miércoles, 26 de agosto de 2015
by Eleutheria Lekona
Habiéndolo reflexionado ampliamente, me atrevo a asegurar que no está relacionada con ideas mi desencantamiento del mundo y mi falta de fe política. A fin de cuentas, siempre existe una antítesis para toda tesis y siempre es posible utilizar una cualquiera de tales proposiciones para defender una u otra posturas políticas. Estoy lejos de ser ideas y nadie lo es absolutamente. No estoy guiada por seguridades teóricas cuando opino en política. La cota de lucidez con la que deconstruyo el mundo está lejos de ser una cadena de argumentos; sería concederme demasiado una suposición así. ¿Quién es ideas en el mundo estos días? La verdad es que todo el tiempo somos seres irracionales, atravesados por toda suerte de pulsiones y deseos nunca satisfechos. La razón -el razonamiento- es una adquisición reciente de nuestra especie y prácticamente vedada a la comprensión de una parte importante de los nuestros. Si practicásemos el hábito del pensamiento de manera continuada, entonces, en lugar de lidiar con los problemas típicos del poder y con una sobreexposición a la violencia como de hecho lidiamos, nuestras vidas serían más llevaderas y disfrutaríamos en contraste de apacibles tardes de sol en nuestros respectivos búnkers. El proyecto ilustrado y el proyecto positivista nunca pasó de ser un proyecto, hoy a todas luces fracasado. Y quienes con más ahínco se oponen al pensamiento y a la razón son a menudo quienes con mayor asiduidad se valen de embrollos mentales -la mayoría de las veces disminuidos- para lograr toda clase de fines aviesos o utilitarios. La especie no es una especie habituada a pensar; de hecho, me atrevería a decir que la especie no piensa la mayoría de las veces. No puede, no es posible, no hay tiempo. La sociedad de masas no sería tan perfecta a no ser a merced de que en su calidad de masa se ponen en crisis y se potencian con especial intensidad todas las necesidades afectivas de los sujetos. El deseo insatisfecho es hoy la gran polea con que las entidades políticas manipulan a los sujetos semirracionales que conforman a nuestras sociedades cautivas y cuya dote de manipulación crece significativamente cuando nos aglutinamos en masa. Lacan, aquel psicoanalista polémico, supo enunciar bajo tesis psicoanalíticas fortísimas la veracidad de estas ideas. Freud, Jung, Lacan son más vigentes que nunca para el poder y más útiles a sus fines de lo que podrían haber sido para nosotros una cualquiera de nuestras terapias clínicas. El sistema es cien por ciento oportunista y sabe tomar ventaja de este hecho al que me atrevería a elevar a la casi categoría de absoluto. Nuestra lucha de clases marxista se transmuta así en una schopenhaueriana lucha clasial e interclasial. ¿Algún día será esto distinto?
Mi desencantamiento del mundo y de la política -concluyo-, no es un problema de ideas. Es un problema de sentimientos. Siento, vivo y experimento de manera continua la violencia de la sociedad mexicana estos días. Y no solamente porque sea blanco de facto de esa violencia a través de redes sociales, sino porque en general la gente en México se ha vuelto sumamente violenta. Violenta en el adoctrinamiento de sus fes reveladas, violenta en sus actos de ciberacoso, violenta cuando discriminan a quienes se muestran distintos, violenta contra quienes detestamos el espíritu gregario, violenta habitualmente a través de los medios de comunicación y violenta finalmente -material y simbólicamente violenta- en los asesinatos de todas las personas a las que se viene asesinando dolosamente desde el sexenio de Felipe Calderón: periodistas, niños, mujeres, hombres y ancianos en todo el país.
Si hoy enfermera y tuviera que dejar de escribir y ya no me fuese posible comunicarme con quienes gentilmente vienen a leerme, dejaría a mis lectores una última divisa: abracen el placer de pensar y rebélense contra su condición de Sísifo culposo y compulsivo. Pensar es sentir, vivan libres. Desobedezcan. Y desobedezcan sobre todo esta última divisa.
Eleuthéria sonríe. (Vivo en Hipéria-Hiperión.)
Marie-Hélène Brousse. Pŕactica psicoanalítica
*La idea de desobedecer es un desarrollo de Gabriela Henderson.