Eyes Shut. Nocturne in C Minor [Arnalds/Ott/The Chopin Projecct]





Comentario

Leo a un viejo blogger en una entrada suya en lo que pretende ser un comentario político. Pero no, no creo que lo sea, es más bien la expresión de un viejo prejuicio que delimita el nivel de la reflexión política en mi país: el centro alrededor del cual gira y seguirá girando esta sociedad mezquina, según veo. La causa de todos nuestros tormentos. 

He aquí mi respuesta a su comentario:

Perdón, pero es un prejuicio terrible el que aquí expresas. Que Chuayfet se sienta sobrado —una percepción tuya, por lo demás—, creo que es francamente el menor de nuestros dramas políticos. Qué terrible esto.
¿Volveré? Me pregunto afligida. No sé, no lo sé ya. Francamente no quiero averiguarlo. Mi estancia mental el lugar adonde me acicalo trasciende de todos modos todas las barreras políticas que han sido impuestas por el mundo que me vio nacer. 

Por desgracia, sigo interesada de todos modos en los conflictos políticos que allí se respiran. 

La eficacia del voto nulo. Un argumento extrapolítico

Para Rebelión

Pues bueno, a dos semanas de las elecciones en México, pareciera comprobarse a posteriori la ineficacia política y extrapolítica del voto nulo. La intención de esta breve columna tiene justamente por objetivo valorar un par de argumentos técnicos —y ofrecer a su vez uno breve— sobre la viabilidad política de esta forma del voto. Es decir, no por supuesto sobre su legitimidad política —indiscutible e inalienable para quien bajo reflexiones éticas o reflexiones políticas se haya departido por anular—, sino sobre su viabilidad política entendida como eficacia, sobre la certidumbre que a la ciudadanía brinda anular si lo que se quiere es castigar realmente a la partitocracia y empoderar a la sociedad civil como más o menos arguyen sus impulsores.

Bien, resultado de esta inquietud decidí lanzarme a la búsqueda de respuestas en Internet y pude por fortuna encontrar algo de información valiosa. Encontré al menos dos argumentos a los que valdría la pena considerar si lo que buscamos es una evaluación más amplia sobre el comportamiento del voto nulo y si no nos sentimos satisfechos con lo que hasta el momento se ha dicho sobre su efectividad. Tomando entonces esos argumentos fui construyendo una sencilla argumentación y una serie de preguntas en relación a este tipo de voto con el propósito de no limitar el análisis a factores políticos. 

Lo que voy a hacer ahora es prácticamente ofrecer algunos argumentos técnicos muy simples explicando por qué en general resulta difícil determinar a priori si el voto nulo serviría a propósitos políticos o electorales definidos y por qué creer en su eficacia demandaría de nosotros: a) O de mucha fe política, b) O del conocimiento de otras de las variables involucradas en el evento electoral en cuestión, c) De un presupuesto tan alto y una campaña publicitaria tan exitosa como para inclusive garantizarnos una buena pelea frente a las costosas campañas de algunos de los partidos políticos mejor patrocinados para, así, atraer algunos de sus adeptos, d) De una tan elevada consciencia política que sin necesidad de financiamiento ni sin grandes convocatorias la ciudadanía se convencería por sí sola del poder de anular, e) Otros escenarios.

A continuación los argumentos.

ARGUMENTO 1. Este argumento parte de una brevísima columna de opinión publicada en el diario El Universal la semana pasada y fue proporcionado por uno de los miembros del Movimiento Anulista a través de su cuenta Twitter; vale mencionar que cuando se proporcionaba se advirtió al mismo tiempo cuáles serían los límites de esta modesta columna (“para alimentar debate”) y que no fue dado con la pretensión de zanjar aquí la cuestión. ¿Qué nos ofrece este análisis? Básicamente no hay ningún dato de peso en la columna que refuerce las opiniones de la expositora. Todo lo que se nos ofrece es evidencia anecdótica. Y es importante recordarlo: los ejemplos aislados no constituyen información concluyente en ningún análisis estadístico y menos en un evento aleatorio de este tipo. A veces ni el propio votante sabe con claridad por qué partido va a departirse sino hasta el momento mismo de la elección y puede incluso decidir su voto el mismo día de la jornada electoral. Hay una importante componente subjetiva en el ejercicio del voto y de allí que atribuir preferencias a los anulistas resulte ser un acto poco más que ocioso. Necesitaríamos conocer cómo se distribuyen los votos nulos entre los distintos partidos (de ser efectivamente emitidos) y esto demandaría conocer los datos de toda la elección (e inclusive datos de elecciones pasadas) a través de muestras aleatorias tomadas de la población electoral en su conjunto —y por tanto, muestras representativas—, dado que la población electoral constituye en sí un sistema social altamente heterogéneo, etcétera, y entonces, ahora sí, establecer con menor certidumbre —si es que una cosa tal es posible— si los anulistas son votantes desilusionados o ciudadanos apartidistas. En general, resulta aventurado hacer conjeturas sobre los votos anulados sin fiabilidad estadística. Por ejemplo, ¿por qué suponer que los votos ganados por los partidos pequeños son votos finalmente no anulados? O más específicamente, ¿por qué suponer que los votos anulados habrían de ser incontestablemente votos para el PRI? De antemano nadie sabe entre quiénes se repartirán. Para inferir lo que allí se infiere se necesitan más datos. La coincidencia aludida resulta ser para todo fin práctico insuficiente. Si acaso podría inferirse que en las circunscripciones de alto voto nulo citadas en el texto (y solamente en esas) hay menos simpatía por el PRI entre los votantes que por el resto de partidos. Y esos otros partidos pueden ser: PAN, PRD, PT, MORENA, PVEM, Movimiento Ciudadano o podría simplemente tratarse de una postura apartidista acendrada, no necesariamente benefactora de los partidos pequeños. 

Resulta por otro lado llamativo que se cite a Movimiento Ciudadano a favor del voto nulo cuando es evidentemente un argumento débil. Si en una entidad de bajo voto nulo Movimiento Ciudadano logró atraer el voto de los anulistas, como parece sugerir la escritora de la columna, ¿no debería más bien considerarse este hecho un triunfo de Movimiento Ciudadano que del movimiento anulista? Correlación no es causalidad. En la columna nunca se explica esto ni de hecho ha quedado suficientemente aclarado por los representantes del voto nulo hasta el momento. Su argumentación al respecto está basada solamente en unas probabilidades hipotéticas pero no se ha ofrecido hasta el momento ningún argumento de peso. Y creo que esto ha sido así sencillamente porque no hay cómo explicarlo: estamos ante un evento estocástico de muy alta complejidad probabilística y de inclusive absoluta incertidumbre debido a la importante componente subjetiva implicada en el evento, como se comentó líneas arriba. En resumen, es difícil saber en una elección si el voto nulo servirá a nuestros propósitos disponiendo de una cantidad de datos tan pequeña. Por lo demás, la ambigüedad de la columnista hace de por sí difícil analizar su comentario.

Así, más allá de la legitimidad política del voto nulo, hasta el momento ignoramos cómo este voto lastimaría al sistema de partidos además de lastimar potencialmente al PRI. En realidad, puede lastimar potencialmente a cualquier partido y de allí que haga peligrar especialmente a los partidos pequeños, quienes evidentemente cuentan con menos recursos financieros y experiencia política para atraer a los votantes. No es gratuito que el Partido del Trabajo haya perdido su registro en esta elección, por ejemplo. Desde mi perspectiva, el voto nulo fortalece al sistema de partidos de la misma manera en que lo hace el voto efectivo. O dicho de otra manera, no existe evidencia estadística concluyente que irrefutablemente apoyara el argumento contrario. 

ARGUMENTO 2. Mientras terminaba esta mañana de teclear el argumento 1 encontré por fortuna un análisis del economista mexicano Javier Aparicio en el que explica con una sencilla ecuación aritmética por qué el voto nulo no solamente no castigaría a los partidos políticos sino que de hecho los favorecería. Solamente que a diferencia del breve análisis del argumento 1, en el que tomo únicamente los datos de la columna citada, él además incorpora a su análisis (bastante más amplio) la manera en que de hecho los votos nulos son contabilizados después de la elección de acuerdo a la última reforma a la ley electoral (2014) y concluye por tanto que los partidos pequeños se verían en realidad beneficiados con esta nueva reforma. Textualmente en su breve análisis afirma: «Los votos nulos, al igual que el abstencionismo, ayudan a que los partidos políticos mantengan su registro» y párrafos más adelante: «Y también ayuda a que los partidos pequeños mantengan su registro, sus prerrogativas y sus curules». A mí sin embargo su último argumento no termina de convencerme del todo pues creo que está subestimando aquel comportamiento poco predecible expresado necesariamente en la voluntad del elector el día de la elección y cuya última decisión (se esperaría) sería sensible al arsenal disuasivo de los partidos políticos —dependiente en alguna medida de los recursos del partido en cuestión y de su consolidación política— y cuyo impacto en la voluntad del votante debería poder ser representado de alguna manera en nuestros cálculos para determinar si esto afectaría o no afectaría a los partidos pequeños (y puesto que se restan de la Suma total de votos válidos los votos nulos). En mi opinión, inclusive con independencia de la indecisión del votante y de si decide, o no, el mismo día de la elección por uno u otro partido, creo que debe reconocerse que los partidos grandes cuentan con más recursos (económicos, en prensa, en publicidad, en trayectoria) para atraer en general a más votantes, lo que, desde mi perspectiva, hace de todos modos peligrar a los partidos pequeños, tal y como peligraban con la ley anterior. Y a lo que además, habría que sumar este otro factor indecisión i del votante indeciso —comentado en el argumento 1— y estudiar su relación con los recursos de los partidos, su capacidad disuasiva, etc. En general, habría que considerar con más cuidado si los partidos pequeños son realmente beneficiados con esta nueva ley.

Creo que todo esto demuestra que el voto nulo no solo es un voto ineficaz, sino un voto ingenuo cuando no inútil. Un voto naïve. ¿Por qué la ley electoral pone a disposición de la ciudadanía un instrumento claramente limitado para castigar al sistema de partidos? ¿No este mecanismo abre las puertas a un ejercicio de representatividad ciudadana asimétrico para quienes no cuentan con medios políticos para la organización civil?

Querría finalmente preguntar al Movimiento Anulista y a sus principales impulsores si otra vez la ciudadanía habremos de quedarnos sin respuestas convincentes acerca de la eficacia no solamente política, sino extrapolítca del voto nulo, o si, como en otras ocasiones, el movimiento nació (previo a las elecciones) con un tenaz respaldo mediático y disuasivo, solo para morir después, calladamente, lanzándolo con su sordina a las tierras del olvido político, para hacer de este asunto otro de los tantos temas de coyuntura a los que la historia mexicana contemporánea parecería estar condenada sin derecho al registro, a la memoria, a la duda o al escepticismo. ¿Habrá respuestas?

Notas. [1] En este enlace puede leerse un estudio realizado por el Partido Acción Nacional sobre el comportamiento del voto nulo en las elecciones federales 2012. Cito textualmente las conclusiones del estudio: «En el estudio encontramos una posible relación negativa entre voto nulo y GPE, lo que significaría que a menor nivel educativo en los distritos hay un mayor voto nulo». A lo largo del texto se define GPE como Grado Promedio de Escolaridad (https://www.pan.org.mx/wp-content/uploads/downloads/2013/08/Documento_429.pdf). [2] No querría obviar que tanto en el ITAM como en El Colegio de México (de donde egresan los principales promotores de este movimiento) hay una importante comunidad de egresados de matemática y matemática aplicada (con un excelente cuerpo académico, según entiendo) quienes junto a Javier Aparicio podrían brindarnos de algún análisis más completo sobre esta cuestión. Es decir, el movimiento anulista podría solicitar un estudio así, inclusive como un ejercicio de sana autocrítica ante su propia propuesta. [3] La columna del argumento 1 se intitula «Falacias sobre el voto nulo e independientes» y puede consultarse directamente ingresando a la página del diario mexicano El Universal. [4] Es una lástima haber encontrado tan tarde la nota de Javier Aparicio, alojada en su blog personal, javieraparicio.net, en donde se presentan toda una serie de miniartículos muy interesantes escritos por el economista, a lo largo de al menos un mes —sobre el voto nulo— previo a las elecciones. Vale la pena echarles un ojo.

Per verso

Desear es la propuesta antojadiza de una existencia errabunda
Es vomitar antes que alimentarse, es la profundización de la náusea
El pasaje al acto, de esa sensación de angustia, que es el histeriqueo
Para el suicida cobarde que no concreta su obra
El sendero de luz es retornar al útero, regresar al gameto
Para nadar libremente, sin esa absurda sensación oceánica
Esta masturbación literaria sin instancia de goce acobarda su pretensión
Pues no hay ninguna
El devaneo, de ser o seguir siéndolo, es casi un capricho respiratorio
Es hacerlo como alguien lo ha indicado, y para colmo, ser feliz
En esa contradicción petulante de perpetuar los instantes, en los que nos creemos, plenos
Aquellas fronteras, que tanto tememos, nos aguardan, sin versos ni fábulas
Sólo en estos instantes logramos convencernos que podamos ser tales
Como para merecernos otra cosa, encima mejor.
Y nos piden amor
Como si el goce estuviese allí
En dar ¿qué? Lo recibido, el actuar la obra escrita por otros
Si ya dijimos no creer, ni tampoco querer ser parte de lo que sabemos que no existe
Y en el caso de que existiese no sería más que la continuidad
De la creación del blasfemo que se ríe de nuestras contradicciones
El perverso mayor aún no se ha catalogado
Es quien detenta inteligencia mayor
Te mira y en un instante te sodomiza
Y vos no te diste cuenta, lo entenderás más tarde
O quizá nunca, y en eso radica tu felicidad, inocente y siempre pasible
De ser arrebata, por los sufrientes de la verdad, a los que
Un segundo les basta para darte vuelta y dejarte colgado girando
En la misma historia.

Francisco Tomás González Cabañas.

Tomado de Filosofema.

PARTE

Mañana de sábado. Todo muy oscuro allá afuera. 7:40 AM. Se escuchan los motores de los automóviles. El amanecer se sucede sin exabruptos. Respiro con inusitada dicha después de varios días de un terebrante dolor en las extremidades. Causalidades biológicas -entre muchas otras- de solo relevancia para este abandonado espacio.

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Queridos y entrañables lectores de Eleutheria: después de tantos años de escribir para este lugar he decidido mudarme a una nueva bitácora por motivos esencialmente técnicos. He intentado por todos los medios posibles aligerar la carga de esta bitácora pero ello implicaría de algún modo deshacerme de parte del material y de los sidebars puestos en el lugar. Sin embargo, no estoy dispuesta a hacerlo. En dicho caso, he optado alternativamente por abrir este nuevo espacio y empezar desde ceros. No sé hasta cuándo vaya a escribir allá pero sin duda estoy determinada a escribir (y pensar) el resto de mis días, como perfectamente podrán imaginarse quienes me leen desde hace tiempo. Así que, yo, la escribiente, espera poder continuar con sus escritos por un tiempo más y, en esta nueva andanza, espero poder seguir contando con sus visitas. Dejo un saludo a todos. 

Liga para acceder al nuevo espacio.

Un comentario adicional

Publicado el 25 de junio en mi cuenta tumbrl (aquí).

Admitir la normalización de la violencia por el lenguaje de la afición mexicana no significa en mi opinión negar otras violencias; la croata o la rusa, por ejemplo. Esa deducción es innecesaria. Y también es innecesaria la deducción etnocéntrica, pues remite a un desprecio probablemente ficticio (salvo en quienes de facto ejercen ese desprecio y en cuyo caso la admisión de la normalización sería apenas pretexto para dar despliegue a su fobia). Admitir el arraigo de nuestra cultura a las «malas» palabras significa si acaso admitir algo acerca de nuestra idiosincrasia. Pero es inapropiado pensar que se trata de un asunto esencial de nuestro ser en sí e inmodificable, o de nuestra «mexicanidad». Esta aclaración es importante puesto que hay quienes, al expresar su incomodidad con el «puto», convirtieron un problema social (o incluso cultural) en uno ontológico. Sin embargo, si hubiera sido ése el caso —si se hubiera cedido a la conversión— entonces creo que dicho gesto debiera verse como una decisión personal y no como algo necesariamente a deducirse una vez admitidos los problemas particulares de nuestra idiosincrasia, o de nuestra sociedad. Y también creo que han sido pocos quienes han caído en esa tentación (me atrevo a invocar a las conciencias retrógradas de siempre). Le voy más a que las redes sociales sirven a la interpretación abierta y que ello en ocasiones deriva en confusión o en interpretaciones erróneas.

Bueno, sigo con mi discusión.

Sol Gabetta, Baiba Skride, Nicolas Angelich / Solsberg Festival. KLOSTER OLSBERG



Sol Gabetta, Baiba Skride, Nicolas Angelich / Solsberg Festival. KLOSTER OLSBERG - 31/05/2014

Fuente: aquí.

Del «puto» que ofendió a todos. Esbozos para una opinión

(Van en negritas mis intervenciones).

La FIFA no proscribió a México las leperadas de su lenguaje, la FIFA únicamente intenta reglamentar el uso de una expresión normalmente vejatoria, o de una expresión cuya función es de hecho ambigua por sus diversas significaciones. Las leperadas para los mexicanos tienen diversas funciones dependiendo del contexto; sin embargo, comunidades culturales que no sean la mexicana no tienen de principio la obligación de conocer dichos usos. Por tanto, reitero, me parece todavía más moralina la reacción de indignación de algunos mexicanos ante la determinación de la FIFA, que la determinación de la FIFA misma (*). No es un tema de moral, es un tema de aceptar que nuestras relaciones sociales normalizan por el lenguaje, y ahí hay claramente —en la palabra «puto»— una relación social utilizada indistintamente para significar incluso homofobia (y no solamente homofobia, por extensión). Hay quienes incluso afirman que el «puto» se utiliza entre los varones homosexuales para referir el carácter más bien femenino de algunos de ellos. Así, además de una connotación homófoba —como dicen—, habría una probable connotación machista.  Sí, culturalmente las leperadas en México tienen connotaciones que exceden al mero insulto; sin embargo, esto no tiene por qué ser sabido por todos y ni siquiera compartido. Y más aún, las groserías también tienen la otra función, la función de insultar. Tienen, al menos, una doble función: una función social de juego y camaradería y una función también social que expresa hostilidad, discriminación y otras actitudes vejatorias y estúpidas. Personalmente, no entiendo a la gente sintiéndose airada con la FIFA por su determinación. Me parece, ésa sí, una actitud moralina. ADENDA. Por lo demás, apelar a la libertad de expresión (ver artículo de Jesús Silva Herzog Márquez) es, en mi opinión, mal enfocar el asunto: ni siquiera está en los estatutos de la FIFA prohibir, o más explícitamente: la FIFA no puede impedir de hecho a su afición ninguna porra. No se trata de eso, desde mi perspectiva. No hay aquí nada prohibitivo sino punitivo. Lo que la FIFA pretendía en cambio (y que ya desistió, como se sabe) era imponer una sanción ante el probable uso discriminatorio del término, sanción por ocurrir en el marco de una oleada de actitudes discriminatorias investigadas por la FIFA. Así, la alegata que personalmente sostengo en este escrito, no está dirigida a la afición mexicana y su porra, mi texto es una reacción ante la actitud francamente moralizante de quienes insisten en reivindicar la pureza del término apelando a los más inverosímiles argumentos en pro de la multiculturalidad. Reitero, el problema no es ya —no para mí— que el término haya sido utilizado por la porra mexicana, el problema es pretenderla una palabra libre de connotaciones denigratorias. Que la FIFA multe o no, resulta irrelevante a estas alturas, en cambio me importa y me interpela toda esta negativa de algunos de mis coterráneos a admitir el origen del término y la insistencia de otros a hilarlo con una prohibición de nuestros usos lingüísticos. Absurdo en verdad.

Ahora bien, dice Netzaí Sandoval en este estudio: «México ocupa el segundo lugar en crímenes por homofobia, en toda Latinoamérica»En dicho artículo Netzaí especifica que el adjetivo en cuestión ha de considerarse vejatorio en función del destinatario; es decir, de si la persona a quien va dirigido, exhibe en efecto las características de lo que el adjetivo en sí pretende declarar. Sin embargo, y si aun no fuera ese el caso, dice Netzaí: estas palabras «claramente resultan discriminatorias para todo sujeto con una preferencia sexual diversa»Y luego digo yo que: incluso si no lo fueran, se podría estar vejando no ya al destinatario, sino al sujeto genérico homosexual que esa palabra en forma despectiva presuntamente designaría. (Si incluso no hubiese una intención despectiva, habría qué preguntar a la comunidad de homosexuales varones su opinión al respecto). Luego, en un reporte de Aristegui Noticias se lee: «El grito se inventó desde hace varios años en las tribunas mexicanas, cuando veían juegos de equipos con una fuerte rivalidad. Ahora, en el Mundial, el grito ya se escucha también en partidos en los que no juega México, pues otras aficiones han adoptado la expresión». Y dice CONAPRED en ese mismo reporte: «El grito de ‘puto’ es expresión de desprecio, de rechazo. No es descripción ni expresión neutra; es calificación negativa, es estigma, es minusvaloración. Homologa la condición homosexual con cobardía, con equívoco, es una forma de equiparar a los rivales con las mujeres, una forma de ridiculizarlas en un espacio deportivo que siempre se ha concebido como casi exclusivamente masculino”, explicó Conapred. Y apuntó: “las expresiones racistas, clasistas, xenofóbicas, machistas y homofóbicas buscan descalificar, intimidar, negar, reducir y anular». 

(Adenda). Nuestras violencias no son solamente verbales pero esperamos aprender de ellas, se arguye; nuestras violencias son físicas y esperamos aprender de ellas, se insiste otra vez. Me produce francamente hastío la puerilidad y la hipocresía de todos los recursos retóricos invertidos en justificar nuestra idiotez. De acuerdo, no debe sustraerse a nadie su libertad de expresarse pero tampoco creo que deba a nadie eximírsele de su responsabilidad, y si nuestro hablar y nuestro actuar violentan al otro creo que irremediablemente generarán de algún modo una respuesta. Si no la respuesta muchas veces abusiva y tonta de la autoridad —que nos molesta cuando nos sentimos anarquistas pero que no evitamos cuando podemos efectivamente serlo—, sí quizá la respuesta del violentado. (Continuaré, supongo, superada de monotonía).

Hasta aquí con la intervención.

(*) Se entiende que pueda haber razones futbolísticas para considerar absurda la pretensión de la FIFA de sancionar (que la FIFA misma aclaró se trata de un rumor) y en el ámbito de esas consideraciones se puede estar de acuerdo con esa apreciación. Pero desde una consideración extrafutbolística me parece innegable que dentro del fútbol —como en otros deportes— hay, sí, expresiones de violencia ha tiempo normalizadas, aceptadas e incluso incuestionables. #TrueStory

«Agriluna». ¡Próximamente!

Imagen: Editorial Pronombre.
Todos los derechos reservados.

Those eyes of yours without a face...




"Eyes without a face" ~ Billy Idol

Modificado domingo 4 de octubre, 2015



Misiva a Juan Gelman

Juan Gelman, te recuerdo no solo por tus letras sino por tus luchas políticas. No fuiste uno de esos intelectuales fáciles que separan estética de ética como si fuera posible habitar cuerpos distintos para cada experiencia, o como si uno habitara medios mundos. Tu poesía me llenó de melancolía alguna que otra tarde y leí con avidez tu columna en Página 12 de los últimos años. ¿Sabes? la redacción de mi carta es quizá un poco argentina. Pasa que he sido una lectora contumaz de la literatura del Sur: hasta ese punto afecta en mi escritura (aunque esta vez dejo que así ocurra).

Adonde viajes poeta —que es un decir—, que tus semillas queden bien dispersas por los lares de los todavía vivos y los que vendrán. Y que se decupliquen los Juan Gelman poetas del mundo con su compromiso político a cuestas, quienes no cesan de pensar la otredad ni lo rotundamente otro (o lo absoluta). Aquí termino.

PD. En retrospectiva me pregunto —y me lo he preguntado siempre— si no la dimensión personal (lo planteo como condicional), la dimensión subjetiva enriquecida en la otredad, otorga a la poesía una dimensión que de otro modo no tendría.

Leyendo un poema de Rosario (precioso poema de Rosario)

Presencia


Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido
mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba.

Esto que uní alrededor de un ansia,
de un dolor, de un recuerdo,
desertará buscando el agua, la hoja,
la espora original y aun lo inerte y la piedra.

Este nudo que fui (inexplicable de cóleras,
traiciones, esperanzas,
vislumbres repentinos, abandonos,
hambres, gritos de miedo y desamparo
y alegría fulgiendo en las tinieblas
y palabras y amor y amor y amores)
lo cortarán los años.

Nadie verá la destrucción. Ninguno
recogerá la página inconclusa.
Entre el puñado de actos
dispersos, aventados al azar, no habrá uno
al que pongan aparte como a perla preciosa.
Y sin embargo, hermano, amante, hijo,
amigo, antepasado,
no hay soledad, no hay muerte
aunque yo olvide y aunque yo me acabe.

Hombre, donde tú estás, donde tú vives
permaneceremos todos.

—Rosario Castellanos.


Hace escasos días el gobierno británico concedió el perdón a Alan Turing después de haberlo obligado a la castración química y haberlo sometido a aislamiento por su homosexualismo; este último hecho es probablemente lo que terminó por moverlo a suicidio hace sesenta años si es que esa hipótesis no es descartable. Alan Turing es quizá una de las figuras más importantes de la computación teórica y de la historia de la computación contemporánea. Esbozó en su «máquina universal de Turing» los principios teóricos, las prescripciones y reglas que debe satisfacer un algoritmo para decidir si es Turing-computable; es decir, para definir cuándo un problema expresable en lenguaje natural es soluble por medios computacionales. Para ello definió una función recursiva que debía probar si un conjunto de entradas llamadas los inputs del sistema eran capaces de generar una solución —llamada el output del sistema— toda vez que fuesen procesados por la máquina universal, bajo el supuesto de que podemos identificar una función recursiva a una máquina de Turing. Ahora bien, la máquina universal de Turing constaba de una banda infinita dividida en celdas susceptibles de almacenar un símbolo y de una cabeza lectora-escritora que avanzaba linealmente por la cinta procesando los símbolos de cada una de las celdas, o bien reescribiéndoles; de este mecanismo elemental se deduce la importancia de esta máquina teórica pues define por otra parte los elementos constitutivos de una computadora. La prueba de Turing aquí descrita define además uno de los teoremas más importantes en teoría de la computación y se le conoce con el nombre de The Halting Problem. Lo que resumo en este pie de página puede consultarse con más detalle en textos como «Teoría de la Computación y Lenguajes formales» de Brookshear o en «Introducción a la teoría de la computación (autómatas y lenguajes formales). Notas de clase» de Elisa Viso. O en fin, en algún manual sobre Teoría de la Computación o en Wikipedia misma.

El perdón a Alan Turing

En esta historia, siento menos estupor ante las acciones discriminatorias del gobierno británico contra Alan Turing hace sesenta años (pues me pregunto si no vale la pena dejarle el género como prejuicio a quienes necesitan asumirlo como algo más que un llano descriptor) que perplejidad ante la simpleza con que un gobierno se limpia de sus errores con sus propios condenados, como en las mejores épocas del fascismo, pero con las técnicas más modernas del tecnofascismo y sus medios electrónicos. Es decir, me pregunto si en esos indultos que otorga la autoridad a sus perdonados —en este caso, en el perdón a Alan Mathison Turing— no hay en el fondo el mismo gesto despótico con que se aprisiona a sus perseguidos. Pues mientras que Turing queda convertido por un lado en el mártir de una sociedad puritana y estúpida, ocurre por el otro que en el registro histórico de la corona británica es ella misma quien se levanta contra sus propios errores y decide reconocerlos con bombo y platillo —porque difícilmente el gobierno británico habría dicho no a la solicitud de una sociedad orgullosa de practicar valores democráticos si, como ocurre, esa sociedad es la sociedad del gobierno británico—, y entonces perdona a Alan Turing por una injusticia pasada. Y quizá nosotros, que no debemos ser críticos sino regocijarnos por todo —porque no se puede ser crítico y regocijarse al mismo tiempo; es más, porque ser crítico supone ya una incapacidad para el regocijo— no nos quede más que gritar ¡albricias! Turing consiguió el perdón. [1]

Por lo demás, simpatizo a plenitud con el gesto político de ese listado de 37 mil personas que incluyen al físico Stephen Hawking y creo que deben sentirse muy complacidos con el edicto. Es una pequeña victoria si se lo ve desde esta perspectiva. No ironizo.

Cierro con una reflexión que probablemente parecerá muy radical pero la deslizo así: como suave reflexión, como acto que invita a pensar:

Perdón y suicidio se identifican en una sociedad que no aprende a aprender sin infligir dolor al otro, en una sociedad —o en un grupo minúsculo de ella, con tristeza— que se arroga la gracia de la indulgencia. El suicidio no es tanto la condición de quien se sabe libre sino el lamento de quien se sabe abandonado. Ningún perdón resucitará a Turing aun si «limpia» su nombre (¿de qué?) y ninguna sociedad debiera someterse al patético espectáculo de solicitar a sus opresores su perdón. En este caso, haríamos más construyendo un memorial a nuestros y nuestras Alan Turing caídos, y reproduciendo sus relatos en nuestros textos, que solicitando perdones o reconocimientos.

Nota: 


[1] Asumiendo la acepción corriente de «crítica» que no necesariamente coincide con su acepción filosófica.

*Publicado en Rebelión.

«Reflections», Santiago Caruso




Reflections, Santiago Caruso

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