Emergencia humanitaria en Copala

Luego de casi 10 meses bajo sitio, cayó San Juan Copala. Los paramilitaresestrecharon elcerco el 7 de septiembre pasado y en los días subsiguientes ocuparon el centro político y ceremonial de la cultura triqui. Nada, nadie, les impidió tumbar puertas, derribar muros, incendiar hogares, saquear casas. El terror se apoderó de las últimas 30 familias que resistían y huyeron arañando cerros, arrastrando pies, cargando ancianos, apurando niños, cayendo en barrancos. Muchos salieron con impactos de bala. No han sido atendidos por médico alguno. Bajo fuego 303 días, desplazados ahora, invisibles siempre, los triquis que demandan autonomía señalan al MULT y a la Ubisort. Acusan a Amado Ortiz y a Antonio Cruz de estar al frente del asalto.




Yosoyuxi, Copala. Descalza, Altagracia Fernández de Jesús se esconde entre las piernas de su padre. A sus cuatro años, habla apenas. Su madre, Francisca de Jesús, fue baleada por la espalda el pasado 7 de septiembre cuando intentaba salir de San Juan Copala. Se encuentra en un hospital de Oaxaca. Su hermano, Elías, fue asesinado a los nueve años de edad el 29 de noviembre de 2009 en un salón de clases, cuando los paramilitares tirotearon la escuela. Su hermana, Maribel, no pudo salir del internado de Copala y se quedó en el centro del pueblo.



Su padre, Benito Fernández, carpintero de 53 años, con heridas en un pie, es el rostro de la desolación.



Casi un cuarto de su vida ha tenido que permanecer escondida en su casa, entre estruendos y sobresaltos. La madrugada lluviosa del 19 de septiembre su padre la tomó en sus brazos; por momentos, debió dejarla caminar entre el breñal mientras él se echaba a cuestas a Jacinta González Guzmán, de 80 años de edad. El hombre algunas veces rodó por el monte con la anciana; otras, con la niña.



En ese grupo que huía de “la lluvia de balas” también caminaban Gabino Hernández, campesino de 53 años; Margarita López Martínez, de 45; Cornelio López Martínez, de 51, y Susana López Martínez, de 18. La cuadrilla tuvo suerte: no fue encontrada por los grupos armados.



Consigo no trajeron comida, pues ya no tenían. Y en la huida sólo trajeron la ropa que hasta ahora llevan puesta. Atrás dejaron sus casas, huipiles, algunos animales de corral, documentos personales, fotografías familiares, altares, petates, utensilios de cocina, enseres domésticos, ropa…



Pero por lo que lloran es intangible. Han sido expulsados del Chuman’a, como ellos llaman a San Juan Copala, el centro ceremonial de los triquis. Se preocupan por sus santos, que quedaron prisioneros en la iglesia, sin las flores y veladoras que son su alimento. Y se les quiebra la voz cuando hacen la cuenta de los años que vivieron ahí: 12, 20, 40, 80, según las edades. Las mujeres que no nacieron en San Juan, pero que se casaron en ese pueblo, podrán dudar de la edad que tienen y el año que nacieron; pero no, del año en que llegaron ni el tiempo que vivieron ahí.



—Hay esperanza de regresar a San Juan Copala –dice Cornelio López. Había hablado con fuerza y seguridad. Pero ahora que se ha referido al Chuman’a, donde cultivaba la tierra desde hace casi 40 años, su voz se quiebra.



—Primeramente dios –agrega con dificultad–. Uno no sabe; dios sabe…



Desde cada casa “prestada”, los desplazados cuentan sus historias, muestran sus heridas. La mayoría de las veces hablan a través de intérprete. La tristeza y la indignación pasan del triqui al español. Explican cómo cada grupo, cada familia, cada individuo lograron evadir a los paramilitares. Todos coinciden en que los disparos que los mantuvieron en sus casas por casi 10 meses arreciaron el 13 de septiembre, cuando los grupos armados tomaron la presidencia municipal.





Desde ahí comenzaron a expandirse día con día hasta ocupar todo el pueblo. Asaltaron calle por calle, casa por casa. Por altavoz, ordenaron a hombres y mujeres que salieran de sus hogares y se entregaran; advirtieron que colgarían al presidente municipal autónomo Jesús Martínez Flores y a los hombres de la comunidad. Algunas familias comenzaron a salir del pueblo la noche siguiente; otras, decidieron resistir unos días más.



Los que comenzaron a salir y tuvieron la “mala suerte” de ser descubiertos por los paramilitares fueron baleados, sometidos; las mujeres, violadas, como Natalia Cruz Bautista, de 42 años, quien fue torturada y vejada (le cortaron su cabello, la desnudaron y violaron), y Francisca de Jesús García (quien logró huir pero con un impacto de bala en el hombro derecho; hoy está en peligro de perder el brazo).




Quienes se quedaron unos días más escucharon el derrumbe de muros, el saqueo y vieron las llamas. Angelina Ramírez Ortega, de 71 años, fue de las últimas personas en abandonar San Juan Copala. Fue testigo de la matanza de animales domésticos y de corral, de los tiroteos a las casas donde el humo de la cocina delataba a los que resistían. La mujer salió cuando ya el grupo armado ocupaba casi todo el pueblo, el 19 de septiembre.



Se asoma a la puerta de la casa que ahora le da cobijo. Maltrecha, espera las preguntas de los reporteros con escepticismo, pero con respeto. Destacan su mano y su brazo izquierdos grotescamente tumefactos y amoratados. Su brazo está roto, a la altura del codo. No ha sido evaluada por ningún médico.


Cuenta que salió sola durante la madrugada: esperó la oscuridad más espesa. Llovía. Resbaló en el lodo y, dando tumbos, llegó hasta el fondo de una barranca. No sabe cuánto tiempo estuvo desmayada. Fue encontrada por los propios paramilitares.



Angelina Ramírez dice que, cuando volvió en sí, Antonio Cruz, Toño Pájaro, uno de los líderes de la Unión de Bienestar Social de la Región Triqui (Ubisort), la tomaba de los cabellos y le colocaba el cañón de la metralleta en la cabeza. Ella, cabeza blanca manchada de sangre, menuda, rostro arrugado, le suplicó que le perdonara la vida.



A través de un intérprete, la abuela explica que no tuvo otro remedio que decirle a Toño Pájaro que ella era ya vieja, que no le hacía daño a nadie, que es viuda y que ya sus nietas han sido heridas por ellos (Selene y Adela Ramírez, ambas baleadas; Adela, con una bala alojada en su espina dorsal que la mantiene paralítica).



A decir de Angelina, Toño Pájaro le advirtió que nunca volviera, que no creyera que aún tiene casa en San Juan Copala. Le prometió que si intenta regresar o reclamar algo, será asesinada.


Otros no salieron. José González Cruz, María Juana Agustina (abuelos de alrededor de 100 años) y Sofía Martínez (de 17 años) quedaron atrapados en sus casas. Hasta el momento, se desconoce su situación.


Todos los desplazados aseguran que una de las cabezas del grupo que asaltó San Juan Copala es Antonio Cruz. La otra, aseguran, es Amado Ortiz, del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), originario de la comunidad El Rastrojo. Señalan incluso que de la Ubisort son apenas una decena de hombres armados, mientras que los del MULT son “incontables”. Afirman que la mayoría de pistoleros proviene de las comunidades de Rastrojo, Cieneguilla y Coyuchi. Y entre los triquis paramilitares, habría algunos mestizos con pasamontañas.


El MULT, en voz de Heriberto Pazos Ortiz y en comunicados, ha negado su participación en la ocupación de San Juan Copala.



Amanece. La neblina apenas levanta. El pueblo escurre. Verde intenso en los montes y las huertas. Amarillo en las colinas de maíz espigado. Humaredas en las casas de dos aguas. Las mujeres de Yosoyuxi echan tortillas de masa de maíz a los comales. Además de sus familias, comerán las desplazadas de San Juan Copala. Todo se comparte; el dolor también.

En esta comunidad se refugian 82 personas; otras 94 se reparten en cuatro comunidades más y en las ciudades de Oaxaca y México. Se trata exclusivamente de las que salieron a partir del 7 de septiembre. El total de exiliados de San Juan Copala desde que empezó el sitio armado el 28 de noviembre de 2009 supera las 800 personas.

Desde que se fundó el Municipio Autónomo, los grupos armados han asesinado, al menos, a 15 personas y herido a 16. Entre los asesinados se encuentran líderes del movimiento autonomista. El máximo líder natural de la región, Timoteo Alejandro Ramírez, fueejecutadojunto con su esposa en su propio domicilio. Se trató de un operativo de más de seis meses con sicarios encubiertos.


El Municipio Autónomo fue impulsado por una escisión del MULT: el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente (MULTI). A mediados de 2006, Timoteo Alejandro Ramírez y los líderes naturales de cuatro comunidades más rompieron con la dirigencia –mestiza– del MULT, que encabeza, desde la ciudad de Oaxaca, Heriberto Pazos Ortiz. A las diferencias en la asignación de recursos y en las prácticas “disciplinarias” que impone el MULT, se sumó la creación del Partido de Unidad Popular. Los triquis se dijeron engañados y decidieron no sumarse al partido. Ambos grupos se tacharon de traidores. Y las emboscadas contra los que se escindieron comenzaron.

En 2007, el MULTI impulsó la creación del Municipio Autónomo, basado en usos y costumbres, y con el que se liberara a los indígenas de las organizaciones y los partidos políticos. El MULTI dijo estar dispuesto a fenecer como organización para dar paso a un gobierno autónomo. Algunas comunidades de la Ubisort y militantes del MULT abrazaron también el proyecto autonomista.


Las dos organizaciones tradicionales, por mucho tiempo antagónicas, el MULT y la Ubisort, se sintieron desplazadas y amenazadas. Sus cúpulas rechazaron la creación del Municipio Autónomo.


Y es que el poder político no lo es todo. La entrega de recursos federales y estatales no se realiza de manera directa a las comunidades. Desde la década de 1980, el dinero se entrega a las organizaciones y ellas deciden cómo invertirlo en “sus” comunidades.


En enero de 2007, San Juan Copala, Yosoyuxi, Paraje Pérez, Santa Cruz Tilapa, Guadalupe Tilapa y Agua Fría nombraron autoridades municipales autónomas respaldadas por las respectivas asambleas comunitarias: los consejos de ancianos, los mayordomos y los líderes naturales de cada comunidad.


Por casi dos años, el proyecto autonómico funcionó: creció el número de simpatizantes y los proyectos educativos y de salud autónomos suplantaron con éxito a los tradicionales. El cerco paramilitar inició el 28 de noviembre de 2009. Durante casi 10 meses, los pobladores vivieron en un estado de sitio. Las llamadas de auxilio no fueron atendidas y los grupos paramilitares terminaron ocupando San Juan Copala. Los gobiernos federal, estatal y municipal dejaron a su suerte a los triquis que reclamaron autonomía.




Para simpatizantes del movimiento autonómico, la ocupación de Copala sólo fue posible con el asesinato de Timoteo Alejandro Ramírez, orador en su lengua triqui y quien gozaba de prestigio incluso entre las organizaciones antagónicas. Se trataba del máximo líder natural de siete comunidades y del MULTI.


—La autonomía va a continuar. Timo vive. Y yo le prometí a Timo dar la vida por la autonomía. Y así va a ser. No nos vamos a arrodillar a MULT o Ubisort –dice Miguel Ángel Velasco, desde otra comunidad simpatizante del movimiento autonómico que le ha dado cobijo.


Explica que salió hasta el final: el día 19, con cinco “chamaquitos”, sus hijos más pequeños. También ese día salieron sus hijos adolescentes, pero por rumbos distintos: “Si alguien tenía la ‘mala suerte’, que no le tocara a todos”.


Uno de esos muchachos, Pablo Velasco Dorantes, de 16 años de edad, fue herido de bala en el pie y en la mano izquierdos. Con tranquilidad, explica que la madrugada del 17 su casa fue atacada como si se tratara de una tormenta de balas.


Para salir de San Juan Copala, caminó arrastrando un pie en el monte, alrededor de 18 kilómetros por más de cinco horas.


—Y todavía nos dicen que vayamos al diálogo. No sé si ustedes estarían de acuerdo en dialogar si los sacaran de sus casas –dice, indignada, Felipa de Jesús Suárez, de 44 años de edad.


En las casas, el fogón se suaviza pero no se apaga. Pobladores de Yosoyuxi y huéspedes tienden petates y cobijas para pasar la noche. Hay quienes prefieren dormir en los traspatios a pesar de la brizna; otros, se recuestan junto con los perros.


Narit duini’ iue (nos vemos mañana) –se dicen antes de dejar de hablar. No todos logran conciliar el sueño.


Asesinados en San Juan Copala desde que se fundó el Municipio Autónomo

Fecha

Nombre

Edad

7 de abril de 2008

Teresa Bautista Merino

24

Felícitas Martínez Sánchez

20

1 de noviembre de 2008

Héctor Antonio Ramírez Paz

29 de noviembre de 2009

Elías Fernández de Jesús

9

17 de abril de 2010

José Celestino Hernández Cruz

27 de abril de 2010

Beatriz Alberta Cariño Trujillo

Jyri Jaakkola

20 de mayo de 2010

Timoteo Alejandro Ramírez

Tleriberta Castro

21 de agosto de 2010

Antonio Ramírez López

72

Antonio Cruz García

29

Rigoberto González

40

5 de septiembre de 2010

Pedro Santos Castro

31

18 de septiembre de 2010

David García Réyez

25

19 de septiembre de 2010

Paulino Ramírez Réyez

28







Heridos por paramilitares desde que se fundó el Municipio Autónomo

Fecha

Nombre

Edad

29 de noviembre de 2009

Timotelín Velasco

Jacinto Velasco

10 de marzo de 2010

María Rosa Martínez

64

24 de junio de 2010

Miriam Martínez Flores

8

26 de junio de 2010

Marcelina de Jesús López

Celestina Cruz Ramírez

26

29 de julio 2010

Selene Ramírez López

18

Adela Ramírez López

15

21 de agosto de 2010

Víctor de Jesús González

25

Alfredo Martínez González

28

7 de septiembre de 2010

Natalia Cruz Bautista

42

Francisca de Jesús García

45

13 de septiembre de 2010

María Rosa Francisco

39

María Rosa López

55

15 de septiembre de 2010

Macaria Merino Martínez

85

20 de septiembre de 2010

Pablo Velasco Dorantes

16




“Autonomía en Copala, ¿para qué?”: Gabino Cué


Gabino Cué Monteagudo, gobernador electo de Oaxaca, considera que en la región triqui de San Juan Copala volverá la paz bajo su mandato, pero advierte que “no será bajo la figura de Municipio Autónomo ni mediante actos de provocación que generen zozobra y muerte”.


Asegura: “Vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para que la paz regrese a la región triqui, y tenemos que hacerlo con mucho cuidado y prudencia, no con actos de provocación ni tratando de buscar un Municipio Autónomo que no prevé la ley.”


—¿Por qué no está de acuerdo con el Municipio Autónomo?


—Porque yo creo que vivimos en un régimen constitucional y los municipios se rigen bajo normas constitucionales. En Oaxaca tenemos los municipios basados en usos y costumbres, y se les respetan sus formas de organización, pero no pueden estar al margen de este órgano constitucional ni del pacto federal. En Oaxaca, el municipio es la célula de organización más importante y así debe de seguir. Autonomía, ¿para qué?


En entrevista, lamenta lo que sucede en varias regiones del estado, particularmente en la región triqui de San Juan Copala, donde el conflicto “no es de ahora, sino de tiempo atrás”. La razón, dice, ha sido la pobreza, la marginación, la ausencia de la autoridad y del gobierno.

Argumenta que, debido a esa gran marginación, se sabe de la existencia de dos grupos u organizaciones que históricamente han tenido diferencias que “han generado zozobra y muerte”.


“Recientemente, otra organización, la Unión para el Bienestar Social de la Región Triqui (Ubisort), tomó presencia en la zona. Yo soy de la convicción de que, entre hermanos, no se deben estar matando y que todos debemos hacer un esfuerzo para que vuelva la paz a la región triqui.”


Respecto de su gobierno, que inicia el 1 de diciembre próximo, dice que “se hará lo que esté en nuestras manos para que la paz regrese a la zona triqui. Tenemos que hacerlo con mucho cuidado y prudencia, no con actos de provocación ni tratando de buscar un Municipio Autónomo que no lo prevé la ley y que surgió con el zapatismo”.


Según Gabino Cué, todos los actores tienen que actuar con mucha responsabilidad: el gobernante, desde la responsabilidad que el pueblo le dio, generando las condiciones para que haya paz y armonía y que la ley se aplique. Y los demás líderes, organizaciones, actores que estén cercanos, generando las condiciones para que haya paz y no polarización.


Aunque asegura que “nadie puede minimizar” el conflicto en la zona triqui, intenta desmentir los actos paramilitares y de contrainsurgencia.


“Nadie puede minimizarlo; es un conflicto grave que hay que resolver, pero también se dicen muchas cosas que no existen respecto a los enfrentamientos. Hay muchos rumores de que se están masacrando”.


Agrega que “el tema de los triquis no es de ahora, tiene más de 25 años. ¿Por qué ahora se habla de eso?, porque hay actores que no estaban. Hay toda una red. Eso no significa que en el pasado no se muriera la gente. Sí se moría y muy grave, y había toda una escala de venganzas en una zona violenta; había presencia oficial. Hoy empieza a ser diferente: que actuemos con mucha inteligencia y que no tratemos de ver un tema que ha generado la muerte.


“Vivimos en un régimen de instituciones y las leyes son normas de buena convivencia y nadie puede estar por encima de la ley. San Juan Copala tiene solución, depende de la voluntad de todos. No me he reunido con los distintos grupos, aunque tengo gente que ha mantenido contacto con ellos y hemos tendido puentes de comunicación con el MULT (Movimiento de Unificación y Lucha Triqui) y el MULTI (Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente); con la Ubisort, no. Yo creo que sí hay condiciones para resolver el conflicto.” (José Réyez)







Tomado de: Contralínea



Honduras... Ecuador... una llamada para América Latina

Gian Carlo Delgado-Ramos (1) y Silvina María Romano (2)

Rebelión

1 Octubre de 2010.

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Tomado de: Blog de Gian Carlo Delgado

Publicado en: Rebelión


América Latina (AL) es un espacio territorial estratégico para Estados Unidos (EE.UU.). Esto es: como reserva de recursos, como espacio receptor de inversiones, así como región exportadora de excedentes (i.e. retorno de ganancias, pago de regalías o de intereses por concepto de empréstitos). Es parte de un esquema expoliador y subordinante, sólo posible con el aval de los grupos de poder local, y que desgarra crecientemente el tejido social. La polarización de la riqueza, el despojo, privatización, desnacionalización y erosión de los bienes de las naciones (que son de los pueblos), y en general la tendencia creciente de condenar a una gran parte de la población a la miseria o la muerte, genera un abanico de reacciones sociopolíticas que figuran como potenciales amenazas al fluido curso de “los negocios” de EE.UU. y sus “socios” locales.


Esto lleva a la creciente criminalización de la pobreza y represión de la protesta al asociar los movimientos sociales con figuras que “requieren” la intervención de la fuerza del Estado, situación que habilita la eventual injerencia de EE.UU. bajo el argumento de asegurar sus inversiones y otros intereses, como los de sus “socios” menores. Nos referimos al uso de figuras como el comunismo (en su momento), el terrorismo o la narco-insurgencia. Así, mientras el grueso de Estados nación latinoamericanos promueve políticas que favorecen principalmente los intereses de ciertos grupos de poder, al mismo tiempo se observa necesaria la actuación de la fuerza del Estado para generar un orden ante la agresión que tales políticas implican para con los pueblos.


La variable del “orden interno”, ante el despojo y saqueo, es pues permanentemente necesaria y así se puede identificar en el discurso-acción de EE.UU. El Plan Colombia (PC) y la Iniciativa Mérida (IM) son casos paradigmáticos, pero no aislados, de la interferencia de EE.UU. en AL, que a los fines de garantizar su “seguridad nacional”, léase sus intereses socioeconómicos y geopolíticos, promueve mecanismos ad hoc de “orden interno” en la región. Se trata de un escenario que coloca de modo creciente a las fuerzas armadas locales, en alianza con EE.UU., como gestores del “orden interno”, facilitando o estimulando la militarización y paramilitarización e incluso las prácticas de terrorismo de Estado.


Aún más, como es reconocido desde la Doctrina Monroe (1823) y el corolario de Polk (1848)(3) , el carácter estratégico de AL, “obliga” a ese país a contener cualquier intento de construcción de proyectos alternativos a lo largo y ancho de la región, pero sobre todo a aquéllos que aboguen por la integración latinoamericana independiente. Es por tanto imperiosa una continua ofensiva contra los gobiernos alternativos puesto que no siguen al pie de la letra los lineamientos establecidos para la región; ello más allá de sus propias limitaciones. Así, al mantener importantes tensiones con EE.UU., su mera existencia es una amenaza para los intereses hegemónicos y oligárquicos.


La ofensiva puede ser más o menos visible. Uno de los mecanismos de desarticulación regional e interna de ese tipo de gobiernos latinoamericanos ha sido y es promover la confrontación entre distintos actores locales, en especial entre el gobierno alternativo y el empresariado (la “oligarquía” empresarial local), las fuerzas militares y de seguridad, así como los paramilitares y otras figuras “informales”. Con el apoyo activo “desde adentro” de ésos últimos, la resolución final típica de este tipo de proceder es bien conocida: la instauración de gobiernos ad hoc ilegítimos (y que bien pueden ser “legales” por medio de investiduras de democracia formal que carecen del apoyo de los pueblos) o inclusive el impulso de golpes de estado cívico–militares.


La construcción de proyectos alternativos, aunada a la profundización de la actual crisis económica mundial (que lastima las condiciones socioeconómicas de la región y por tanto dificulta la profundización de la explotación y entonces de acumulación-transferencia de capital), erosionan el poder de la oligarquía local y la fuerza de injerencia de EE.UU. y otros actores metropolitanos en AL; de ahí que haya un interés mutuo. En este panorama, el “orden interno” se convierte en hilo conductor en que tanto catalizador de la estabilización o la desestabilización, según corresponda. En el caso de los gobiernos subordinados, se opera estabilizando el statu quo de los grupos de poder (y del Estado que los representa y del cual forman parte) y desestabilizando a las clases sociales explotadas, al orillarlas a la miseria y explotación creciente e hipotecando su futuro. En cambio, cuando se trata de gobiernos alternativos, la dinámica es al revés. Cuando los pueblos se encuentran representados en mayor medida por determinados gobiernos, entonces el objetivo es desestabilizar estos gobiernos para estabilizar los intereses de los viejos grupos de poder (colóquese aquí el uso de la política de “dos fases”).(4) En ambas modalidades de funcionamiento de lo que calificamos como modelo de estabilización – desestabilización, la alianza entre las oligarquías locales y los intereses extranjeros aparece como algo “natural” (en tanto está enraizado en los procesos de construcción y consolidación de los propios Estados nacionales de AL). Los instrumentos para lograrlo son múltiples, desde el uso de los medios de (des)información, hasta operativos encubiertos.


Honduras primero y ahora Ecuador no pueden verse más que como un fuerte llamado de atención a los pueblos latinoamericanos para construir el tejido social y la articulación necesaria para enfrentar esta situación tan compleja.


Plataformas de proyección de dinámicas de estabilización-desestabilización: Plan Colombia e Iniciativa Mérida.


El Plan Colombia (PC) y su continuación el Plan Patriota (PP), así como la Iniciativa Mérida (IM) en sinergia con la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) no son un objetivo en sí mismos, sino que constituyen un medio más para garantizar los intereses del sector privado y del gobierno de EE.UU. y de sus “socios” menores locales, proceso que en los hechos toma forma en una compleja y peligrosa dinámica de estabilidad – inestabilidad.


El PC tuvo desde sus inicios como uno de sus ejes clave la “transformación” y “modernización” de las fuerzas armadas y policíacas para combatir la guerra interna (con las FARC y el ELN), a fin de lograr un cambio en la correlación de fuerzas con la guerrilla, situación que se sostiene para poder mantener el control de territorios estratégicos por parte de los diferentes actores y sus intereses. Con el PP se consolidan nuevas tareas para el control del territorio colombiano, y para lograr una mayor proyección hacia los países vecinos, colocando entre 14.000 y 17.000 hombres en toda la zona selvática, especialmente en la región fronteriza del sur (Ecuador) y de oriente (Venezuela), bajo la modalidad de despliegue rápido; una forma de bajo perfil impulsada por EE.UU. que es parte de lo que el Pentágono denomina como una “nueva arquitectura militar” (Delgado, 2010).


En el marco de la IM, la modernización de las fuerzas armadas tiene por objeto ganar la correlación de fuerzas contra el “narcotráfico” o el “crimen organizado”, enemigos difusos que ahora se han aglutinado bajo la etiqueta de “narco-insurgencia”. En este tenor es útil recordar que la doctrina estadounidense de “contrainsurgencia”, especialmente en AL, constituyó un componente esencial de la Doctrina de Seguridad Nacional, al definir la insurgencia como: “el uso sistemático de la violencia para desestabilizar el orden social y político establecido” (US Department of State. Foreign Relations. 1964-1968. Vol XXXI. Doc. 38). Eximiendo de tal definición “…los golpes de Estado perpetrados por militares, el vandalismo y los desórdenes espontáneos” (Ibid).


Lo anterior es importante puesto que tal entendimiento permite debilitar gobiernos alternativos en funciones, criminalizar la resistencia social y atender la ocupación de territorios de alta prioridad. Y si bien no se pretende decir que la IM (o el PC/PP) tienen como fin exclusivo promover un contexto de control social, ciertamente contribuyen a ello. México acumula más de 23.000 muertos asociados a operativos antinarcóticos pero que incluyen muertes de inocentes (Finnegan, 2010), al tiempo que se perfila como el país más peligroso del mundo para los defensores de los derechos humanos, movimientos sociales y periodistas. Lo llamativo es que en la ola de violencia han aumentado los asesinatos de líderes sociales opositores a procesos de despojo y de extractivismo sin control.


El eufemismo del negocio de las armas y de la conservación de un escenario ad hoc estable–inestable es nítidamente observado por el Departamento Nacional de Planeación de Colombia al precisar que: “…la seguridad estimula la inversión y ésta, con responsabilidad social, permite avanzar en la superación de la pobreza y la construcción de equidad”. Y especifica prioridades a partir de lo que la Escuela Superior de Guerra (2009) denomina como “circulo virtuoso de la seguridad”: 1) Inversión y seguridad; 2) confianza y estabilidad; 3) inversión privada; 4) crecimiento económico; 5) impuestos e inversión social; 6) bienestar social y satisfacción de necesidades. Desde esta óptica, se considera entonces que un orden seguro es un orden “democrático” capaz de garantizar la estabilidad del mercado (Loveman, 2006). Esto es que lo que importa, la seguridad del mercado y no la de los pueblos.


La injerencia en materia de seguridad y orden interno por parte de EE.UU. es principalmente marcada en los rubros de “asesoramiento” y “entrenamiento” de personal; la puesta en marcha de acciones conjuntas en suelo, agua y aire; y mediante el estímulo al incremento en el número de contratistas en diversas áreas para asegurar, el orden interno y el control de territorios prioritarios. Esto complejiza y genera una amplia estabilización del Estado, especialmente de su brazo militar y de seguridad, y una profunda desestabilización interna debido a la presencia de policía, servicio secreto, ejército-marina-fuerza aérea, ejércitos o seguridad privada formalmente contratados, paramilitares y demás actores foráneos como asesores, agregados adjuntos en materia de seguridad y antinarcóticos, personal de operaciones encubiertas, etcétera. Lo preocupante del asunto es que en este contexto, la asociación del narcotráfico con la insurgencia, al estilo Colombia en México, advierte la ya mencionada criminalización de la resistencia social y con ello la posibilidad de violar flagrantemente los derechos humanos en el país, puesto que se asume que en ciertos casos el uso de la fuerza estatal “no es suficiente” para manejar el problema del modo en que es “requerido”.


Hay que señalar que en tales casos suelen entrar en operación tanto el contratismo como el paramilitarismo. Recuérdese que el paramilitarismo es una estrategia sistemática del Estado basada en la doctrina contrainsurgente clásica y en la nueva modalidad de guerra de baja intensidad apoyada por los sectores de poder formales e informales, locales y extranjeros y que actúa como una brigada encubierta con impunidad garantizada para el genocidio social y político. Así, si bien el paramilitarismo es contradictorio para el Estado en tanto que genera una mayor desestabilización (social), a la vez es una forma de represión que “invisibiliza” la responsabilidad del Estado en actos que están por fuera de la Ley (Fazio, 2003), fomentando el terror (o el miedo) como instrumento de control social.


Militarización del orden interno, regionalización de la interferencia y el peligro de la instauración de gobiernos represivos.


Mientras el PC/PP funge como base desde la que se busca garantizar una incidencia y estabilidad de los intereses de EE.UU. en la zona de influencia inmediata a Colombia y en el Cono Sur, la IM se perfila como instrumento de interferencia en el país vecino en tanto que EE.UU. pretende garantizar su propia seguridad operando desde y en suelo mexicano. Claro está, se suma la proyección de tal injerencia hacia Centroamérica, República Dominicana y Haití.


En este tenor, dos cuestiones son importantes. La primera, el alcance de la concepción de “lo regional” en los lineamientos de combate contra el “narco-terrorismo” en Colombia y México, contra el carácter internacional del negocio que suele dejarse de lado (la venta y el grueso del lavado del dinero se hace en los países metropolitanos, donde además se adquieren las armas que utilizan los diversos grupos armados vinculados al negocio de la droga -el 90% de ésas incautadas en México provienen de EE.UU.-). La segunda, el impulso que se está otorgando a la seguridad interna en toda la región más allá de los alcances formales del PC/PP y de la IM-ASPAN. Lo demuestra el impulso de medidas que colocan a los militares como garantes del orden interno. El caso de Perú es representativo (véase más adelante).


El tema de lo “regional” no es menor. Éste queda en evidencia en el modo en que se implementaron el PC y el PP y la posterior creación, en 2005, de la Iniciativa Regional Andina (IRA); todo bajo el argumento de evitar el “efecto dominó” que podría causar el narcotráfico. La IRA tiene como objetivo vital el control de la frontera, no sólo de Colombia con sus vecinos, particularmente con Venezuela (que es uno de los principales proveedores de petróleo de EE.UU. y un gobierno que se opone claramente a la guerra contra el “narco-terrorismo”) sino en los demás países del Cono Sur. Esto no es fruto de la mera imposición de EE.UU., sino que ha sido la elite colombiana la que ha permitido tal interferencia del gobierno estadounidense, generando fuertes tensiones con sus vecinos (y de este modo, contribuyendo a regionalizar el conflicto) al postularse como “peón” del gobierno estadounidense en la región (Palomo, 2010).


La postura de la UNASUR frente a este tipo de conflictos es clave, en tanto debemos tener en claro que para lograr la “regionalización” de la “guerra” contra el narcotráfico y el terrorismo, EE.UU. presiona de modo constante para mantener relaciones (económicas y de seguridad) bilaterales, neutralizando la posibilidad de plantear una agenda a partir de una verdadera participación multilateral capaz de integrar horizontalmente a los gobiernos de la región andina (Bonilla, 2006). Es a partir de estos acuerdos que se materializa la presencia de personal militar en la frontera de países del Cono Sur (no solamente en los que integran la IRA) lo que a su vez remite a ciertas estrategias vinculadas a la doctrina de seguridad nacional de los 60-70 y el modo en que se “luchó” contra la “insurgencia” a través de las fronteras de AL(5).


Por ello no sorprende que el Secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, en su reunión con las fuerzas armadas peruanas (abril 2010), señalara que éstas deben “reestructurarse y focalizarse más en los desafíos internos” (Gates en Salas, 2010). Cumpliendo con tales mandatos, las fuerzas armadas peruanas ya pueden intervenir en asuntos de orden interno: “…los militares pueden emplear la fuerza en situaciones de enfrentamiento con algún grupo hostil –previa declaración del estado de emergencia-, pero también cuando ayuda a la policía a restablecer el orden interno en otras situaciones de violencia o la apoya en operaciones contra el tráfico de drogas, terrorismo, y en los demás casos constitucionalmente justificados cuando la capacidad de la policía sea sobrepasada en su capacidad de control del orden interno” (Perú 21, 2 septiembre 2010, p. 6. Las negritas son nuestras). Lo interesante es que, a la par de formalizar la posibilidad de tal “Estado de excepción” (Agamben, 2004), el presidente de Perú Alan García, ha aceptado el ofrecimiento de EE.UU. de entrenar tropas peruanas para combatir el narcotráfico, descartando cualquier discusión sobre las tensiones entre intervención y soberanía-autodeterminación. Según sus propias palabras: “…En todos los temas que sean humanos y universales, yo no hago cuestión de soberanías y patriotismo, es decir, si los estadounidenses quisieran poner tropas de entrenamiento, como tienen helicópteros y entrenadores de satélite y de comunicaciones aquí, en buena hora”.


No constituye un dato menor que Perú firmara un TLC con EE.UU. similar al NAFTA, donde la desnacionalización de los principales activos del país y la desestructuración de la industria nacional y el mercado interno han sido los principales resultados (Saxe-Fernández, 2002). En el caso de Perú, es claro que lo primordial es el petróleo y los minerales. De ahí que simultáneamente se insista en abrir el 72% del Amazonas peruano a procesos de concesión para la prospección y extracción. El esquema es parte de los intereses de EE.UU. en toda la zona del Amazonas. Ahí ya se encuentran en manos de 35 multinacionales unos 180 bloques de concesión petrolera/gasera que cubren unos 688.000 km2 (Finer et al, 2008). Tan sólo en Perú hay 48 bloques activos y 16 por licitarse. De esos 64 bloques, todos excepto ocho fueron licitados a partir de 2004, justo cuando empezaron las negociaciones de tratados de libre comercio bilaterales entre EE.UU. y los países de la región andina (Perú y Colombia firmarían). La resistencia social, que “altera el orden interno” (como fue el suceso de la masacre de Bagua), responde a que veinte de los mencionados bloques se traslapan con once áreas protegidas, mientras que 58 de las 64 se superponen en tierras de propiedad indígena (Ibid).


La militarización de la región y especialmente de las zonas fronterizas se justifica mediante un discurso que sostiene que la única forma de enfrentar el “narco-terrorismo” o “narco-insurgencia” es mediante una tarea “multinacional”, que como es “lógico” ha de ser liderada y coordinada por EE.UU.


La agenda que llevó Clinton a la reunión de la OEA en junio de 2010 dejaba claro que los puntos a debatir eran el tráfico de drogas, la prevención de bandas criminales y las respuestas a desastres naturales, con el objetivo de que las preocupaciones de EE.UU. fueran bien escuchadas en AL, precisamente ante la exclusión de EE.UU. de la UNASUR. La "securitización" de lo medioambiental no es casual puesto que vincula territorios ricos en recursos con la posibilidad de garantizar el acceso, extracción y transporte de aquéllos a pesar de una eventual agudización de problemas socioambientales. Tal territorialización de la agenda de seguridad interna es por tanto primordial en cuanto permite despejar la operación de la “mano invisible del mercado”. Contexto en el que, mostrar al “narco-terrorismo” como fenómeno regional, permite ampliar, espacialmente, el proceso anterior. Las declaraciones de la secretaria de Estado de EE.UU. parecen apuntar a ello, en tanto que procuró asociar la situación de México a lo sucedido en Colombia al afirmar que: “…los cárteles de droga están mostrando cada vez más indicios de insurgencia (Clinton en Booth, 2010). A esta afirmación, agregó: “…Necesitamos una presencia más vigorosa en América Central para ayudar a los países a reforzar la legalidad, para luchar contra los traficantes de droga” (Ibid).


Para cubrir la mencionada necesidad, se están llevando a cabo acciones concretas. En Honduras, por ejemplo, el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa (CEHD) de EE.UU. organizó un taller para asesorar a la policía, las fuerzas armadas, miembros del Congreso Nacional y funcionarios del gobierno sobre la “Planificación de estrategias de seguridad nacional”. Según el Director del CEDH, Richard Downie, se formuló “una hoja de ruta con acciones claves y con fechas para llegar al cumplimiento de los objetivos, los participantes hicieron todo eso en el contexto del esfuerzo del gobierno del presidente Lobo en tratar de enfrentar esos retos que tiene el país en este momento” (El Heraldo, 11 septiembre 2010). A la gravedad de la interferencia de EE.UU. en asuntos internos por medio de este tipo de “asesoramiento”, en el caso de Honduras se suma el hecho de que el gobierno que está recibiendo las “sugerencias” en materia de seguridad interna, es producto de un golpe de Estado –“técnico”– al presidente legítimo, Manuel Zelaya.


Se suma además el caso de El Salvador, donde se promulgó la Ley Antimaras de septiembre de 2010 (Diálogo, 13 de Septiembre de 2010) y que justifica la presencia de tropas para el control del orden interno dada la “violencia de baja intensidad” perpetrada por el crimen organizado. La naturaleza de tal posicionamiento del Estado salvadoreño es expuesta por su presidente, Mauricio Funes, en el marco de la 65 Asamblea General de la ONU, en los siguientes términos: “…la ayuda [a Centroamérica y México] debe ser económica, de inteligencia y de apoyo a la capacitación y equipamiento de las fuerzas del orden para combatir el crimen y el lavado de dinero” (Centro de Noticias ONU, 27 de septiembre de 2010).


Las negociaciones de instaurar emplazamientos militares de EE.UU. en Panamá y Costa Rica se inscriben en este panorama. Lo mismo es válido para la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe.


Es este escenario el que posibilita estrategias de desestabilización como la ocurrida en Ecuador, que aparenta ser una “sublevación” espontánea de las fuerzas de seguridad debido a un supuesto recorte en los salarios y beneficios del sector. La agresión al presidente y funcionarios de gobierno altamente coordinada, la confusión y relativa desinformación sobre los hechos y el caos generado dejan entrever la presencia de causas de fondo que van más allá de un mero reclamo de salario y que develan el poder en acción de los grupos que representan intereses que se encuentran amenazados por el gobierno de Correa. No es casual que el hecho se suscite principalmente en y desde Guayaquil, la región dura de la oligarquía ecuatoriana. La promoción del caos y la confusión generalizada, la represión de parte de la policía contra la gente en las calles reclamando la “liberación del presidente”, se presta para generar una imagen de debilidad institucional como antesala indispensable para estimular una eventual política de control por medio de la represión y el miedo. Lo que se intenta es desarticular las fuerzas sociales, esto es, que no estén en las calles defendiendo la legitimidad del gobierno elegido.


Independientemente de la evolución de estos acontecimientos, lo que debe notarse es que mientras Honduras fue un termómetro para la derecha en cuanto a la articulación del tejido social, Ecuador pareciera colocarse como antesala de un posible “golpe” a los proyectos alternativos con mayor poder real y simbólico de la región. No deja de ser llamativo que el atentado se geste en Ecuador, ciertamente la nación con más fracturas internas del conjunto de países del ALBA (Morales en Bolivia cuenta con un respaldo social abrumador, mientras que Chávez cuenta con experiencia respecto a golpes de Estado en su contra y con un vínculo mucho más estrecho con la fuerza militar nacional). También es notoria en esta coyuntura la creciente tendencia en toda AL de “borrar” a los actores políticos de izquierda o progresistas de la esfera política formal, de tal suerte que se pueda facilitar la criminalización de ésos.


Por lo anterior, la importancia de la “región” es crucial. La avanzada de la oligarquía ecuatoriana no sólo es un golpe contra el proyecto de nación representado por el gobierno de Correa, sino a los propios esfuerzos de una integración regional alternativa. En tal sentido, es lógico que los presidentes de los países del Cono Sur condenen el intento de golpe de Estado, siendo enfáticas las declaraciones de Morales, Chávez y Fidel Castro.


El llamado de atención, consideramos, es más que claro. Pero aún más, como hemos dicho, también es una alerta temprana de posibles escenarios de creciente violación de derechos humanos y de propagación del miedo como mecanismo de atomización social, situación que, como han demostrado algunos procesos históricos, puede desembocar en fascismo (léase por ejemplo: Neumann, 1943). Se trata de un contexto que ciertamente dificulta pero al mismo tiempo apremia la construcción social concreta de proyectos de nación alternativos, independientes y socioambientalmente justos y armónicos, no sólo a escala nacional sino regional. El tejido social que los apoya y que potencialmente puede también sumarse, ciertamente existe, y esperamos que ante las circunstancias actuales de AL resurja con mayor fuerza y capacidades de articulación.


Notas

(1) Gian Carlo Delgado-Ramos es Doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Investigador de tiempo completo del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México.

(2) Silvina María Romano es doctora por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Becaria posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET) en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional, Unidad Ejecutora CONICET

(3) En el fondo de la Doctrina, afirma Guerra (1973: 182), estaba implícita la declaración: “América para los americanos”, y la afirmación de un derecho de soberanía virtual sobre todos los territorios del Nuevo Mundo. En AL había pueblos libres; pero sus derechos de soberanía eran incompletos, sus territorios no eran de libre disposición. El único poder absolutamente soberano en América, y de toda América, era EE.UU. (Ibid).

(4) El derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz (1954) se llevó a cabo por medio de una política de “dos vías”: las negociaciones diplomáticas y (al mismo tiempo) la implementación de operativos encubiertos promovidos por la CIA y las elites locales para perpetrar un golpe de Estado (Wood, 1985). El derrocamiento del presidente brasileño Joao Goulart (1964), también se caracterizó por dos momentos clave: un primer momento orientado a la desestabilización mediante la presión económica y política, y una segunda etapa destinada al golpe de Estado militar, gracias a la alianza de la oligarquía local con la elite estadounidense (Fico, 2008: 76). Una estrategia similar, de dos fases, fue aplicada para derrocar al presidente chileno Salvador Allende (1973): la primera etapa se centraba en presiones económicas y políticas; la segunda etapa implicaba el apoyo a ciertos sectores de las fuerzas armadas para incitar a un golpe militar, también con la aprobación de los grupos de poder locales y el apoyo del gobierno estadounidense (Informe Church II C2).

(5) Es de crucial importancia recordar que uno de los operativos más “exitosos” de seguridad transfronteriza se realizó en la década de 1970, la Operación Cóndor. Este operativo tenía como meta “aniquilar la subversión” por medio del arresto, tortura y desaparición de “insurgentes” y “subversivos” a través de las fronteras de países del Cono Sur, mediante la cooperación de las Fuerzas Armadas de los países del Cono Sur y con la ayuda estratégica de la CIA (McSherry, 2005).


Bibliografía


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Centro de Noticias ONU, 27 septiembre 2010 “El Salvador: no dejemos sola a Centroamérica”. En: www.un.org/spanish/News/fullstorynews.asp?newsID=19311&criteria1=&criteria2=

Delgado, Gian Carlo (2010) “Recursos naturales, seguridad y los lily-pods del Pentágono” Revista Periferias. No 19, primer semestre. Buenos Aires: FISyP. Pp 145-159.

Diálogo, 13 septiembre 2010 “El Salvador aprueba una ley anti-Maras, que responde con amenaza de muerte”. En: www.dialogo-americas.com/es/articles/rmisa/features/regional_news/2010/09/13/feature-01

El Heraldo, 11 septiembre 2010 “Definen estrategias de seguridad. Policía, Fuerzas Armadas y gobierno analizan la situación actual del país”. En: www.elheraldo.hn/Sucesos/Ediciones/2010/09/12/Noticias/Definen-estrategias-de-seguridad

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Documentos

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Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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