuentren un negocio más rentable que el negocio del narco, o no mientras no se garantice -en el marco de la ASPAN- el control total de la EUA-vecindad de seguridad, etcétera (a propósito de esto, se reunió ayer la élite del mundo a descubrir el hilo negro -o escribieron un reporte; recomiendo esta lectura y esta otra).

Afortunadamente, Sicilia lejos está de ser un intelectual orgánico y algunos otros intelectuales mexicanos tampoco lo son; creo que ellos actúan con timoratez por algo que yo llamo exceso de racionalidad, pero no por sumisión (a esa gente le llega a estorbar el cerebro). Si el efecto, al final, es uno y dañino, hay sin embargo –creo- una diferencia importante: veo más factible la liberación de cerebros honrados que hacer honrado un cerebro ya liberado que o no lo era o dejó de serlo.

AQUÍ, el artículo completo de Fazio.

AQUÍ, el itinerario completo de la Caravana Rumbo al Pacto Nacional que inicia mañana.

Y AQUÍ, sobre un acto programado para el lunes por la gente de “No más sangre”. 
Mañana sábado 4 inicia el itinerario de esta caravana. En la siguiente presentación puede apreciarse el recorrido. Y AQUÍ, verse a detalle las fechas asociadas a cada uno de los números en los glóbulos rojos.

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