Desde la fría mesura


Comienzo este escrito endilgándole al mundo un mínimo de racionalidad –o de insumisión–; de modo que proclamo hartísimo evidente el deseo común consistente en hallar el modo de arribar al mejor puerto posible tras seis años de malestar, al margen de confrontaciones superfluas. O sea, ya no se trata de atacarnos entre sí, o de demostrar que tenemos los mejores argumentos; se trata de encontrarlos, de ubicar su fuente en la experiencia. No en dogmas, ni en fantasías, ni en adscripciones ideológicas.

Parto de una suerte de ley de la historia: la unidad de personas es condición sine qua non previa a toda disminución a un poder concentrado. Luego entonces, siempre que se dan estas luchas es porque se cuenta ya con alguna estructura organizacional –de cualquier naturaleza– que aglutina a los grupos y da cauce a los objetivos; y esto tendrá que ser así toda vez que se aspire a un cambio permanente dirigido. Es decir, no únicamente durante el previo a un cambio de gobierno, sino, –también– una vez consumado el objetivo. Ni siquiera los anarquistas proponían el derrocamiento de esta entidad detentora del poder; proponían su disminución, a través de la desconcentración del poder del Estado, diseminándolo entre el grupo.  

Claramente, en nuestro país se vive hoy una hiperconcentración del poder público en las manos de unos cuantos hombres tecnócratas –empresarios la mitad del día; legisladores, la otra– que lejos de gobernar a favor de los intereses del colectivo, viven ideando cómo engrosar sus cuentas bancarias. Pero lograr esto no ha sido una sinecura para estas gentes. La verdad es que se trata de personas muy esforzadas que han sabido servirse de la estructura estatal y de gobierno para el logro de sus conquistas. Y lo mismo, se han servido de los medios electrónicos, de los partidos políticos, de las leyes y sus reformas, etcétera, que de la buena voluntad del ciudadano, en el propósito de estar siempre alcanzando sus metas.

Hay algo de candidez en todo esto. Los medios electrónicos, los partidos políticos, incluso las leyes han visto nacer su institución al amparo o a la necesidad del sistema económico. Por supuesto, en este último enunciado no tendría por qué haber juicio adicional alguno (negativo) a no ser porque, en los hechos, el sistema económico ha degenerado en esto que se describe al inicio del párrafo anterior. En México, estos empresarios se han enquistado en las distintas instituciones de gobierno por la vía liberal-demócrata y, más específicamente, adhiriéndose a algún partido político a fin ser elegidos por la ciudadanía a través de una boleta electoral que va luego a una urna.

Pero no todos nuestros empresarios son políticos, y tampoco ha sido necesario que lo sean. Muchas veces quienes gobiernan lo hacen a capricho de los empresarios con tal de ser depositarios de sus dádivas. Afortunadamente, poniéndose a leer uno el periódico y cotejando las mentiras distribuidas por la TV contra la realidad diaria, uno puede más o menos reconocer a estos rufianes y decidir si otorgarles o no su simpatía el día del voto electoral (otra cosa es que los votos se cuenten mal).

Ahorita que estamos previos a elecciones, hay la gran disyuntiva entre no votar por los de siempre o anular-abstenerse.

En lo que a mí respecta, quiero exponer una vez más mis razones por las que, a un mes de la elección, estar ya lista para emitir mi voto.

Enuncio un hecho al que no deseo obviar: el voto corporativista es una práctica común en México; este tipo de práctica opera al amparo de causales sociopolíticas más o menos ubicables –y comprensibles–, pero de cuya discusión conviene zafarse en este momento, por no ser ésta una disertación sobre moral. En términos de praxis política, interesa más pensar los medios para disminuir su impacto en los resultados sobre la elección en curso que hacer el recuento histórico de cómo se ha llegado a esto.

Ahora diré por qué creo que, de las dos opciones enunciadas líneas arriba, anular-abstenerse no es la mejor opción para nuestra circunstancia histórica.

A. Abstencionismo

A.1 Por mucho que personas sean altermundistas confesos, antisistema o, en fin, simples eremitas viviendo al margen de los dictados del sistema global-neoliberal, lo cierto es que tales personas son también blanco de todos los yerros, injusticias y equívocos de este sistema. Y la verdad es que, ni siquiera estableciendo un perímetro de neutralidad –como lo hacen las comunidades autónomas– o contándose la historia de ser uno el más libertario de los seres o hallarse en el nirvana o culmen de la evolución social, etcétera, ni siquiera así uno queda exime. Lo cierto es que incluso perteneciendo a esta clase de grupos, el sistema también te pega. Y, el problema nodal de concebirse o hallarse en esta circunstancia, radica en que no hay un canal efectivo de facto, diferente al de la evasión, a través del cual este tipo de sujetos puedan defenderse de los embates del neoliberalismo. Uno puede vivir en la evasión eternamente o eternamente en rebeldía contra el sistema; pero al momento de pasar el sistema factura, la evasión no se vuelve un campo magnético impenetrable.

En lo que sigue de la lectura, téngase bien presente que la lógica del capital, consistente en acumular los centavos producto del trabajo de todos en unas cuantas manos –haciéndonos creer, por cierto, que el trabajo ladrón que ellos generalmente brindan es una bendición, etcétera– cuenta, además, con instrumentos de dominación para la perpetuación de este estado de cosas. Así, los medios electrónicos de difusión de mensajes, el Estado, la existencia de un sistema de elecciones, la democracia, las instituciones de gobierno, etc., al ser constitutivos de dicho sistema –o feedback el uno del otro (como estrellas binarias)– resultan ser las harramientas reales de acción de que provee el sistema.  Y, por supuesto, en este juego, como en muchos otros, quien fija las reglas es el más poderoso de los jugadores; de modo que, entiéndase: los capitalistas harán todo lo posible a su alcance para no sentarse a dialogar, para no sujetarse a los pliegos petitorios de grupos o comunidades marginales. Podremos con acciones marginales restituir a nuestra conciencia de dignidad, pero esto apenas si nos protegerá contra las iniquidades del sistema. Debe buscarse minimizar el impacto de dichas iniquidades.

Ante este panorama, hay dos vías, la que se juega reconociendo las reglas impuestas por el gran capital buscando maximizar el beneficio de todos, o bien –y como ya lo he sugerido en otras entradas– socavando a la gran institución sobre que se finca esta gran dictadura económica en que se vive: la banca. Esto último, por supuesto, implicaría una revolución.

A.2  Hay otro bando de abstencionistas, pero estos me parecen un campo más fértil, pues ellos optan por esta vía no por convicción, sino por mero desconocimiento de la situación. A este grupo, más bien la necesidad les imposibilita a tomar una posición política definida. Soy de la idea de que es una cosa positiva el animarse a dialogar con estos grupos en el propósito de socializar la información de que se disponga.

B. Anulacionismo

Es irrelevante determinar si esta postura es irreflexiva o no lo es. Es claro que favorece al voto corporativista. Si una práctica común de la partidocracia en este país no fuera el corporativismo –este acarreo multitudinario a las urnas con pago en despensas y favores–, habría poco sustento a esta aseveración, pero sabemos que no es así: va a haber gente votando ese día. Por otro lado, ni siquiera en aquellas sociedades que se presumen de democracias consolidadas, el voto nulo pasa de ser una expresión de inconformidad. 

Uno puede oponer respeto ante las ene pretensiones del anulacionista y sus razones; pero creo que aquí el asunto no es de respeto, sino de necesidad histórica. De modo que, mi objetivo no es principalmente impugnar el móvil anulacionista, como hacer ver sus inconveniencias.

Mi planteamiento nuclear es: en una sociedad de partidocracias corporativistas, votar nulo es contribuir –se quiera o no–, a la perpetuación de tales partidocracias. O sea, verlas perpetuarse en el poder, con baja posibilidad de darles una tunda real. ¿Y por qué –se preguntarán de inmediato– votar por algún partido en particular no es también favorecer al sistema de partidos o, particularmente, empoderar a alguno de ellos? Porque si ya se tiene claro que se busca la disminución de su poder, entonces, hacer un voto razonado eligiendo al mejor de ellos, es –ya– un despliegue de poder ciudadano. Por otra parte, no comparto esa visión según la cual todo en los partidos es la podredumbre, todo en la clase política está perdido, todo en todo es malo, etcétera (por sistema, me es imposible suscribir tal tipo de generalizaciones).

La idea es dejar claro a los partidos que su triunfo precisa del voto libre del ciudadano. Que no será ni con la coacción, ni con el soborno, ni con la desinformación con lo que habrán de conquistar nuestros corazones, ni sobre lo que habrán de edificar su permanencia. Esto es tan razonable que también es compartido por los anulacionistas y, de algún modo, es el acicate para su posición, de modo que su argumento más frecuente es argüir que si todos votásemos nulo, entonces, dejaríamos a los partidos a nuestra merced, neutralizados, inoperantes. Correcto –yo les diría–, e inmediatamente me estaría preguntando sobre la acción inmediata a seguir.

Depuesto el sistema de partidos, ¿qué vendría? Respondo. Yo creo que tendría que venir, como mínimo, convocar a un nuevo constituyente a fin de fijar las nuevas reglas de elección y representación popular, de forma de gobierno, etcétera. Ante este panorama yo, sin duda, estaría encantada. Pero, soy realista, no es ésta nuestra coyuntura; no estamos en ese proceso aún. Todo proceso hacia un cambio sociopolítico es paulatino y requiere de etapas. Si en este momento, el mayor grupo opositor al statu quo de nuestra repugnancia estuviera constituido de anulacionistas, yo estaría allí porque 1) Creo en la unidad y 2) En la organización como condiciones necesarias previas a todo cambio social. Pero como ése no es nuestro caso y es claro que el mayor proyecto político articulado opositor al de la oligarquía es el de Regeneración Nacional, entonces, me decanto por ese proyecto. Es una cuestión de estrategia. Ya no de fe, ni de esperanza. La renovación de la vida pública en este país pasa necesariamente por echar de los cargos públicos a quienes los detentas con satrapía o, por lo menos, minimizar el número de este tipo de individuos.

Pero hay más todavía. No por tratarse del mayor movimiento opositor, se trata del mejor movimiento opositor. El criterio del quórum no es necesariamente El Criterio. Sucede que, además, es importante analizar consideraciones empíricas útiles en la tarea de determinar si la opción por la que uno se sesga es, en efecto, la mejor de las opciones.

Yo puedo –pero no quiero– exponer las razones de por qué votaré por AMLO. Y no quiero hacerlo porque sí creo que se trata de una decisión individual a la que cada quien debe llegar desde su propio proceso –supuesto que se llegara–. A cambio de ello, puedo aconsejar que sea a través del contraste de ciertos hechos por lo que nos determinemos por alguna de las opciones (y aquí inevitablemente entrará la ideología de uno); a saber: 1) Contar con evidencias positivas de ausencia de deshonestidades públicas en la persona de quien votaremos. 2) Estudiar la viabilidad del proyecto. 3) Determinar su necesidad.

Hasta aquí la entrada.

“El democratismo ha sido, en todo tiempo, la forma de decadencia de la fuerza organizadora... Para que haya instituciones tiene que haber una especie de voluntad de instinto, de imperativo que sea antiliberal hasta la maldad: una voluntad de tradición, de autoridad, de responsabilidad para con siglos futuros, de ‘solidaridad’ entre cadenas generacionales futuras y pasadas hasta el infinito.”

Federico Nietzsche

Bailar


[Ir de la decadencia a la cadencia]

Quien no entienda del baile, creo que se pierde de esa forma tribal del erotismo y ese afluente de vida, ritmo, posesión orgásmica, olvido, des-individuación.

Bailar es hacer el amor prescindiendo del coito o entregándose a él en cada extremidad; como si todo el ser palpitara de deseo y no nada más lo propiamente erógeno.

La charla con Sicilia


Claro que han sido de un gran desatino las últimas declaraciones de Sicilia. Luego, pensar que por esto vaya alguien a invalidar al conjunto de su proceder es, me parece, subestimar –y mucho– el pensamiento de los demás. Yo no creo que haya alguien que vaya a hacer eso –o que lo hiciera– por el llano hecho de ser bien crítico con esta pifia suya. En cualquier caso, la izquierda nunca ha sido tibia en esto. O desde el principio les simpatizó Sicilia o no les simpatizó.

El pensamiento crítico es adlátere del pensar-pensar. Eso es pensar.

Muérame el día que deje de hacer señalamientos por temor a la censura o a ser blanco de ilogicismos, sofismas e imposturas de mi no pertenencia.


Un clip



INTERPRETA: "Dueto azul"

Fuera del tiempo II (inversión)


Llamo estar fuera del tiempo al hecho anticipado de allegarme de todo el placer posible: en una pequeña flor que se mece al compás de las ráfagas; en un aire azul límpido sobre una meseta igual, bajo bóveda idéntica; en las piedras, en las fracturas del subsuelo, en la posibilidad del contacto humano. Pero me pongo fuera del tiempo antes; y mucho antes de estar en ese tiempo, ya lo alcancé. De modo que, cuando sea el instante llegado –y no esté yo allí–, estaré, como siempre, anticipándome a otra alegría. No habré de estar ni en el último instante.

Colección

Del capricho número 24, cortesía Julia Fischer/Niccolò Paganini.


A la variación número 16, cortesía Wang/Rachmaninov/Orquesta Sinfónica de Tokio.

Rhapsody on a Theme of Paganini, Op.43 [variaciones 17 y 18]


COMPONE: Sergei Rachmaninov
INTERPRETA: Yuja Wang (piano) / Claudio Abbado (Mahler Chamber Orchestra)

Variación 17:


Variación 18:

El debate (opinión)


Lo que se vio ayer no fue un debate. Un debate es, al menos, un intercambio de ideas en flujo continuo entre quienes participan. Pero un debate debiera ser principalmente un ping pong de argumentos y sus refutaciones. A pesar de todo, no me amilano. Ya estoy acostumbrada a la actualización de términos aquí en la patria. De modo que, lo que tuvimos nosotros no fue un debate, sino la tropicalización de uno: acusaciones, señalamientos y confrontación. En cuanto a mi particular gusto, yo habría esperado una discusión ideológica expuesta a altas temperaturas: sí con apasionamiento, sí con mucha jerga, sí buscando la confrontación y, primordialmente, buscando confutar las propuestas antagónicas no sólo en el discurso, sino con el recurso a cifras y hechos empíricos focalizados; además, sostener cada candidato la viabilidad de su propuesta. Tampoco creo que en un debate entre candidatos deban todos forzosamente hacer la exposición detallada del proyecto; creo que la exposición de propuestas también puede ser hecha de cara a la sociedad en foros expresos para tal meta, y creo que esto no debiera ser competencia del IFE (ni Dios lo mande), sino de los candidatos, y organizar ellos el acercamiento con la sociedad (justamente hace unas horas, por ejemplo, Andrés Manuel presentó en el teatro Metropolitan su propuesta en los rubros de ciencia y educación acompañado de Juan Ramón de la Fuente y de René Drucker Colín, aquí reportaje).


[Correrlo a partir del minuto 2, antes se escucha un zumbido desagradable.]


Pero vuelvo a lo del debate. A pesar de todo, soy optimista y pienso que no todo en los debates del IFE es desechable. De allí que pueda perfectamente entenderse que, ante el formato infame elegido por el Instituto, algunos candidatos hayan decidido tomar como estrategia la exposición de sus propuestas, el señalamiento a sus contrincantes y otras acciones según los estilos.

De eso que sucedió ayer en el debate –y no de lo que idealmente tuvo que haber ocurrido–, quiero opinar con esta entrada. Me voy por candidato y, luego, cierro con un epílogo.

QUADRI

Ni el discurso de Quadri eficaz, ni dos –o tres– de sus propuestas casi lúcidas ocultan cómo representa él a la clase empresarial y su adscripción a un pensamiento de derecha.

El núcleo de su perorata: privatizaciones (o sea, libre mercado), reformas estructurales (neoliberales), y una política de seguridad tan nefasta como la de FCH.

Se me antojó falsa su obstinación en pretender seducir a la ciudadana aduciendo estar él en un costal distinto al de sus contrincantes: “yo soy un ciudadano, ellos son políticos” regurgitaba cándidamente Quadri –Quadri es como un niño incómodo, sólo que cincuenta años después–. Solamente que 1) Ni todos los que estaban allí son políticos –en el sentido Quadri– y él claramente no representa a la ciudadanía, sino a una clase empresarial que se asume a sí misma progresista a pesar de estar construidos sus proyectos sobre mecanismos más bien retardatarios y 2) Lo que él clama como una virtud no pasa de ser un sofisma: si él es ya un ciudadano, no entiendo cómo pueda no creer que es también un político*.

Me hubiera encantado que Quadri explicara por qué la disminución del precio de gasolinas es improcedente de acuerdo a los estudios que él conoce. También me encantaría saber cómo es factible su proyecto sobre la base de sus propuestas, ¿por qué sí habrá de lograr él lo que 30 años de gobiernos neoliberales no han logrado, o sea, qué hay de atípico o de ejemplar en su liberalismo? Lo triste de sus dos propuestas lúcidas (fomento a energías renovables y a desarrollo científico, lo de la banda ancha) consiste en que el método para alcanzarlas es de corte eminentemente empresarial –su frenesí mercantilizante– lo que, en sí mismo, hace incompatible al discurso con la meta, como ocurre con la casi generalidad de su programa.

Claramente, Quadri también tuvo a su culpable la noche de ayer: la llamada clase política, especialmente aquellos de sus miembros a quienes, en afán difamatorio y con vaguedad, tilda él de populistas (con vaguedad porque el término, en sí, está desprestigiado). Y no me pareció, por cierto, que Quadri haya sido neutral, ni me pareció que su discurso estuviera exento de confrontaciones. Eso, decididamente no es cierto.

Dado que Quadri encarna intereses adversarios a los de AMLO (al menos, no tiene empachos en decirlo), no es de extrañar verlo atacar a Andrés Manuel. Lo que es sospechoso es que lo hiciera exclusivamente. ¿No acaso los métodos de EPN –que no es menos un neoliberal que el propio Quadri– se fincan en argucias francamente populistas para encandilar a la población? Sin embargo, ni Quadri le puso un dedo encima a EPN, ni Andrés Manuel López Obrador es un populista en esa acepción vilipendiada. Por lo tanto, no puedo más que afirmar que todo –o buena parte– en el discurso de Quadri en el debate de ayer, parecía tener como propósito atacar a AMLO por consigna. Triste papel que jugó este hombre (y ya ni hablar del buen favor que le hace a Elba Esther si colabora en esta tarea –siempre alcanzable– consistente en lograr que el PANAL siga conservando su registro).

Si tuviéramos que medir el debate por capacidad discursiva y por optimización en los tiempos para exposición de propuestas, probablemente Quadri ganaría (es más, ganaría); desafortunadamente, a lado de estas dos habilidades del candidato figuran triunfalmente la vacuidad de su discurso, la falsedad de sus promesas y la obsolescencia de un proyecto que pretende pasar por innovador.

AQUÍ, la plataforma presidencial de Quadri.

JVM

No podría agregar más de lo que muchos atestiguamos. Es triste ver a un ser humano tan instruido –como ella– y tan fanatizado; su pensamiento es de un fundamentalismo apenas soportable. Es claro que Josefina realmente cree en sus afirmaciones; es claro que ella está dispuesta a actuar lejos del decoro en aras de un ideal: el de la libertad del mercado del capitalismo neoliberal. Pero una libertad del mercado que, además, viene acompañada de una aparatosa disociación con la realidad; acompañada también de una visión de Estado ultra dogmática –por no decir fascista– porque para esta gente, sin duda, con leyes se arregla la vida, se vive, se respira, se hacen todos buenos, los delincuentes dejan de delinquir, los yonquis dejan de consumir, las marrullerías de los capitalistas se vuelven buenas por legales (la desregulación del mercado, el asentamiento de outsourcings por todo el país, los drones sobrevolando nuestros cielos, regalar recursos naturales, etcétera).

Si se puede crear una ley es que puede hacerse, o del mundo feérico de Josefina y la ultraderecha mexicana.

AQUÍ, plataforma de JVM.

EPN

Ya todos sabemos en qué consiste la propuesta de EPN: más privatizaciones, más mano dura, el verbo de las reformas estructurales (neoliberales), etcétera. Es decir, los exactos ofrecimientos de Quadri y JMV, solamente que dichos con otro argot, bajo la dirección de imagólogos que lo visten, lo peinan, lo acicalan, le dicen cómo hablar, cómo mirar, en fin, este producto televisivo que es Peña Nieto: lo que ya todos sabemos. Y, claro, empieza a cobrar frutos tal empeño, pues hay una diferencia notable entre el EPN del debate y el que entrevistara Jorge Ramos hace un par de años, por ejemplo. La ostensible apuesta de su campaña en el rubro imagen, es ya, en sí misma, una confirmación de lo rentable en la maniobra. A mí me violenta menos la frivolidad de EPN, que la existencia de una sociedad a él rendido a causa de ese hecho.  

Por cierto, tal y como John M. Ackerman avisara en Twitter, claro que Luis Videgaray fue a ofrecer PEMEX a inversionistas privados en EUA; aquí pueden leerse sus palabras en idioma inglés publicadas en The Wall  Street Journal y aquí, con traducción al idioma.

Finalmente añado que ante la pregunta pusilánime de ¿y quién fue el ganador?, yo respondería que esto depende del espectador y su preferencia. Por ejemplo, Peña pierde cuando remite a sus detractores a la PGR aduciendo que allí yacen los papeles de su inocencia; pero no pierde tanto cuando se muestra capaz de sostener un discurso medianamente articulado y responder a los cuestionamientos hechos –y hasta lanzar otros–. De donde se deduce que el formato, como ya se veía venir, fue montado a modo de hacer el menor daño posible a Peña, pero que, con todo, se llevó gran vapuleada porque la gente no es tan tonta como para no advertir que aun cuando la forma de su desempeño fue articulado, en el fondo, se trató de una cadena de argumentos vacíos de sustancia y carentes de sustento.

AQUÍ, página de EPN.

AMLO

Tiró por la borda esa gran oportunidad que representaba demostrar lo que muchos ya sabemos, pero que otros tantos ignoran: que sí tiene propuestas claras, factibles, realistas y de cambio. Como siempre, falla en el pragmatismo. No llevé el conteo de sus varias intervenciones destinadas a señalar a la mafia de potentados que se ha adueñado del país, pero sí comprendo que pueda cansar tanta reiteración sobre el asunto. En mi opinión, creo que AMLO pretendía llegar a esa masa del electorado más bien blanco frecuente de medios televisivos, ese poco más del 70% de hogares sin acceso a Internet en México –aunque sí a TV–, con baja exposición a la información distribuida por la Web vía medios alternativos y que, por tanto, pocas veces tendrá oportunidad de escuchar el enunciado nodal en la propuesta de AMLO (lo que como diez veces repitiera el día de ayer). Por supuesto, surge la pregunta, ¿realmente los minutos que tuvo él para dirigirse al teleauditorio y/o radio escuchas a fin de hacer su denuncia –y la limpieza de tal corrupción como propuesta más el trabajo ciudadano–, podrá hacerla de contrapeso a todas esas horas que el televidente pasivo queda expuesto al discurso mendaz de las televisoras? Quizá surta efecto en algunos. Lo espero.

También pienso que AMLO se olvida de esta parte de electores muy instruidos (con postgrados, doctorados, maestrías y el kit) y que, además, son también del tipo más bien despolitizados/desideologizados (porque claramente también los hay con posturas político-ideológicas definidas). Pues bien, yo creo que AMLO, yo sí pido que AMLO también intente llegar a este tipo de gente (véase figura 1). No importa que representen un porcentaje bajo de la población, son también población y es gente que suele sentirse muy descobijada, poco representada por los políticos. Este tipo de gente piensa –y no sin evidencias– que lo de la política aquí en el país es una porquería y este tipo de gente, por lo regular, quiere oír propuestas. En mi experiencia, no es el tipo de gente activa en la política, realmente no están muy interesadas en el asunto (malo), pero sería importante que se interesaran y, también, importante intentar llegar a ellos con un discurso más propositivo y articulado (claramente Quadri sí se dirigió a este sector). En mi experiencia, el estudiante de postgrado y –el postgraduado– del tipo investigador, está bastante más interesado en sus aportaciones al saber que en el devenir social del país; sus estándares para concebirse a sí mismos como ciudadanos son bajos –sin dañar directa o conscientemente a persona alguna– y precisan de formatos de difusión de ideas más bien cargados de datos duros, análisis ultra objetivos, desapasionados, etcétera. Para mi gusto, AMLO debe darse a la tarea de pensar mucho y muy seriamente cómo llegar a este conjunto de ciudadanos. 




Figura 1: A AMLO le está faltando pensar en el conjunto C de mexicanos insatisfechos con las propuestas.

Un poco sobre este mismo punto, pediría a AMLO que en el próximo debate diga no solamente el qué de sus propuestas, sino el cómo. Por los tiempos tan ridículos que se otorgan para cada intervención, seguramente tendrá que hacer una selección muy escogida de esto. 

Y sí, me encantó que AMLO le dijera sus cosas a EPN, pero creo que se quedó corto. 

Finalmente, espero que en el próximo debate, explique por qué y cómo sí es posible la reducción a precios en gasolinas, más el detalle fino de muchas otras de sus propuestas. Por lo demás, ya he expresado aquí simpatizar con su proyecto.

AQUÍ, el proyecto de AMLO en formato muy atractivo.
AQUÍ, la propuesta completa.
AQUÍ, en su forma resumen.

Epílogo

Como he decidido votar este 1 de julio y subirme al carrusel de la democracia, vivo plenamente la ficción. Sin embargo, esta ficción es internamente consistente y no pierdo de vista cómo se avecina lo que pretende ser la imposición de EPN  otro fraudeFrente a esto, pienso que, como ha dicho un chico por ahí, la defensa del voto tendrá que necesariamente ocurrir en las calles, antes y durante la elección.


*Lógicamente, uno tendería a pensar que todo político es un ciudadano, y que no todo ciudadano es un político –o no necesariamente. Pero ésta es justamente la visión de Quadri que yo combato y es también la misma idea sostenida por la mediocracia. Para mí, ambos términos significan lo mismo.

Mi resumen de la pugna de la semana


1. Al IFE le toca organizar obligatoriamente dos debates entre los candidatos.

2. El IFE solicita a radio y televisión la transmisión de tales debates.

3. Toca a radiodifusoras y televisoras rechazar o aceptar dicha solicitud.

4. Televisora Azteca rechaza la solicitud del primer debate en uno en particular de sus canales porque arguye que ella tiene que transmitir, en horario del debate, un partido de fútbol.

5. Pregunta, la discusión que genera la resolución de Televisora Azteca en el sentido de disuadirla de su determinación, ¿es un tema electoral o un tema de medios?

6. Es claro, no es nada más un tema electoral, es también un tema de medios, un tema de comunicar o informar sobre un debate preelectoral. Luego, aunque al IFE toca ser árbitro de las elecciones y organizar los debates, bien podría la discusión del punto anterior resolverse –como de hecho no lo fue– no en el ámbito de las competencias del IFE y sus obligaciones, sino en el ámbito de las leyes que regulan la actuación de las radiodifusoras y televisoras mexicanas, quienes usufructúan el bien público llamado espectro radioeléctrico.

7. Siguiendo esta lógica, SEGOB pudo perfectamente apelar al Art. 62 de la Ley de Radio y Televisión para obligar a la transmisión del debate en cadena nacional.

8. ¿Por qué SEGOB debía haber hecho uso de esta facultad (si bien no lo hizo) y obligar a las televisoras? Razones hay de sobra y, como se verá, lejos están de ser parte de una maniobra autoritaria (claro, SEGOB podría autoritariamente (o sea, sin razones) obligar a la transmisión en cadena nacional, pero éste no es el caso. Aquí sí hay razones). Vayamos a las razones:

a) El artículo referido señala que su aplicación precisa de un tema de interés nacional. Es decir, el Secretario de Gobernación –materialmente Poiré– podrá a su juicio hacer tal exigencia si hay un asunto de trascendencia nacional. Pues, bueno, la condición necesaria para su aplicación, la hay, es el tema de conocer las propuestas de quienes pretendan gobernar a esta nación los próximos seis años.
b) Habitantes de esta nación y uno de los candidatos contendientes, han solicitado a SEGOB la aplicación de este artículo. Es decir, no es que a Poiré, en un arranque de megalomanía, se le ocurriera la transmisión encadenada, es que a Poiré ciudadanía lo está urgiendo a tal.
c) Ciudadanía urge a Poiré no porque, de hecho, no sepa ella si habrá o no encadenamiento, sino porque, de hecho, sabe ya que por lo menos una de las televisoras ha decidido que no lo haya o, más precisamente, ha decidido que su canal principal o de mayor rating no transmita el debate para, en cambio, transmitir un partido de fútbol. Entonces, ciudadanía ante esto pide encadenamiento no porque en sí mismo quiera el encadenamiento, sino porque es la única vía legal por la que es posible obligar a la televisora en cuestión a cambiar de decisión (claro, la petición viene en respuesta a la decisión muy inusual de la televisora). En el fondo, lo que ciudadanía quiere es que se maximicen todos los recursos disponibles para la transmisión del debate. Un voto razonado exige, mínimamente, información.

9. Entonces, ¿por qué no atendió Poiré a la petición ciudadana si, además, la propia ley electoral concibe que el órgano que ella regula –el IFE– pueda también hacer esta misma petición a SEGOB? Más precisamente, ¿qué razones de peso, qué hechos empíricos obligaban a los Consejeros del IFE, y no a la SEGOB, a dirimir el asunto? Pienso que, ante la posibilidad de ser éste un asunto dirimible en ambos terrenos, toca al derecho –y no a la ley– decidir. Y aquí, lo que originó toda esta discusión, fue un derecho, el derecho de las personas a querer ser informados el máximo posible sobre unas propuestas que ellos necesitan conocer –nosotros– a modo de tener elementos para elegir sobre una cuestión de trascendencia nacional. Yo no sé nada de leyes, pero mi sentido común me dicta que las leyes no hacen al derecho, me dicta que ocurre justamente al revés. Con leyes no se edifican derechos, ni se enseña conducta. Con leyes se formalizan acuerdos, convenios, derechos, pactos de viso social que, por lo general, son resultado de un largo proceso de incubación, en muchos casos doloroso, que involucra a la ciudadanía toda. Las leyes expresan mucho de la historia de nuestros jaloneos sociales. Si ellas se anquilosan, si se exige que la vida se adapte a ellas y no que ellas se vayan adaptando a la vida, entonces es porque, en sí, la vida social está siendo, ya, víctima de alguna atrofia. Sin duda, quienes interpretaron que debía ser el IFE y no la SEGOB el árbitro de este asunto, hacen ostensión de una forma de ver el derecho dogmática y quizá sin querer, contribuyan a la artrosis social que hoy se padece en esta nación. Por otra parte, hay que reconocer que no fueron los Consejeros quienes se arrogaron la atribución de la resolución sobre el asunto. No, fue Alejandro Poiré quien se negó a dar satisfacción a la petición ciudadana; quien no quiso hacer uso de la facultad que la ley le otorga y quien, en suma, decidió todo el asunto. Claro, cabe especular sobre las razones de Poiré (y éstas pueden ser tan estrambóticas como se antoje a nuestra imaginación):

a) Poiré subestimó la petición de los ciudadanos.
b) Sencillamente, Poiré está de acuerdo con que no haya encadenamiento (como lo contempla Azteca) porque no tiene problemas con aceptar que televisoras puedan decidir sobre un asunto de interés nacional (lo que la ley electoral, por cierto, ya acepta), aun cuando dicha decisión esté montada sobre una necedad porque se sabe que los partidos de fútbol dominicales raramente transmiten a las 8:00 de la noche.
c) Poiré es un hombre muy honesto, o sea, no es diletante del cálculo político cuando de elecciones se trata. Aun a sabiendas de que la no transmisión del debate en cadena nacional beneficia al candidato puntero (pues, además, se programó un evento que suele atraer a mayorías) en detrimento del candidato de su partido, él, de todos modos, se conduce con toda honradez y se lava las manos (en esto, Poiré no se parece en nada a Santiago Creel o a Vicente Fox –por ejemplo–, quienes actuaron con todo sesgo en contra del candidato de la oposición las elecciones pasadas, ¡vaya que Poiré es ejemplar!).
d) Poiré no piensa que la actitud de Salinas Pliego –o de Televisa, porque ésta tampoco lo transmitirá por su canal de mayor rating–, sea meritoria de una limitación por parte de la autoridad, es decir, que televisoras concesionarias debieran dar alguna prioridad –en una ocasión tan particular como ésta– a asuntos de interés nacional sobre los intereses particulares.
e) Etc.

Claro, todas éstas son meras disquisiciones; no tendríamos alguna razón en particular para decantarnos por una o por otra, a priori. Pero eso sí, si somos curiosos, y nos gusta la ciencia, quizá nos dé por querer descartarlas a todas lo cual, claro, sería una labor titánica porque precisaríamos de evidencias o de experimentación para tal.     

Algunos escolios.

ESCOLIO I. Se arguye que este es un asunto de libertades; que toca al ciudadano decidir y elegir qué verá él; pero, ¿qué va a elegir el ciudadano si las elecciones ya están hechas de antemano? La verdad es que han sido las televisoras quienes han elegido de siempre los contenidos que de entre un menú, luego elegirá el ciudadano. Y, lo mismo, si corremos con suerte –o tenemos tele de paga– podremos chutarnos un buen programa cultural o una serie interesante (The Terapist, se me ocurre) o bien, hacer zapping por horas en este lance elusivo al que el buen televidente se enfrenta cotidianamente frente a los bodrios que comúnmente las televisoras deciden transmitir (por cierto, la televisora Azteca y la otra, son especialistas en bodrios televisivos).

ESCOLIO II. Comenta José Antonio Crespo en Animal Político:

En el comité técnico del IFE había un experto en cuestiones de televisión. Él aseguró que el mejor tiempo para el rating era el domingo a las ocho, mucho más que cualquier día entre semana. Se habló del riesgo de que hubiera futbol, pero se vio que los partidos de liguilla nunca son a esa hora, sino siempre más temprano (en las mañanas o a las cinco o seis de la tarde). Una vez decidido el horario, se habló con la federación de futbol que aseguró que no programarían un partido a esa hora. Sólo que Salinas Pliego tenía planes distintos, es decir, golpear al IFE y minimizar el debate, por lo cual programó el partido justo a esa hora. De hecho, a cualquier hora que hubiera elegido el IFE hubiera sido programado el partido de futbol. Repito, se trataba de meter una zancadilla al debate y un gol al IFE y, Salinas lo logró.

ESCOLIO III. Especular sobre las motivaciones de Salinas Pliego ya es chisme –aunque no por ser chisme, resulta baladí la especulación: el chisme nunca es superfluo–. En esta reflexión, sin embargo, ni al caso con tal gesto vulgar. Aquí se especula con seriedad y no vamos a prestar oídos a rumores de mal gusto: que si Salinas Pliego se está vengando del IFE porque ya no cobra spots de campaña; que si Salinas Pliego busca congraciarse con el candidato de su oligarquía; que si esto último es más verdad por cuanto una familiar de él es senadora por uno de los partidos que impulsan al llamado candidato puntero. En fin, meros dichos. Pero hay una cosa que no tiene que ver con chismes, sino con hechos –o más bien con tuits–: Ricardo Salinas Pliego ha demostrado ser un hombre autoritario.

ESCOLIO IV. Que Salinas Pliega sea un autoritario, sí implica que tuiteros no lo sean –en el sentido de Salinas Pliego–. Tuiteros –y sociedad– respondimos a la provocación del magnate. Por ejemplo, lo primero que pensé cuando leí en retweet las petulancias del pendenciero, fue en un Salinas Pliego de fines de noventas interpelando a Cuauhtémoc Cárdenas por el caso Stanley; acto seguido, me vino la imagen de este nuevo Salinas Pliego, desdeñador de los eventos políticos de la nación. Ahora entiendo que él no actuó en sendos casos como un ciudadano mexicano, sino como un empresario con derechos extra.

ESCOLIO V. Esta pugna me puso un poco feliz. Demuestra, contra cierta corriente de opinión, que sí hay muchas personas en el país para quienes no todo en política es podredumbre y, también, que hay mucha gente interesada en el tema y con puntos de vista bien antípodas al del pensamiento más reaccionario que en este país se afinca [perdón, acabo de leer una columna de Sergio Sarmiento –me acuso–].

Espero con mucha emoción y con mucha expectativa la transmisión del debate este domingo 6 de mayo. Absolutamente.


John M. Ackerman concluye un artículo muy brillante que le leí esta semana con la siguiente proclama también en negritas, sobra decir lo que me provocó, quiero solamente aquí hacerle un poco de coro (por cierto, recomiendo el artículo):

Justicia ya para Regina Martínez, ni una muerte más. En solidaridad con los estudiantes de Michoacán. 

Fuera del tiempo


INTÉRPRETES: Haudebourg / Foulon
COMPOSITOR: Carl Friedrich Abel
MÚSICA: Sonate No. 2 - Andantino



I.             NACIONALISMO Y NACIONALISMOS

A propósito del programa nacionalista de AMLO mencionado en II, quiero comenzar este escrito con una distinción que me parece importante hacer, si bien informalmente ya la he hecho en otras ocasiones. 

Entiendo dos acepciones para el significante nacionalismo; dos acepciones que se utilizan sin distinción en la jerga política y discurso. La primera es proveniente –y heredera– de la concepción colonialista del XIX sobre la que se funda la idea de estado-nación. Sobre esta acepción –y su significante–, vierte toda su ideología el primer capitalismo o capitalismo de la revolución industrial. Es decir, aquel capitalismo que pusiera a las naciones hegemón del período a pelear las guerras mundiales en pro de la repartición de recursos y que culminara con los fascismos alemán, yanqui y soviético (más horrores adláteres: Auschwitz, Hiroshima, el Gulag). Uno puede entender el profundo significado de dolor de este significante (“nacionalismo-fascismo”) para la sociedad europea de la posguerra por razones obvias. Es un saber histórico corriente. Es razonable la aversión que nos causa este nacionalismo.

La otra acepción es más nueva e independiente del nacionalismo europeo o relativamente independiente. Es el nacionalismo de las naciones latinoamericanas fundado en el derecho de las mismas a la preservación soberana de la administración de sus recursos en respuesta a la rapacidad de naciones extranjeras querientes también de esos recursos. De modo que, cuando en II hable del nacionalismo propugnado por el programa obradorista –y aun tibio para mis deseos–, es claro que ubico a este nacionalismo en el de la última acepción; coincidente, por cierto, con el mismo nacionalismo adoptado recientemente por las naciones de la UNASUR o con el nacionalismo que llevó a Kirchner a la nacionalización de petrolera de YPF, etcétera.

Ahora bien, toda esta situación es paradojal si tomamos en cuenta que el segundo capitalismo o capitalismo neoliberal, tiene en el término “globalización” el significante más representativo de la ideología dominante de nuestro tiempo, la idea de una globalización de las costumbres, el comercio, la cultura, etc., cuyo objetivo no declarado es la destrucción de las identidades nacionales. ¡Claro!, invocando, para su destrucción –en los signos–, al primer significante referido; aunque destruyendo –en los hechos– los nacionalismos del segundo significante.

Si bien la experiencia del nacionalismo europeo nos alerta sobre sus consecuencias nefastas (la barbarie en los gobiernos totalitarios), es necesario comprender, como he intentado hacer en el texto y en otras entradas, que el origen de los nacionalismos latinoamericanos es de otra naturaleza y, en muchos casos, de defensa ante los nacionalismos europeos y patrioterismos de naciones norteñas. Por supuesto, esto no excluye el eventual caso en que este nacionalismo pudiera desembocar en un totalitarismo indeseable; siempre está latente dicha posibilidad.

Justo, tener esto presente es parte de lo que nos pueda inocular contra su perversión.


II.           “LOS NIÑOS INCÓMODOS” (EL EMPRESARIADO, QUE ES LA MADRE EN EL POEMA DE MANUEL ACUÑA)

Al margen de que este vídeo haya sido hecho con el apoyo de Alberto Bailleres, la Universidad Anáhuac, el Consejo de la Comunicación o Fundación Televisa, la verdad es que no se necesita de gran perspicacia para detectar sus fines aviesos o, pensando indulgentemente, los estrabismos político y el pensamiento maniqueo de sus patrocinadores. Es más, uno primero lo ve y, luego, infiere su origen; y no que uno sepa su origen y, después, infiera sus fines.


Diré lo que pienso.

Pienso que este vídeo desalienta el activismo político; es el clásico mensaje proveniente de un cierto sector que supone como premisa una contradicción (al menos, para el fin que anuncia perseguir): que este mal hado que pareciera verterse sobre nuestra sociedad dependiera en forma exclusiva de la clase política o, en fin, de los dirigentes de gobierno. Pero esto no es verdad. La verdad es que esas mismas personas que difunden este tipo de mensajes de cariz y pretensión subversivos, son las mismas que a través de los medios electrónicos construyen y convalidan una realidad para el grueso poblacional a la que pomposamente llaman opinión pública (fabricar el consenso, diría Chomsky) y que se encargan de ideologizar las mentes y costumbres de los mexicanos, a fin de que estos mexicanos –nosotros– nos sometamos al tren de vida insalubre en que tales empresarios y tecnócratas tienen sumida a parte importante de la población desde que se adoptara el esquema neoliberal y saciarse ellos, zamparse el pastel solos (darle en ganga Telmex a Slim, la venta de ferrocarriles nacionales, malbaratar LyFC, semiprivatizar PEMEX, y esa lista interminable que pareciera ser mi padrenuestro).

Pero una cosa es señalar a los bandidos y otra cosa es victimizarnos. Sigo pensando que, en todo caso, los mexicanos somos responsables de nuestra tragedia nacional. Es verdad que el país está plagado de dirigentes corruptos, apátridas y entreguistas de nuestros recursos; o de hombres de negocios que disponen del control del dinero, de compadrazgos, prebendas y facilidades, de un acceso irrestricto a los medios electrónicos para la propagación de la ideología dominante que ellos encomian, y que a ellos favorece, etc. Pero esto no sería posible, si no fuera por la indolencia y el desentendimiento que el grueso de la población muestra hacia estos eventos. Para que haya una clase dominante o grupo, se precisa de una clase dominada.

Sin concederlo absolutamente, si acaso es posible aceptar que la clase dominada goce de mayores indultos para su expiación, pero no más. Es más, ha habido durante los últimos veinticinco años cuatro momentos importantes (al menos) de unidad social inaprovechados:

  • El fraude electoral de 1988.
  • El movimiento zapatista o EZLN (con todo y que hoy, para mí, ese movimiento carece de dirección).
  • El fraude electoral de 2006.
  • El Movimiento por la Paz articulado durante este sexenio en respuesta a la hecatombe calderonista.


Ahora bien, aun cuando en todo momento, un pueblo tiene el inalienable derecho –el deber, yo diría– de vindicar sus causas, la verdad es que no me parece que este vídeo tienda hacia ese fin. Claramente, es un intento por hacer desistir del voto y de la participación política a los ciudadanos. El mensaje implícito es: “los políticos son una bazofia, han hecho a esta nación a su imagen y semejanza (como si en verdad la hicieran –yo digo–), por ende y como lo muestran los hechos, el desencanto sobre la vida en la polis no es para menos”, aunque curiosamente –vuelvo a decir– terminan solicitándoles (a los candidatos), por favor, que se encarguen del futuro de nuestro país. Juro que así es. Por supuesto, en todo este show los ciudadanos no revisten el rol que supuestamente representan. No figuran. Son sólo las víctimas, los buenos (porque, además, trabajan dócilmente en su rol de asalariados: 10 horas, aunque digan 8; apostando en la Bolsa sus ahorros vías las AFORES; viviendo obedientemente en estas casitas de 60 x 60 sobre un territorio nacional del orden de los millones de kilómetros; y ya ni decir de la criatura outsider amante de la ciencia o del arte: a largarte fueras a buscar un postgrado en una escuela nice porque aquí no alcanzan los centavos para invertir en esas cosas (los tecnócratas, amantes de la tecnología, pero que no invierten ni un céntimo en ciencia o en su desarrollo)), decía, los buenos esclavizados a la maldad del político. Claro, y en medio de esta relación (me acordé del “Nocturno a Rosario”), la cara del empresario –como un Dios–, avasallando, por un lado, al asalariado con el fuete de los créditos, la ilusión de la comodidad y el prestigio, el acceso a las TIC´S como candil y, por el otro, transando con la clase política para que ésta legisle o gobierne en defensa de sus intereses versus los intereses del primero (esto es, propiamente, la globalización neoliberal).

En fin, me gustaría hacer el análisis concienzudo de escenas focalizadas en el vídeo, pero a falta de un conocimiento semiótico efectivo, desisto del intento. Aunque hay algo que sí diré sobre la escena de apertura. Ver empezar este vídeo con esa oposición entre el hombre de clase media, el oficinista asalariado y trabajador –aunque fume– y el delincuente, ese malhechor que pareciera salir de alguna crónica policíaca, es de vértigo. No comprendo un reduccionismo tal. Como si los elementos que componen a esta sociedad se hallaran en conjuntos ajenos; como si estuviera el buen asalariado, el señor de familia en un grupo y, en otro, lejos, el narco o el delincuente; cuando, decididamente, el surgimiento en extremo de la clase delincuencial en México y de los llamados cárteles de la droga, responde a esa mezcla explosiva que resulta de poner en un mismo cocktail, capitalismo neoliberal, clases dirigentes corruptas, empresariado rapaz y ciudadanía con baja participación política (y habría que añadir que la baja participación política de dicha ciudadanía responde a determinaciones históricas fáciles de rastrear, caracterizar y comprender en sus consecuencias). 

Pero aún no he terminado. Desmitifiquemos ahora, con un caso reciente, las mistificaciones de estos sujetos.

Recién tuvimos a un candidato de izquierdas que puso en peligro el statu quo de estos empresarios oligarcas. Con independencia del grado de nuestro involucramiento en la vida política y de nuestras preferencias, pienso que toda persona honesta admitirá conmigo que las elecciones de 2006 constituyeron un fraude de facto. Muchas personas seguro recuerdan el uso de la maquinaria mediática para desprestigiarlo; toda esa imbecilidad en el eslogan “López Obrador es un peligro para México”, la comparación con Hitler y, en el mejor de los casos, con Chávez (ojalá). Se hizo también campaña para desalentar la acción del voto; la creación de los partidos chicos para hurto de la población y con los sempiternos propósitos de despolitización/desideologización propios de nuestro tiempo (una Patricia Mercado con su dogma de la tolerancia o su fraseología sin propuestas, por ejemplo). Pues bueno, los patrocinadores de este spot, que con rigor patriótico y suficiencia moral hacen un llamado, hoy, a los candidatos presidenciales en las voces de niños inocentes e incómodos, resultan ser exactamente los mismos que, como Emilio Carrillo Gamboa se apresurara a escribir, tuviesen conocimiento del triunfo de Calderón, antes del término del conteo, en las Elecciones de 2006.

Me voy a permitir hacer algo que nunca me había querido permitir hacer en estos seis años de afrenta e inmoralidad (por honradez intelectual, digamos), voy a transcribir dicha carta:

Está dirigida al Consejo Mexicano de Hombres de Negocios y fechada con fecha 5 de julio de 2006.

A TODOS LOS MIEMBROS DEL CONSEJO*

Muy estimado y fino amigo:

Seguramente varios de ustedes han visto en Internet o recibido noticias de que el cómputo electoral se ha iniciado y que el PRD tiene mayor número de votos que el PAN.

A las 17:00, con el 69.01% de las casillas computadas, las cifras son 36.81%  para el Lic. López Obrador y 34.64% para el Lic. Calderón.

La razón de esto consiste –según nos ha informado el Lic. Beltrán que ustedes conocen porque nos ha hecho las encuestas para el Consejo– es que el PRD está siguiendo la estrategia de aprobar rápidamente las actas de las casillas en donde la votación le favorece y retrasar la aprobación de las casillas en las que el PAN resultó triunfador, dado que como ustedes saben, en los Comités Distritales asisten con voz pero sin voto los representantes de los partidos políticos.

Sin embargo, el Dr. Beltrán informa que el resultado final será el ya conocido, en donde el Lic. Calderón resultará con un mayor número de votos que el Lic. López Obrador, en una cifra similar a la que se ha venido difundiendo en días pasados en los medios. Todo está bajo control.

Atentamente
Secretario Ejecutivo

c. c. Gastón Azcárraga Andrade Presidente
c. c. Lic. Don Agustín Santamarina Consejero Especial

Por supuesto, esta vez están actuando en esa misma dirección, pero con más tiento. Ahora le apostarán más a ver los votos repartidos entre la apatía y hacer crecer las filas de pasotas –y menos a sus descaradas campañas propagandísticas cargadas de injurias–, antes que permitir el ascenso al poder a un gobernante con intenciones hacia una renacionalización de la economía (a fin de cuentas, lo que más temen).

Ya pasaron seis años y estamos vísperas a otra elección. Los sucesos y circunstancias, sin embargo, son radicalmente distintos en los hechos. Si bien Fox le allanó el camino a Calderón para vivir lo que estamos viviendo, ha sido en el sexenio de este hombre verdaderamente oligofrénico, cuando se han hecho efectivas todas estas corrientes neoliberales/neoconservadoras y, entonces, se ha legislado no sólo para seguir vendiendo patria a inversionistas privados, sino para hacer de este país un lugar de privilegios y retrocesos (el cambio en la redacción del art. 24 constitucional, por ejemplo). Pero lo más grave, sigue siendo la patraña del combate al narco, las diarias muertes, los más de cien mil muertos que reporta EUA, etc.).

Querría hacer algunas últimas reflexiones sobre este tema a título personal:

1) No basta con la revisión exprés de las propuestas de los candidatos. Tal revisión debe incluir algún conocimiento de la historia que nos precede. Que votar no se vuelva un hecho de coyuntura de cada seis años. Declino ser ciudadana de coyuntura; una ciudadana sexenal –cual la liberal democracia nos dicta–.
2) Yo no sé si como mucha gente supone en las redes –y supone mal, en mi opinión– haya gente que vaya a votar por el menos malo. Si alguna gente está en esta situación, allá ellos, decididamente no es mi caso. Si promuevo el voto razonado es porque mi voto es razonado y, por supuesto, si se diera el caso, podría cambiar de decisión (para sólo decantarme por la anulación porque ni EPN, ni JVM y, mucho menos el señor Quadri se acercan a mi concepción de lo que es gobierno; EPN y Quadri carecen de ideología y, la de JVM me es ajena).
3) No sé por quién vaya a votar la gente. Personalmente, mi invitación es a votar y, particularmente, a ejercer un voto razonado. Entiendo que la opción de ir a la casilla a anular tiene sus ventajas, pero se trata de un grupo tan débil, que esta opción antes de hacer un bien, me parece pueda hacer un mal. No sé. Por otra parte, el anulacionista es, por lo general, del tipo pasota. De acuerdo, anulamos, ¿y luego?, ¿también nos vamos a Huelga General para, verdaderamente, tirar al sistema?, ¿renunciamos a nuestras tarjetas de débito?, ¿o cómo? Me parece pueril pensar –es como una ilusión que nos contamos– que no votando o anulando le hacemos daño al sistema de elecciones.

Finalmente, como en este blog me he permitido manifestar una postura crítica, pero siempre aderezada con algún elemento constructivo (a fin de despistar al enemigo y nada más), dejo este documental a modo de antídoto –o vacuna– contra los archimencionados “niños incómodos”.


*López Obrador, A. M., La mafia nos robó la presidencia, Ed. Grijalbo, México, 2007 (Pág. 224).

De un correo

Comparto un correo que envié hace unos días a mis contactos:

Pues bueno, ya vi que los últimos vídeos que recién envié son propaganda negra hecha, en un caso, por el PAN en contra del PRI; y, en el otro, por el PRI en contra del PAN. Me arrepiento un poco de enterarme apenas de esto, puesto que no me serviría de la propaganda que ellos mismos hacen para solicitar a pensar el voto. Al final, cuando se trata de legislar -muy frecuentemente en contra del bienestar social de los mexicanos-, estos partidos, lo mismo que algún núcleo perredista, se han mancomunado para tal fin. Últimamente, estoy bastante menos embebida en la política de lo que quisiera; y esto me causa gran pesar porque estamos a un par de meses de los comicios. Ojalá pueda más o menos mantenerme informada; es colosal el flujo de información y el tiempo que debe uno destinar para revisar y seleccionar.

Por lo pronto, reenvío este vídeo que, aunque rebosante en faltas de ortografía (qué bueno que éste no sea un criterio de selección y filtro de información para quienes, a pesar de amar los formalismos, sepan distinguir forma de fondo), exhibe también hechos ciertos. Por cierto, las inferencias, sobre la base de estos mismos hechos, al final del vídeo puede ser que no constituyan la mejor forma de su redacción para espíritus muy científicos -concuerdo con ello-; pero, de verdad, esto no les quita ni un ápice de veracidad: es cierto que Josefina Vázquez Mota, por ejemplo, formó parte de las negociaciones que culminaran en 2006 con el fraude de las elecciones (un fraude en regla, en mi opinión).

AQUÍ el vídeo

Fin del correo.

De un soneto

Cuelgo aquí este soneto que conocí gracias a Sandra Lorenzano. En primer lugar, sintonizándola en En busca del cuento perdido; y ahora, otra vez, que lo ha colgado en su blog.

Esto es amor

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño

creer que un cielo en un infierno cabe
dar la vida y el alma a un desengaño,
Esto es Amor; quien lo probó, lo sabe.

Lope de Vega

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